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Penumbras en la periferia

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La piel es periferia
José García Obrero
Visor Libros,
Madrid, 2017

por Jordi Valls

Hay poetas que les viste la constancia y el volver una vez y otra a los mismos lugares recurrentes que los alimenta, acaban por reconstruir el mundo con barnices nuevos aparecidos de su propia ocurrencia y experiencia. El ser humano es inventivo por naturaleza y los lugares comunes, aburridos de verlos siempre del mismo modo, aparecen desconocidos en la mirada de un poeta atento, porque él sabe que el misterio está en nosotros y en todo lo que nos envuelve. José García Obrero, es de esos poetas atentos y obsesivos. Con “La piel es periferia” se consolida la insurgencia atrayente de su manera de mirar. García Obrero es un autor claramente luliano, no del fanático Ramon Llull, hombre de fe visceral que daría un brazo por convertir a la fe verdadera todos los infieles, sinó ese otro Llull místico aprendíz que se maravilla de todos los detalles de la vida porque le aportan conocimiento, le ayudan a crecer como persona. La labor del poeta  no es la de extasiarse en los recodos de la belleza solo para celebrarla, ni en el parnaso del ritmo hipnotizante de la palabra, la labor es el conocimiento, por eso la palabra que utiliza aparece con precisión porque desea aprender del mundo que le circunda para saber quien es él, por eso el poeta es insistente, persuasivo, obsesivo y siempre sorprendente. La primera cita del libro es de Caballero Bonald nos da la clave para entender que se propone García Obrero:¿Adónde/ he de mirar que no sea pregunta?” Y no hay especulación si no hay interacción con la realidad siempre incierta del mundo tangible, la siguientes citas son de Gabriel Ferrater y de la transgresora Anne Sexton responden a ese veneno del lenguaje que obliga a cuestionar la realidad y su vivencia única y personal en cada mente de poeta. “La piel es periferia” se estructura en tres partes bien identificadas: Penumbra, La piel es periferia y Ciclo del fuego, a su vez subdividida en tres partes numeradas. La virtud del libro es la cosmovisión del poeta. No continua una saga poética, hay que recordar sus libros precedentes: “Un dios enfrente” y “Mi corazón no es alimento” dos libros que preludiaban una voz elaborada y enérgica, con repuntes de imágenes potentes y gran fondo reflexivo. Los temas: el desarraigamiento, el origen, el amor con sus aristas, las conexiones con el pasado y las heridas del dolor íntimo.

“La piel es periferia” comienza pues desde una postura abierta, desde el “Parto” un parto que desciende a un instante donde el tiempo se suspende “Hubo un instante/ en que nadie en el mundo/ había muerto.” A partir de ese salirse del orden natural de las cosas permite al poeta abarcar la realidad desde un ángulo nuevo, desde una posición privilegiada entre la penumbra. A partir de este principio básico se desarrolla la nueva poética de José García Obrero, cambia la posición del poeta, hay un distanciamiento que ayuda a identificar el drama del fracaso, vivirlo desde dentro pero también desde fuera, identificando el problema de la interpretación sobre lo que va sucediendo en el poema “Hemos comprado esta casa para colocar fuera/ lo que nunca sabremos poner a cubierto.” Esa objetividad no merma el sentido trágico de la vida, le da una amplitud que le permite serenidad en la interpretación de lo que sucede, no solo al poeta, no solo a lo que describe, sinó a la realidad del ser en el mundo “No dejes de servirte/ de la respiración para tragarte el miedo/ y mentirte después creyendo que lo exhalas.” El lenguaje de García Obrero, siempre es exacto y elaborado, no exento de imaginería sorprendente “los postes/ de la luz, los semáforos rojos, las farolas, las fuentes/ y antenas parabólicas; un gran baile de lanzas/ aupadas por el airepara pinchar los ojos/ al dios de la blancura.”

Se observa un equilibrio entre los versos más tangibles y duros con la ternura de las imágenes que no dejan al lector a la intemperie. El poema “El huerto” es un claro ejemplo de posicionamiento del poeta entre su intimidad y el mundo exterior “Vives solo en la casa/ porque vas alimentando el exterior/ y nada traes al círculo más íntimo.” Para acabar el poema con un “Fuera de la casa habrá un jardín frondoso.”

La generosidad que propone el poeta es conmovedora y se emmarca en una transgresión a la privacidad a la que reduce el individualismo contemporaneo. García Obrero es un idealista y en su propuesta poética hay también una doble lectura sobre la actitud del artista frente a la mirada del modelo de sociedad.

En la segunda parte “La piel es periferia” se acentua esa percepción de crítica, el poeta se convierte en un francotirador certero. La estrategia del poeta es la de un fotógrafo preciso que se acerca al máximo del objeto retratado y se aleja buscando el ángulo preciso de la mirada estética, porque ética y estética forman parte de la misma busqueda. En “Año cero” describe un paisaje bajo el prisma horizontal “En la mirada/ nada de pie,/ erguido./ Sombras vacías/ en la planície.” para cerrar el poema con “Desde la altura,/ solo los pájaros/ nos ven cruzando/ la tierra yerma.” La atracción por la desolación de la distopia se muestran en los poemas: “Deconstrucción”, “Mad Max”, “Deshaucio”, “Detroit”, pero el poeta vuelve a la sobriedad de aquello que es esencial en la ciudad y en su ser, porque ciudad y poeta son indisolubles, un matrimonio de paisajes interiores que nos llevan a visualizar los ámbitos del poeta, como tatuajes en su propia piel, el poema “Kowloon” es un claro ejemplo: “¿Qué mapa estoy desplengando?/ Escombros,/ fachadas apuntaladas,/ cadáveres de carícias./ Amor:/ memoria/ y/ urbanismo.” Urbanismo, exacto. Ahí estriba esa piel a la que se refiere el poeta. Imagenes de alto voltaje como “Las ventanas enormes de la casa/ parecían dos peceras/ que a fuerza de embestirse/ modulaban la claridad.” Versos del poema “Jordaan” que nos remiten a la imaginería de un Joseph Brodsky o de un sorprendente Charles Simic.

