La Estantería

Reseñario de Poesía

Interludios: literatura política, violencia y marketing

by iva9

Por Iván Cruz Osorio

|Primer estadio|

Ahora que el fenómeno de violencia en nuestro país se ha vuelto una quimera irresoluble que parece ahogar, no a las altas esferas de los gobiernos corrompidos o coludidos en la venta de estupefacientes y demás negocios ilegales, sino a gran parte de la ciudadanía, resulta lógico pensar que nuestra literatura se encuentra inmersa en estos temas que son el pan nuestro de cada día. Y, en efecto, no es complicado encontrar en el mercado literario actual libros con temas como: feminicidios, trata de blancas, pederastia, secuestro, drogadicción, narcotráfico, corrupción, fraudes electorales, mal gobierno. Sin embargo, resumidos estos libros en subgéneros llamados, por ejemplo: “neopoliciaco”, “narcoliteratura”, “realismo duro”, nuestras letras han terminado envueltas en el marketing de la literatura desechable, en la cual se explota el morbo, la nota roja, el sexo descarnado, es decir, los elementos más superficiales de nuestros tiempos violentos. Entre este tipo de obras podemos encontrar a La reina del sur de Arturo Pérez-Reverte, que incluso se ha convertido en un agente de estetización de la violencia y de la forma de vida del narco. En este sentido habrá que reflexionar hasta que punto el escritor y las editoriales, en busca de éxito, se han vuelto retransmisores de la moralina de novela romántica y de la moralina del gobierno federal, esto porque esta narrativa si bien tiende a criminalizar a los narcos y a las autoridades, tiene el truco de reducir la lucha al bien y al mal, al héroe y al villano, al narco y al ejército. ¿Quién, envuelto en este truco, no tiene emociones encontradas al leer que el narcotraficante, de origen humilde y enamorado sinceramente de una bella mujer, es atrapado por el ejército que ha cumplido con su deber pese a la corrupción de diversas autoridades?

Diversos críticos comentan al respecto que estos textos son resultado de módelos preconcebidos de ficción, del hambre comercial de éstos y de las grandes editoriales, y es verdad, pero, también, creo que olvidamos que en estos escritores hay una clara ausencia de toma de posición frente a su visión de la realidad, una franca ausencia de entendimiento y acción literaria ante la actual imagen del país. Estos libros llenos de clichés, hechos a base de formulas best-seller, carecen de una posición ideológica o un posicionamiento político ante los temas eminentemente políticos que se están tratando. Si antes cuando leíamos poemas, cuentos, novelas, de temas políticos de Carlos Gutiérrez Cruz, Horacio Espinoza Altamirano, Efraín Huerta, Jesús Arellano, Abigael Bohórquez, Francisco Sarquís, José Revueltas, José Mancisidor, Rubén Salazar Mallén, los tachabamos de panfletarios, ideólogos versuales, invertidos panfletarios o realistas socialistas, ahora es un hecho que la bandera de los nuevos autores se reduce al hambre de éxito y de dinero. Se carece de reflexión, se trivializa o caricaturiza de forma pueril cada mirada a la realidad. Así la realidad política y social de nuestro país se refleja en textos vacuos, que no aportan sino ideas preconcebidas del bien y el mal, y no problematizan ni interrogan nuestro presente. Ante este panorama, la literatura que aborda los temas políticos y sociales vive otro tipo de prejuicio, la de la vía fácil hacia la comercialización y el best-seller.

En cuanto a la poesía, específicamente, los temas antes citados aún son poco tratados con profundidad. Encontramos desde autores que a partir de una postura teórica de lo social y de la política, y purista en elementos retóricos y estilísticos logran una poesía teóricamente politizada como en el caso de El baile de las condiciones (Práctica mortal, 2011) de Óscar de Pablo, hasta libros de gran fuerza lírica, pero de momentos en que triunfa la queja plañidera que tanto estuvo de moda en los años 60 y 70 en Latinoamérica, escritos por experimentados combatientes, ellos sí, sociales y políticos, como en el caso de Estratos (Aldus, 2010) de Óscar Oliva. Sin embargo, hay que ponderar de estos dos libros la fuerza ideológica, la postura política y ética, de la cual carecen gran parte de los ejercicios narrativos que involucran la violencia y el narcotráfico. Resalto lo anterior ya que  creo firmemente que la respuesta a la vía fácil de best-seller no debe ser otra que dar al lector de nuestra realidad una postura ideológica firme, ya sea la visión religiosa como la teología de la liberación en poemas como los de Ernesto Cardenal o la denuncia cristiana en Jesús, te has olvidado de mi América de Carlos Pellicer o el realismo socialista de Xavier Icaza en su novela Panchito Chapopote, o la poesía pro marxista-leninista en Sangre roja. Poemas libertarios de Carlos Gutiérrez Cruz o el revisionismo o hasta la conversión reaccionaria en la novela Camaradas de Rubén Salazar Mallén. Y digo que se escriba con una postura firme, porque esa es la raíz profunda del escritor, esa es su materia, la profunda reflexión cerebral y sentimental del mundo, sin eso el escritor es un hombre hueco, un hombre relleno de aserrín como apuntaba T. S. Eliot. No apelo a la creación de sobados panfletos, aunque como ejercicios de acción propagandista los aplaudo, sino a la creación de nuevas formas estéticas en que la poesía sin perder su personalidad provoque ansiedad ante la perspectiva de lo real.

 

|Segundo estadio|

Pero la sociedad, el destinatario de la obra literaria no debería ser esa solitaria especie de receptor anónimo que el creador espera que llegue por obra divina. Hay lectores que esperan las obras que puedan establecer un puente directo entre sus emociones y su visión del mundo, ¿no fue acaso esta feliz coincidencia lo que ocurrió con el Canto general de Pablo Neruda y sus lectores primigenios?, cabe recordar lo que Julio Cortázar comentaba al respecto: A los que demasiado fácilmente olvidan, los invito a releer el Canto general para que a la luz (no a la tiniebla) de lo que ocurre en Chile, en Uruguay, en Bolivia, verifiquen la implacable profecía y la invencible esperanza de uno de los hombres más lúcidos de nuestro tiempo […] habría que estar ciego y sordo para no sentir que esas páginas del Canto general fueron escritas hace dos meses, hace quince días, anoche, ahora mismo, escritas por un poeta muerto, escritas para nuestra vergüenza y acaso, si alguna vez lo merecemos, para nuestra esperanza.[1]      

Con el Canto general se consolida una época en Nuestra América en que el lector se propone no ser un ente pasivo, un mero receptor de lo que el escritor entregaba, lo cual resultaba revolucionario en nuestra literatura. Por primera vez se tenía un tipo de lector que no le bastaba con el hecho estético solamente, sino que era necesario que el escritor develara su posición, su enfoque de la realidad. Este tipo de lector, de esta época, interrogaba sobre su presente, buscaba un equilibrio entre lo que recibía del autor, lo que respondía su obra y las dudas que dejaba. El tiempo ha pasado y ahora encontramos a este tipo de lector en una menor cantidad, la mayoría de los lectores han involucionado al estado de receptor que busca un divertimento o una evasión. Desde luego, esto se puede explicar por múltiples factores, el fracaso de los métodos de lectura, el triunfo de la literatura de desecho y el best-seller, el fracaso de la educación oficial en México. Aunque también habrá que pensar hasta qué punto la imposición de que todo debe tener una utilidad ha convertido al libro en un sirviente y no en un provocador. El asunto de la sociedad lectora de best-seller no me preocupa tanto debido a que finalmente este tipo de libros nacieron destinados para gente que no lee como lo menciona César Aira: El best-seller es la idea, que fructificó en países del área angloparlante (países con una tradición de lectura de libros que no se dio en otras lenguas), de hacer un entretenimiento masivo que usara como “soporte” a la literatura.[2]

Lo que me ocupa es ese lector que espera los temas cercanos a su realidad y que de pronto se mira en una literatura que, si bien de entrada aspira a tratar temas políticos o sociales, fracasa en la concreción del tema por su vacuidad, por la ausencia de una posición definida y se aleja decepcionado de una literatura que interpreta como meramente superficial.

La característica entonces del lector de literatura de temas sociales y políticos, quizá, radica en que ambos (autor-lector) se vuelven cómplices de su realidad y su historia, este tipo de lector toma a esta poesía, desde luego, con la idea del placer estético, pero al mismo tiempo con una actitud inquisitiva, que apuesta leer eso que llamamos tierra, historia, humanidad, destino.

Creo en el escritor que en su manifestación artística está unido a las circunstancias históricas, políticas, estéticas y sociales de su existencia. No creo ni en el creador ni en la obra de generación espontánea ni en la obra puramente narcisista que de tanto ensimismarse se olvida del mundo exterior. La literatura no tiene la obligación de dar respuestas teóricas a preguntas eminentemente políticas, pero sí tiene la alternativa de problematizar nuestra realidad, de provocar inquietud, de incitar al lector a preguntarse acerca de su presente, de su pasado y del porvenir. Somos un zoon politikon, un animal político, como llamó Aristóteles al hombre. Creo que la posición del escritor al abordar temas sociales o políticos, o cualquier otro, en su obra debe ser la de sacudir al lector, la de robarle su tranquilidad, la de exigirle todo el tiempo y abrirle una nueva vía de reflexión ante lo real. De esta forma, la literatura que actualmente quiere tomar la violencia como tema no se perderá en la comodidad del marketing.


[1] Julio Cortázar, “Neruda entre nosotros” en Obra crítica 3, p. 71-72.

[2] César Aira, “Best-seller y literatura” en el periódico El país.

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IVÁN CRUZ OSORIO (Tlaxiaco, Oaxaca, México, 1980). Poeta, ensayista y traductor. Terminó la carrera de Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es codirector y editor de Malpaís ediciones; miembro del consejo editorial de la revista de literatura y gráfica Viento en vela; y fundador y co-organizador de El Vértigo de los aires. Encuentro de poesía. Es autor de los poemarios Tiempo de Guernica (2005) y Contracanto (2010).  Poemas suyos han sido publicados en diversas antologías nacionales e internacionales. Fue becario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2009-2010), en el área de poesía.

Itinerarios del alumbramiento: Negro es su rostro y Simiente, de Esther Seligson

by La Estantería


NEGRO ES SU ROSTRO / SIMIENTE
Esther Seligson
Colección: Varias
México, 2010
204 pp.

Por Samuel Espinosa

It was a virtue not to stay
Robert Graves

Me habría gustado tanto conocer a Esther Seligson y, como quienes convivieron con ella, saber sobre cartas astrales, mística, ritos judíos, religiones orientales, ascetismo. Hubiera querido que, como sus alumnos y amigos, mi forma de ver el mundo también estuviera marcada por sus palabras, y que los ojos se me iluminaran al decir su nombre, como a todos ellos. Para mi mala fortuna me tocó nacer un poco tarde, pero al menos puedo compartir un poco de esa alegría al conocerla a través de su obra. Vaya pues, este texto en su memoria.

Publicado en 2010, Negro es su rostro/Simiente compila dos volúmenes de la obra de la poeta de origen judío. El primero es una selección que la propia autora realizó de su trabajo poético comprendido entre 1995 y 2007; Simiente, por su parte, vio luz por primera vez en 2004, tras la muerte de su hijo Adrián. Con poemas en verso y en prosa, la poesía de Esther Seligson resulta sumamente particular tanto por sus procedimientos –entre los que destacan ritmo entrecortado, tal vez hasta difícil si se compara con las musicalidades más comunes del verso en español, pero definitivamente atractivo– como por sus preocupaciones en el plano del contenido.

Inicialmente, llama la atención el hecho de que uno de los principales hilos conductores de la escritura de Seligson sea la constante celebración de lo femenino, una serie de ofrendas, visitas y libaciones a la gran Madre (esa figura que Jung relacionaba con el anima[1] y que Robert Graves y Leonard Shlain, entre otros teóricos, identifican con el antiguo culto a la Luna, la tierra y la fertilidad). En gran parte de los poemas de Negro es su rostro, nos encontramos con referencias directas a una Madre que se mantiene cercana y propicia a quienes la consideran en sus caminos:

Mece Madre a esta creatura Tuya
que la orfandad no trunque las ramas
que hacia Ti se estiran (20)

Y bendice, Madre, lo que aún me queda por andar (81)

Lo que en nuestra cotidianidad suele identificarse con abnegación y un carácter sumiso, aquí toma tintes de ritual, de constante movimiento e identificación en un proceso prácticamente eterno. La maternidad es un camino de dolores, de espinos y abrojos, y Esther Seligson lo recorrerá con la mirada puesta en Ella:

Hacia ti Madre camino de nuevo firme la pisada
no busco albergue o nido
como bozo joven la piel doliente renace
la voz rajada canta
diría que vuelvo del infierno
si no fuera tan obvia escena pero es clara aún
la ceniza en mis ojos la huella de cal en mis huesos
un sabor a chamusquina en la garganta
un dejo de carbón en mis palabras (72)

Igual que Abraham recorre en silencio con Isaac su hijo el camino al monte Moriah para ofrecerlo en sacrificio, Seligson parece intuir que esa pérdida, frente al altar, le será requerida. Sin embargo, en lugar de imprecar al Cielo o a la Madre que guarda de sus hijas, nuestra poeta afronta el designio buscando en sí misma las causas

Confieso no haber nacido
para la maternidad
ni para el matrimonio
y confieso haber violentado
premeditada alevosa
ambas prisiones
aunque no muy lejos me llevara… (117)

En Simiente, todas las premoniciones, las visiones de lo que habría de venir, terminan por cumplirse. Como el invierno que deshoja los árboles y seca cada planta, así los poemas se ven descarnados, puestos frente al dolor real, tangible, casi insoportable. Con textos en prosa, Seligson mantiene una serie de diálogos con su hijo, mostrándonos el vértigo del dolor, conversaciones inconclusas que se continúan entre sí, que buscan cerrar mantener girando una rueda que se ha truncado definitivamente.

Por su parte, en verso, Esther Seligson habla desde la claridad de contemplar la herida recién abierta:

Cristal de luz se me rajó el alma
y tu cuerpo volando astilla
cómo no se abrió la tierra urna
para hundirnos ambos aliento de agua
desnudados de dolor y de materia
cómo vine a quedar tan huérfana de ti
en este otro parto. (178)

Aunque el duelo no pasa, Esther Seligson finalmente termina por entregarse junto con el cuerpo que despide al casi descanso de seguir el viaje, y finalmente, ser dado a luz en las entrañas de la Aquella que todo lo contiene.

–Vete en paz, dije
todo este mundo te es ajeno
aunque nuestro dolor quiera atarte
no hagas caso y prosigue (196)

Es pues Negro es su rostro/ Simienteun libro en el que, como en pocos, el plano emotivo, impactante y desgarrador, se mantiene siempre en mismo vuelo que la realización formal mediante una sensibilidad absolutamente congruente y, como Esther Seligson misma, siempre llena de luminosidad


[1] El ánima es una personificación de todas las tendencias psicológicas femeninas en la psique de un hombre, tales como vagos sentimientos y estados de humor, sospechas proféticas, captación de lo irracional, capacidad del amor personal, sensibilidad para la naturaleza y –por último pero no en último lugar– su relación con el inconsciente. (Jung: 180).

