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Todo se torna transparente: Life on Mars, de Tracy K. Smith

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Vida en Marte
Smith, Tracy K.
Vaso Roto
Traducción: Luna Miguel
P.P. 152
España 2013

por David Alejandro Martínez 

Leí Life on Mars (Premio Pulitzer de 2012) de la poeta norteamericana Tracy K. Smith y tuve la sensación de haberme puesto unas gafas infrarrojas; pude ver no sólo los entes de un universo paranormal, huéspedes de su imaginación, sino (y sobre todo) los de nuestro tiempo. Letras y melodías de David Bowie, el cine y sus visiones de otros futuros, Stanley Kubrick, Charlton Heston, parapsicología y astronomía se amalgaman en este volumen para dar como resultado una revisión de la cultura contemporánea. En 2013 la editorial Vaso Roto —continuando con su importante labor de difusión de la poesía contemporánea— publicó una versión bilingüe del libro que corrió a cargo de la poeta española Luna Miguel. Si bien, para poder realizar el presente ensayo crítico parto de dicha edición, reproduzco los poemas en su idioma original pues estimo que en ocasiones la traducción se desapega de la intención original.

1. Creo haber visto un fantasma

Una figura luminiscente cruzar tras la ventana. Tengo once o doce años y vivimos en una suerte de herradura en cuyo centro, ocupado por jardines, juego con mis hermanos y otros vecinos. Flotando, como se ven avanzar los fantasmas en las películas, sobre el césped y sin hacer ruido, la presencia de luz permanece al otro lado de la ventana. No le he dicho a nadie. Mi madre es supersticiosa y tengo años luchando contra sus historias de aparecidos.

Tras la lectura de Life on Mars, este recuerdo, que pudo haberse borrado como tantos otros, se estampa ahora en la mente como una fotografía a la que hemos mirado largo tiempo; si bien poco definido, deja sus contornos.

Poemas como “The Speed of the Belief”, en los que la presencia fantasmal del padre[1] es fundamental para entender una poética que busca trabar puentes por medio de la palabra con todo aquello que no logramos comprender a ciencia cierta:

Probably he spun of himself
and landed squarely in that there, his new
body capable, lean, vibrating at the speed
of belief. (…)

What happen when the body goes slack?
when what ancor us just drifts off toward…
what that is ours will remain intact?

When I was young, my father was lord
of a small kingdom: a wife, a garden,
kids for whom his word was Word.

Ese es el momento de Tracy K. Smith: ver de reojo donde otro mundo se torna transparente y, por un segundo, se manifiesta aquí a través de actos y objetos cotidianos:

When your own sweet father died
you woke before first light
and ate half a plate of eggs and grits,
and drank a glass of milk.

After you’d left, i sat in your place
and finished the toast bist with ham
and the cold eggs, the thick bacon
flanged in fat, savoring the taste.

2. La vida en Marte

La humanidad absorbida en su sueño espacial, la vida en Marte, el mejor negocio para olvidar lo que ocurre frente a nuestras narices, lo dice David Bowie y nos lo recuerda en este libro Tracy Smith que recupera, además de títulos y versos, el espíritu crítico del célebre compositor británico. Planeta rojo (sótanos, bodegas, callejones), colonización interplanetaria (incesto, violaciones, secuestro), la atmósfera enrarecida de los poemas se construye gracias a la yuxtaposición de diferentes realidades y de su percepción distorsionada. “Life on Mars”, fragmento 2:

Last year, there was a father in the news who kept his daughter
locked in a cell for years. She lived right under his feet,
cooking food, watching TV. The same pipes threading through his life
led in and out of hers. Every year the footsteps downstairs multiplied.

Babies wailing through the night. Kids screaming to be outside.
Every day, the man crept down into the room, bringing food,
lying down with the daughter, who had no choice. Like a god
Moving through a world where every face looked furtively into his,

Then turned away. They cursed him to his back. He didn’t hear.
They begged him for air, and all he saw were bodies on their knees.
How close that room. What heat. And his wife upstairs, hearing
the clamor under foot, thinking the house must just be

Setting into itselfs with age.

Se trata de situaciones poéticas que se desprenden de experiencias nada lejanas de lo que siempre hemos podido leer en los diarios: México. Verano de 1959: Rafael Pérez, “El maniático Pérez” como lo llamaron los periódicos, fue capturado tras haber mantenido cautivos a sus esposa e hijos durante quince años en su domicilio sin posibilidad alguna de salir. Alegaba que lo hizo para que no tuvieran contacto con malvivientes. Este conocido hecho que inspiró en su momento por lo menos una obra de teatro ( Los motivos del lobos, del dramaturgo Sergio Magaña), un novela (La carcajada del gato, de Luis Spota) y una película (El castillo de la pureza, dirigida por Arturo Ripstein) no queda muy lejos de lo que para Smith debería de ser la vida en Marte, esa otra realidad que no tendría por qué cruzarse con la nuestra.

