Crítica/Ensayo/Poesía/Reseña

Héctor Carreto: Testamento de Clark Kent

Kent

TESTAMENTO DE CLARK KENT
HÉCTOR CARRETO
ALMADÍA
México, 2015

por Marco Antonio Murillo

El acercamiento que la poesía mexicana ha tenido con los súper héroes del cómic ha sido breve e importante. Talvez los ejemplos más conocidos sean Batman de José Carlos Becerra y Spiderman Blues de Vicente Quirarte. Ambos poemas, separados por décadas de distancia, coinciden en no dibujar la figura de un súper héroe como un ser poderoso, todo lo contrario: exploran la psicología del personaje, enfatizan una psique llena de problemas humanos. La soledad detrás de una máscara, el individuo incomprendido enfrentado a un mundo masificado, la identidad, parecen ser constantes en estos poemas. Al parecer, de todo el universo trazado por DC Cómics y Marvel Cómics, Batman, Spiderman y Superman, del cual hablaré en unos momentos, son los héroes más idóneos para ser poetizados, puesto que llevan dos vidas: una humana, de poca relevancia, y otra heroica en el que son el centro de atención.

En Testamento de Clark Kent, Héctor Carreto no se conforma con escribir un poema de Superman y desarrolla un libro entero. Carreto comprende que la vida de estos súper humanos no debe ser reducida únicamente a polaridades, pues dentro de su identidad secreta, dentro del traje que son, también conviven otras personalidades. Es decir, Testamento de Clark Kent es un poemario que mira la vida de su personaje desde varios ángulos narrativos.

No es la primera vez que el autor hace algo parecido. En su primer libro ¿Volver a Ítaca? (1979) contó el retorno de Ulises de una forma novedosa, barajando múltiples posibilidades en torno al relato homérico: si Ulises nunca regresaba, si Ulises regresaba ya viejo, si el hecho hubiese ocurrido en la modernidad; desde la visión de Penélope, desde los ojos de Telémaco, etc.

Así con Clark Kent: narrado el libro en su mayoría desde la primera persona, asistimos a las confesiones de Superman, unas veces se sabe un héroe vulnerable a la Kriptonita, mientras que en otras desea ser un hombre común sin tener que disfrazarse de reportero, un hombre que pueda pertenecer a la Tierra:

No sé bien qué hago en este planeta,

no encuentro con quien conversar en mi idioma.

Tu sangre y la mía, mujer, no son compatibles.

Los X-Men también son superiores,

pero son criaturas humanas;

lo mismo los Cuatro Fantásticos.

No soy feliz.

Estoy más solo que Dios.

Por lo menos él creó a los terrícolas

a su imagen y semejanza. (39)

Carreto busca desmitificar al Súper Héroe con la ayuda de la poesía. Los elementos que utiliza son la ironía, el tono confesional del yo poético y un verso de tintes epigramáticos, en cuanto a su sencillez y forma de narrar. Superman, nos dice, no es aquel héroe enaltecido que iba de la mano con el pensamiento de mediados del siglo XX, el cual encarnaba valores sociales  y morales. Ahora pertenece a un nuevo ritmo de vida, un nuevo siglo en donde los grandes hitos culturales e históricos son fuertemente cuestionados.

Pero también el poemario trata de las confesiones de Clark Kent: tiene problemas en la oficina, otras veces no se identifica con Superman, y en varios episodios recuerda con tristeza su infancia:

Como los demás niños, yo también sabía volar.

Como ellos, fui un cometa cuyo azul se confundía con el aire de febrero.

En ese entonces, el mundo era un patio infinito,

simple, como una manzana sobre el mantel,

y las azoteas eran estrellas donde clavábamos nuestros estandartes. (20)

Kent representa al hombre medio que, en un mundo dominado por el culto a la personalidad y al individuo, pasa completamente desapercibido:

En la fiesta de disfraces no se rieron de mí,

sino de otro que ostentaba una s en el tórax.

Me disfracé de hombre común

y nadie, gracias al cielo, notó mi presencia. (19)

A las dos perspectivas ofrecidas por Carreto podemos agregar tres nuevas posibilidades para entender la vida de su personaje: la de un vecino chismoso, la de unos psiquiatras que le creen loco, y la de Luisa Lane. El poema del vecino nos enseña cómo las personas miran con recelo nuestras vidas, en el momento en que hacemos algo fuera de lo común; en ese mismo tenor, los versos del psiquiatra nos recuerdan lo que ocurre cuando, ante los ojos de la sociedad, rompemos las barreras de la normalidad. El tópico de la amada cobra matices todavía más relevantes. Luisa es el elemento céntrico en el que Kent y Superman son un mismo personaje: luchan por su amor, sufren su rechazo, conviven con ella en la más pesada cotidianeidad y la aman. Un ejemplo muy claro se encuentra en el poema titulado Compromisos. Luisa le habla tanto al hombre como al súper héroe:

“No querido, no me importa si tienes que asistir a la marcha de maestros o encabezas la huelga por la reforma energética o salvar al planeta de los vampiros multinacionales. Hoy es el pastel de nuestro niño. Te quiero aquí, a las cinco en punto y sin disfraz” (75).

El Superman humanizado de Carreto es fácilmente asociable con la figura del poeta moderno. Su oficio era lo que le daba su valor frente a la sociedad. Con la llegada de la burguesía, dicho oficio fue cuestionado por falta de valor productivo, y perdió importancia para el pueblo. Por ello escribió Darío: “Nada más triste que un titán que llora, / Hombre-montaña encadenado a un lirio, /Que gime fuerte, que pujante implora: /Víctima propia en su fatal martirio”. El poeta, entonces, tuvo que aprender a legitimarse a sí mismo reflexionando su nuevo lugar en la sociedad. El poeta moderno, como el héroe fracasado de Testamento de Clark Kent, se mira a sí mismo con ironía, descree de los supuestos dones obtenidos de las nubes. Ya en El poeta regañado por la musa (2006), Carreto nos había regalado este brevísimo poema: “Se entregó en cuerpo y alma a la poesía; fue inmortal mientras vivió”. También el Hombre de Acero se entregó en cuerpo y alma a sus ideales, también él fue inmortal, solo mientras vestía su traje y era vitoreado por la gente.

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marcoMarco Antonio Murillo (Yucatán, 1986) es poeta. Estudió literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán. Ha publicado los libros Muerte de Catulo y La luz que no se cumple. Estudia el MFA en Creative Writing  en la University of Texas at El Paso.

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