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Samuel Espinosa Mómox (Puebla, México, 1985). Estudió la Licenciatura en Lingüística y Literatura hispánica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha colaborado con poemas y traducciones para Fronda , Alforja Virtual, Definitivamente jueves, y la revista Biblioteca de México. Antologado en La Luz que va dando nombre: veinte años de poesía última de México 1965-1985 (2007).

DOS LIBROS DE LA COLECCIÓN PRÁCTICA MORTAL

by La Estantería

por Ismael Lares

Libro cuarto que mece a los muertos, de Adriana Arrieta Munguía
Dirección de Publicaciones, CONACULTA
Poesía, 2010

Como sabemos, la relación entre la obra y los medios de expresión, deben compartir un lugar privilegiado a la hora del advenimiento poético. Debe existir un hilo conductor que manifieste la ultimidad de la poesía, y que, en algunos poemas, generalmente filosóficos, más que encaminarse a manifestar lo poético, ocultan, en algunos momentos, la prístina expresión del objeto a poetizar. Sea esto un preámbulo para hablar de la construcción poética de Libro cuarto que mece a los muertos. En su esfuerzo por levantar imágenes filosófico-poéticas, Adriana Arrieta Munguía (1961), se pierde en un artificioso lenguaje que deja fuera –aún con la enorme fuerza en contenido– la riqueza del canto, del ritmo matizado. El conjunto de poemas en que nos sumerge la poeta, más que aclararnos ideas, nos sumerge en una dimensión desconocida para quienes preferimos la claridad. Baste el siguiente ejemplo para demostrar lo comentado:

Inevitable impedir
el modo del paso inevitable
Formas de sucederse
Acento inevitable en la duda
¿A dónde va el esfuerzo del día
en su condición?

Es importante destacar el uso reiterativo de la palabra “inevitable”, que si bien pudiéramos pensar es un recurso adecuado, referente a la anáfora o aun a la epanadiplosis, el simple acomodo de los versos parece indicarnos lo contrario.
A propósito del trasfondo de esta serie de poemas, en los que el conflicto de la existencia predomina, es menester comentar lo que nos dice Heidegger: “la poesía no es un adorno que acompaña la existencia”. No basta entonces decir que se está poetizando lo filosófico, porque es necesario dotar al poema de ritmo y matices; de realidad, de una experiencia estética. Es posible afirmar, entonces, que el problema de expresar lo filosófico requiere no sólo de oficio, de búsqueda, de disposición, aun de iluminación. La evidencia es el poema, el cual representa ese “impulso íntimo” del que hablaba Colderidge; sin embargo esa experiencia debe lograr, a través del canto, la unidad de búsqueda y sentido.
Aquí, los versos pasan en trazos ligeros, casi como pinceladas. Esto se produce por el ritmo dislocado y la contradicción en algunas imágenes. La poeta esboza las constantes incongruencias del pensar y actuar humano, tema de interés primordial, creo yo, de la autora.

La existencia
se bosqueja en amplio círculo
Un compás de necesaria destreza
para el ensayo humano

Con esto no quiero decir que haya puro desacierto en los poemas de Arrieta Munguía. Hay que distinguir su apuesta, que surge ante los grandes conflictos en el devenir de la existencia. Cuatro son los apartados de Libro cuarto que mece a los muertos: la primera parte, que da título al conjunto de poemas, destaca por su forma. Inicia con el aparente final del libro, es decir, con el libro cuarto. Después, como en una sucesión regresiva, aparecen los libros tercero, segundo y primero. Todos ellos en la parte primera. Se puede percibir una redondez no sólo en ciertos poemas, sino en la totalidad del conjunto, sirva como ejemplo lo mencionado con anterioridad. Supongo que el acontecer cíclico, para la poeta, es el único camino, la existencia misma, una alegoría del ciclo de la energía.

La existencia
se bosqueja en amplio círculo
Un compás de necesaria destreza
para el ensayo humano

Más adelante continúa con esa suerte de continuidad cíclica:

Aquel niño que amaba su juguete
ahora arroja piedras al fuego
al animal moribundo

Versos así no sobran a lo largo del libro, son ligeros atisbos, redondos en su idea y ritmo, pero en los que no hay una intención de seguimiento, esto debido a la ruptura constante, a esa dislocación mencionada con anterioridad. El recurso del guion, repetido con frecuencia, más que ensalzar al verso, lo impide. El guion contrapone a manera de monólogo interior, no sólo las ideas, sino el flujo natural del ritmo.
En conclusión, Libro cuarto que mece a los muertos intenta acercar al lector a una galería de poemas –como dice en la cuarta de forros- de matiz filosófico. Creo que la poesía debe estar regida por la intuición, la emotividad, la experiencia; pero también por la sonoridad y el sentido. Sea usted, amable lector, el que diga si éste conjunto de poemas sale bien librado.

Islote de Garzas, de Ursus Sartoris
Dirección de Publicaciones, CONACULTA
Poesía, 2011

El discurso poético del libro Islote de garzas hace referencia a la cultura azteca, pero no directamente, sino en cuanto al uso de imágenes de un pasado precolombino. Los poemas integran y reúnen tres apartados –“Venados”, “El ayuno del coyote” y “Libamen”, respectivamente – que a la vez devienen de una ofrenda: el poema. La voz poética sabe que canta, pero no distingue a quién, tal vez porque su versos son sacrificio a un dios mítico, sea éste la ciudad y su esplendor; o bien el amor de una mujer; o acaso el desprendimiento puro del espíritu. Esta diversidad, en algunos poemas, conlleva la parsimoniosa voz del canto personal, amargo y melancólico:

Mi corazón se aflige
de ver tu rostro
sin plumaje,
desollado

A nivel de imágenes, la sinestesia y la personificación en los versos proponen un efecto que, aunado al canto, realzan magníficamente algunos poemas. En “Canto Guerrero”, por ejemplo, sucede lo dicho:

Sabrán mis pies
que su morada es el aire.
Escucharán los mares
el caracol que los nombra.
El palo dulce y copal
hallarán su fuego.

Y después, el poeta remata con sensibilidad, el furor que fomenta en el lector:

Si tienes ojos en el corazón
verás mi penacho.

En el apartado “Libamen” –el sacrificio como ofrenda– la poesía transcurre en una sucesión de veinte poemas dedicados, en apariencia, a la divinidad. En el poema “I” de la mencionada serie, Ursus Sartoris (1971), se ofrece como el canto al viento, es decir, sin concesión:

A tus pies
dejo mi abismo
como ofrenda,
no aspiro a tocas el cielo,
ni busco volver al agua,
sólo en tu llama quiero florecer.

Islote de garzas es un poemario que se origina en la antigua Aztlán, lugar primero que nos hace referencia al propio interior. Es en el esplendor de ese mítico lugar donde el poeta canta, como lo hiciera alguna vez, el maravilloso rey poeta. Sea pues, éste sacrificio, una ofrenda con voz propia a la divinidad, a la morada y a la mujer.

Concluyo esta lectura que intenta anotar la diversidad poética de una colección, Práctica Mortal, vinculada con la realidad contextual de su nombre. Hecho que se pone especialmente de manifiesto en libros como los analizados, disímiles en sus estrategias formales, pero decisivas al comunicar que el poema es una propuesta de la realidad vivida.

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Ismael Lares (1979). Ha publicado los libros La rebelión del anónimo y Because of the times. Ha sido becario del Programa para la Creación y Desarrollo Artístico. Obtuvo mención en el 42 Concurso de la revista Punto de Partida de la UNAM. Su libro Abigael Bohórquez. La creación como catarsis está por publicarse. Mantiene una bitácora en www.ismalares.com

Shuffle. Poesía sonora

by La Estantería

por Leonarda Rivera

 

Shuffle. Poesía sonora, de Aurelio Meza
México, FETA, 2011, 172pp. (Ensayo)

Shuffle. Poesía sonora. El primer libro de ensayos de Aurelio Meza traslada la función Shuffle –incluida en reproductores musicales como iTunes y Winamp- a su distribución interna. Cada capítulo es un Playlist enumerado. Y por tanto, el libro puede verse como un índice discográfico y cada uno de los apartados como piezas que discurren sobre escritores y artistas sonoros, escenas musicales, anécdotas que subyacen a algunos proyectos.
Fiel a la metáfora del iTunes o Winamp, el Shuffle de Aurelio Meza salta a través de diversas zonas geográficas y temporales; mientras pasamos de un apartado a otro de pronto se atoja tener a la mano la discografía que el autor va aludiendo a lo largo del libro, y es cuando se agradece la existencia de algo como You Tube, ya que una buena parte de la discografía se puede consultar allí de forma fácil y accesible. El libro de Aurelio Meza quizá sería impensable o difícilmente concebible sin los medios electrónicos, donde, cómo se constatará en la bibliografía, el autor obtuvo gran parte de la información.
El libro es un viaje por la poesía sonora producida en nuestro continente; diversos nombres, distintas épocas, le dan tono a cada uno de los apartados. Sin embargo, la síntesis que acompaña a la contraportada del libro de Aurelio Meza no le hace justicia para nada. Pues si bien es cierto que los apartados o playlist 2,3 y 4 intentan entrar en discusión sobre una temática que ha sido poco discutida en Latinoamérica, no terminan de ser breves comentarios sobre la poesía sonora producida en esta región, subrayando sus detractores y defensores. El libro, por tanto, no se centra en “el despunte sobresaliente en América Latina” del arte sonoro, aunque pone el dedo sobre la llaga en esta temática tan sugerente. El libro de Meza está muy bien documentado; su lista de reproducción se sitúa en la interacción semiótica de las artes sonoras y la literatura. ¿Dónde termina la frontera entre ambas? ¿Es posible franquear esa frontera sin que ninguna de las dos termine subordinada a la otra?
A continuación voy a “reproducir” de forma sintética el playlist que nos ofrece Aurelio Meza en su libro. Y apelando a la función shuffle del Winamp lo haré de forma aleatoria. La función shuffle salta a través de diversas canciones y autores, de una versión a otra, y aquí habría que decir “de un apartado a otro”.

Playlist: 1 Jack Kerouac/ Steve Allen/ Al Cohn y Zoot Sims…, constituye un trabajo bastante bien documentado sobre la interacción semiótica de las artes sonoras y la literatura de la Generación Beat. Aurelio Meza se detiene particularmente en dos discos de Kerouac, Poetry for the Beat Generation de 1959 y The Jack Kerouac Collection; el apartado además de incluir análisis sobre la discografía Beat, es sugestivo en anécdotas que en su momento rodearon a las grabaciones. Para mi gusto es uno de los apartados mejor logrados.

Playlist: 5 Úrsula Rucker/ King Britt/ The Roots/ 4Hero/Jazzanova/ Sonia Sanchez.
Este apartado hace honor a dos grandes artistas que han basado su carrera en la articulación de composiciones sonoro-textuales: Úrsula Rucker y Sonia Sanchez. A diferencia de los otros apartados, la discusión aquí se centra en obras que han llevado a la poesía a una dimensión sonora que supera las barreras de la etiqueta de géneros; obras que constituyen ejemplos claros de poesía-en-música y no sólo poesía musicalizada.

Playlist: 6 Edgar Varèse/ Huidobro/ Carpentier/ Miguel A. Asturias… Este apartado muestra el diálogo entre la música y la literatura presente en la obra del músico francoamericano Edgar Varèse (1883-1965). Como es sabido, con frecuencia Varèse usó textos poéticos como base para montar sus propias estructuras sonoras. En este apartado lo mismo circulan los seguidores y detractores de Varèse, así como diversos detalles detrás de sus obras.

Playlist: 2 Gotan Project/ Juan Gelman/ César Stroscio
El segundo apartado de Shuffle pormenoriza la musicalización realizada por Gotan Project al poema “Confianzas” de Juan Gelman, y constituye un claro ejemplo de un texto que no estaba pensando originalmente para ser acompañado con música. Sin embargo, el texto de Gelman trasmuta en otro sin perder su ser. Gotan Project no sólo musicaliza el poema de Gelman sino que se lo apropia. Este apartado es uno de los más atractivos para después de leerlo escuchar la pieza de Gotan Project.

Playlist: 3 Luigi Amara/ Bishop…
Probablemente este sea el apartado más breve de todo el libro. Y del que yo en particular esperaba más. El playlist 3 comenta el material sonoro Urbe Probeta, que incluye 14 poemas de integrantes del colectivo Motín Poeta, musicalizados por un grupo de DJ’s y artistas sonoros, todos ellos coordinados por Bishop y Cristian Cárdenas. El apartado resalta a algunos poetas de la generación de los 70’s como Rocío Cerón, Luigi Amara, Sergio Valero, etc. El problema de este apartado es su brevedad, y sobre todo, que gran parte de esa brevedad esté ocupada por críticas que Aurelio Meza recoge de otras discusiones sobre el tema.

Playlist: 4 Paula Ilabaca/ Mario Cacerez y Nicolás Morán…
Este apartado se centra en las dos producciones con versiones sonoras del libro ciudad lucía de la poeta chilena Paula Ilabaca. El apartado aparece intercalado con una entrevista con la autora, en la cual ella discurre sobre la presencia de la música en su obra, pero también sobre la historia personal detrás de estas versiones, así como de algunas críticas que ha suscitado.

Algunas preguntas que el libro de Meza deja al aire son ¿qué tan genuino resulta musicalizar un texto poético con el argumento de que llegue a más personas? ¿Qué tan genuina es aquella poesía sonora que se hace sólo porque los otros lo están haciendo, porque está de moda?

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LEONARDA RIVERA es maestra en Filosofía por la UNAM. Ha publicado en diversas revistas como Punto de Partida, Punto en línea, Revista de la universidad de México, Luvina, entre otras. Ha sido becaria del Sistema Estatal de Creadores de Michoacán, en dos ocasiones. Tiene dos libros de poesía publicados y ha sido incluida en varias antologías. En el 2007 compiló -junto con José Antonio Alvarado- la muestra estatal de poesía Los nombres y las letras (Jitanjáfora). También es coautora y coordinadora del libro de ensayos: María Zambrano en Morelia. A 70 años de la publicación de Filosofía y poesía (Plaza y Valdés, 2010).

LOS LIBROS DEL 2011: DANIEL TÉLLEZ

by iva9

Con el siguiente texto de Daniel tellez damos por concluido este ejercicio de recuento de lecturas del 2011. En La Estantería esperamos que este recorrido por las lecturas de estos diferentes poetas, sirva para trazar el boceto de una época.  

 

PRETEXTOS (LECTURAS Y RELECTURAS POÉTICAS 2011)

por Daniel Téllez

1)    Porque toda lectura es ambiciosa y responde a los misterios del goce y orbita en los asuntos poéticos que me adelantan.

2)    Porque se antepone la necesidad profunda de la existencia de la poesía  para el que esto anota.

3)    Porque todos los marbetes que la crítica anota de estos libros de poesía o sobre el hecho poético, no merman la visión suprema y solitaria e intimista del que decidió ponerlos aquí.

4)    Porque lo lúcido aquí es lo ajustado al equilibrio, al orden, la perfección y la belleza.

5)    Porque se eternizan la “naturaleza” de la lectura hecha, del proceso creador y su función literaria compartida con los otros.

6)    Porque el orden bajo el que se nombran –las lecturas y relecturas- no determina su trascendencia. Hay formas –lo sabemos- muy acusadas de reaparición y persistencia.