El choque entre ambos mundos produce que una acción en apariencia positiva (alimentar a una hija) se vuelva siniestra: “Every day, the man crept down into the room, bringing food”. Asimismo, en otros fragmentos de “Life on Mars” la violación de una muchacha se pierde entre las reflexiones sobre la materia oscura: “Tina says dark matter is just a theory. Something / we know its there, but can’t completely prove” (fragmento 4) y “He grabbed my blouse at the neck. / All I thought was This is my very best / and it will ruin it. Wind, dirt, his hands / hard on me. I heard the others / jostling to watch as they waited / for their turns.” (fragmento 5). Para Tracy Smith la vida en Marte y la humana se yuxtaponen, pero no para revelar la naturaleza de ésta. Evidencian, por el contrario, los quiebres, enfatizan lo diferente, lo no-humano de la vida en la Tierra: la violencia, el racismo, la intolerancia.

3. Encuentros cercanos

Contacto con vida extraterrestre. La invasión del espacio, contaminación de su materia blanda: ondas radiales, pulsos, señales, datos que traen y llevan información sobre —y para— el universo. ¿Quién la recibe? ¿A quién le importa? Es el sueño de la ciencia. Hacer contacto, invitar a los vecinos a una parrillada, al fin de cuentas, “The Universe Is a House of Party”:

(…) Its sounds like the kind of party
your neighbors forget to invite you to: bass throbbing

through the walls, and everyone thudding around drunk
on the roof. We grind lenses to an impossible strength, ya

point them toward the future, and dream of beings
We’ll elecome with indefatigable hospitality:

How marvelous you’ve come! We won’t flinch
at the pinprick mouths, the nubbin limbs. We’ll rise,

gracile, robust. Mi casa es su casa. Never more sincere.
Seeing us, they’ll know exactly what we mean.

Of course, it’s ours. If it’s anyone’s, it’s ours.

El problema de la vida fuera de la tierra, más allá de nosotros, es también el de la otredad. Otros mundos, otros países; otras culturas, otros lenguajes; otros soles, otras vidas. Al final de cuentas, como lo intuye Smith, “If it’s anyone’s, it’s ours”. Esa es la verdadera cuestión. Xenofobia o racismo parten de este mal entendimiento de la otredad. La intolerancia, como lo describe el poema “They May Love All That He Has Chosen and / Hate All That He Has Rejected”, es la causa de los problemas interraciales de nuestro tiempo. En este texto, Smith documenta cinco asesinatos ocurridos durante la primavera del 2009, todo ellos con claras implicaciones raciales o de intolerancia ideológica:

 Hate spreads itself out thin and skims the surface,

nudged along by the tide (…)

Shawna Forde, Jason “Gunny” Bush and Albert Giaxola
who killed Raul Flores and Bresenia Flores.

It’ll feel maybe like floating at frist
and then a great current gets under you

And James von Brunn, who killed Stephen Tyrone Johns.
And Scott Roeder, who killed George R. Tiller.

And you ride —up to the ridge,
over the side —feeling a gust of light

And Stephen P. Morgan, who killed Johanna Justin-Jinich.
And Andrew Dunton, who killed Omar Edwards.

Blasting through you
like wind.

Según lo reportó en el 2009 el New York Times Stephen P. Morgan mató a Johanna Justin-Jinich asegurando que creía que estaba bien matar judíos; Omar Edwards, que era un oficial de policía afroamericano fuera de servicio, fue tiroteado por Andrew Dunton, otro policía, tras verlo forcejear con un hombre que trataba de robarle el carro; tres miembros del grupo anti-inmigrante Minutemen American Defense asesinaron a Raúl Flores y a su pequeña hija Brisenia, de nueve años, abriendo fuego contra ellos en su propia casa; el médico practicante de aborto, George R. Tiller fue abatido a tiros al salir de su iglesia por Scott Roeder; James von Brunn, un anciano supremacista de ochenta años, comenzó un tiroteo en el Museo Americano a la Memoria del Holocausto, provocando la muerte de uno de los guardias de seguridad, Stephen Tyrone.

Asombro, indignación o indiferencia. Finalmente estos casos no son muy distintos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Lo esencial del trabajo poético de Smith es que en su ejecución logra devolverles el carácter de extraordinario que no deberían perder nunca, volviéndose cosa de todos los días.

4. Starman: el sueño de un futuro que hemos dejado atrás

Los paralelismo trazados entre la poesía de Tracy K. Smith y la cultura de masas dan como resultado la confrontación de la realidad con el sueño de un futuro que hemos dejado atrás. El imaginario popular en torno a los avances tecnológicos que nutrió buena parte de la cultura norteamericana durante los años sesenta y setenta, se ve superado; este desfase deja espacio suficiente para que la intuición de la poeta aventure sus propias respuestas para lo desconocido:

There will be no edges, but curves.
Clean lines pointing only forward.

(…)

But the word sun will have been re-assigned

to a Standar Uranium-Neutralizing device
found in households and nursing homes.

