Libros/Poesía/Reseña

El canon convencional de Harold Bloom

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Poemas y poetas 
Harold Bloom
Páginas de Espuma
Madrid, 2015

Por Juan Arabia

 

Con la misma postura que en El canon occidental y Genios, Harold Bloom (NY, 1930) ahora intenta canonizar la poesía: Poemas y poetas (Páginas de Espuma. Madrid, 2015).

La estela bloomiana, para quienes siguieron sus trabajos, ya dejó varias escisiones intelectuales a la vista. La falta de comprensión de las ciencias sociales y los estudios culturales, junto al exceso de una arbitrariedad humanista (por cierto servil al etnocentrismo anglosajón), nos permite atestiguar la extinción de un juicio que ya ni parece razonable.

Al estilo de un “Funes el memorioso”, junto a un sostén de dudosa eficacia crítica de (Freud, gnosticismo…), Bloom selecciona a 54 poetas del siglo XIV en adelante, entre los que se incluyen Petrarca, Coleridge, Blake, Rimbaud, Crane, Ashbery y los hispanos Pablo Neruda y Octavio Paz:

“Wallace Stevens señaló que la función de la poesía es ayudarnos a vivir nuestras vidas. Yo tiendo a modificar eso y llevarlo a la cuestión específica que Freud llamaba la prueba de la realidad, que no es otra cosa que aprender a soportar la mortalidad. En momentos de peligro y grave enfermedad he recurrido al intenso consuelo de recitarme poemas a mí mismo, ya sea en voz alta o en silencio. Como no soy muy de playas, solo voy a ellas para salmodiar versos de Walt Whitman, Hart Crane o Stevens, por lo general en soledad y dirigiéndome al viento y las olas”.

Así es cómo Bloom omite su desmedida institucionalidad: escribiendo desde un falso estilo anecdótico (epistolario). El catedrático de Yale, arraigado en el inmenso sueño emersoniano-whitmaniano, olvida que una cultura efectiva es algo más que la suma de sus instituciones. Sólo y de esa forma pueden entenderse las omisiones de tantos poetas contestatarios (emergentes) al sueño occidental y reproductivista: Bloom es incapaz de ver las interrelaciones fundamentales, y por eso [en silencio] puede omitir nombres como César Vallejo, Ezra Pound, Dylan Thomas o Allen Ginsberg (en favor de poetas como A. E. Housman, James Dickey o Seamus Heaney).

La “función” de la poesía no es ayudarnos a vivir nuestras vidas: es ayudarnos a cambiarla. Todo crítico literario debería exponerse a los peligros más decepcionantes de toda forma de actividad (o vida) poética. Aunque para Harold Bloom ya es muy tarde.

 

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