Crítica/Poesía/Reseña

Los cantos peregrinos

CantosPeregrinos (1)

Cantos peregrinos
Juan Carlos Recinos
Jaguar Ediciones
Mexico, 2012.

por Marco Antonio Murillo 

En Altazor existen unos versos que valen para mí, en cuanto a que invocan la calma al final de la vorágine del canto I: “Silencio / Se oye el pulso del mundo como nunca/ pálido/La tierra acaba de alumbrar un árbol”. En este punto, la palabra de Vicente Huidobro nos recuerda que es necesario hacer a un lado la velocidad de la vida moderna y su ruido, para escuchar las cosas verdaderas que palpitan en el mundo. “Cantos peregrinos” de Juan Carlos Recinos, que está lejano de muchas de las propuestas huidobrianas, parte de esta premisa y es una buena opción en la poesía mexicana actual. Los poemas que integran este volumen apuestan por el cuidado técnico, así como el manejo de una temática clásica y sencilla, que exige al lector detenerse en algunos versos para reflexionarlos. El poema titulado Levante, es una muestra clara de ello.

 

Levante
 
Alzan el vuelo tus pájaros. Las manos
se saturan de peces, caracoles y medusas.
 
Las olas son semanas, murmuran
con sus voces de líquenes y helechos.
 
Un pastor lleva cabras a pastar en las nubes,
como sol que agoniza, como el tiempo
 
que suelta sus palabras a comer de mi mano.
Tus ojos serán calles de antiguas soledades.
 
De dos en dos que avancen entre la transparencia
de la luz y el licor, en el himno final del medio día.
 

Lo que destaco de este poema es su ejecución. El encabalgamiento no se utiliza como simple ornamento, sino en favor de la música, los silencios, y el significado. Así, en el primer verso, “Las manos” se convierten, cuando el lector llega a la pausa, en pájaros; mientras que en la segunda estrofa las olas, metáfora del correr del tiempo, se alargan y producen un efecto breve de suspenso (¿Qué murmuran?). El tiempo no sólo está sujeto al plano semántico, también logra tocar el plano sonoro, el lector puede sentirlo murmurar en los labios.

Dividido en dos amplias secciones similares entre sí, “Cantos peregrinos” resulta ser un libro sustancialmente acuático. No importa que en varias ocasiones existan imágenes vinculadas con pájaros, la noche o la amada, pues éstas son utilizadas para nutrir la semántica marina del libro. Las aves, que siempre son albatros, pelícanos, gaviotas, nos recuerdan que el mar también es altura, aire, y que el cielo es un agua detenida. El agua que corre por estos poemas es lunar (nocturna) y por tanto erótica. Acaso los dos puntos anteriores encuentran su mejor ejemplo en el siguiente poema:

 
Esta noche tu nombre recorre el mundo,
cuenta la historia de tu mirada, gaviota que se entrega al vuelo.
 
Habitarás tu cuerpo, los huesos, en un golpe de océano.
 

Estos tres versos evocan la acción de sumergirse: el nombre (lo que da significado al sujeto) vaga, busca un cuerpo (femenino) que lo ciña. Finalmente el nombre se sumerge dentro del cuerpo en un acto erótico. Sólo esta acción última puede dar plenitud e imagen a la mujer amada, de lo contrario el cuerpo del deseo sería un objeto vacío. De esta forma, al final del poema “Muchedumbre” se lee: El deseo es abismo. / Tú el océano.

En su libro “El agua y los sueños”, Gastón Bachelard decía que: El ser que sale del agua es un reflejo que poco a poco se materializa;  es una imagen antes de ser un ser, es deseo antes de ser una imagen. La amada, que en los poemas de Recinos casi siempre es referida en segunda persona, es eso precisamente: un deseo, pero que trasciende a la imagen a través del poema, y luego se convierte en canto:

 
Vivo cerca del mar, con el rostro seco
y los ojos distantes. Vengo del agua,
canto sobre tu cuerpo mineral.

En una plática que tuve con Juan Carlos hace algún tiempo, me decía que el libro llevaba el nombre de “Cantos” porque la idea era cantarle a la mujer y al mar desde su visión de la poesía. La idea de “peregrinos” tenía que ver con que los había escrito en varios sitios de México, y sin más orden que el tema y su propia poética. Yo agregaría a esta explicación que la figura de la amada (el deseo) va mudando tanto de lugar como de forma: unas veces aparece en paisajes abiertos, otras en cerrados, porque la cama de los amantes es también una forma de mar. En otras ocasiones la amada se emparenta con el pájaro, la lluvia, el bosque, el otoño, adquiriendo un nuevo rostro.

Quien tenga en sus manos esta colección de poemas, tendrá un libro de versos cuidados y sostenidos por imágenes potentes colocadas, las más, como remate de cada poema. Estas son las algunas de las que prefiero: Ardo como la noche por tu vientre. Existes porque te nombro y mi respiración / gotea en tu piel. Llama de licor que nace de tu sexo de piedra. Sacúdete la tierra y cuenta las verdades, / después reparte tu cuerpo. Celebro, por último, que la edición de “Cantos peregrinos” que ahora tengo en mi escritorio sea la tercera, antes había sido editado en el año 2008 por Linajes Editores de México, y en 2011 por Toro de Trapo de Perú. Ello, es muestra del alcance que la poesía de Recinos puede llegar a tener en el panorama de las letras mexicanas actuales, siempre en busca de nuevas voces que conserven la fuerza de su tradición.

_________________________

marcoMarco Antonio Murillo (Yucatán, 1986) es poeta. Estudió literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán. Ha publicado los libros Muerte de Catulo y La luz que no se cumple. Estudia el MFA en Creative Writing  en la University of Texas at El Paso.

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