7)    Porque la cortedad en el decir sobre cada libro desea sobrecargar las virtudes del lector que se acerque a ellos. Quede en este el nombrar lo indecible o callar lo explícitamente hallado.

8)    Porque siempre señalar gustos poéticos es un promontorio saliente, difícil de navegar y arriesgado frente a los demás que, uno supone, son consumados lectores.

9)    Porque imagino que, al final del tiempo, la valoración y supervivencia de la poesía en el hombre, serán las breves notas que al calce construimos.

10) Porque toda lectura es multitud de voces y aquí sólo hay una espiga y un tiempo cuantificable.

a)    En el valle sagrado de Juan Martínez (Textos introductorios de Sergio Mondragón y Alberto Blanco). (Secretaría de Cultura de Jalisco, 2008). Anota, Sergio Mondragón, en su nota introductoria, que aparte de dos plaquettes, la Universidad Autónoma Metropolitana es la única editorial que ha publicado un libro de Juan Martínez, unos de los poetas prácticamente inexistentes en el registro de la poesía mexicana.

XVIII

Escuchad, terrenautas: no es solamente ese símbolo de la objetividad

susurrando su grandeza interior

que espera rescatarse por vuestro mérito;

otros mundos palpitan aleteando su inmensidad

en los huecos inéditos de la memoria absoluta.

Husmead las consteladas formas de la razón

como activo principio en la instancia fugaz

rumbo a desconocidos parajes,

tantas veces intuidos en el amor o en la belleza,

expresiones circulares de esa iluminada amplitud sobre los pensamientos.

Tocad el aterrado sollozo del verdor pisoteado

las prematuras visiones del niño silbando como serpientes

en el estallido de los odios fraternos,

congregaciones humanas devoradas por el hambre y la peste

sedientas fauces donde el beneplácito general

obtuvo dividendos acrecentados, vigorizando el exterminio

con refinada inconsciencia, mientras luces superiores

eran asimiladas por olvidadas voluntades

miméticas en humildes suburbios;

(Fragmento de “Ángel de fuego”)

b)    Ropa interior de Wendy Guerra (Bruguera, 2008). Deambula, la poeta cubana, en este su primer libro editado fuera de Cuba, por la plenitud amorosa y un devastado sentimiento de desolación.

 

VIVIR EN LA RADIO

La música amanece en el té lleno de hormigas

Mi madre corta la verdad   con la tijera   con mucho oficio

afila su lengua mientras me informa sobre lo prohibido

Me citan a un café  con mensajes cifrados por la radio

Hay una lista de amigos que no se pueden escuchar

Y yo los tarareo por un pasillo negro que no conduce a nada

Amanece en la radio   afuera llueve o hace frío

Mueren los héroes de la radio

Mueren en el anónimo de sus voces perdidas

Un efecto

Un eco démodé y siniestro que aún me da pavor

Una mentira en el aire de la frecuencia modulada

Tanta lágrima y tanto dolor   tanta risa y tanto nervio

Para que luego todo se lo lleve el viento.

C) Luces Intermitentes. Nueve poetas recientes de Alemania. (Paraíso Perdido, 2009). Editada por Timo Berger y Carlos Vicente Castro, es una instantánea por las tendencias poéticas recientes de Alemania. Aunque prevalece el gusto personal, nos ofrece un panorama significativo de la obra de: Monika Rinck, Tom Schulz, René Hamann, Ron Winkler, Björn Kuhligk, Nikola Ritcher, Uljana Wolf, Nora Bossong y Ann Cotten. Poemas –dice Berger- “que realmente merecen ser leídos en México y en el mundo hispanohablante”.

 d)    Brota la vida en el abrazo. Poesía mística y cotidianidad de Concha Urquiza. Una biografía oral de José Vicente Anaya. (IVEC, 2007). Gozosa biografía oral sobre la vida de la efímera poeta, ahogada a los treinta y cinco años en Ensenada, Baja California. Único estudio de su tipo, además de no existir documento publicado alguno antes de este,  transita por innumerables referencias, testimonios (el cineasta Alejandro Galindo y el poeta estridentista Germàn List Arzubide, entre otros), así como un poema de Urquiza que acompaña la conversación, y una  cronología que aclara el contexto bajo el cual la poeta forjó su imagen.

e)    Qué decir de Rodolfo Mata (Bonobos, Colección Oval, 2011). Como en Parajes y paralajes (1998) y Temporal (2007), Mata nos entrega una poesía de la memoria, tránsito entre revelación, deseo y sortilegio. Conformado por los apartados: “Barba Azul”, “El brazo que serrucha” y “Arde astilla”, este poemario delinea la imposibilidad del nombrar poético, perfilado en su polisémico título que exclama e interroga.

 

MALA MEMORIA

Mala memoria para la poesía

para los versos

su cadencia

la manera decirlos

Mala memoria para las palabras

sus abracadabras

la exquisitez de la repetición

la fijeza bruja que huye

en su brillo de escoba

Mala memoria de lo que no es rostro

paisaje y textura

perfume y tiniebla

Llueve

las gotas escurren

sobre el cristal de la ventana

y se hunden

en la memoria de la tierra

Mala memoria

como la mía o la del polvo

Mala memoria que permite

recordar lo que aún

no sucede

 

 

 f)     Poesida de Abigael Bohórquez. (Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noroeste. Tercera Edición, 2009). Indispensable testimonio poético –acaso el más hondo y personal del poeta sonorense- escrito en 1991y publicado por vez primera en 1996 en Tijuana, Baja California, a pocos meses de la muerte del poeta. Cuenta con el prólogo del poeta Dionicio Morales, un testimonio de Jorge Ochoa y obra gráfica del artista Fernando Robles.

 

DUELO

Vengo a estarme de luto por aquéllos

que han muerto a desabasto,

por los que rútilos o famélicos,

procurando saciar su corazón o su hambre,

cayeron en la trampa;

eran flores de arena, papirolas,

artificios de bubble gum, almas de azogue,

veletas de discotheque, aleteos, dispendio,

pero eran también un alma, una palabra,

un esqueleto de pan y sal,

con rincones amables

como el tuyo o el mío, compañero,

un pensamiento hermoso o ruin,

mas cosa como nosotros,

hechos un haz de sangre todavía

entre el verdor y el agua de la vida.

Vengo a estarme de luto

por aquéllos

que recibieron prematuramente

su funeral de escándalo,

su ración, su camastro, su obituario velado,

pero más por aquéllos

que, desde que nacieron,

son confinados, etiquetados, muertos

en sus propios rediles,

herrados, engrillados a un escritorio oculto,

a un cubículo negro.

(Fragmento)

 

g)    Tálamo de Minerva Margarita Villarreal (Gobierno del Estado de México. Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, 2011). Poesía que transita del deseo al arrebato intimista; de la herida al místico abrigo de la sed voluptuosa.

 

Pude estar quieta el tiempo en que alejabas

el agua de mis labios

muerta de sed

perseverante

y siempre con la luz de tus ojos en la esfera de bronce

Entre los árboles

era la lluvia

h)   Escribir poesía en México. Prólogo y compilación de Julián Herbert, Javier de la Mora y Santiago Matías. (Bonobos. Colección Postemporáneos, 2011). Diecisiete ensayos de poetas nacidos entre 1952 y 1979, en torno a tópicos que entrelazan las prácticas poéticas contemporáneas con la dinámica actual imperante en nuestro país. Acercamiento intersubjetivo -la de los editores y también de los autores- por la traducción, la edición de libros, los conceptos de generación y ciencia, la narcoviolencia, la corrupción y la cultura política, entre otros temas. Textos de Myriam Moscona, Eduardo Padilla, José Javier Villarreal, Ángel Ortuño, Ernesto Lumbreras, Juan Carlos Bautista, Luis Alberto Arellano, Hernán Bravo Varela, Carla Faesler, entre otros.

i)     Tiento de Rocío Cerón. (UANL, 2010). Diversas coordenadas en cada lectura. Múltiples territorios en cada modo de acercarse al poema, interceptado por otros planos: visuales, sonoros y estéticos.

VIII

Cómo entrar en las cosas. En estado de excepción. En estado. Perseguido por los contornos de la herida que se cierra, y ata. Una tribu decide inmolarse. Cuestión de supervivencia. El reflejo violáceo sobre la copa, hojas ligeramente lobadas –dombeya- flores colgantes. Es el morder (prolongación de zumbido / bosque de tronco en pasmo / pero el odio era tan grande…), es el paso de la estación sobre el cabello que refleja el revés del mundo. Y sólo queda esa latitud del aire donde la tentativa palabra desvanece piel, tragedia, restos.

j)      El llamado y el don de Alberto Blanco. (Auieo Taller Ditoria MMXI, Autoría IX). Doce ensayos en torno a la práctica de la poesía: “Poesía y Poética”, “Poesía y Poesía”, “El pasado”, “El mito”, “La tradición”, “La inspiración”, “El pasado”, entre otros, desentrañan la relación entre la poesía y el pasado.

k)    Otros:

 

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Daniel Téllez . Poeta, profesor y ensayista. Colabora en revistas académicas y literarias del país. Muestras de su trabajo poético aparecen en antologías nacionales e internacionales. Ha publicado los poemarios El aire oscuro (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2001 y 2ª. ed. 2004), Asidero (Instituto Mexiquense de Cultura, 2003), Contrallaveo (Pliego de Poesía, UAEM, 2006), Cielo del perezoso (Bonobos-Setenta/Conaculta-Fonca, 2009), Esas distancias de algo (IPN, 2009), muestra poética de 8 poetas mexicanos recientes y en coordinación con el artista visual Carlos Maldonado, Pasiones desde ring side. Literatura y lucha libre (UMSNH, 2011); y en coautoría en diversos libros colectivos de ensayo. Ha sido miembro del Consejo Editorial de la revista Tierra Adentro (CONACULTA) y  Reverso (Jalisco).En 2001 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino2001” y en 2006 el Premio Municipal de Poesía “Rey Poeta Nezahualcóyotl2006”  a Creadores con Trayectoria. Profesor de Educación Básica y dela Universidad Pedagógica Nacional. Estudióla Licenciatura en Educación enla Escuela Normal Superior de México,la Especialización en Literatura Mexicana del Siglo XX enla UAM-Azcapotzalco yla Maestría en Letras Mexicanas enla Facultad de Filosofía y Letras dela UNAM.

Aullar de sombras: el habla turbia de Max Rojas

by iva9

Obra Primera (1958-1986),

Max Rojas,

México: Malpaís ediciones, 2011.

por Fernando Corona

Hay una consabida idea del aparentemente reconocible lenguaje poético: suerte de código que se desea sentir y entender a partir de lo que el sentimentalismo –esto es, la sensiblería, no la sensibilidad– pretende captar desde la hechura del poeta y que, en apariencia, no es sino un rejuego retórico en virtud del cual parece que las personas pueden comulgar las emociones sentidas con los impulsos vitales que el poeta –si es auténtico, claro– evoca. De tal modo que anda flotando por ahí, escurridizamente, a buen resguardo del arte veraz y entusiasmado, un modelo que es esquema rígido y simplón, al tiempo que estribillo cansino y manoseado, en el cual el llamado gran público detecta lo que, desde sus registros, llama poesía.

    En dicho esquema, curiosamente, son los seres prosaicos (hablo escrituralmente, desde luego) quienes pretenden marcar la pauta y la norma de un quehacer que, a fuerza de juzgarlo mal desde sus registros sensitivos mundanos, atenaza el lenguaje en un amarre más tenso que el propio hablar lógico y en prosa, haciendo que incluso las metáforas, las imágenes, las alegorías y los símiles obedezcan el esquema que desean seguir sintiendo “lógico”.

       A desmedro de todo esto, sin embargo, hay afortunadamente en cada cierta época un poeta que asume en serio esa suerte de disciplina en libertad que es el hablar desde la voz que se ha encontrado a sí misma y sólo ella puede decir, a su manera y con sus métodos, lo que tal vez ya se haya dicho o se dirá en términos de sensación o sentimiento nuevamente vivenciado. El poeta es así el humano diciendo, gritando, balbuceando, cuestionando, bendiciendo o maldiciendo su condición del ser que tropezó de nuevo con la piedra que no ha cambiado sino de nombre y polvo.

        Es por ello que Calderón no sale de sus rejas de sueño, como tampoco Píndaro lo hizo de los sueños de sombra en que advirtió al hombre, o menos Unamuno de la niebla inquietante, ni Alfonso Reyes de andar teniendo que correr por calles tétricas, o incluso el huapanguero que se emborracha de sentimiento ante las “vaciladas que son parte del vivir”. En todo esto hay una suerte de condición general ante el destino que se agrupa en todo ese campo semántico que mira la situación de la existencia humana como apariencia engañosa tras el velo de lo efímero, y entonces es lo que resta (el olvido, el grito, la huella) el pábulo para encarar las embusteras figuraciones de lo que parecía ser y sólo transvivía (el sueño, la sombra, el reflejo, el eco).

Foto de Pascual Borzelli

          Max Rojas azotó su sentir y su hablar en esta tónica en el deslumbrante libro El turno del aullante, obra inigualable como cada voz distinta en un mercado. Hay una suerte de tonalidad ceniza y gris que toma el libro conforme se avanza por sus páginas; una visión de tarde que se apaga, pero advirtiendo o amenazando con un anochecer de brasero o de inminente ráfaga. Son éstas las “estaciones del olvido” que, voluntaria o involuntariamente, se inscribieron en ese registro semántico que el joven Rimbaud dejara varios decenios antes al fundar con sus saisons uno de los tópicos esenciales de las personalidades poéticas, tan complejas y desesperadas como incomprensibles. Y es ahí que el poeta se sabe sombra y perseguido por sombras, en un delirio onírico que, visto desde fuera, puede causar el goce estético de ver un Remedios Varo, pero que, visto desde dentro, no es sino la esquizofrenia del ser frente a su espasmo fijo y permanente.

            Pero Max también en ese centro, cuya hora precisa es siempre noche o –mejor aun– medianoche, y de ahí a sus periferias psíquicas y anímicas, encuentra el limbo ideal para lanzar su vértebra parlante del único modo que le es posible: bramando como el animal que es y se ha redescubierto, un ser de aullido (no define claramente si es perro o lobo o nahual, pero sí un ser de aullido). Y el lenguaje que nace de ello es uno que poco a poco se desnuda de la retórica común del ser prosaico para, más que jugar, desencajarse y volverse queja desde hocico, más que habla desde boca, con lo cual nacen o brotan como plantas tercas vocablos inesperados, no por invención audaz, sino por presencia incontrolada.

Es, así, Max la sombra diaria, la despersonalización para volverse escombro, un mortal que se amortaja vivo en el contorno que se sabe tumba, y de todas formas sigue caminando, hecho ceniza, vuelto polvo, teñido de gris, confundido en noche. Y ahí, mirando hacia el afuera, si “al decir de los pájaros la muerte sólo es trino que se va”, en la lengua de este ser de aullido la vida es esa muerte que se fue sin destruir el cuerpo que sigue taladrando el aire con inteligibles sorbos de balidos.

            Pero el aullido no está vedado para establecer lenguaje, y así, las caras de este turno en la fila de las hablas que toca en suerte a Max también asume las veces que el idioma común y corriente tiene para tipificar los rubros en su afán encajonante. Hay elegía que en realidad es “como grito” en un espacio idóneo: la tarde de diciembre, donde el poeta aullante se hace acompañar de Eliseo Diego (otro vicoferador de aúllos) para inscribirse en esa voluntad de, si ha de ser preciso soñar, entonces a soñar despierto, pues a final de cuentas, como el propio Max acaba aceptando, “todo duele, nada importa”. Y, como elegía, también hay canciones, sencillamente para esperar la muerte:

Déjenme madrugar

mi propia madrugada,

¡y basta!

