Crítica/Libros/Poesía/Reseña

La noche que ya no se va

el-frio-intermediario

El frío intermediario
Dinu Flamand
Traducción de Omar Lara
Valparaíso México-Círculo de Poesía, 2016

Por Jordi Valls Pozo

Uno de los grandes libros de este año es sin duda El frío intermediario del poeta rumano Dinu Flamand traducido por Omar Lara, editorial Valparaiso México. La introducción de Lara es imprescindible, pero debería ser leída al final, a forma de epílogo, como el complemento de la aventura que nos ofrece Flamand, y es bajo mi punto de vista que el lector debe viajar sin apenas tener más referencias, Flamand ofrece una poética personal, pero al mismo tiempo conectada con la realidad y el pensamiento contemporáneo, el lector sucumbe ante las arenas movedizas de una poesía sorprendente, próxima, valiente y con un denso sentido y profundidad. En resumen un libro de poemas inteligente, que me remite a otro gran escritor compatriota de Flamand, E. M. Cioran: “Si el mismo espíritu descubre la Contradicción, la misma alma el Delirio, el mismo cuerpo el Frenesí, es para dar a luz nuevas irrealidades, para escapar a un universo demasiado manifiestamente invariable; y es la tesis antiracionalista la que triunfa. La eflorescencia de absurdos descubre una existencia ante la cual toda claridad de visión se muestra de una indigencia irrisoria. Es la agresión perpetua de lo Imprevisible.”  Cioran como Dinu Flamand coincidieron en su exilio en París, trataron en un encuentro sobre el pesimismo y en la conversación llegaron a hablar de Fernando Pessoa. De algún modo Flamand reflexiona sobre este pensamiento, lo analiza y lo desmenuza en poemas contundentes y no exentos de ironía. No obstante, el existencialismo de Flamand parte de una raíz francesa,  con base rumana afincada en Francia. El peso de Paul Celan, Eugene Ionesco, Cioran, pero también de los franceses Jean-Paul Sartre o Albert Camús asoman por su manera de enfocar. Es importante destacar que el libro empieza con una cita de San Agustín, un autor que se encontraba entre dos mundos, el cristianismo emergente y la caída del imperio romano, que asume las pérdidas y crea una especie de refugio espiritual inspirador. La cita de Agustín parte de una tangibilidad inquietante, remite al olvido “…Y por muy inexplicable que fuese el misterio, lo seguro es que recuerdo el olvido, ese asesino del recuerdo.” En el caso de Flamand carece del refugio que ofrece Agustín, pero eso no es motivo para que el poeta no busque en su interior respuestas a un pasado, inexistente ya, al que necesita visitar para conciliar su identidad con la pérdida de sus progenitores. Dinu Flamand fue un exiliado víctima de la dictadura de Ceaucescu en Rumania: el desarraigo, la pérdida, el legado de una identidad rota crean en Flamand la necesidad de introspección. En todo el libro hay dos maneras de elaborar el poema, una podríamos decir intimista que el poeta diferencia de los otros poemas con la particularidad de no enmarcar el poema con un título ya en cierto modo avanzan y se comunican entre ellos creando un organismo particular. Y los poemas con título que tratan de materias concretas del conocimiento o sobre experiencias reconocibles por el lector. La primera parte del libro, “Una negligencia de la atención” correspondería a lo que denomino los poemas intimistas es una visita a los fantasmas que habitan en el interior del poeta. A partir de la introspección el poeta ofrece la radiografía de su estado de ánimo, los referentes, las pistas, las va ofreciendo a medida que avanzamos en la lectura de los poemas. Hay una especie de lamento por la distancia de la vida en el exilio, Flamand confiesa lo que siente el como una desatención a los suyos “solo por una negligencia de la atención/ toda una década se fue en sólo un año”. Ese lamento podría parecer absurdo si no hay nadie a quien hacer llegar la queja, ese “Nadie” al que Paul Celan increpaba con una sobria lucidez, pero que Flamand trata con suma ironía “como no tengo dioses le hablo a las casas/ o intento mostrarme a mí mismo con el codo/ y así siempre”, la ironía es el conductor eficaz con que Flamand se enfrenta a la tragedia de la vida consumida que solo depende de los recuerdos “con la muerte se establecen negocios de común acuerdo/ cuánto más tiempo esperarás/ la promesa de una vaga explicación”.  La segunda parte del libro “Amplitudes de probabilidades” es un parte con poemas más concretos, Flamand propone diversas reflexiones de carácter filosófico, el tono de los poemas evitan la trascendentalidad y sume al lector en un juego de percepciones del lenguaje que provocan la dislocación del sentido abocándolo al absurdo razonado. Tras el humor, se esconde la escabrosa tragedia, como en el poema “Cubo vacío” dónde deja escrito “y en la desesperación está el futuro/ o -más precisamente- la resonancia irónica del secreto/ que recuerda haber guardado la monedita de la esperanza/ en un nudo de pañuelo/ para comprar el pan sin retorno”  o en el poema “El hombre de Neanderthal” cuando el poeta expone con ternura una visión de un pasado extinguido del que no se sabe practicamente nada “lo miro desde el fondo de mi gruta y me digo/ que nada está perdido para siempre…”. Hay poemas de alto voltaje especulativo “Fractalidad” que termina cuestionando el tiempo histórico, lineal “¿y que tijeras metafísicas podrían cortar en el límite de la cuerda/ que nos hace aceptar la existencia de un último instante?”