Crítica/Ensayo/Poesía

La visión analógica en Cuerpos, de Max Rojas

Conaculta_Cuerpos_1 (1)

Cuerpos
Max Rojas
Conaculta/Práctica Mortal
México, 2011

 por Iván Camarena  

En la “Nota preliminar” de Cuerpos (Conaculta, 2011), Max Rojas (1940) nos aclara que el proyecto comenzó como “un libro de poemas”, que de pronto, al no alcanzar los ansiados remates que buscaba, se convirtió en “un solo poema” extenso que reflejaba a través de la “lógica poética” de la continuidad y la ruptura, las obsesiones propias que como poeta lo aquejan y seducen. Esto condujo a un poema de gran aliento que, si bien se divide en 6 apartados básicos, es posible leerlo a partir de su tercera sección de forma aleatoria, pues en ese punto, según el autor ya no hay comienzos ni finales. Así también, puede decirse que otro de los rasgos distintivos de Cuerpos,además de la extensión de sus versos y su aparente estructuración sin estructura, son las 651 páginas que lo integran, y que superan por mucho, por lo menos en cantidad, las proporciones habituales que se manejan dentro de la producción poética mexicana. Es así que Cuerpos de Max Rojas, si no nos devuelve a la epopeya en el sentido clásico del término, sí recupera para nuestra actualidad, la voluntad épica del espíritu humano, capaz de enfrentar los grandes retos que lo obligan a expandirse, en este caso, por medio de una ilación de versos sin fin que se encadenan a través de imágenes y resignificaciones, ardimientos y sobresaltos.

Por ejemplo, en el primer apartado, “Memoria de los cuerpos”, podemos leer: “Cuerpos / hay que abolir el tiempo, / regresar a la esfera. // Sólo el círculo salva / y no hay sino la urdimbre fantasmal / de los regresos y los viajes, / las huidas” (21). Aquí la voz que nos habla desde el inicio, es una voz imperativa que nos invita con su mandato a desprendernos de la linealidad del tiempo, y a adoptar la fuga de un eterno retorno que nos permite perdernos y encontrarnos en el ir y venir brumoso de su ilusión constante. Y es que la esfera es el arquetipo que se encuentra detrás de esta imagen de la circularidad, y como tal, siendo un elemento simbólico de nuestro inconsciente colectivo, está llena de trampas, pues la esfera es para Rojas además de “lo eterno, lo cristalino y puro” (24), aquello que podemos reconocer como “lo abisal, / la condición de la demencia, / la sensación de que la nada es todo / y el todo es un señor que muere vuelto nada” (25). Lo que nos lleva al orden de las paradojas y las contradicciones, a la infinita danza de los contrarios y a la secreta ley de las correspondencias, que sólo pueden detectarse gracias a una visión analógica capaz de relacionar desde su punto medio lo uno con lo otro.

Así también, en elsegundo apartado, “Sobre cuerpos y esferas”, puede leerse un fragmento aforístico que dice: “nadie sabe / lo que pesa el Todo que se carga encima” (95). Aquí, en este enunciado, se opone la negación del nadie a la afirmación del todo, buscando de alguna manera la intensificación del sentido a partir de la contrastación de dicho sentido. Sin embargo, esta interpretación más o menos lingüística, más o menos unívoca y segura, es engañosa por limitada, pues nada nos dice de la dimensión simbólica que nos ofrece desde su óptica más equívoca que cierta, la posibilidad interpretativa de considerar ese todo no como una totalidad absoluta, sino como una totalidad relativa y singular, más a la altura de las preocupaciones terrenales del hombre que a la medida indiferente del cosmos.

Por otra parte, en el tercer apartado, “El suicida y los péndulos”, al decirnos Max Rojas: “sólo caer hacia lo más oscuro de lo oscuro señala la victoria, lo radiante, / lo que es cuando dejó de ser lo que era y ya no es sino ninguna cosa” (202), la voz poética afirma que la caída es elevación cuando se alcanza la oscuridad más honda, pues ésta no es otra que la oscuridad que se reviste de un destello radiante en ese momento justo en el que se gana la plenitud del abismo, en cuyas sombras se oculta y revela al mismo tiempo, algo del ser que todavía somos cuando dejamos de ser, y en ese no-ser, somos todavía, aunque sea, la negación del propio ser que se resuelve en la nada.

