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Las palabras, a veces

Las cosas que se dicen

Las cosas que se dicen en voz baja
Daniel Rodríguez Moya 
Editorial Visor
España, 2013
p.p. 89

por Andrea Muriel

¿Cómo buscar sentido en un mundo que invita a no hacerlo? ¿Cómo aferrarnos a la certeza del presente, cuando el pasado martilla sobre cada paso?  Y sin embargo, ¿cómo desconfiar del presente si el pasado no existe más y no podemos llegar a tocar el futuro?
Están aquí los días de los interrogantes comienza uno de los poemas de este libro que ya desde sus primeras páginas se convierte en un libro de búsqueda, de inquietud y asombro. Con la sensibilidad de quien nota las pequeñas piezas, muchas veces invisibles, de un rompecabezas tal como es el mundo, Daniel Rodríguez Moya nos presenta su nuevo poemario, Las cosas que se dicen en voz baja cuyo título es ya perfecto para los poemas que se encuentran en él.  Publicado por la prestigiosa editorial Visor, y ganador de la XXXIX edición del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Burgos, este libro abre la brecha del supuesto equilibrio del mundo y nos invita a recorrer una serie de acontecimientos de índole histórica, personal, filosófica, literaria, tecnológica, que de modos diversos, están tocados por inestabilidad y cambio.

La primera parte del libro En voz baja, habla de las palabras y la facilidad con la que éstas transmutan su sentido para convertirse en algo más. La inestabilidad del mundo, también se encuentra en los conceptos.

Alguien lee libertad y levanta murallas,

fronteras insalvables y prohíbe

el paso en un camino

o lo llena de zanjas.

Edifica una cárcel con guardianes

y quema algunos libros por si acaso.

Pero también el silencio es capaz de transformarse en palabras, lo no dicho puede englobar mucho más de lo que se piensa, puede revelar cuestiones que las palabras no podrían hasta al grado de crear aforismos.

Y entonces entendió lo que no dijo:

la vida son hogueras en medio de la noche.

Al apagarse, deja rastros de humo

que nadie puede ver, pero se intuyen.

La inquietud del poeta granadino hacia el constante devenir del mundo actual, hacia las interferencias del día a día puede encontrarse, por ejemplo, en los siguientes versos:

Estamos obligados al tacto de lo efímero,

a escuchar un murmullo y a no entender las frases.

Pero los cambios y la incertidumbre no se dan en el mundo solamente, sino en nuestro propio ser. ¿Somos los que éramos ayer? ¿Nos alejamos de lo que realmente somos con el paso del tiempo? ¿Qué es el miedo sino algo que nos va carcomiendo?

Me cubro hasta los ojos, como cuando era niño,

hasta que llega el sueño

y esas voces que inquietan

se pierden en el cuarto entre la ropa

que me pondré mañana cuando sea menos yo.

Nos encontramos también ante la desolación de una realidad tecnológica, cada vez más desinteresada por lo humano, cada vez más llena de incertezas. Es por eso que Daniel reconoce que sólo una búsqueda es lo que podemos obtener de la vida. Y siempre la perturbación al acercarnos a lo desconocido, de lo inasible.

Más que el miedo al silencio,

el temor de sentir

las cosas que se dicen en voz baja.

La parte medular del libro sin duda es el gran poema La bestia que habla sobre el tren de carga que conduce al sueño americano o al infierno. El también llamado tren de la muerte, atraviesa México y es abordado por migrantes que vienen tanto de Sudamérica y Centroamérica como del mismo México en el cual miles de personas encaramadas en el techo, arriesgan su vida por tratarse de una ruta tan peligrosa como lastimeras las condiciones del trasporte. A propósito de este poema, que se encuentra también en la antología Poesía ante la incertidumbre, en la cual Rodríguez Moya aparece junto con diversos poetas de diferentes países hispanohablantes, José Emilio Pacheco comenta que “es ejemplo de una nueva poesía trasatlántica como no se veía desde hace un siglo en los tiempos del modernismo”. Además, el tema tiene importancia fundamental para el México actual.