. Flamand ofrece una gran frondosidad de temas y reflexiones con un estilo personalísimo y con una obsesión constante por el pasado y su fugacidad, en el poema “Film” desgrana otro punto de vista “el decapitado eres tú pero escondido en la convicción/ de que también permanecen secuencias no consumidas/ del pasado todavía posible.” En la tercera parte del libro “Jardines” llegamos a los poemas largos y a la combinación de las dos poéticas que discurren en el libro para converger como dos afluentes en un mismo discurso “ya nada tengo de lo que jamás tuve/ ni el infortunio de ofrecer las palabras” en los poemas aparece la juventud y los orígenes del poeta, los abuelos, el mundo rural “campos dormidos de cañamo cubrían Transilvania/ la luz titilaba a través de sus hojas fibrosas”, la intención de Flamand es la de mantener la memoria de un mundo que ya no existe “hasta el final arrastras tu viejo mundo/ sosteniéndolo con tus pies/ protegiéndolo contra el derrumbe”. Hay una necesidad de retorno a ese “viejo mundo” como si el poeta tuviera una deuda no saldada con ese pasado “y no hay otra aldea donde vivas más tiempo/ que el que te has ausentado de ti mismo”. Flamand especula con la posibilidad que la nostalgia nos traslade a un lugar que es el mismo sitio, la mente del mismo poeta. Flamand se transforma en una suerte de Tiresias inverso, es decir, que  percibe toda la materialidad del pasado y lo puede ver con toda su crudeza. En el poema “Las plañideras” muestra la compasión por las que lloran la muerte, como si se trataran de personajes de una tragedia griega “y el olvido continúa  limpiando el dolor polvoso/ cuando soy yo quien llora a las lloronas/ que lloraban el mundo”. Hay una catarsis entre las dos identidades del poeta, la de su etapa formativa en Transilvania y la actual que Flamand ha construido a partir de sus experiencias y conocimientos,  en el poema “Nicho” muestra esta lucha íntima “el deshielo parecía el murmullo de este latino transilvano/ descifrado por el diácono abuelo sobre el relieve de un texto en cirílico…” pero el tono especulativo no cede a dar una respuesta definitiva “y si la muerte es una no-respuesta la vida no puede evitar instalar sus preguntas/ así como cada célula de tu carne pregunta a cada instante/ ¿adónde? ¿adónde? ¿adónde? ¿adónde? ¿adónde?”. La última parte del libro “Petrarca en la estación de Aviñon” trata uno de los temas universales, el amor. El poema que da título a esta parte trata del amor platónico de Petrarca con la mítica Laura, el sacrificio de no poder satisfacer la pasión del amante “si al menos hubiese sido/ otra cosa que la perfección del vicio de la espera/ que se excita con la representación”. El poema sirve de preámbulo al plano más personal, el poema “Lejanía cercanía” ofrece un friso de sensaciones al entorno de la amada y también un punto de fuga al conflicto de la identidad del poeta “ella se transforma en un aplazamiento de mi pasado/ vuelo de colores con las ramas que miran el cielo de verano/ llama que asciente/ fraiche amertume du laurier/ sol nocturno en la piel” pero el amor es un espacio con sus ramificaciones particulares  de conflicto interno que el poeta desgrana, por ejemplo a  “Tarea escolar” donde escenifica las razones del primer amor “sólo cuando te abandona/ el amor se entiende con la poesía/ y te deja pulir todas las palabras/ después de su partida abrasiva” el viaje por la pasión amorosa devasta pero deja cicatrices de crecimiento pero también de desgaste. Como deja escrito el poeta en los versos de “Insistencia” muestra la psicología principal de la contemporaneidad “eres un exceso de tu propia confusión”. El libro acaba con un tierno poema “Duermo en mi corazón” donde confunde realidad y sueño en la ilusión de un Segismundo, el personaje principal de “La vida es sueño” Calderón de la Barca, dudando de la realidad, meciéndose en los sueños “despierto poco a poco/ junto con la música/ que recorta las primeras cimas de la luz/ me despierto durmiendo en tus brazos/ cuando el amanecer/ deja esta huella de la noche que ya no se va”. El poeta lo deja todo en manos de su corazón, como única fe posible, porque de la mano del corazón el olvido no puede nada. Así pues, ¿se cierra el círculo en San Agustín, en su lucidez irresoluble?. Es improbable obtener una respuesta a la cuestión principal del libro, no está en nuestras manos. Dinu Flamand nos muestra con “El frío intermediario” un libro fundamental, importante, porque la poesía si alguna utilidad tiene es la de mostrar un espejo al lector, podríamos hablar del poder de la sorpresa de las imágenes sugeridas, de la buena factura del libro tanto en su contenido como en la forma, de la ironía presente en todo el libro, de la distribución bien dispuesta de las partes que lo componen, de la coherencia de discurso, pero lo que realmente alcanza y conmueve al lector es la profunda humanidad contemporanea con la que se puede sentir reflejado. Con Dinu Flamand el lector puede crecer y por eso merece ser leído y estudiado.

 

 

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Jordi Valls (Barcelona, 25 de enero de 1970) es un poeta en lengua catalana. Aunque nació en Barcelona, ha vivido muchos años en la cercana localidad de Santa Coloma de Gramanet. Presidió la Associació de Joves Escriptors en Llengua Catalana (Asociación de Jovenes Escritores en Lengua Catalana) entre 1994 y 1996, siendo actualmente miembro de la Associació de Escriptors en Llengua Catalana (Asociación de Escritores en Lengua Catalana). De profesión librero, toda su obra ha sido escrita en catalán y aún no ha sido traducida al castellano. Al ganar los juegos florales de poesía de Barcelona en 2006 se convirtió en el primer poeta en ostentar el título de Poeta de la Ciutat de Barcelona.

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