Después quiero morirme.

En “El turno del aullante” Max inicia reconsiderando que está o estaría frente a los otros que son quienes esperan de la poesía lo que la tradición prosaica ha ido encapsulando en lógicas dóciles y obedientes retóricas. Max pide perdón por su “forma de amargura”, pues en su instante creativo, que es el grito y el desgarre, le sale “de muy dentro … lo animal desbocado”, “la verdadera furia” que le empuja:

esto de maldecir espinas por la boca

lo formalmente triste,

lo exactamente amargo como el llanto.

            Y es entonces su lenguaje una voz descalabrada, un eco interior que reconoce la dificultad de que a alguien importe un hablar que es “gritada”, “bramido balbuciendo”, “lenguaraje”, un “qué decir o cómo y para qué”, un acto de “linguar” que se le quedó

una tarde apergollado

y dándose de topes contra el suelo,

en un lugar adonde para qué volver,

si pretender apuntalar mi lengua

es tanto o mucho más difícil

que pretender, ahora,

enseñarle a mascullar palabras,

y hoy la hablación me sale a punta

de trancazos,

y más que hablar

lo que me cuaja en la garganta es un aullido

y una ardición de las que escaldan la huesera

con un desmadre tal que ya no balbucir,

sino mover los labios duele,

y más acá el palabrerío pugnando

por salir —y cómo, si hay una trabazón

que ni manera de decir te amo

y mucho menos más lo que por dentro saja

y a empujonazos quiere hablar diciendo mucho

y sólo un dolorón se le amontona

a puñetazos en la boca;

por lo demás, si a quién le importa

un bledo hasta qué vertebras linguales

me estoy desvertebrando

ni hasta qué tantos de mi carne

me ascua este alarido

mejor me guardo el descalabre

entre mi herrumbre, y esculco

alrededor por ver si me hablan.

            Lenguaraje hoscón es éste, pues, que anda entre tarascazos y fregadazos, jodiendo recio y embronconándose, “a puro hueso carcomido” sonando en los labios y la tinta del poeta. Y estamos, entonces, en una clara repercusión parlante del encontrar una lengua al interior de esa zona demencial que es el sin sentido, donde el poeta en serio, si quiere llegar, da el brinco desde el idioma domesticado y manso que el prosaico entorno le encomienda hacia el inconsciente donde lo que se va a decir, como se va a decir y sobre lo que se va a decir tienen valor, importancia, vigor y entendimiento en la medida en que a nadie le importa y probablemente no se entienda.

      De ahí que Max escriba al borde de los pozos más que a la orilla de una grada donde pudiera haber oídos, encontrándose en lo oscuro de un bramar o de un balido, entre zarzales más que entre bucólicos parajes y en un cencerro funeral esperpéntico más que en una armónica lira. Este poeta aullador es también doliente, la “mísera faz de apagador de teas” que va entonando trenos por las muertes diarias y anónimas, así como la propia, que lo obliga a aterrarse de su propio ruido por el silencio que le “deslenlengua a gritos”.

            Y del turno de un aullante a un ser en la sombra no media ni el paso, pues se ha dejado de andar para arrinconarse en la vivencia del vidro, que es fuerza, sí, pero no deja de ser cristal fijo y frágil. Es entonces su ser un desastre, un derramar la sed, una lengua calcinada que bebe salitre, un ansia de ser cuerpo. Es esta sombra la neblina que cubre todo, que ella misma se hace niebla y donde no cabe ya lugar en el lenguaje sino para el soliloquio de un suicida:

Me voy, o hace tiempo

dejé que se pudrieran las manzanas.

Fui, pero no: siempre estuve de oscuro.

Silencio y sombra me habitaron.

El poeta ya no sólo se hizo oscuro, sino que su lengua vociferante y cruda se hizo ya meramente crujido, un crepitar en el silencio: “Crujidos siendo soy. Sólo crujidos”. Después hay cabida solamente para un epitafio, que esta vez sí se especifica que es de perro aunque el aullante quedó en otro libro:

Fue de sombra.

Aquí no está sino la sombra

de la sombra de un hueco que una vez

cavó buscando el alba.

            Lo asombroso de esta salida hacia el final del libro es que, a pesar de todo, se reconoce que no hay olvido; el poeta se sabe sueño hecho piedra, pero palpa un muro que en realidad es pared y, a pesar del cristal y la sangre, no hay olvido, terminando la travesía de sí mismo con el acercamiento a su propia sombra:

Fuiste, o no: eres cuerpo,

cuerpo deseado. Qué abrasante.

Aquella brasa queda.

Queda, calladamente vienes, triste o dulce,

a veces vienes, clavo que ya, cómo desgarra.

Yo te quiero.

Ceniza o qué. Aquel rescoldo.

Qué desolado está, sin ti,

este o aquel mundo que tú poblaste de linternas.

Ven.

Cuánto silencio hay. Cómo te llama.

            Es Max, entonces, animal de aullidos, especie de grito que no ha encontrado cuerpos, mismos que buscará incansablemente en los años posteriores, en un recuento y un redescubrimiento de su propia voz y su intangible sombra. En esa negritud hay un lenguaje, una taladrante obsesión por decir de la manera más burda y más honesta, el deshuesadero y la vorágine que ahí se viven. Poeta estentóreo, heredero sin herencia de quienes van al olvido pero se ven devueltos pronto al escenario de las lenguas hondas, Max Rojas no es voz generacional, va solo desde hace decenios y hoy encuentra en la carnalería del carnaval que es hoy esta Babel de mil y un voces un oído preciso para instalarse y esperar, como lo viene haciendo, el recuento de los hechos para ser escuchado y permitir que sea el lector quien, en un momento dado, tenga el turno del oyente y el privilegio de encarar sus dudas con las incomprensiones de una sombra.

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Fernando Corona (Ciudad de México, 1978). Es Licenciado en Letras Clásicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde también es egresado de la Maestría en Letras Latinoamericanas. Trabajó en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México e impartió el Taller de Apreciación y Creación Literaria por parte de la revista Opción del ITAM. Es autor de seis títulos de poesía, uno de cuento y uno de ensayo. Ha sido profesor de griego, latín y poesía griega en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, así como Becario de Investigación en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. Es Coordinador de la Biblioteca del Museo Nacional de Arte, Coordinador de Planeación de la Asociación Mexicana de Profesionales de Museos, A. C., y Vicepresidente de la Asociación de Escritores de México, A. C.

CUATRO LIBROS DE TIERRA ADENTRO DEL 2011

by La Estantería

por Iván Cruz Osorio y Mijail Lamas

El programa Tierra Adentro nace en 1990, y desde entonces se ha dado a la tarea de proyectar de forma constante el trabajo de los artistas jóvenes de nuestro país, y de manera particular a los escritores nóveles que viven y escriben en los estados. En su fondo editorial encontramos libros de los poetas que actualmente son protagonistas de nuestra poesía, entre los que se cuentan Dana Gelinas (Bajo un cielo de cal, 1991), Mario Bojórquez (Contradanza de pie y de barro, 1996), María Rivera (Traslación de dominio, 2000), Julián Herbert (El nombre de esta casa, 2002),  Jorge Ortega (Cuaderno carmesí, 1997), Rogelio Guedea (Senos sones y otros huapanguitos) y Álvaro Solís (Solisón, 2005), entre muchos otros.

Gracias a la diversidad de títulos de poesía y autores de distintas regiones del país, el Fondo Editorial Tierra Adentro ofrece un panorama muy completo de la expresión poética de México. Frente a tal antecedente, en La Estantería nos hemos  dado a la tarea de leer cuatro títulos aparecidos durante 2011, dos de ellos merecedores de los Premios Nacionales de Poesía Joven Elías Nandino y Francisco Cervantes.  El siguiente texto  trata de ser, más que un balance, un acercamiento a las más inmediatas expresiones de la poesía mexicana, así como una búsqueda de coordenadas de las orientaciones estéticas más recurrentes en estos autores, representativos, sin duda, de una muestra mucho mayor.

Jeffrey, de Saúl Ordóñez
FETA No. 444
[Poesía, 2011]

Jeffrey (obra negra) ofrece la singular unión de la nota roja con el discurso amoroso, en él, Ordoñez (1981), se decide por la subversión de los valores que erige la cultura hegemónica, que ha elevado al nivel de notoriedad mediática a sus criminales más atroces y rebajado la celebridad al nivel del excremento. La premisa es llevar a modo de monólogo psicológico el conflicto interno con guiños al exterior de Jeffrey  Dahmer “el carnicero de Milwaukee”. El reto consiste en no caer en la trampa de la narración pura, lo que a veces se logra. En momentos es notable la propuesta discursiva junto al uso de coloquialismos que van creando una auténtica tensión dramática:

no hay putos en el cielo
Dios odia a los putos
los putos arderán en el infierno
entonces qué hago aquí
hecho un Santo Cristo
un Divino Preso
un rey de burlas con la cabeza rota
de sol a sol un espantajo

Sin embargo, hay otras partes en que el libro se rinde ante la prosa funcional, ante el contar y no al “contar cantando” como mencionaba Antonio Machado:

Este niño Jeffrey siempre fue muy curioso no se cansaba de
observar animales recogía huesos mantenía insectos en frascos

También encontramos que el sujeto de la enunciación lírica, víctima y amante, es deliberadamente kitsch como si este elemento fuera un valor positivo per se;  el yo también echa mano de los diminutivos, reforzando un halo näif como dicotomía de una pretendida atmosfera turbia, que no siempre es efectiva donde el uso esporádico de la aliteración no alcanza para dotar de fuerza este discurso.

para nosotros la noche se eriza
ácida
y la pasamos en vilo
entre el humo y el estruendo regalamos nuestra hambre
a los hambrientos […]

A pesar de esto, Jeffrey (obra negra) cumple en intentar llevar a la poesía la tensión dramática de una historia que parece más apta a la narrativa. Al final logra su cometido: transmitir, a partir de lo que cuenta, esa sensación de lo incompleto, retazos adrede de la medianía.

Memorias del cuerpo, de Moisés Vega
FETA No. 426
[Poesía, 2011]

Memorias del Cuerpo, de Mosises Vega (1982), reafirma con persistencia la necesidad de su autor por pertenecer a una estirpe, ya que en él se reelaboran temas y formas de poetas ya reconocidos en la mejor tradición de la poesía mexicana: Alí Chumacero, Eduardo Lizalde y Rubén Bonifaz Nuño.
Además de las múltiples referencias literarias que habitan este libro, asoman de vez en cuando algunas referencias a la cultura pop, que por momentos muestran un cándido anacronismo que no desentona con el carácter melancólico de todo el volumen:

Malparido de mi época
llegué tarde a la noche de los barcos

declara la voz de estos poemas. Así que avanza dando saltos de ternura y desaliento como en “Plegaria para un niño dormido”, canción de cuna cantada en la catástrofe.
En “Memorias del cuerpo”, apartado que da nombre a todo el volumen, se ejecuta el catálogo de todos los naufragios, donde Odiseo y el tigre son alegorías del viaje y la derrota ante la imposibilidad de volver, por que el viaje del poeta siempre persiste

su corazón es un albatros
próximo a lanzarse al vuelo

Memorias del cuerpo es más una caja de resonancia, donde la voces de los otros son el oleaje que irá configurando la voz propia y que nos hace pensar en una prometedora obra futura.

Tránsito, de Claudina Domingo
FETA No. 429,
[Poesía, 2011]

Acometer el tema de la ciudad de México siempre resulta un reto mayor, en la conciencia de que hemos tenido grandes momentos en la poesía mexicana con este tema, por ejemplo: Los hombres del alba de Efraín Huerta, Las amarras terrestres de Abigael Bohórquez, Tercera Tenochtitlán de Eduardo Lizalde; además de notables novelas como La región más transparente de Carlos Fuentes o José Trigo de Fernando del Paso. Claudina Domingo (1982) retoma en su poemario Tránsito (2011) este tema. El libro plantea un mapa de sitios emblemáticos de la ciudad de México, los cuales son visitados por un personaje en primera persona que a modo de monólogo interior construye una cartografía íntima de la ciudad. Los poemas deambulan en la resignación, no en la crítica política y social del poema “Avenida Juárez” o en la ironía y lujuria relajienta del poema “Juárez-Loreto”, ambos del poeta Efraín Huerta, pero se acercan más al registro de amor y desprecio que predomina en el libro Tercera Tenochtitlán de Eduardo Lizalde. El libro asume el tema de la ciudad con gran arrojo, la fuerza lírica, la reflexión, la emoción, la interacción histórica decodificados en sitios que parecen siempre anónimos en poemas como “Meztli”, “Insurgentes”, y “Tlatelolco” resultan prueba indudable de la fuerza del tema y la habilidad en concreción del verso.

Sin embargo, en varios pasajes del libro, como en los poemas “Soledades”, “Proscripción de la nostalgia”, “Vindicación”, se acusa una de las salidas fáciles del monólogo interior, la crónica descriptiva:

“Manzanares aquí es” (44) bodegas hambrientas (gloria
de huacales) “para bendecir a su niño” (la Candelaria)
aguacate en el piso (entre setos de lechuga podrida)
(suelo clemente) reposo de los teporochos  juguetes
viejos (masticados por un niño o una rata)  (desde un
baúl reventado) collares de fantasía (décadas oreándose)
“diez pesos” en el pavimento

Como elemento de la prosa narrativa o dentro de la crónica literaria no habría ningún problema con este pasaje, pero, para un poema es evidente el trastabilleo del ritmo, y el tono excesivamente descriptivo, funcional de la prosa. La metáfora se ausenta por largos pasajes de los poemas, y es allí donde quizá deberíamos localizar la historia, la cosmogonía de la ciudad, como decía Charles Simic: “En toda gran metáfora hay una historia y una cosmogonía”[1]. Otro aspecto a señalar es el recurso continuo de los paréntesis, el cual se va desgastando a lo largo del libro, si bien nos da la presencia de una hiper consciencia, de un discurso paralelo, también resulta un recurso que después del segundo poema es totalmente predecible, sabemos que nos dará una idea complementaria o en oposición a la que enuncia la voz poética. Formalmente hay una búsqueda por innovar, ya que usa el poema en prosa que se pone en crisis a partir de un monólogo entrecortado que se alimenta de kenningars y la descripción, además de los paréntesis. En este sentido, creo que se puede prescindir de los paréntesis y el exceso descripción, lo cual, si bien dejaría de crear un efecto visual, le haría ganar en fuerza emotiva. Lo que en un principio se revelaba como una exploración de los múltiples usos semánticos de los espacios de la página y los paréntesis, termina por fragmentar el discurso de manera arbitraría, pues nunca se termina de entender la función que estos recursos juegan en el poema. La experimentación de Claudina Domingo se vuelve una argamasa reiterativa, un tartamudeo.
A pesar de esto es innegable que se trata de un libro emotivo, de encontronazos graves y grávidos con la ciudad. Con Tránsito Claudina Domingo se adhiere al aire de resignación que Carlos Fuentes enunció en el final de La región más transparente: “… Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire”.

