Crítica/Libros/Poesía/Reseña

Del cielo al inframundo

CARATULA kianny

La luz que no se cumple
Marco Antonio Murillo
Arte Poética Press
New York, 2014
p.p. 119

por Rodrigo Quijano

Hace más de seiscientos años, un hombre llamado Dante nos invitó a una travesía por las regiones sombrías del alma; le acompañamos en su búsqueda de Beatriz, una presencia de luz inalcanzable. Desde entonces, muchas grandes literaturas se han fundado en la fascinación que causa lo imposible. Tal es el caso del libro que presentamos esta noche, obra en cuyas páginas se deja sentir una Beatriz de muchas caras.

Como el poeta italiano, el autor de La luz que no se cumple, nos presenta una suerte de viaje, un salto por el tiempo y el espacio para aproximarnos a la Claridad, que toma la forma de todas las épocas, actos y lugares. No importa si se habla de un soplador de vidrio, un ebanista, una hilandera, un hombre de Murano, Cuba o Roma… Cada escena de este libro muestra algún aspecto de la lucha que se hace en la persecución de lo sublime.

            Al final de la noche el ebanista concluye su obra.

Cuando sus manos comienzan a sanar las últimas heridas de la

piel, sus ojos van abandonando las formas del ensueño.

La imagen de su bella cede a la imagen

de otra mujer que parece más verdadera, pero que en realidad es

menos suya.

La primera vez que la tocó, creyó que podía

reconciliar su oficio con los sueños y las formas que duele trabajar

la madera.

Amor, felicidad, belleza… Estas son algunas de las máscaras que adopta la luz en el poemario; estos son los rostros de lo inasible, que hacen pensar a los héroes de la obra de Marco, que se puede acariciar el fuego con las manos. Como es de esperarse, La luz que no se cumple es también un testimonio de calcinación. La voz lírica de Catulo es la prueba de que las cenizas de lo que fuimos, también elevan su voz.

Escribo

este último epigrama.

 

¿Porqué ponerle título?

 

Lo escribo no

para que me admiren

las generaciones

que vendrán.

 

Tampoco para amarte

cuando ya me haya ido.

Sino para que el tiempo

el tiempo

que logré derrotar

después de treinta y tres años,

se detenga, y los días

que sigan a éste, siempre

sean el día de hoy:

Más allá de recorrer momentos luminosos, el libro sigue los pasos de Dante, y nos hace descender al inframundo; nos pone cara a cara con el olvido en poemas como “Memorial de la mujer ahogada”, y coloca nuestras manos sobre las astillas que muerden la piel de un carpintero. No obstante, la visión de la luz que ronda la obra de Marco, no se desvanece en la experiencia del dolor. La claridad se muestra como una llama inextinguible; se hace patente, incluso, después de un naufragio, cuando una mujer hundida y destrozada devuelve el aire a los ahogados.

Cuando el hombre se astilla las manos

en el cuerpo de la mujer

una espina de dolor palpita en la casa

 

y apenas logra despertar el agua

de un espíritu

que habita su propio mar petrificado.

 

El dolor del cuerpo que siente

en sus manos

podría volverse un remo

un velero en la tarde, una campana

en la tormenta:

 

–Cuando una muchacha se dobla en la tormenta

y hecha pedazos

se hunde en el agua

su espíritu

como una lámpara

serena

el mar, devuelve el aire a los ahogados.

 

Como un Virgilio, la lumbre cruza con nosotros el laberinto de sombras; adopta el mismo cuerpo de la sombra para iluminar… Como si de una misma moneda se tratara, el cielo y el infierno se mezclan en este libro de poemas. Acá la luz pasa de ser resplandor a llamarada; aquí la búsqueda de Beatriz, convierte su esperanza en un castigo.

Estoy seguro de que una obra como esta, una obra capaz de encontrar el dramatismo de lo cotidiano y ser sensible a las contradicciones, tiene un gran futuro reservado.

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QuijanoRodrigo Quijano Arjona (Mérida, Yucatán; 1992). Miembro de la Red Literaria del Sureste y pasante de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la Universidad Autónoma de Yucatán. Es coautor de las traducciones de poesía ghanesa publicadas por la revista electrónica círculo de Poesía (2012), e instructor de talleres de poesía y sensibilización literaria en espacios como la Escuela Preparatoria Dos de la UADY y la Feria Nacional del Libro de la UNACAR. En 2013, adquiere el segundo lugar del Certamen Regional de Poesía José Díaz Bolio con el poemario La sal Enferma. Su obra poética ha sido recogida en diferentes publicaciones como las revistas Morbo y Vozquemadura.

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