And yes, we’ll live to be much older, thanks
to popular consensus. Weightless, unhinged,

eons from even our own moon, we’ll drift
in the haze of space, which will be, once

and for all, scrutable and safe.

El poema “My God, it’s Full of Stars” (que toma su título de una cita de la novela de Arthur C. Clarke, 2001: a Odyssey of space: “El objeto es hueco… y sigue, y sigue… y… oh, Dios mío… ¡está lleno de estrellas!”) reflexiona sobre la existencia de Dios haciendo mano del imaginario cinematográfico. En la primera parte, de cinco que forman el total, Smith reflexiona sobre la idea fundamental del cristianismo del Dios hecho hombre: “We like to think of it as parallel to what we know, / only bigger. One man against the authorities. / Or a man against a city of zombies. One man / who is not, in fact, a man (…)”. La aparición de este dogma en el mismo marco que la ciencia ficción o el cine de zombis es, más que una negación, la manera de mostrar lo cerca que pueden estar ambos mundos. Sobre todo si se piensa, con Smith, a Cristo como un héroe de película contra lo establecido.

También las leyendas del cine norteamericano, Stanley Kubrick y Charlton Heston, hacen su aparición para aportar otra dimensión a la pregunta sobre Dios. Pareciera que ambas figuras son las últimas representaciones de una época en la que la carrera por conquistar el espacio y el desarrollo tecnológico hacían suponer que, de existir, el mundo se encontraba más cerca de descubrir a Dios.

Charlton Heston is waiting to be let in. He asked once politely.
A second time with force from the diaphragm. The third time,
he did it like Moses: arms raised high, face an apocryphal white.

(…)
Hero, survivor, God’s right hand man, I know he sees the blank
surface of the moon where I see a language built from brick and bone.
He sits straight in his seat, takes a long, slow high-thespian breath,

then lets it go. For all I know, I was the last true man on this earth.

O más adelante:

In those last scenes of Kubrick’s 2001
when Dave is whisked into the center of space,
which unfurls in an aurora of orgasmic light
before opening wilde, like a jungle orchid
for a love-struck bee, then goes liquid,
paint-in-water, and then gauze wafting out and off,
before, finally, the night tide, luminescent
and vague, swirls in, and on and on…

Más allá de la obvia intertextualidad entre cine, música y literatura que soporta el libro (Clarke-Kubrick-Bowie-Smith), lo qué la intrusión de estos íconos de la cultura de masas logra es acercar las reflexiones trascendentales a experiencia cotidiana. La estrella de rock británica, David Bowie, es, en este mismo sentido, comparada con Cristo y, al mismo tiempo, sus letras son el leit motiv del libro, que toma su nombre del a canción “Life on Mars?” (1971) del álbum Hunky Dory. En “Don’t You Wonder, Sometimes?”, por ejemplo, Bowie se vuelve el motivo poético principal:

After dark, stars glisten like iced, and the distance they span
hides something elemental. Not God, exactly. More Like
some thin-hipped glittering Bowie -being —a Starman
or cosmic ace hovering, swaying, aching to make us see.
(…)
He leaves no tracks. Slips past, quick as a cat. That’s Bowie
for you: the Pope of Pop, coy as Christ. (…)

(…)

Bowie is among us. Right here
in New York City. In a baseball cap
and expensive jeans.

A lo largo de Life on Mars Tracy Smith descifra, desde su subjetividad, los misterios de la vida en Marte. Consigue aportar una singular interpretación de lo que ocurre a su alrededor; dar cabida a sus demonios personales y a los de una sociedad que se descompone, mientras la significación casi divina de personajes como Bowie o el mismo Heston se vuelve un ancla para unir las diversas realidades en estos poemas. La muerte (prematura o no) de un ser querido, la violencia o el racismo, parecen ser el común de la vida en la Tierra; el punto de inflexión con otra realidad: la vida en Marte.

La poeta:

Tracy K. Smith nació en Massachusetts en 1972. Es licenciada por la Universidad de Harvard y maestra por la de Columbia. Obtuvo la beca de la Universidad de Stanford de 1997 a 1999. Actualmente da clases de escritura creativa en la Universidad de Princeton. En 2004 recibió el premio Rona Jaffe y en 2005 el premio Whiting Writes. Ha publicado tres libros de poesía que han sido ampliamente reconocidos: The Body’s Question (2003) que ganó el premio Cave Canem, Duende (2007) galardonado con los premios James Laughlin y Essense Literary, y Life on Mars (2011) premio Pulitzer para poesía 2012.

[1] Floy William Smith, padre de la poeta, falleció en 2008 a los setenta y tres años.

______________________

10418415_796572540355172_6021184519289084150_nDavid Alejandro Martínez Rodríguez, nació en la ciudad de Chihuahua en marzo de 1987. Es licenciado en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha participado en diversos encuentros de escritores, como el Encuentro Internacional de Escritores Horas de Junio que organiza la Universidad de Sonora. Ha publicado poesía en distintas revistas regionales. Actualmente es becario en el área de investigación de la Fundación para las Letras Mexicanas.

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