Lápida del bosque, de Guillermo Clemente
FETA No. 438
[Poesía, 2011]

En Lápida del bosque de Guillermo Clemente (1984) encontramos un libro que somete la emotividad a la construcción de imágenes y de la metaforización excesiva, lo cual crea un proceso previsible. En varios momentos, el uso metafórico nos recuerda a Delante de la luz cantan los pájaros (1959) de Marco Antonio Montes de Oca, pero por hacer patente el desgaste de esta fórmula:

Muerde la angustia las hojas desoladas de la arboleda, toma
el bosque entre sus manos al ripio del otoño. Mira la
serenidad del árbol derruido, oye el bramido del viento
que expande sus dunas; no llores más, el aljibe del silencio
se hace visible en estas cuencas. Abandona la flor de la
tristeza de este bosque.

Es innegable que domina la fórmula de la imagen, pero la unidad de este tono decanta en el pronto tedio. Otra raíz puede verse en esta propuesta, se trata de una expresión recargada en la forma y ligera en el contenido, que tuvo mucha repercusión durante los años noventa en un sector muy localizado de la poesía mexicana, identificada como “prosa de Guadalajara”, “escuela tapatía” o “estilo Guadalajara”, que  aquí vuelve a presentarse de manera tardía y crepuscular. En sus poemas es evidente esa gastada recuperación de la saga de libros iniciada con el Cardo en la voz de Jorge Esquinca. Lápida del bosque de Guillermo Clemente puede verse como un primer libro que está en busca de su propia voz.

El corte general nos ofrece una joven poesía mexicana bien diversa, a medio tono generalmente, donde la búsqueda experimental predomina en los cuatro libros, desde distintas coordenadas y procedimientos: la reelaboración de la coloratura clásica de la poesía más prestigiosa, así como la recuperación de las vanguardias latinoamericanas (el neobarroco, el concretismo, etc.), pobre desde la perspectiva retórica, pasando por la poesía del lenguaje, la utilización ad nauseam del fragmento, hasta llegar a los códigos de la modernidad puesta en crisis, que incluye variopintos ejes temáticos y la hibridez de géneros.

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[1] Charles Simic, El flautista en el pozo. Ensayos escogidos 1972-2003, traducción de Rafael Vargas, p. 24.

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IVÁN CRUZ OSORIO (Tlaxiaco, Oaxaca, México, 1980). Poeta, ensayista y traductor. Terminó la carrera de Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es codirector y editor de Malpaís ediciones; miembro del consejo editorial de la revista de literatura y gráfica Viento en vela; y fundador y co-organizador de El Vértigo de los aires. Encuentro de poesía. Es autor de los poemarios Tiempo de Guernica (2005) y Contracanto(2010).  Poemas suyos han sido publicados en diversas antologías nacionales e internacionales. Fue becario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2009-2010), en el área de poesía.

MIJAIL LAMAS es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979.  Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendiosselección de poemas (2009).

Los Libros del 2011: Alí Calderón

by La Estantería

Poesía en 2012

por Alí Calderón

En México, como en el resto de América y aún España, las editoriales oficiales han perdido el halo de unanimidad que gozaban y distintos sellos independientes están editando libros que enriquecen nuestra tradición, orientan el debate y ofrecen algunas joyas a sus lectores.

En México esto se observa con claridad. Malpaís ediciones, por ejemplo, ha publicado recientemente Obra primera 1958-1986 de Max Rojas. Nueve años después de la publicación de Poesía en movimiento, antología canónica de la poesía del país, se escribe el último poema del primer libro de Max Rojas: El turno del aullante (1983). Este poemario es, por su dicción y su poética, de alguna manera hermano de Digo lo que amo (1976) del sonorense Abigael Bohórquez. En estos libros, me parece, se concreta la vocación de riesgo y ruptura o introducción de sorpresa y novedad en la tradición literaria que anhelaba Octavio Paz en el prólogo de su antología. Ambos autores son, según creo, los verdaderos renovadores del lenguaje poético en México. Renovadores en tanto su poesía genera un extrañamiento a nivel léxico, semántico y sintáctico, un extrañamiento incluso mayor al que produjera Adrede, de Gerardo Deniz, publicado en 1970. En una de las presentaciones del libro (oponiéndose a esa poesía anticlimática e intelectualoide) dijo Max Rojas: “si la poesía no es un chingadazo es malteada de fresa o no sé qué”. Es así que escribe fragmentos como el siguiente:

Anoche me dolió la esqueletada, y nadie más
que a mí me vino el crujimiento. Me entristo
un poco más y trago en seco, que al cabo sé
que he de acabar mi crujición a solas.

Este año apareció también, editado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Retrato a lápiz, de Dionicio Morales. Se trata de una antología que reúne el ensayo, la crítica, la crónica y la poesía del tabasqueño. Dionicio es un personaje en el medio literario. Cuenta anécdotas, explica situaciones, ironiza y al hacerlo refiere esa otra parte de la historia de la literatura, aquello que podríamos llamar la “microhistoria” de la poesía mexicana. Y en este punto, para ponerlo en términos de Pierre Bourdieu, me parece que radica una de las principales labores de Dionicio Morales en el campo literario: ser un transmisor del habitus y no sólo eso, sino ser un vínculo con la tradición.

El oficio de este poeta se advierte con mayor nitidez en la intencionalidad de crear un lenguaje literario basado en el pulimento del lenguaje. Me explico. Las palabras, lo sabemos, tienen cualidades semióticas inherentes: densidad, textura y coloración. Lo destacable en los mejores momentos de la poesía de Dionicio Morales es la articulación de un discurso finísimo: ligero (en cuanto a la densidad) y suave (en cuanto a la textura). La conjunción de estos elementos produce tersura en el nivel del significante. Para muestra el siguiente poema en prosa, “Maíz”:

A la verde y juncal orfebrería del viento, le brotaron mazorcas luminosas, granos prodigiosos que albergan el milagro de los dioses. Los hombres, modelados a semejanza, por sus miligramos se agigantan. Brizna de luz trizada en una lujuriosa vendimia de los cielos.

En algún sitio escribí que no se puede comprender la poesía mexicana contemporánea sin revisar el trabajo de Marco Antonio Campos. Tengo la impresión de que hoy ese juicio es más cierto que nunca. Campos no sólo es el poeta mexicano más leído en España, por ejemplo, sino uno de los mayores difusores de nuestra poesía. En 2010 Visor publicó Dime dónde, en qué país, que recibió el Premio Melilla. Además del tono de meditación poética que ha dominado este poeta, hallamos en las páginas de este volumen a un Marco Antonio Campos más lírico, más emotivo.

Podríamos calificar estos poemas en prosa de “intergenéricos”, alternan el lirismo, la meditación poética, la crítica literaria, la crónica de viajes, la reflexión histórica, etc. Es como si Campos se hubiera propuesto una especie de escritura total con fundamento en la poesía, en el poema en prosa. Gracias a ese lirismo encontramos los momentos de mayor altura del libro. Por ejemplo: como

  • Ligeras de cuerpo, ligeras de vestido, dejan en el aire cálido el olor de su respiración.
  • Las campanas de la iglesia resuenan como antes, pero falta algo, algo que no sea ni sepa amargo como el café que duerme meses en despensas, algo, tal vez la juventud, esa lejana juventud con su altura y fuerza de montaña y con el incendio múltiple de las buganvillas que recuerdan a las muchachas en flor.
  • Las muchachas ligeras y de largas piernas se sientan en las bancas, se van, nos van dejando la respiración del deseo que se vuelve un suspiro inútil.

Visor publicó también en 2010 El rumbo de los días, el poemario con el que el cubano Waldo Leyva mereció el Premio Casa de América de Poesía Americana. Leyva pertenece a una generación que cambió la manera de comprender la poesía latinoamericana, la de los poetas nacidos en los años cuarenta. Ellos trazaron algunos de los caminos que recorrería la poesía en español en el pasado reciente. Esa generación está compuesta, entre otros, por Osvaldo Lamborghini (1940), José Kozer (1940), Antonio Cisneros (1941), Rodolfo Hinostroza (1941), Omar Lara (1942), Diana Bellesi (1946), Juan Manuel Roca (1946), Darío Jaramillo (1947), y Néstor Perlonguer (1949), por ejemplo. En este concierto de nombres, la poesía de Waldo Leyva (1943) no sólo es, según creo, la más íntima, sino que ha sido fundamental para las nuevas generaciones de poetas en América y España. Es un maestro.

Mientras la poesía se movía al ritmo del neobarroco, el experimento, la pasión por el desequilibrio, la disolución del yo, la parodia, el automatismo sin inconsciente y la desemantización, Leyva, creyente del decoro en sentido horaciano, recuperó la poesía popular y la incorporó a sus propias búsquedas. La décima y la copla alternaron en su poesía con el endecasílabo y el heptasílabo, los metros cultos de nuestro idioma, para generar una de las músicas más notables de la poesía contemporánea. En otros momentos, Leyva prefiere el poema en prosa, siempre con tersura en el nivel del significante y echando mano de oraciones que recuerdan el versículo o el verso de largo aliento, que imprimen altura emotiva al texto. Como muestra el siguiente poema, escrito originalmente en el frente de batalla de Angola hacia 1976:

Cuando nos encontremos, quiero que tengas el pelo suelto y que cierres los ojos para entrar poco a poco en tu sangre, sin violencia, como cuando bailábamos bajo las estrellas sin otra música que la de nuestros cuerpos, no abrazados, sino naciendo juntos de la tierra. Hoy has estado más presente que nunca, la mujer que eres se me entra por todo el cuerpo, no puedo recordarte de otra forma, sino de carne y sangre palpitante. Si recuerdo tu pelo es revuelto en mi cara, si tus ojos, cerrados, si la piel, reventando tibia entre mis manos mientras la lluvia se rompe en la ventana y te hincha los senos.

Cierro estas notas con los puentes de conocimiento que se tienden entre las distintas tradiciones poéticas del español. En 2010 apareció 4M3R1C4: Novísima poesía latinoamericana (Ventana Abierta, 2010) de Héctor Hernández Montecinos y el año pasado País imaginario, escrituras y transtextos, 1960-1979, de Maurizio Medo

Se trata de dos volúmenes de poesía que reúnen el trabajo de una orientación estética muy precisa: la experimentación, el neobarroco, la poesía como trabajo casi exclusivo del significante, el campo un nuevo manierismo. Ambas presentan un prólogo interesante. Significativo y meticuloso el de Montecinos, ingenuo y ávido el de Medo. 4M3R1C4 es sin duda mejor libro y merecería más lectores de los que ha tenido.

En una lírica (¿diametralmente?) opuesta apareció en abril de 2011, publicada por Visor, Poesía ante la incertidumbre. Antología de nuevos poetas en español. Se trata de poetas que defienden, ante todo, la poesía como búsqueda de otro, un nuevo sentido en el mundo entrópico ante el que nos encontramos. La provocación del prólogo de la antología suscitó el debate esperado al grado de que este volumen de poesía se convirtió en uno de los más leídos el año pasado en el ámbito de la lengua española y degeneró en un muy interesante ensayo de Mario Bojórquez, “La poesía del resentimiento”. Fue publicado también en México (Círculo de Poesía), El Salvador (DPI), Colombia (Icono), Nicaragua (Leteo ediciones), Argentina (el suri porfiado) y espera ediciones en Perú, Chile, Italia, Estados Unidos y Bélgica.

Con lo anterior se advierte que la poesía en español está viva y que esa vitalidad es resultado del vigor de los cuatrocientos cincuenta millones de hablantes de este idioma.

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Alí Calderón (D.F., 1982) es poeta y crítico literario. Maestro en Literatura Mexicana. En 2007 recibió el Premio Latinoamericano de Poesía Benemérito de América. Fue merecedor, en 2004, del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde.  Es autor de los poemarios Imago prima, Ser en el mundo y De naufragios y rescates; del libro de ensayos La generación de los cincuenta y coordinador de la antología La luz que va dando nombre 1965-1985. Veinte años de la poesía última en México. Fue recientemente antologado en Poesía ante la incertidumbre, editado por Visor.

De naufragios y rescates

by La Estantería

El poeta español Javier Bozalongo nos entrega una reseña sobre  De naufragios y rescates  libro del joven poeta mexicano Alí Calderón, editado recientemente en España. En ella hace una detenida revisión sobre la poesía de este reconocido autor mexicano.

De naufragios y rescates
Alí Calderón
Colección La herida y el relámpago
(Festival I. de Poesía de Granada. Granada, 2011)

por Javier Bozalongo

En una de las muchas entrevistas que a lo largo de los años han hecho al poeta Luis García Montero, le preguntaron cómo se puede escribir poesía en Granada bajo el peso de la figura (que no de la estatua) de Federico García Lorca. La respuesta que recuerdo es que ese peso no debe ser tomado nunca como una carga, sino como un aliciente que nos eleve, que nos haga crecer leyendo y aprendiendo de su palabra mientras buscamos una voz propia y creamos nuestra propia obra.

Sin haber planteado a Alí Calderón una pregunta parecida, podemos deducir leyendo su obra que su respuesta no se habría alejado mucho de la que acabamos de citar. Ser un “joven poeta mexicano” requiere el triple de energía para emerger a la superficie de la que necesitaría cualquier poeta de su generación en muchos otros países: energía cívica para soportar el peso de un país que vive instalado en una violencia permanente desde hace años y en el que escribir poesía sea un gesto de protesta, una manera de ver el mundo alrededor sin sentirse incómodo por hacerlo a través de los versos, sino reconfortado porque, como él mismo dice, “en 1490, los sabios del mundo náhuatl se reunieron para dar respuesta a una pregunta esencial: ¿qué vale la pena en el mundo?”, Esos sabios, llamados tlamatinime, llegaron a la conclusión de que únicamente valen la pena “las flores y los cantos”, es decir, la poesía.”. Se necesita una aportación extra de energía vital para que la juventud no pierda la esperanza de un futuro mejor y en paz; y energía literaria para crecer a partir de las voces poderosísimas que han creado en ese país, México, una de las tradiciones poéticas más importantes en nuestra lengua, que van desde Sor Juana Inés de la Cruz a Octavio Paz, de Jaime Sabines a José Emilio Pacheco y tantos y tantos otros autores imprescindibles en la historia de la poesía. El eco de esas voces inmensas es lo que uno puede encontrar en los poemas de Alí Calderón, utilizando como combustible esa energía poética acumulada en años de lecturas, tamizadas hacia un lenguaje rabiosamente joven y atrevido que no pierde de vista la enseñanza de sus mayores y que -como escribe Fernando Valverde en el prólogo de este primero libro del mexicano publicado en España- “sigue un camino milenario [ ] y no tiene la necesidad de acabar con sus padres literarios, sino la bondad de admirarlos y respetarlos, de agradecer lo andado para continuar el camino.”

Ese camino se inició en 2005 con la publicación de Imago prima, cuando el autor contaba apenas 23 años y su incipiente obra ya colocaba a Alí Calderón en el lugar que designa el título de uno de los poemas de ese libro, en la “Pole position” de la poesía de su país:

Y mi pecho una supercarretera
de ocho, dieciséis, treinta y dos carriles
con miles y millones de caballos de fuerza
vertiginosos corriendo
y derramando lumbre en mis arterias.

