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Clase turista, de Héctor Carreto

Clase turista

Clase turista
Héctor Carreto
Editorial Buró Blanco, Posdata Editores, UANL
México, 2012
p.p. 82

por Mijail Lamas

Salir de vacaciones en la clase turista es regatear, buscar en las tres estrellas de un hostal una esperanza de aventura. Así Héctor Carreto, como un Ulises de la clase media, nos entrega su más reciente libro de poemas.

Ya en Habitante de los parque públicos, Carreto hace del viaje su tema, la diferencia es que en ese libro del 92 el turismo es doméstico, se viaja mayormente en la máquina del tiempo de la memoria y a través de la segunda vida del sueño. En Clase turista se recupera el viaje como tema, hilo de Ariadna que nos conduce a esa experiencia vital “sin pretensiones literarias”, así que muy temprano en nuestro periplo, se aventura una poética:

Entiéndelo: no me interesa la piel de mármol;
Mi museo está en la calle.

Entonces en Clase turista encontramos una poesía como vagabundeo azaroso, itinerarios con desenfado y sombrillas de playa contra el aburrimiento. En este contexto la advertencia “Palabras al lector” es oportuna: “Ofrezco (…) un puñado de poemas que, por haber sido escritos en diferentes tiempos, espacios y estados de animo, llevan un trazo irregular; pedacería con diversos motivos y registro”. No hay, por lo tanto, una unidad tan acabada como en algunas series de La espada de san Jorge o Coliseo. Es efectivamente una colección dispar pero con excelentes poemas.

Impera entonces un tono medio, descansado, en chancletas y bermudas, aunque a veces se imagine de gabardina y sombrero. Carreto saca a pasear a su yo lírico, que en muchos de sus libros anteriores, interpreta el papel del burócrata metido en un cubículo, pálido de tanto encierro oficinista.

No faltará en Clase turista las referencias a la cultura pop (“Turistas de oficio” y “Ipod”), referencias a los mitos contemporáneos (“Othe road”), la crítica al nacionalismo vergonzante del turista nacional (“Viena a la mexicana” y “El corazón de las tinieblas”), el tono epigramático (“Troya revisitada”), el humor y su giro inesperado (“En un hotel de San Francisco” y “Viernes santo en Madrid”), el desenlace erótico (“II Tepezcuintle”), e incluso el anticlímax (Tren Barcelona-Toulouse), y finalmente el desmontaje de la alta cultura a modo de chacota; muchos de estos elementos ya bien dominados por el autor en sus anteriores libros. Asoman también algunos textos de carácter más bien sentimental, incluso tiernos, siempre con ese componente irónico:

De niño, ir al puerto de Veracruz era mi modo de ir a San Francisco. Pero un mal día el gobierno retiró para siempre los tranvías. Ahora en San Francisco, retorno al Veracruz de mi infancia.

Del volumen sobresalen los “Tres poemas españoles” cuyo tema religioso, acompañados con su respectivo giro profano, se cumplen con maestría:

A las dos de la tarde
Me sacaron de la casa de mi padre.
y Él nada no pudo hacer para impedirlo.

Hacia el final, Héctor Carreto muestra en “Zürich”, penúltimo poema de la colección, su distintiva capacidad de crear por medio de unas cuantas pinceladas y el uso de una refinada síntesis descriptiva, escenas de una plasticidad concupiscente. A través de los contrarios nos transporta de la chozas de “azúcar y el lago encantado” a una taberna acogedora en cuyo escenario, y sin advertirlo, bailará, al ritmo de un trío de jazz, una mujer frente a dos turistas despistados: un púber tembloroso y un encendido padre de familia.

Es claro que Carreto pertenece a la estirpe de Marcial y Catulo, pero también se afilia a esa línea estética nada solemne de la poesía mexicana, que no pocos han soslayado, supongo que por ignorancia o por perpetuar el cliché crítico de una poesía nacional solemne y almidonada. A esta estirpe de agudeza pertenece la Sor Juana de los cinco sonetos burlescos, Mateo Rosas de Oquendo, Vicente Riva Palacio, Antonio Plaza, Efrén Rebolledo, José Juan Tablada, Salvador Novo, Renato Leduc, Efraín Huerta, Jaime Sabines, Eduardo Lizalde, Abigael Bohórquez, Ricardo Castillo, etc. ¿Pero acaso una gran cantidad de nuestros poetas no han explorado las diversas formas de la ironía? Recordemos los poemas de la última etapa de Rosario Castellanos o el Octavio Paz de “El mono gramático”, por mencionar sólo dos de gran importancia.

Al terminar el viaje, molido por cargar el equipaje, la cámara digital aún cuelga del cuello, muchas de las tomas están sobreexpuestas o a contraluz, algunas han salido nítidas; del mismo modo lleva todavía la pluma en el bolsillo izquierdo de la guayabera, con ella también ha tomado las fotos.

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mijail_hipMijail Lamas es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas(2009). Obtuvo el accésit del XXVII Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza en 2011  y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura en 2012. Twittea en @mikhailenko

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