Nadie duerme en el tren,

sobre el tren.

Agarrados al tren

todos buscan llegar a una frontera,

a un sueño dibujado como un mapa

con líneas de colores:

una larga y azul que brilla como un río

que ahoga como un pozo.

En esta misma segunda parte Apuntes para un retrato generacional, Daniel se adentra a terrenos históricos, además del tema de la migración, encontramos la Guerra Civil Española en el poema Winnipeg, que lleva el nombre del barco que llegó a Valparaíso, Chile desde Francia con inmigrantes españoles por iniciativa del poeta chileno Pablo Neruda. Y otro poema nos lleva a la represión en El Salvador unida a la muerte de Monseñor Romero, la masacre de Mozote y la muerte del poeta salvadoreño Roque Dalton. Daniel Rodríguez Moya se pregunta cómo se puede caminar hoy por El Salvador sin recordar todo esto.

Es hermoso el paisaje pero no estoy en él.

Imposible borrar los cuerpos destrozados

en las fotos que aún guardan en álbumes que gritan,

el horror florecido en odio irracional,

como es el odio a veces,

igual que germinó también en el Mozote.

La conciencia social del poeta es visible en muchos otros momentos, así como su sensibilidad hacia el pasado y la memoria colectiva. Sin embargo, Daniel sabe que sólo  el presente nos pertenece.

Y comprobar

que igual que del pasado nada es mío

del futuro tampoco

quedará algo en mis manos.

Los mayas también aparecen en este poemario y abren la tercera sección La mitad de lo que conozco donde resulta interesante y fundamental el interés del granadino hacia América, tomando en cuenta que muchos poetas americanos, lo que hacen es justamente  esquivar esta mirada. Posteriormente, en el poema A un poeta loco, y con unos bellos versos, cobra sentido la celebrada frase de Horacio carpe diem quam minimum credula postero.

pero entiendes que el sol cada mañana

es un grave reproche

por haber malgastado tantos atardeceres.

Pocas cosas han preocupado más al hombre que la memoria; recobrar el pasado justo como fue, reconstruir los fragmentos de los recuerdos más preciados.

Así son los recuerdos,

como hilos de tiempo que están desanudados.

Forman parte de un puzzle

imposible de armar, siempre con huecos.

Y a pesar de lo inútil del esfuerzo

insisto en encontrar cómo encajarlo.

Me gustan los poemas y me gusta la vida es la cuarta y última sección del libro. Y no sólo eso, son las palabras de Ibis Palacios, una pequeña que asistía al taller de poesía de Ernesto Cardenal en Managua, mientras un cáncer terrible la devoraba. De esto nos habla el poeta.

Pintas los peces del Río San Juan

con ojos tristes

pero aprietas el lápiz a la vez que tu gesto

con tanta fuerza.

(…)

Perfilas también pájaros y espantas

el vuelo amenazante de un negro zopilote

que aguarda como el cáncer

a comerse tu cuerpo que juega junto al agua.

Leer Las cosas que se dicen en voz baja, es atreverse a entrar al terreno inestable de las verdades incómodas, en boca de uno de los pocos poetas actuales, que además de poder hablar de su mundo interno, tiene una filosa preocupación social, que va desde lo histórico hasta lo filosófico y que resulta tan necesaria en nuestros tiempos. Daniel Rodríguez Moya no duda en cuestionar las cosas que se dicen en voz baja. Y eso se agradece.

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andrea murielAndrea Muriel (Ciudad de México, 1990) Es estudiante de la carrera de Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP. Se encuentra cursando el Diplomado de Creación  Literaria en  el IMACp-SOGEM. Ha asistido a diversos talleres de poesía dentro de los que destacan el de Eduardo Langagne, Mario Bojórquez y Álvaro Solís.

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