Los poemas de Imago prima incluidos en la antología que comentamos, descubren a un poeta que ha sido antes, como hemos dicho, un lector muy atento, que sabe destilar en una nueva voz una lección bien aprendida, y nos hablan de amor y de rabia, de pérdidas tempranas: “Este dolor es real, tangible: / se ha hecho presente / y deambula en estos versos.” Por los poemas de Alí desfilan Penélope, Natalia, Begoña o Lesbia, Circe y Helena, y todas son manantial para calmar la sed o fuente de insatisfacciones, pero también y siempre portadoras de belleza.

Apenas tres años después aparece Ser en el mundo, reeditado en 2011, y Calderón demuestra en este segundo poemario una madurez impensable en un poeta de su edad, y lo hace con poemas de una fuerza arrolladora, portadores de unas imágenes de potencia desbordada que indican a los lectores y a los críticos que Alí ha venido a la poesía para quedarse, para ser-en-el-mundo, para estar-en, para ser-para-otro y para ver-en-torno con esa visión que no todos los poetas alcanzan, un poeta que, en palabras del propio autor “intenta arder en la urgencia del lirismo pero que también cree en el lujo verbal y en el riesgo, en la aventura estética; un poeta que aspira a decir las cosas de manera particular”. En esa urgencia de lirismo y de sinceridad, en esa forma de ver-en-torno viéndose a uno mismo, reconociéndose en sus contradicciones pero también en sus certezas, dice Alí:

Alguien que no soy yo
y en todo idéntico es a mí mismo
ronda mis pasos y me sigue.
Otro es el que enuncia mis palabras
y rubrica mis actos
mi memoria es recordada por otro
otro es quien tras de mi ojo atisba.
Alguien de quien soy alternativa
me acecha en el espejo
y calca uno a uno
aún los más imperceptibles rictus.
A semejanza y preciso reflejo
no soy yo sino del otro imagen.

Calderón es uno de los nuevos poetas en español incluidos en Poesía ante la incertidumbre, antología tan necesaria como malinterpretada en algunas ocasiones que ha visto la luz en ediciones simultáneas en España, Nicaragua, México, El Salvador y Colombia, que pronto se extenderá a Chile, Argentina y Perú con la incorporación de nuevos autores que se sumarán a los ocho iniciales, de seis nacionalidades diferentes. El libro, que se ha mantenido durante semanas entre los diez poemarios más vendidos en España – sin apenas publicidad- defiende una poesía que, aunque parezca inimaginable tener que repetirlo, está a favor de la poesía y a favor de los lectores, pero en ningún caso en contra de poetas cuya obra pueda enmarcarse en tendencias diferentes. Estos jóvenes poetas se enfrentan al mundo con su mejor arma, la palabra (“Tristes armas / si no son las palabras./ Tristes, tristes.” como dijo Miguel Hernández), y su nexo de unión es la sinceridad en su planteamiento vital y estético, más allá de la coincidencia generacional.

Alí Calderón no ha dejado de crecer y tiene frente a sí un largo camino que recorrer, un camino que hoy inicia una nueva etapa con la publicación de su obra, por primera vez, en España, a través de la colección “La herida y el relámpago” del Festival Internacional de Poesía de Granada, que ha tenido el acierto de publicar la antología De naufragios y rescates, en la que se recogen poemas de los dos libros mencionados y poemas inéditos en los que el poeta demuestra lo que acabamos de afirmar, que su crecimiento es imparable y que su voz se asienta día a día. Son estos nuevos poemas, de largo aliento en algunos casos, motivo suficiente para esperar con ansiedad la nueva entrega de versos de Calderón, que nos regala aquí postales escritas en las ciudades y países por donde ha tenido la fortuna de viajar, y nos deja como colofón un ejercicio histórico y estilístico que da título al libro y justifica por sí solo la obra de este, repetimos, joven, poeta y mexicano que tiene el arrojo de escribir unos versos radiantes cuando no hay apenas luz, de abordar la tristeza sin pesimismo y celebrar la unión de los cuerpos con la alegría que tal conjunción debe proporcionar siempre a los amantes.

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Javier Bozalongo (Tarragona, 1961). Reside en Granada desde hace más de veinte años. En esta ciudad publicó sus primeros libros, Líquida nostalgia (2001) y Hasta llegar aquí (Cuadernos del Vigía, 2005). En 2007 obtuvo el Premio Surcos de Poesía por Viaje improbable (Renacimiento, 2008), y en 2009 Visor Libros publicó La casa a oscuras (Accésit del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma).

Escritos a mano, o las muchas travesías de Esther Seligson

by La Estantería

Por Mijail Lamas

Escritos a mano, de Esther Seligson
-Editorial JUS
Pág: 236
Serie: Contemporáneos

Voy a enfrentarme a esta página parpadeante y eléctrica para hablar de Esther Seligson, así que antes debo hacer una precisión, esto no es una reseña, sino una de las formas de la devoción. Así que frente a esta computadora, este aparatejo que nunca fue digno de su confianza, estoy por hablar sobre un libro de ella.

Esther Seligson se enfrentaba al ejercicio íntimo de su escritura (la ficción, la poesía y sus diarios) escribiendo a mano, luego pasaba sus escritos, casi sin un error, en su Olivetti color beige, esa que cargó desde Portugal hasta su departamento en la colonia Juárez. Esa máquina con un teclado inusual, con virgulilla, acento circunflejo y cedilla; esa máquina que denotaba una modernidad obsoleta, y que un buen día decidió regalarme con su respectiva dotación de cintas rojinegras.

Los garabatos de Esther Seligson inundaron el  papel de libretas que venían de todas partes, cuadernos de pastas azules y gruesos renglones que trajo de Israel, amarillentas hojas que sobrevivieron de sus viajes a la India y el Tíbet, delgadas hojas de una libreta que compró en Lisboa, tal vez en la Rua dos Douradores, la calle preferida de un tal Fernando Pessoa.

De esos cuadernos nace Escritos a mano, más que un libro, un prodigio en su variedad de matices e intenciones, en él “todo es invitación a prepararse para entrar en un mundo radicalmente distinto…”.

Su naturaleza fragmentaria no bosqueja, pinta en pocos trazos y de manera deslumbrante las expresiones de los personajes que lo habitan, vuelve palpable cada uno de los escenarios en los que se sitúa, revela la textura de cada una de sus obsesiones y deja al descubierto la poderosa personalidad de su autora.

En estos escritos a mano no hay géneros puros, las narraciones van del ensayo a la prosa poética con la naturalidad que les proporciona el genio de esta escritora que nunca aceptó las ataduras de lo convencional. Pongamos por ejemplo el cuento “Mendiga de São Domingos”, donde desarrolla de nueva cuenta el ciclo de la diosa madre, que está muy presente en Todo aquí es Polvo. El cuento le sirve de pretexto para discurrir con nuevo lustre sobre una de sus más caras obsesiones, el culto de la triple diosa, de tal modo que su escritura no es un simple ejercicio estético, sino consumación de los misterios y preparación para el viaje:

Todo plazo ha de cumplirse necesariamente y a Tu clemencia apelo, Reina y Señora de Todo lo Existente, acógeme sacrificio funerario en Tu bosques de álamos y sauces, y permite que se desprenda libre y gozosa mi alma hacia Tu Luz mientras la nieve sepulta mi cuerpo en el seno de las sombras purificadoras.
Amén…

En este libro también hay poemas, en ellos prevalece la rima asonante tan despreciada por los poetas, pero a la que le debe su popularidad Jaime Sabines. La versificación de estos poemas no responde al ritmo de la acentuación prosódica, la tradición hebrea pesa mucho más, así que su ritmo constantemente se respalda en la versificación paralelística que no atiende a la reiteración fónica, sino a la reiteración del pensamiento:

Yo soy mi propio mar
el barco en que navego
el puerto la escala
el adiós el encuentro
el viaje y el trayecto
no hay enrancia
sólo un perpetuo zarpar.

La estructura de estos poemas también resulta interesante en su exploración, especialmente en “Intemperie”, poema al que atraviesan tres distintas lecturas, 1) la anecdótica, 2) la que reflexiona sobre el decir del poema y 3) la que reuniendo las dos anteriores da cuenta del despojamiento al que nos somete la muerte.

Sé que es un lugar común
pero voy a decirlo
-desgajaron de raíz el árbol-
con esas palabras y no otras
-de raíz el árbol guardián de la calle-
sencillas y claras
-el árbol donde trepabas niño-
como las líneas de dolor
que su ausencia súbita trazó
-el árbol a cuya sombra
tantas infancias anidaron-
desde la raíz hasta las ramas
lo desgajaron
la calle tan desnuda
huérfana…

Escritos a Mano también nos muestra los múltiples universos que conviven en la escritura de Esther Seligson, la dualidad de la cultura mexicana y la hebrea y sus paralelismos que se lee en “De ciudades santas y tierras prometidas”; de su búsqueda de la espiritualidad manifiesta en todos los lugares que visitó, así fuera París, Jerusalén “poblado de plegarias” o el Tíbet, donde comprendió “cuán real es el mito universal de un centro originario común”.

La lógica que rige la escritura de Esther es “intuitiva, multidimensional y polisémica”, leerla es “permitirle a lo insólito entrar libre y gozosamente” a través de nuestros sentidos, es aprender “que la escritura es la única Tierra Prometida que le espera al escritor, y el Libro la única ciudad santa que le da cobijo”.

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MIJAIL LAMAS es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979.  Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendiosselección de poemas (2009).

Los libros del 2011: Leonardo Iván Martínez

by iva9

por Leonardo Iván Martínez

Parece ser que yo no elijo los libros sino que ellos me eligen a mí. A veces entre las librerías de viejo o en las ofertas editoriales, me guiñan un ojo y me acerco a ellos. A veces me resisto a la seductora novedad que para mí pueden representar los títulos, entonces sopeso mis intereses y mi bolsillo para dar el último paso, que es la adquisición y el agrandamiento de mi biblioteca.

En mis lecturas del año 2011 me reconozco como un reincidente. Romancero Gitano y Poeta en Nueva York de Federico García Lorca son dos libros que constantemente leo. Poeta en Nueva York sigue siendo apara mi gusto un libro con una vigencia en el estilo y en su contenido que lo convierten en un verdadero monumento viviente de la poesía, una evidencia palpitante de la época, de la modernidad industrial enfrentada a la tradición en la que Federico García Lorca se había afincado en sus primeros poemas.

Otra de mis lecturas al iniciar el año fue la selección de poemas de John Donne agrupados bajo el título de Poesía Erótica. Se trata de una traducción hecha por el poeta José Luis Rivas y publicado en coedición de Aldus y CONACULTA en el año 2005. Este libro, buena amalgama de sensualidad y escrito filosófico, es una muestra del erotismo que respiraba, mejor dicho transpiraba, la época isabelina en Inglaterra. Además del buen trabajo en la traducción hecha por José Luis Rivas la selección resulta gozosa para el lector. Esas canciones, interpelaciones y reclamos al amor, hacen del amor una experiencia más metafísica y afectiva. La ruptura del tiempo y el espacio en la experiencia amorosa es el más importante aporte de los poemas amorosos y eróticos de John Donne. Baste como ejemplo este par de versos: Sólo si es compartido un bien tiene existencia, / pero se arrancia si alguien lo acapara. Así es el amor y así es la poesía de John Donne: algo demasiado grande para no recomendar leerla.

 

Siguiendo la línea amorosa cabe mencionar que el libro Venus y Adonis de William Shakespeare me aligeró las largas horas de espera en las oficinas del Servicio de Administración Tributaria a mediados del año. Se trata de una edición bilingüe publicada por Hiperión y que adquirí por fortuna en una venta de saldos. El libro como es de saber tiene como tema el intento de seducción de Venus a Adonis un cazador que sólo piensa en su presa: un jabalí. Por su puesto que se trata de una analogía del deseo que a veces nuestra mentalidad moderna nos impide identificar a primera vista. En el aspecto formal, la cadencia, el ritmo en la construcción en cada verso alejandrino en la traducción hacen del libro una experiencia satisfactoria en cualquier lugar y cualquier momento, máxime si se está en la fila de las responsabilidades fiscales.

Le edición bilingüe de Mensaje de Fernando Pessoa editada por Hiperión también guarda un lugar importante en mis lecturas del 2011. Hace un lustro había leído el libro pero la aproximación del texto en bilingüe hace de la lectura y el cotejo en la lengua original una delicia musical.  Si de por sí en el texto en español se logra sentir el paisaje náutico y mítico de Portugal en la lengua lusitana se sienten las olas y el resplandor de las armas personajes poéticos que animan el libro.

 

El último libro de poesía que leí en el año fue Sonata del claro de Luna de Yannis Ritsos. El libro fue publicado por Ediciones Sin nombre y la Universidad Veracruzana en 2006 con traducción directa del griego a cargo de Selma Ancira. Leí Sonata del claro de luna hace una semana bajo la luz de una vela. La noche del viernes 23 de diciembre las deficiencias en el servicio eléctrico me dejaron a oscuras. Decidí buscar entre mis últimas adquisiciones y encontré este libro en mi escritorio iluminado precisamente por la luz lunar que entraba por mi ventana. Su nombre era sugerente para el momento. Encontré un libro en donde una mujer vestida de negro habla a un joven bajo la luz de la luna. Siempre me ha parecido algo lleno de sensibilidad el hecho de que un poeta aborde la voz de una mujer. En este libro, cada fragmento tiene como constante la súplica de la mujer de negro al hombre joven. Ella le pide que la lleve con él y es tal vez una exigencia para reconocer que el tiempo y su deterioro no han sucedido. La muerte, la nostalgia, el deseo son convocadas por Yannis Ristos a la luz de la luna. Así, mientras recorría cada una de sus páginas, la luz inundó la sala de mi casa y esa noche decidí poner en uno de sus muros el siguiente fragmento:

Esta casa, a pesar de todos sus muertos, no

                piensa en morir.

Insiste en vivir con sus muertos

en vivir de sus muertos

en vivir de a certeza de su muerte

y aun en acomodar a sus muertos en vetustas

                camas y libreros.

Déjame ir contigo.

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Leonardo Iván Martínez (Ciudad de México, 1982). Es egresado de la Licenciatura en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado en las revistas Péndola, La oveja negra y en las páginas electrónicas Círculo de poesía, La otra poesía,  Palabras Malditas y Cronopio de Medellín, Colombia.

Los libros del 2011: Dalí Corona

by La Estantería

Lecturas.

Inicié mi año releyendo a Quasimodo. Hacía mucho que lo había querido tomar de nuevo pero los proyectos literarios me lo habían impedido. Afortunadamente estaba algo relajado de trabajo y comencé con la lectura de Y enseguida la noche, un libro editado en España por ediciones Orbis y que compré en una feria del libro en el año 99. Dese el inició entré en lo que llamo “actitud de trabajo”, los versos se van hilvanado en sentido y sonido; la colocación de los signos de puntuación están dispuestos de tal forma, que algunas líneas llegan a tener una intención doble u oculta. En su mayoría son poemas construidos sobre un eje temático: la noche, la mañana, el bosque. De un argumento, aparentemente sencillo, se va desatando el nudo del poema. El hallazgo es aquí todo el poema, cada disposición del verso está planeada para no dejar duda, ninguna palabra al azar. Se forman, entonces, poemas perfectamente circulares que en la cabeza del lector resuenan.

