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El bien y el mar

56-mal

MAL
Jordi Valls
Traducción de José García Obrero
Valparaíso Ediciones,
España, 2015

 

por Nilton Santiago

 

He querido recuperar el aforismo de Carlos Edmundo de Ory para titular esta nota porque es la prueba viva de que la poesía lleva los bolsillos cargados de magia e imaginación pero también de resistencia e insurgencia contra los deshumanizantes poderes del mal y de las transnacionales del dolor humano; las dictaduras, los poderes financieros, la crueldad de las guerras, etc. Para eso también llega la poesía como un testimonio incómodo, pero necesario, para ponerle una zancadilla a las oscuras manifestaciones del mal cuando parece que ya todo está perdido. Así como aterriza el aerolito de Ory sin hacer daño sobre la sonrisa terrestre del mar, así aterriza el poeta Jordi Valls (Barcelona, 1970) para traernos con su nuevo libro, MAL, un testimonio poético singular contra esos discursos oscuros de la historia y para ello se vale, a manera de calidoscopio, de múltiples manifestaciones culturales y artísticas, de mitos o de hechos históricos -así como de los viejos asuntos de la poesía: el amor, la muerte, el erotismo-, para regalarnos un libro que ya es imprescindible dentro del panorama poético catalán actual y que ahora nos llega en castellano en una estupenda traducción del también poeta catalán José García Obrero.

Este peculiar MAL se abre con una serie de poemas, “Aguas oscuras”, en los que Valls nos hace transitar por una especie de mitología íntima y donde los referentes del poeta parecen diluirse para formar una serie de caminos interiores y luminosos para que los poemas dejen sus muletas y abran sus ventanas de par en par para que nosotros, los “transeúntes / lectores”, pasemos y miremos cara a cara a la luna llena: “Asómate, merece la pena perder el tiempo; / no te lo pienses demasiado. Acércate, / que al otro lado del papel hay silencio” nos dice Valls en el poema “Lector”, como una advertencia. Si volviésemos a Ory, nos diría que el “silencio es políglota” y eso lo sabe Valls, o al menos su poesía, porque no hay nada más público –porque pertenece a todos- que un poema que calla para hablar de nosotros y de nuestro tiempo. Dante, algunos ángeles, maletas llenas de recuerdos (que “perfectamente cerradas, sirven para hacer fuego / en las gélidas noches”) o simplemente el amor, que para el poeta no es otra cosa que “una enfermedad crónica”, se dan cita en estos poemas para decirnos que el silencio también se explica con palabras ya que –a veces- “La vida requiere el crimen perfecto que se dilata o encoge en la anécdota de lo imprevisto”.

En “Summa Artis”, el capítulo siguiente, Jordi Valls se vale de una suerte de poemas / trazos para llevarnos de la mano al interior de una serie de pinturas y obras de arte para, a su vez, hospedarnos entre los instantes del interior mismo de nuestro tiempo, pero no solo desde una perspectiva histórica o estética –que también- sino desde la cotidianidad, desde ese día a día que conmueve porque es nuestro y es imperfecto.

Ciertamente a veces “Es difícil entender de dónde surge el miedo”, barrer cientos de veces “los rincones de la casa para poder hallar, / al menos, las migajas de la certeza” porque las preguntas son demasiadas. No obstante, el poeta sabe que el misterio es la mayor de todas las revelaciones, “La presencia del oasis / dentro del abismo”, y por ello, como si se pusiese una escafandra para navegar los sueños de los otros, Valls elige el “arte” y, en concreto, la pintura, porque quizás ésta es la única que calla todo lo que el silencio no nos deja oír.

Creedme cuando digo que la versatilidad de los poemas de “Summa Artis” es capaz de transportarnos hasta dentro de la habitación de Van Gogh en Arles y ver de cerca lo mal que el pintor de Flandes hacía su cama o escuchar a los gorriones que llegaban a su ventana para darle los buenos días porque, claro, “El ausente está, de manera sutil, por todas partes”. Quizás algún verso suelto se pone las gafas de la obviedad pero no por ello es menos necesario para mantener la tensión que los poemas nos transmiten y, en suma, para llegar a ese “esplendor de cuya tensión y fricción el autor obtiene la chispa del poema”, como nos comenta el traductor José García Obrero en su nota introductoria.

En la siguiente sección, titulada “El padre de Euclides”, Valls se calza los zapatos de los poetas reporteros de guerra para contarnos, desde las trincheras del lenguaje, las gestas de los derrotados, así, en esta suerte de crónicas poéticas, somos transportados hasta la peor de nuestras miserias: la guerra, “(…) siempre un minucioso estudio de anatomía humana”. En estos poemas Valls nos abre las persianas del mundo y de pronto nos susurra al oído: “Mirad cómo caen las bombas. / Los unos vencen a los otros sin advertir que es un juego”, un juego en que siempre mueren los mismos porque “Qué débil es la verdad” -nos dice-, poco antes de revelarnos que “No podemos ayudar a florecer las plantas silvestres” en el genial poema titulado “La caída de la Unión Soviética”. Es cierto, sin embargo, que por momentos al poeta le falta el aliento, como si lo que quisiera contar fuese más importante que la propia escritura poética y es allí cuando –por unos pocos segundos- el poema pierde emoción y parece trastabillar, pero no por ello los poemas de este apartado dejan de brillar como la luna llena.

MAL se cierra con un conjunto de brillantes poemas, reunidos bajo el título de “Irradiación desde el orificio”, desde donde Jordi Valls surge con esa chispa del poema de la que habla José García Obrero pero no para iluminar los caminos de los que habla Robert Frost en el epígrafe que cita Valls, sino para decirnos que todos somos la chispa, el miedo, la hiedra que brota y muere solitaria al lado del camino y también el camino y el que lo transcurre, como si la vida misma fuera una sola unidad sin límites: “quieto / en la encrucijada, por los dos senderos posibles, / buscando el núcleo de autenticidad, tomas / el camino; solo sientes en los pies la hierba fresca de uno, / el otro, no puedes. Sin zapatos, cruzas los límites.”.

Así pues, este MAL es un mal necesario porque nos hace ser testigos de nuestra propia historia y de todos sus misterios y sus oscuras contradicciones porque a veces, para “ver” la oscuridad es necesario entrar en ella o, más precisamente, ser parte de ella, tal y como el propio Valls resume en uno de los más brillantes poemas del libro:

A

Han encendido la oscuridad. No nos vemos.

A los ojos solo ascienden tonos grisáceos:

gris plata, gris asfalto, gris hipopótamo.

Indigna el agravio, la falta de hipnosis,

la droga de la interpretación bífida

que perfora el gorgoteo permanente

de los patos. Así, cuando callas, todo calla,

el pico y el agua ensordecidos, cercados

por anillos que las plumas expanden,

un silencio peinado nos va llenando

de volúmenes que imagino poco estables.

Topamos incómodos, no puede andar lejos,

si apagamos la oscuridad la podremos ver.

 

Callemos pues, para que todo calle y sea el mar el antídoto del mal.

Barcelona, mayo de 2015.

___________________________________

Nilton SantiagoNilton Santiago (Lima, Perú) es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas y autor de “El libro de los espejos” (2do Premio Copé de Poesía 2003 en su XI Bienal) y de “La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad” (II Premio Internacional de la Fundación Centro de Poesía José Hierro). Recientemente ha publicado “El equipaje del ángel” (XXVII Premio TIFLOS de poesía, Visor Libros, Madrid, 2014) y ha quedado finalista de la última edición del Premio ADONÁIS de Poesía 2014. En la actualidad reside en Barcelona.

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