Siguiendo con esta tendencia a la vacuidad, a la “desmaterialización” de la que nos habla Bachelard, o de la que nos habla Ciorán cuando propone su “infidelidad a la materia”, en el cuarto apartado de Cuerpos, “Prosecución de los naufragios”, Rojas afirma que “las naves que regresan del fondo de la noche / con su carga de fantasmas que reencarnan en formas que asumen proporciones / que asemejan volúmenes compactos / y altamente sólidos”, son en realidad las formas ilusorias de los cuerpos imaginarios, las “ficticias semejanzas que lo irreal otorga a la manera / de una compensación que lo vacío trae cuando decide volver a sus costumbres / pero carece de las formas visibles necesarias / para creer en su existencia verdadera” (304).

En el quinto apartado, “Las escrituras del silencio”, podemos encontrar otro gesto de la desintegración en el desmembramiento de los cuerpos, desmembramiento que nos puede recordar tanto a las prácticas actuales del crimen organizado como a los mitos de Osiris y Dionisio, y que en Rojas se expresa a través del rompimiento de la “atroz melancolía / que se resana las heridas diariamente / y asume su papel de cuerpo roto, / imagen destazada que se ve con la cabeza en la única rodilla que le queda, / el pie derecho sobre el hombro izquierdo, nariz en el tobillo, / ojos vaciados sobre el vientre pero muy alegres de ver / que los planetas siguen en sus órbitas” (426), lo que nos lleva a su vez, a la posibilidad de pensar en medio de este despedazamiento que es primero anímico y luego carnal, en el hombre desasido como un microcosmos en el que se reflejan las leyes incorpóreas del firmamento, pues al vaciar con alegría los ojos sobre el vientre en el que se anuda una buena parte de nuestro sistema nervioso y nuestras emociones, podemos entender este vaciamiento como un estado de éxtasis desde el que se puede contemplar a partir del orden mundano el orden del universo.

Así también, en el sexto apartado, “Separación de los amantes”, encontramos un pequeño fragmento que nos habla de la presencia de la ausencia como otra forma de la dialéctica del ser y no ser, al decir: “mujer amada, / hembra de férreas convicciones que optó por no quedarse / pero, también, por no irse / y el resultado fue una imagen que se queda exangüe, / desvaída, / borrosamente vuelta hacia sí misma / replegada en densa imagen, / denso infierno que en sí mismo se anuda, / se abre,/ devora cuanto cuerpo pasa cerca, / suda, / se cierra como espejo”. En este punto, puede decirse que la presencia de la ausencia se da cuando la mujer amada ni se queda ni se va y en su lugar permanece una imagen nebulosa que sólo se ve a sí misma bajo el tenso halo de la decoloración, mientras que la ausencia de la presencia, se da cuando la mujer se enciende y se llena toda de una lumbre que le abre las piernas que la alimentan con cualquier anónimo que pasa cerca, para después, ya plena, ya satisfecha, volverse a cerrar, pero esta vez no como imagen desvaída o exangüe, sino como espejo que le devuelve su rostro al mundo.

Finalmente, a manera de conclusión, sólo nos queda por decir que Max Rojas es un poeta mexicano mayor, que como cualquier otro maestro de las desmesuras y las sutilezas, utiliza la fuerza de la visión analógica como una de sus principales herramientas para la elaboración de su retórica paradójica, y para la construcción de lo que pudiéramos llamar sin estar muy seguros de ello, una poética de la ausencia, de la disolución y el vacío.

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Iván camarenaIván Camarena Valenzuela (Hermosillo, Sonora, 12 de marzo de 1981) Licenciado en letras y maestro en historia, se ha desempeñado como poeta, editor, tallerista y corrector de estilo. Ha publicado los poemarios Tragaluz no (2002), Cuerpos de quedarse (2004), Lamenavajas (2008), Magdalena desnuda jugando a los poemas (2008), y, Andarlanada (2009). Ha sido ganador del Concurso Estatal de Poesía Alonso Vidal 2003, de los Juegos Florales del Carnaval de La Paz 2006, del Premio Regional de Poesía Ciudad de La Paz 2007, y del Concurso del Libro Sonorense 2008. Actualmente estudia un doctorado en El Colegio de Sonora con especialidad en Globalización y Territorios.

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