Luego, como quién comienza a agarrar trote, abrí una antología de Enrique Lihn que el Fondo de Cultura Económica reimprimió en México en el año 1995. No recordaba cómo había llegado a mí pero tenía unas notas internas hechas de mi puño, que me hacían pensar que era muy viejo. En la página 175 encontré un subrayado. El poema, Por qué escribí, tenía con pluma roja una nota que me hizo recordar de dónde provenía el libro. La nota decía: Atención. Deberían enseñar esto en literatura. Evidentemente el libro pertenecía a la biblioteca del Colegio de Bachilleres No 3 donde había pasado los años más terribles de mi educación. El verso marcado me recordó algo que en la modorra de las becas había olvidado: la maravilla de la emoción en la palabra. Aquí el verso:

“De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río.”

Pocas cosas me reconfortan tanto como un buen libro, y no me refiero a estar sentado en la comodidad de la casa leyendo, sino al contraste que genera la lectura en los espacios abiertos; la ciudad interrumpida por la lectura. Los autos y el smog, el ruido de la calle con su inoportuna variedad de gente desapareciendo en cada línea, en cada párrafo, en cada hoja de un libro maravilloso.

Mi amiga Claudina Domingo me había dado meses atrás su libro Tránsito, editado por Tierra Adentro a inicios de año. No lo había revisado por flojera y por temor a no comprender sus poemas. Con lo encarrilado que andaba me dispuse a leerlo. Como tengo un hijo de siete años, el tiempo que destino para la lectura o la escritura suele ser poco. Si no es en la noche, tengo que leer en los trayectos de la casa a la escuela y viceversa. Tardé un tiempo en terminarlo pero me dejó un gran sabor de boca. Los poemas del libro tocan a la ciudad de México desde su fundación hasta nuestros días, días de tianguis y cantinas. Claudina transita por la ciudad como si fueran una especie de espectro o un animal que, a baja altura, logra sentir el hedor de la calle y su ruido pernicioso, además de poder ver las suelas que la pisan. Si bien está plagado de paréntesis que a primera vista parecen colocados para distraer, me gusta pensar que lo que guardan son esas intervenciones del pensamiento que a todos nos ocurren cuando describimos algo que nos atrae de sobre manera. Como una plática en la que nuestra boca dice algo y al mismo tiempo nuestro pensamiento recula y cuestiona nuestro decir.

Como parte de mis actividades en un encuentro de escritores, me fue encargado presentar un libro de poesía de Daniel Fragoso, Escuela del Vértigo, (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, 2011). La presentación la escribí en una tarde, el libro lo leí en unas tres semanas. Demoré en leerlo porque algunos poemas no me quedaban del todo claros. No comprendía si era una bitácora de viaje o una descripción emotiva de su estancia en tierras españolas. Hube de leer con atención cada poema como si lo estuviera tallereando; trataba de identificar qué palabra hubiera colocado yo primero y qué verbo serviría mejor para tal o cuál poema. Al final comprendí que su libro hablaba del destierro, un destierro voluntario del que el poeta nos hacía partícipes; la soledad que genera estar fuera de casa no porque nos hayan exiliado, sino porque decidimos exiliarnos; algo así como un exilio interior. Los poemas comenzaron a revelarse luego de eso. Cada verso sujeto al siguiente y en cada imagen, la idea de que uno es extranjero no porque se encuentre fuera de los márgenes geográficos que lo vieron nacer, sino porque uno mismo decide serlo, y el reconocimiento de ese hecho deja una marca imborrable en el corazón. Para la presentación escribí unas cuatro cuartillas, pudieron ser más, pero sólo quise abordar tres poemas, aquellos que dejaron en mí la huella de ese exilio.
Siento que no perdí el tiempo. Algunas veces creo que ningún libro es una pérdida de tiempo, salvo por aquellos que al terminar de leerlos en vez de producir cuartillas o cuestinamientos, producen calma; esos, lo que me dejan el corazón en paz y en calma, suelo regalarlos. Si un libro no me hace rabiar o reventar, no sirvió. Si no me cuestiona o me replantearme ciertas concepciones instaladas en mí, lo desecho. La literatura, y en particular la poesía, tiene que ser un balazo en la sien; no está hecha para confirmarnos hechos o verdades, al contrario, está diseñada para, todo el tiempo, generar dentro de nosotros inconformidades. Una obra de arte no debe ser valorada por lo provocadora que sea, sino por lo reveladora.

Un ejemplo de esos libros fue uno que me regalaron en Toluca luego de una lectura a la que asistí con motivo del día internacional del libro. Nos aseguraron paga y una dotación de libros. Solo una parte de eso llegó. En la parte de enfrente del paquete de libros y como anunciado con fanfarrias, venía un libro de Eduardo Casar, Grandes maniobras en miniatura. El libro había sido merecedor del primer lugar en el certamen internacional de literatura, Letras del bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz, título cuasi nobiliario. Lo abrí para hojearlo y no lo solté, no por gusto sino por morbo. Si bien le había leído algunas cosas a Eduardo Casar y me parecía bueno, lo que leía en ese libro no me sorprendía en lo absoluto. Poemas predecibles, estructuras bien hechecitas, como de plomero, bien medidas y sin falla, pero nada sorprendente. Sí, por morbo leí el libro, y por suerte tenía algunos poemas buenos, pero sólo eso. Recordé una frase de Gelman acerca de Nicanor Parra, ahora tan de moda por el premio Cervantes, y que cito al bravaso y de forma no muy exacta: Hay poetas que escriben para vivir y producen grandes y bellos poemas, y aquellos que viven para escribir. En definitiva, este libro me hacía ver que, con la pena, Eduardo era de los primeros. Buenos poemas ocultos en 161 cuartillas. Buenos versos ocultos entre sus poemas.

Mi año termina con los Diarios de Fernando Pessoa, publicado por Gadir y con una traducción más bien aceptable. Lo primero es el gancho. Pessoa no tuvo diarios y si los escribió no los han hallado, lo que sí existió fueron cuadernos de notas, así que, lo que leo, son las notas de Pessoa. Pasado este bache es ampliamente recomendado. Aunque, si lo que quieren leer son la notas, y no comprar el libro, existen unas traducciones que el poeta Mario Bojórquez hace y que se puede consultar de manera gratuita en este link. http://circulodepoesia.com/nueva/2010/01/diarios-de-fernando-pessoa/.

Felíz año.

Dalí Corona.

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Dalí Corona (Ciudad de México, 1983). Ha publicado los libros Voltario (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007) y Desfiladero (Chihuahua Arde, 2007). Ha sido incluido en el Anuario de poesía Mexicana 2006, FCE. Participó en el XII Festival de poesía en la Habana, Cuba en 2007. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía.

Los libros del 2011: Carlos Ramírez Vuelvas

by iva9

por Carlos  Ramírez Vuelvas

Como suele suceder, la lectura desigual de libros de poesía es completa responsabilidad del lector. Desde el pesar de ese arbitrario, comparto una lista de libros dilectos del año que termina. Son ediciones fechadas entre finales de 2009 y 2011. Al menos sirva el índice como un reconocimiento agradecido a los autores, y como un aliciente para el firmante, lector tan desordenado como de poca orientación, para que avance en los esfuerzos por mejorar su oficio.

          En el 2010, la editorial Trotta editó Poesía completa de George Trakl, libro traducido y prologado por José Luis Reina Palazón. No sólo porque la poesía de Trakl goza de una excelente salud frente a los avatares del siglo XXI, también por la factura bien lograda del trabajo de Palazón, este volumen ayuda a entender los horizontes poéticos posteriores a la Primera Guerra Mundial. Al respecto -como si se refirieran por igual al inicio del siglo XX o al del siglo XXI- Palazón dialoga con Trakl y sugiere que la poética del autor de El otoño del solitario confronta con insatisfacción la realidad social finisecular, lo que “acentuaba una decisión o tendencia personal a la entrega a un mundo de valores extremos, bondad y voluptuosidad, sinceridad y desafío, que sólo la poesía podía satisfacer en su complejidad.” Poco más se puede decir de un autor ya clásico en la genealogía de la modernidad.

En el mismo tenor (poesía y traducción en ascenso), DVD Ediciones editó a finales de 2009 Las Elegías de Friederich Hölderlin, en versión castellana de Juan Andrés García Román, poeta también celebrado por su libro El fósforo astillado (2008). De las muchas traducciones que existen de este poeta icónico del romanticismo alemán, habría que festejar la habilidad de García Román para comprender “el ritmo del pensamiento hölderliano”, como describe la editorial en su cuarta de forros al trabajo del traductor, intención que se evidencia en la “Presentación” del volumen. Desde luego, los méritos también quedan registrados en el primer poema del “Lamento  de Menón por Diótima”, entre otras piezas:

Cada día salgo en busca de algo nuevo,

ya hace tiempo que he interrogado todas las sendas del país;

frecuenté cada umbría, cada fuente y cada fresca cima allá en lo alto;

mi alma vagabunda sube y baja implorando algún reposo:

así huye el ciervo herido hacia los bosques,

en donde a mediodía solía cobijarse en lo oscuro a sestear,

pero ya el verde lecho no puede confortarle el corazón.

Una feliz traducción más: La hambruna y otros poemas de Patrick Kavanagh, adaptada al español por Fruela Fernández y publicada en marzo de 2011 por Pre-Textos. De inigualable aliento irlandés (independentista, por supuesto, con río Liffey y monumento Spire (esa delgada elegía urbana a la luz del mundo) por coordenadas) Kavanagh lleva bellísimas islas en sus poemas dispersos, que Fruela Fernández traslada con virtuosismo al español. Clásico y nostálgico –como la estatua de Kavanagh en los suburbios de Dublín–, sus “Versos escritos en un banco del gran Canal” conservan en español la tesitura del inglés bucólico de Irlanda.

Conmemórame donde haya agua,

agua de canal, a ser posible,

tal calma y verde en el hondo verano.

Hermano, conmemórame así, bello,

junto a una esclusa donde ruge un Niágara

de cascadas para el tremendo silencio

de quien se sienta a mediados de julio. 

Otra traducción: Gasolina de Gregory Corso, en versión de Roger Wolfe (Huancánamo, 2010). A diez años de la muerte de uno de los últimos beatniks (el más importante en palabras de Allen Ginsberg), la traducción de Wolfe pretende “recrear” los ambientes densos de la poesía de este autor norteamericano. En la mayoría de los poemas el propósito se cumple, a veces, incluso, con facilidad. Curiosa la estampa mexicana de un país postalizado hasta el hipérbaton, ya desde los californianos años de los sesenta del siglo XX:

Yo te digo, México…;

millas y millas de corpulentos caballos muertos ocupan mi cabeza,

purasangres y caballos de labor, volcados sobre sus flancos,

tiesos y patirrectos, sin belfos sus hocicos.

Es la pata tiesa, México, el diente que asoma,

lo que desbarata mis ecuestres sueños de pesadilla. 

Finalmente la segunda reimpresión de La Casa Roja, de Juan Carlos Mestre (Premio Nacional de Poesía de España en el 2009). Libro genial por la factura de sus imágenes tremebundas y la flexibilidad de sus metáforas, destacan las reflexiones de Mestre, no sin falta de sarcasmo, sobre la poesía misma, mientras exacerba la composición plástica de cuadros brillantes, óleos cuando no aguatintas, trazados por un surrealista que viaja en motocicleta, acordeón en mano, sobre las frondas de un pinar del Bierzo:

De poco sirvió la causa a esfuerzo tan desmedido:

Los camaleones tenían cierto prestigio después de Keats

y tras el plan quinquenal comenzaron los desdoblamientos.

Unos, como guías turísticos entre pinturas de caballete

vendiendo algún souvenir a la cátedra de los sentimentales.

Otros damos pequeñas conferencias

en el club de Alcohólicos Anónimos.

Este arbitrario de lector de poesía de 2011 añade la mención de seis libros de poetas jóvenes de ambos lados del Atlántico: de Javier Vicedo Alós La última distancia (Diputación de Málaga, 2010), de Alí Calderón De naufragios y rescates (Biblioteca FIP, 2011), de Omar Pimienta, Escribo desde aquí (Pre-Textos, 2010), de Iván Cruz Osorio Contracanto, (Malpaís, 2010), de Álvaro Solís Todos los rumbos el mar (Ediciones Media Noche, 2011) y de Carlos Contreras El eco anticipado (Pre-Textos, 2011).

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Carlos Ramírez Vuelvas (Colima, México, 1981). Autor de los libros de poesía Brazo de sol (2000), Cuadernos de la lengua y el viento (coautoría con Avelino Gómez Guzmán) (2006), Ruleta rusa (2007), Calíope baila con el poeta ebrio (2009) y Nueva Tropicalia (2010). También es autor de los libros de ensayo Los rostros del héroe en la caverna (2009), Full zone (2010) y Mexican Drugs. Cultura popular y narcotráfico (2011). Sus poemas aparecen en las antologías: Un orbe más ancho: 40 poetas jóvenes (1971-1983) (2005), La luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última en México (1965-1985) (2007), La música callada, la soledad sonora (2008) y El oro ensortijado. Poesía viva de México (2009).

Los libros del 2011: Mario Bojórquez

by La Estantería

La Flor y el Canto
Por Mario Bojórquez

Quisiera iniciar esta nota con una declaración obvia: Miguel León Portilla es un poeta fundamental de nuestro tiempo. Dije obvia, pues así puede parecer a algunos, pero no lo es tanto. Miguel León Portilla ha puesto en nuestros ojos la más hermosa e importante tradición de la poesía mexicana prehispánica. Algunos felices lectores que se acercan a este copioso y esplendente corpus construido y reconstruido a partir de piezas olvidadas y despreciadas por los siglos, consideran que el trabajo de Miguel León Portilla es una aportación singularísima para el desarrollo de la antropología, arqueología, etnología y demás ciencias sociales vinculadas al estudio de las tradiciones prehispánicas, y sí lo es, pero no sólo es eso, es, además, un trabajo delicado y finísimo de pura y fidelísima poesía.

Al adentrarnos en los versos de viejos poetas que tocaron los temas que les son propios: la perplejidad de la finitud del hombre sobre la tierra, el amor erótico, el orden moral y espiritual, la odiosa guerra, la alegría de la amistad en la naturaleza, nos crece, en el ánimo, la idea de que nos encontramos frente a una corporación de personajes de leyenda que viven y aman como los dioses. Ayocuan Cuelpaltzin de Tecamachalco, Tecayehuatzin de Huexotzinco, Netzahualcoyotl de Texcoco, Tlaltecatzin de Cuauhchinanco, por mencionar algunos, adquieren en nuestro corazón el estatuto de gigantes y todo esto se lo debemos a don Miguel León Portilla. No me alcanza el corazón y la palabra para agradecerle lo mucho que me ha ayudado a aprender el arte de la toltecáyotl: la plenitud de rostro y corazón a través de la flor y el canto.

Cuando los poetas Mijail Lamas e Iván Cruz Osorio, me invitaron a que escribiera una nota sobre los libros que me acompañaron en este 2011, pensé que quizá el mejor servicio que podría prestar en una nota de esas características, era llamar la atención de los lectores sobre los libros que ha preparado el doctor Miguel León Portilla, en estos volúmenes se resume la vida y la sensibilidad de aquellos hombres que fueron borrados del mundo por el tajo de la espada, pero que de sus pesares y alegrías, quedó puntual registro en delicadas composiciones que hoy podemos leer y compartir.

