Ensayo/Literatura/Poesía

La poesía: un sitio habitable por los hombres

A propósito del reciente fallecimiento de Rubén Bonifaz Nuño, el poeta Mijail Lamas, editor de este espacio, nos ofrece un texto en homenaje al gran humanista y poeta mexicano. En él  destaca el aspecto social de su obra poética, cuya voluntad de diálogo nos invita a reflexionar en estos tiempos de terco monólogo.

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La poesía: un sitio habitable por los hombres

por Mijail Lamas

 

A David Ruano, joven lector de la obra de Rubén Bonifaz Nuño

 

Rubén Bonifaz Nuño se cuenta entre los hombres que construyeron el pensamiento literario del México contemporáneo. Quien fuera fundador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la unam y director de la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, entregó las monumentales traducciones de la Ilíada y la Eneida, además de versiones de la obra de Ovidio, Propercio, Catulo, entre otros. Así, su labor humanista va de la raíz originaria de la cultura occidental a nuestro pasado prehispánico, al que también dedicó, con fervor, diversos estudios. Basta leer su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua para constatar la manera en que sus afectos se debatían entre el latín, el griego y el náhuatl.

Además de su colosal obra humanística, Bonifaz Nuño fue y será un importante poeta de la lengua española. Su obra, exaltación de lo humano, como las obras que tradujo, muestra esa forma de arder que tiene la mejor poesía mexicana, ya que en ella se conjuga la delicadeza clásica y el lenguaje popular, la cadencia de la versificación de acentuación prosódica y una indagación experimental con coordenadas que poco tiene que ver con la vanguardia militante.

Un tema se eleva sobre los demás en su extensa obra poética: el amor y su naturaleza contradictoria. En ese sentido su poesía es un diálogo con los poetas del amor, una conversación viva con Minermo, Catulo, Propercio, Ovidio, Petrarca, Garcilaso, López Velarde y José Alfredo Jiménez.

Sin embargo, el tema del otro, su semejante, fue también fundamental de su escritura; esto llevó a Bonifaz Nuño a crear una de las poesías sociales que por su carácter humano no envejece con el tiempo. Es, sin duda, Los demonios y los días el poemario en el que este aspecto se vuelve más patente, pero no es raro que la totalidad de su obra esté salpicada de este motivo, por lo que aquí trataré de ejemplificar brevemente esta cualidad de su lírica.

Rubén Bonifaz Nuño, en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, considera como finalidad última de la poesía náhuatl la exploración de aquellos aspectos “en que mejor se manifiesta el sentir dolorido del hombre abandonado por todos, que procura integrar, integrándose él también dentro de ella, una compañía que le preste el vigor suficiente para enfrentarse al absoluto descubrimiento de las cosas”, de tal manera que la poesía se vuelva “la condición que permite realizar la comunidad entre los seres humanos”, por lo que es responsabilidad del poeta elevar los cantos que “encierran la virtud de establecer la reunión fraternal”.

Al repasar estas líneas no podemos dejar de pensar que la poesía de Rubén Bonifaz Nuño atiende a esta consigna, ya que él, como el poeta náhuatl, dirige su sentimiento no hacia un “ser concreto, sino que se tenderá desoladamente hacia la totalidad de los hombres”. Así, en una invocación que mezcla el aliento bíblico y el canto florido de los antiguos mexicanos, el poeta declara:

Si está la verdad en lo que digo
las cosas que digo serán buenas.
Que los que se sienten desesperados
Conozcan que estoy pensando en ellos.

“Tú darás deleite…” se le exige al hacedor de cantos, por lo que primero es necesario asumir ese papel, el que convoca y a través del canto propiciar el encuentro, la reconciliación y el reconocimiento con su pares.

…hay oficios buenos, necesarios a todos;
el que hace las camas y las mesas,
el que siembra, el que reparte cartas,
tienen un lugar entre todos: sirven.
Yo también conozco un oficio:
aprendo a cantar. Yo junto palabras justas
en ritmos distintos. Con ellas lucho,
hallo la verdad a veces,
y busco la gracia para imponerla.

