Crítica/Ensayo/Poesía

Sobre Bailando en Odesa de Ilyá Kamínsky

Odesa-1

Bailando en Odesa
Ilyá Kamínsky
Traducción de G.A. Chaves
Valparaiso México
México, 2014.

Por David Ruano González

 

Gracias a la filial mexicana de Valparaíso Ediciones, llega a nuestras manos el libro Bailando en Odesa del poeta Ilyá Kamínsky (1977), que desde su publicación en 2004 por los estadunidenses de Tupelo Press, ha sido alabado por la crítica de esas tierras, además de ser galardonado con más de una distinción. En una buena traducción del costarricense G. A. Chaves, está a nuestro alcance una obra de calidad y que nos da una idea de la producción de la poesía norteamericana actual.

El primer aspecto que se tiene que tomar en cuenta para abordar este libro, y que no se puede dejar de lado, son dos cuestiones autobiográficas. Ilyá Kamínsky nace en el pueblo de Odesa, de la desaparecida Unión Soviética y hoy territorio ucraniano, que en su adolescencia debe abandonar por tensiones políticas, lo cual lo lleva a exiliarse en Estados Unidos. Y, por otra parte, su pérdida del oído a los cuatro años de edad. Esto se conjuga, ya al nivel literario, desde los poemas que abren el libro, pues nos introducen a la línea que se mantendrá toda la obra. En “Oración del autor” revela las primeras intenciones y razones de ser de la escritura:

Si he de hablar por los muertos, tendré que abandonar
este animal que es mi cuerpo,
deberé escribir una
y otra vez el mismo poema, porque una
página vacía es la bandera blanca de su rendición.

 

Seguido por “Bailando en Odesa”:

Mi secreto: a la edad de cuatro años me quedé sordo. Cuando perdí el oído, empecé a ver voces. En un tranvía lleno de gente, un hombre con solo brazo me dijo que mi vida estaría misteriosamente conectada a la historia de mi país. Y sin embargo mi país ha desaparecido; sus ciudadanos se dan cita en sueños para realizar elecciones. El hombre no describió sus caras, sólo unos pocos nombres: Roldán, Aladino, Simbad.

Estos poemas presentan a Kamínsky como un poeta no común del exilio, sino que parte de una poética donde la avidez por la palabra va enfocada no exactamente al tono nostálgico ni de la evocación, sino a la reconstrucción de una tierra que permita el diálogo con los difuntos, desde los abuelos hasta Ósip Mandelstam, posible sólo a través de la escritura.

Tierra mágica que exige un uso del lenguaje que nos ambiente en un mundo de fantasía y, por momentos, de cuento de hadas, donde distintas realidades puede tocarse, es decir, la del lector con la onírica del libro. Al remitir a la Odesa de la infancia, también se sentirá un tono infantil no exento de violencia, pero donde ésta no tiene el fin de retratar el dolor descarnado de una tierra atroz que obliga al exilio, sino en busca de los momentos de dicha dentro de la desgracia. Saltando del verso a la prosa, en lugar de la incomodar la lectura, logra fluidez, pues una de las característica de la obra es su extremo carácter descriptivo y narrativo y, en este aspecto, la prosa funciona a favor del ritmo de la narración.

Una parte medular del libro consiste en los distintos homenajes que el autor hace a varios poetas rusos, como Tsvietáieva, Brodsky, el ya mencionado Mándelstam, o el rumano Paul Celan, “músicos ambulantes” los llama él, donde la lectura del yo lírico se convierte en experiencia vital, pues el desarrollo de los textos responde a la influencia en el vivir más que con la literaria, donde a partir del exilio y la relación que éste guarda con la obra de cada poeta, la construcción de los poemas retratan la búsqueda de sobrevivencia gracias a la palabra,  esto sin quedarse en la pura mención, sino que permite el diálogo entre los finados, el sujeto lírico y el lector.

De orígenes judíos, y con toda una tradición mística basada en el libro y el lenguaje detrás, Ilyá Kamínsky recupera una pequeña porción de ésta, pero esencial, en la que a partir de la palabra hay la construcción y reconstrucción de una tierra donde el ser errante se termina. Tal vez eso se signifique la Odesa del libro, es decir, el libro mismo.

La aparición de Bailando en Odesa en las librerías mexicanas trae una propuesta diferente para los lectores, ya que no es sólo una novedad más, sino un libro sobresaliente que enriquece y centra nuestro panorama de la poesía norteamericana actual ante la avasalladora cantidad de textos en la red.

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David Ruano (1)David Ruano González (Ciudad de México, 1991). Estudiante de los últimos semestres de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha asistido a diversos talleres de poesía y crítica. Twittea en @medoriorules.

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