García Obrero asume sin complejos todas las lecturas y sabe interpretar la estética de su tiempo, sin duda nos encontramos, y es algo difícil de encontrar, con un poeta de estirpe contemporanea. En la tercera parte “Ciclo del fuego (Poemas para una danza)” el poeta nos remite a una lucha personal donde se funde una mirada mítica y pasional, no puedo dejar de pensar en Manuel de Falla y su excelente composición “Amor brujo” tan influida por los ballets rusos acogidos en España cuando huían del impacto de la I Guerra Mundial, disculpadme la digresión pero tiene un motivo. El erotismo es una danza hipnótica que pasa por la cuerda floja entre la muerte y el deseo. Federico García Lorca, supo encontrar comprensión en las modulaciones impresionistas de Falla, en cierto modo, hay un diálogo entre las obras de los dos genios. En el caso de García Obrero hay la apuesta del “escritor-danzante” siguiendo una coreografía ancestral, de un primitivismo arcano. En el poema “La forma” termina “Trasieguen las caderas tránsito dulce./ La humedad de las formas bañe retinas áridas.” Este último capítulo del libro, como antes comenté, esta dividido en tres partes, la primera cierra con un poema que induce directamente al canto con un ritmo hipnotizante “Arde la tierra y el silencio/ es el pozo al que cae el canto”. La segunda abre con el poema “El viaje” toda una declaración de principios, con una riqueza léxica que remite directamente al barroco, Luís de Góngora aparece en los detalles y sutilezas “…y un fulgor repentino titila, giratorio, por los ojos/ desnudos del viajero que responde al silencio: Más Dios.” Ecos de la poesía del catalán Joan Vinyoli, pero también de Màrius Sampere, poeta que influye de manera directa desde la Santa Coloma natal de García Obrero, pero hay que añadir el italiano Eugenio Montale de “Ossi di sepia” o el Cesare Pavese, de la época italiana de nuestro poeta, que se suman en poemas tan lúcidos y contundentes como “La puerta”, “Stella maris”, el tono sentencioso, erótico, imaginista se cierne en el “Bosque” y culmina en el excelente “Céfiro” una de las obras maestras del libro “estiramos los cuerpos junto al río/ como si fuesen rocas decorando la tarde.” junto a los no menos desdeñables “Abril”, el realista “Pueblo”. Hay un alto nivel en el uso del lenguaje preciso y al mismo tiempo precioso, García Obrero entra en el juego de la palabra con mesura y conocimiento de los trazos de la lengua, rozando los límites, pero sin caer en la práctica de  someter el contenido al continente “Tocas tu superficie de rota roca antigua,/ de fósil misterioso que aloja en su interior/ los tumbos de la Tierra.” En el poema “La piedra” el lector asume esa inestabilidad de la “rota roca” pero  la continuidad de discurso no permite que esa roca se pierda entre los contrastes de la piel, esa roca  tiene un objetivo que fija el poeta “Aguardas y, en la espera, te crece la impaciencia:/ deseas la belleza, deseas el amor;/ la honda que te lance contra el ceño del mal.”

El éxito de “La piel es periferia” estriba ahí, en esa fidelidad del poeta al sentido simbólico del título, mostrando una cintura increible con las posibilidades digresivas de la poesía contemporanea, pero con un pie en la tradición y otro en la coherencia. Bellos poemas como “El verbo”, “La tribu”, y el esquemático “Fuego” con el que cierra García Obrero el libro, en definitiva muestra el mundo complejo del autor de forma sencilla, el poeta ha sabido psicoanalizarse, dúctil, pero al mismo tiempo implacable, ilimitado en el lenguaje, pero severo en los principios del símbolo, respetuoso con la tradición pero conocedor de las tradiciones poéticas de su contemporaneidad, la poesía catalana, la poesía española, la italiana y la anglosajona se encuentran dialogando con  precisión y riqueza en la obra de un poeta que actualmente representa una de las mejores bazas de la poesía española actual.

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Jordi Valls (Barcelona, 25 de enero de 1970) es un poeta en lengua catalana. Aunque nació en Barcelona, ha vivido muchos años en la cercana localidad de Santa Coloma de Gramanet. Presidió la Associació de Joves Escriptors en Llengua Catalana (Asociación de Jovenes Escritores en Lengua Catalana) entre 1994 y 1996, siendo actualmente miembro de la Associació de Escriptors en Llengua Catalana (Asociación de Escritores en Lengua Catalana). De profesión librero, toda su obra ha sido escrita en catalán y aún no ha sido traducida al castellano. Al ganar los juegos florales de poesía de Barcelona en 2006 se convirtió en el primer poeta en ostentar el título de Poeta de la Ciutat de Barcelona.

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