“Lo que se añora, en el fondo, es la existencia de una verdadera comunidad, esa comunidad que acaso alguna vez existió, pero que ha sido desplazada del tiempo presente por una sociedad maquínica y burocrática”,[1] dice Evodio Escalante. Y es esa comunidad, la que el poeta intenta reconstruir con su canto, pero ya no se trata de cambiar al hombre sino de acompañarlo en su miseria, por lo que en la poesía de Bonifaz Nuño se vislumbra más una actitud solidaria que las ínfulas revolucionarias que van a caracterizar a la generación inmediatamente anterior a la suya.

Para llevar a cabo su empresa asume como ningún otro poeta mexicano el habla popular, pero lo hace no sólo corriendo el riesgo de confundirse con el hombre masificado, sino recuperando el valor del decir popular, o más estrictamente de la poesía popular, incluso la canción ranchera: “Motivos de sobra tengo / para descubrir que estoy desgraciado”.

Aunque hay ejemplos en Los demonios y los días y en Fuego de pobres de esta forma de expresión, son El manto y la corona y Albur de amor en los que mejor se ejemplifica:

Porque soy hombre aguanto sin quejarme
que la vida me pese;
porque soy hombre, puedo. He conseguido
que ni tú misma sepas
que estoy quebrado en dos, que disimulo;
que no soy yo quien habla con las gentes,
que mis dientes se ríen por su cuenta
mientras estoy, aquí detrás, llorando.

El sujeto de la enunciación lírica que se expresa en los poemas de Bonifaz Nuño encara la realidad del mundo armado con palabras; su militancia es entonces con su semejante, sufre como él, pero no es tarea fácil ya que le “tocó vivir en el mundo / en el tiempo sucio de las desgracias”. Él busca también el reconocimiento del otro para encontrarse, para lograr en la comunidad ser alguien y “hablar como hombres y a los hombres”, porque sólo así el poeta puede atribuirle a cada quien su derecho y con su canto, como el guerrero con sus armas, defiende aquello que es de todos.

Sólo es verdadero lo que hacemos
para compartirnos con los otros,
para construir un sitio habitable
por los hombres.

Sin embargo, es dura la embestida; él sabe, como los antiguos, que “sólo un instante dura la reunión”, que todo está cercado por la muerte. Así, evocando a Nezahualcóyotl, nos recuerda que “nada tenemos nuestro para siempre. / El morir procuramos, con tan sólo / querer el otro día”. No pocas veces el pesimismo le hace mella, hasta creer que es él “el de las palabras no creídas, el que siembra en lo oscuro”, pero logra reponerse. También sucede que cuando olvida que los otros existen, porque el amor lo colma, es la amada la que lo llama al orden y lo conmina a no olvidar:

Me has pedido que piense
en combatir; que tome, por mi orgullo
y por tu amor, mi sitio,
mi lugar de soldado en la amargura
de los ejércitos humanos.

En una realidad donde el ser humano se desdobla y a la vez se esconde tras una máscara de caracteres y series binarias, donde nadie parece mirar la realidad a través de sus ojos sino filtrada a través de un monitor, las palabras dichas por Rubén Bonifaz Nuño en aquel ya lejano 1963 no pierden su contundente vigencia: “los poetas parecen confundir la multiplicidad de su propia imagen sin volumen, con la compañía de hombres de carne y hueso”.

Rubén Bonifaz Nuño es y seguirá siendo un poeta vivo; su poesía será leída por quienes andan con una esperanza roída en los bolsillos y por aquellos heridos de un amor que no responde, o por los desahuciados en un mundo sin esperanza, que se dejan ir por las calles de la madrugada, solos y ebrios, balbuceando sus versos, vistiendo “el menos gastado de sus dos trajes” y pisando su rostro en los charcos, probando de nuevo el frío desprecio de una orfandad cósmica.


[1] Evodio Escalante, “El destinatario desconocido: la poesía de Rubén Bonifaz Nuño” en Signos. Anuario de Humanidades, año VI, tomo I, UAM-Iztapalapa, México, 1992.

________________

mijail-lamas_mediumMIJAIL LAMAS es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas(2009). Obtuvo el accésit del XXVII Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza en 2011  y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura en 2012. Twittea en @mikhailenko

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