Regreso a la declaración inicial: Miguel León Portilla es un poeta fundamental de nuestro tiempo.
Algunos libros:

Quince poetas del mundo náhuatl (1993)
Visión de los vencidos (1959)
Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares (1961)
El reverso de la conquista. Relaciones aztecas, mayas e incas (1964)
Tiempo y realidad en el pensamiento maya (1968)
México-Tenochtitlan, su espacio y tiempos sagrados (1979)
La multilingüe toponimia de México: sus estratos milenarios (1979)
Bernardino de Sahagún, pionero de la antropología (1999)
La filosofía nahuatl estudiada en sus fuentes (1993)

Muchos de estos se pueden encontrar en la red como archivos PDF o son fáciles de conseguir en ediciones populares y en librerías de viejo, también se encuentran en bibliotecas públicas, no hay justificación para no leerlos, espero que les sirvan, como a mí, para comprender, por lo menos en parte, este mundo complejísimo en el que habitamos y que parece que se encuentra en riesgo constante. Feliz año nuevo 2012.
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Mario Bojórquez, nació en Los Mochis, Sinaloa, México, el 24 de marzo de 1968.  Su obra poética ha obtenido el Premio Estatal de Literatura de Baja California, 1990; el Premio Abigael Bohórquez, 1995; el Premio Nacional Enriqueta Ochoa, 1996, el Premio Nacional Clemencia Isaura, 1996 y el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 2007.  Sus libros de poesía son Pájaros Sueltos, 1990; Bitácora de Viaje de Fortúm Ximénez, 1993; Nuevas coplas y cantares del temible bardo Eudomóndaro Higuera alias el tuerto, 1995; Contradanza de pie y de barro, 1996, Diván de Mouraria, 1999 y Pretzels, 2005, El deseo postergado, 2007 y Y2K 2010.

Los libros del 2011: Iván Cruz Osorio

by La Estantería

Algunos tantos libros del 2011

 Iván Cruz Osorio

Las formas y los medios de explicar el mundo se multiplican cada día: los gobiernos explican…, los indignados explican…, la televisión explica…, la radio explica…, internet y sus cientos de miles de sitios explican…; además parece que, según las filiaciones, todo es creído, que todo se asume en la más estricta inopia. Si como el poeta Charles Simic (Belgrado, Yugoslavia, 1938) apunta la poesía “siempre será el concierto de gatos bajo la ventana del cuarto en el que se escribe la versión oficial de la realidad”, resulta innegable que la poesía continúa siendo la acompañante incómoda de la realidad y de la Historia. No creo que la poesía sea el rostro de la Verdad de la realidad, pero sí aquello que problematiza esa realidad. Bajo este precepto concibo a los libros de poesía que destaco del 2011.

En primera instancia resalto la aparición del primer tomo (1 de 4) de Cuerpos (CONACULTA, Col. Práctica Mortal, 2011) de Max Rojas (Ciudad de México, 1940). A raíz de la publicación de Cuerpos uno: Memoria de los Cuerpos (Verso destierro/Asociación de Escritores de México A.C., 2008), que derivó en la obtención del Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer 2009 para obra publicada, comenzó un interés generalizado por la obra de este autor que había permanecido en la sombra y en el silencio poético desde que concluyó su poemario Ser en la sombra en 1975 hasta la aparición del citado Cuerpos uno en 2008. Cuerpos es un poema que no puede ser adscrito a una tradición de poesía, no hablamos de un poema de la tradición poética mexicana, ni siquiera latinoamericana, podríamos encontrar la fuerza, experimentación de lenguaje y neologismos cercanos a César Vallejo, el tratamiento crítico, desgarrado e irónico cercano a Efraín Huerta y Renato Leduc, pero tampoco es esto al cien por ciento, es casi imposible negar que Cuerpos está trazando su propia tradición, el poema es autoreferencial, construye un propio universo de símbolos y significaciones. A medida que avanzamos en los versos, observamos una propia cosmogonía de fantasmas, voces, ecos, que aparecen de un momento a otro, oraciones inconclusas, que siguen siendo inconclusas y sólo se alargan, y es allí cuando cobramos conciencia del entramado, del juego de significar y no. Reflexiones desde la filosofía sobre la existencia toda y que se arroja al arrabal y regresa al lenguaje sacro a través de arcaísmos y escapa hacia el mundo perdido de la lujuria. Un poema totalizador que ha llegado más lejos que la sola nostalgia de la muerte o el hastío de la vida. Sin lugar a dudas estamos ante la presencia del libro de poesía más notable en lo que llevamos del siglo XXI.

El siguiente libro que destaco es Obra Primera 1958-1986 (Malpaís ediciones, 2011), también de Max Rojas. Este volumen reúne los dos únicos libros que había publicado Max, hasta antes de Cuerpos, los cuales le dieron una fama de fotocopias y mimeógrafo, y que lo convirtieron en un poeta de culto, se trata de El turno del aullante y Ser en la sombra, además de tres fragmentos de Vencedor de otras batallas, novela que Max comenzó a escribir a finales de los años 60 y que sigue en producción. Tanto El turno del aullante (1971, 1ª. Ed.) como Ser en la sombra (1986, 1ª. Ed.) han sido revalorados como obras imperdibles de nuestra poesía actual. No es gratuito que este fenómeno ocurra entre los jóvenes, y no lo es porque la poesía de Max Rojas lejos de verse como una poesía del pasado, en parálisis, se percibe como una obra fresca, cercana, en movimiento. El grito de desamor, de derrota, en El turno del aullante, “nadie camina subiendo la escalera, no vendrá nadie, /sólo tu soledad que sube crujiendo en tu esqueleto /sólo tu soledad crujiendo en tu esqueleto, desbaratado el grito”, y la anoréxica-lóbrega oración de desesperanza de Ser en la sombra, “Algo cruje; ciertamente algo cruje. /Madera o mundo o muerte ya cansada /cruje”, son estandartes poéticos actuales, donde los lectores jóvenes se miran y se reconocen.

En tercera instancia resulta notabilísima la edición de En el pico de la garza más blanca. Obra reunida (CONECULTA de Chiapas/Universidad Autónoma de Chiapas, 2010) de Joaquín Vásquez Aguilar (Cabeza de Toro, Chiapas, 1947-1994), que por primera vez reúne la obra del llamado “Quincho”. El libro más reconocido y celebrado en su momento por la crítica fue Vertebras (FCE, col. Letras mexicanas, 1982), la cual se destacó como una obra singular de su época. Se trata de una edición crítica, estrictamente realizada por José Martínez Torres, Antonio Durán Ruiz y Yadira Rojas León, en donde no se escapa hacia la confusión o la ambigüedad ningún poema. Además, del poeta se incluye un ensayo sobre César Vallejo y varios artículos, asimismo una entrevista que le hizo la poeta Elva Macías, y testimonios de gente cercana a Quincho. Con esta publicación se trata de dar marco preciso a una obra originalísima dentro de nuestras letras.

También destaco la aparición de Simulacro de sortilegios (CONACULTA, Col. Práctica Mortal, 2011) de  Emilio Adolfo Westphalen (Lima, Perú, 1911-2001), que por primera vez, quizá desde que el Fondo de Cultura Económica publicó en 1980 Otra imagen deleznable, permite al lector mexicano encontrar la obra poética directamente de uno de los grandes poetas de nuestra lengua. En el marco de los 100 años de su nacimiento surge esta antología que reúne el corpus esencial de una obra destinada a la transgresión.

El siguiente libro que me parece notable es Paria (Ediciones Sin Nombre, 2011) de José Vicente Anaya (Villa Coronado, Chihuahua, 1947), este libro finaliza la trilogía de libros de viaje que inició con el célebre Híkuri, y continuó con Peregrino. En Paria nos encontramos con la continuidad del viaje, de la búsqueda de respuestas, no en el mismo camino físico sino a partir de ese camino hacia dentro, hacia el espíritu. En cuanto a la forma, Anaya busca el poema en prosa, encontrando referente en los poemas en prosa de Baudelaire, el lenguaje se ciñe a lo que se observa, a la audacia de una crítica directa de la realidad y la necesidad de buscar en las entrañas místicas de la cultura milenaria tarahumara una vuelta al origen.

Por otra parte, lejos de los reflectores que históricamente ha tenido la lengua Náhuatl o la lengua Maya o incluso la Zapoteca como lenguas poéticas, la lengua Ñuu Savi (Mixteca) ha emprendido un viaje, en los últimos años, hacia la difusión de su forma de expresión poética entre los hablantes del español. Una de las voces que más presencia ha dado a la poesía escrita en la lengua Ñuu Savi es Carlos España o más bien Kalu Tatyisavi. En su segundo libro: Savi Iya Kuaa ―Lluvia nocturna― (edición de autor, 2010), el autor parte una gota de agua, sacude la humedad espiritual de los ancestros al referirse a Savi, el destinatario, el personaje ancestral de la región que vive en la palabra.

VIII
es un decir que la humedad viene de noche,
quisiera escribir que el agua no retorna
solamente toma su espacio
en el río donde navegamos,
cuántos ojos verán los niños en la fiesta de la nieve?
tras la insistencia de la memoria
mueve sus pestañas Savi
             Savi Iya Kuaa ―Lluvia nocturna― es un libro que conmueve, que trasciende los sentidos del lector, no hay la obsesiva búsqueda de originalidad que reina en la poesía mexicana reciente, sino una poesía que se vivifica en la voz originaria, en la voz del logos; poemas que buscan  cambios de tono que van desde la celebración seria hasta el relajo. Un libro afanosamente trabajado, de una unidad impecable como pocos en el mercado actual, y que abre la puerta para que la poesía escrita en lengua indígena deje de ser para muchos críticos y escritores un apéndice de la poesía mexicana.

Finalmente El Edén Subvertido. Poemas de la Revolución mexicana, prólogo y selección de Miguel Capistrán y Pável Granados (Jus/UANL/INBA/CONACULTA, 2010) nos presenta por primera vez una colección de poemas que tienen como tema la revolución mexicana, no sólo desde los primeros poemas que alentaban a la lucha o describían cuadros costumbristas de la vida en la bola, sino también momentos posteriores en el análisis crítico como en Carta abierta a la revolución y Revolución de Miguel N. lira, y El Presidente de Jorge Hernández Campos. El presente volumen nos da una serie de poemas y de autores para muchos inéditos, pero el valor de este trabajo no se queda allí, ya que se rescata una etapa poética que se creía inexistente en la crítica nacional, que se limitaba al estudio de la Novela de la revolución; un trabajo que quizá tuvo como antecedente Poesía proletaria (Claves latinoamericanas, 1986), preparada por Xorge del Campo. Se trata de un libro necesario para la comprensión de la poesía mexicana realizada en los años de la revolución y posteriormente.

Los libros citados anteriormente son a mi consideración lo más relevante que leí durante 2011 y que como explique al inicio problematizan no sólo a la poesía, sino a nuestra realidad.

Tláhuac, 18 de diciembre de 2011.

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IVÁN CRUZ OSORIO (Tlaxiaco, Oaxaca, México, 1980). Poeta, ensayista y traductor. Terminó la carrera de Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es codirector y editor de Malpaís ediciones; miembro del consejo editorial de la revista de literatura y gráfica Viento en vela; y fundador y co-organizador de El Vértigo de los aires. Encuentro de poesía. Es autor de los poemarios Tiempo de Guernica (2005) y Contracanto(2010).  Poemas suyos han sido publicados en diversas antologías nacionales e internacionales. Fue becario del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2009-2010), en el área de poesía.

Los libros del 2011: Mijail Lamas

by La Estantería


Después de que 2010 fue un año de lecturas y relecturas de libros de poesía mexicana, -a propósito de una antología de poesía mexicana que preparé en colaboración con otros-, el 2011 me atrapó leyendo antologías. Tal vez haya sido por la inercia de comprender la naturaleza de esta herramienta crítica y panorámica, así como su desarrollo a lo largo de los últimos años.
La primera de ellas tiene que ver más con una deuda, añeja ya, con la tradición de la literatura de los antiguos mexicanos. Así, con una edición de bolsillo y de segunda mano, me embarqué en la lectura de 13 Poetas del mundo Azteca de Miguel León-Portilla, con lo que empecé a subsanar tan vergonzosa carencia. Las versiones de León- Portilla son canónicas, y esto se debe a que su sensibilidad lírica es incuestionable, además de que su conocimiento nos lleva de la mano, como nadie, a través de la vida de estos poetas con “rostro y corazón” conocidos mediante una impecable y entretenida prosa.
Casi al mismo tiempo, conseguí Adán Negro: poetas negros de lengua francesa, preparada por el catalán Agustí Barta. Este es un extraordinario volumen para descubrir la particular visión de los poetas de la negritud, que recorre el camino que va de la raíz oral a los poemas de nombres ya conocidos, como los de Léopold Sédar Senghor y Aimé Césaire. Esta antología ha tenido sucesivas ediciones, la última por Ediciones sin Nombre de Chema Espinaza.

Otra, mucho más reciente, es la Poesía ante la Incertidumbre, antología de nuevos poetas en español, editada por Visor y coeditada, en México, por Círculo de Poesía. Ésta reúne voces que llevan un paso firme en el ámbito de las letras iberoamericanas y, lo más importante, contiene excelentes poemas de los que destacaré “La bestia” de Daniel Rodríguez Moya y “Ahora que la noche…” de Alí Calderón. Me parece importante comentar, al respecto de esta antología, que la reflexión que anima el prólogo “Defensa de la poesía” nos da material para continuar la discusión de los procesos tan diversos de la poesía contemporánea, que en este caso pugna por una poesía que se plantea ante todo seguir siendo un diálogo.

Otra menos polémica, por predecible, es País imaginario, escrituras y transtextos, 1960-1979, una antología que según su antólogo no reúne poemas sino otra cosa que ya no puede estar emparentada con el género lírico. Lo curioso es que todos los autores reunidos ahí son reconocidos como poetas de trayectoria en sus diferentes países ¿Será que debemos dejar de llamarlos así? País imaginario… “aunque busca ser radicalmente opuesta a otras antologías” repite como clichés las que fuesen novedades en el famoso Medusario de Echavarren y compañía; en conclusión, un mamotreto infumable.


Finalmente, más que un libro, el siguiente se ha vuelto un juguete con el que he pasado muy buenos ratos de lectura. Me refiero a 800 anos de poesia portuguesa organizada por Orlando Neves y Serafim Ferreira. Esta antología es el equivalente portugués a ese extraordinario libro de Francisco Montes de Oca, Ocho Siglos de Poesía en Lengua Española. Al navegar en este grueso volumen uno puede entender cómo la múltiple presencia de Fernando Pessoa provocó una revolución que dio como resultado lo que algunos consideran la época de oro de la poesía portuguesa; obras como la de José Regio, Adolfo Casais Monteiro, Papiano Carlos, Raul de Carvalho, Sophia de Mello Breyner Abdresen, por mencionar a mis predilectos, pueden reafirman esta declaración.

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MIJAIL LAMAS es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979.  Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas (2009).

Los libros del 2011

by La Estantería

Iniciamos La Estantería con nuestras  lecturas y las de algunos de nuestros amigos poetas, que generosamente han aceptado en compartir con nuestros lectores los libros que en el 2011 nos han animado algún buen o mal comentario. Sean ustedes bienvenidos.

Iván Cruz y Mijail Lamas
resenariopoesia@gmail.com