Libros/Poesía/Reseña

Sonidos de Canción bajo tu cuerpo

Forros-cancion-bajo-tu-cuerpo-060114-2-page-001

Canción bajo tu cuerpo
Guillermo Chávez Conejo
Centro Cultural Zona Rosa (ZR)
México, 2014
81 p.p.

por Davo Valdés de la Campa

Canción bajo tu cuerpo, tercer poemario de Guillermo Chávez Conejo es una pequeña caja musical. Sus melodías son invisibles y están construídas con el lenguaje. A veces están enunciadas, como una banda sonora nostálgica que suena tenúe detrás de las letras. El libro es también una bitácora de viajes divida en cuatro secciones: “Cartas al frente”, “Bitácora ausente”, “Onades de Juliol” (Olas de julio) y “Jacarandas”, y cada parte danza a un ritmo distinto. Cada poema es la huella de Chávez Conejo por Europa, Marruecos o Centroamérica. Cada huella se convierte, con la lectura, en un sonido o un ároma de esos lugares que el autor vivió. Y digo vivió, porque cada texto se lee de forma descarnada, como alguien que respiró las calles y no como alguien que simplemente visitó una ciudad o un pueblo para luego olvidarlo.

La presencia de la música en el texto es algo confeso. El título, Canción bajo tu cuerpo, lo dice: todos los poemas conforman un canto más grande, una canción que es como un cuerpo o para un cuerpo que es el instrumento que hila la melodía total. Hablar de poesía y música es casi como enunciar un pleonasmo. La poesía no existiría sin ciertos elementos musicales. Ya lo dijo Edgar A. Poe en El principio poético: “música, en sus diversas facetas -metro, ritmo y rima-, es un momento tan vasto de la poesía que no es posible rechazarla sabiamente”. Pero a veces esa presencia es como la de un fantasma evocativo. En Canción bajo tu cuerpo es eso, y también es una presencia viva. La música es parte de los recuerdos de cada viaje, es la memoria que reconstruye el poema. Y por eso no es música ambigua de la que hablo, sino de ciertos géneros que habitan el poemario. Y en este texto precisamente quiero abordar esos poemas que confiesan el ritmo con el que danzan en la hoja.

Cartas al frente

No me parece gratuito que los primeros sonidos del libro sean los de un poema en prosa titulado Saudade. Vocablo intraducible que la cultura portuguesa ha transformado en canción a partir de elementos como el deseo insatisfecho o la melacolía que nutre su literatura neoromántica. Siempre he relacionado el saudade con la pérdida y el adiós. Y Chávez Conejo afirma que ese momento de pérdida: “Es la hora en que estoy más yo que nunca, tan yo que me vuelvo a ti con el rostro sin carne”. Y versos antes también evoca los boleros que “nada alivian”.  Los boleros que en este texto saben a cantina mexicana, pero que también tienen ecos de su origen cubano y a ratos suenan desentonados con el paiaje de Berlín o con la neblina de alguna calle europea bajo la lluvia. El canto al cuerpo pérdido y ausente vuelve a aparecer en Sonata, la siguiente pieza musical del recorrido: “más allá de mi carne y tus huesos/ más allá de mi carne/ más allá de tus huesos/ más allá de mí y tus/ más/ más allá”. El texto parece estar conformado por tres estancias, tres movimientos, como si estuviera incompleta, pero el cuarto movimiento, el que lo convierte en la sonota es el silencio, porque la música calla hasta la siguiente sección del libro.

Bitácora ausente

El boleto que antes no había podído aliviar las penas, vuelve a aparecer, pero esta vez destruido y parece que entonces todas esas canciones que recrea el texto están rotas e incompletas, pobladas todas de silencio, porque parece que el poeta dice que el adiós es la palabra más difícil de pronunciar.  Pienso en Fito Páez y en su “Despedida”: “Algo se detuvo en punto muerto.Y fue tan grande ese silencio, fue tan grande el desamor”. Y veo ecos de ese silencio inmenso, ese mutismo que busca ser llenado con la palabra y con los sonidos de la poesía. En Bolero destruido recorremos el invierno, hasta el comienzo de la primavera a mediados de marzo, como un ritual de despedida. Pero también como un acto de determinación. Uno tiene que seguir adelante.

Marchar al frente
y decidir no morirse
es una decisión irrevocable,

Onades de Juliol (Olas de julio)

Bosa Nova IV, es el poema que inaugura la tercera sección del libro. El texto está compuesto de tres movimientos. El tiempo sigue transcurriendo. La primavera ha dado paso al verano: “Pasa el verano como furiosa estampida de palomas” y más que el tiempo, los lugares son los que se esfuman al sonido. Las personas. Del Mediterráneo a Estamúl y a Jersulem persiste la búsqueda de alguien que se ha ido y de fondo suena esa mezcla de samba con jazz y el texto se vuelve de un lirismo intenso. Al final del poema se nos confirma la soledad con el mismo sentimiento de aislamiento que el Saudade revela al inicio del libro. Más tarde el tiempo parece invertirse con Bosa Nova I. Se trata de un canto que aún sirve como plegaria, no para aceptar que el viaje debe continuar con la compañía de alguien o en la soledad del silencio, sino para asir todavía los gestos y las palabras: “el reloj marcaba la última llaga apetecida,/enumeramos todas las posibilidades: quédate.”

Jacarandas

Los Tres Ases, uno de los tríos más famosos de Latinoamérica, tenían un bolero que se llamaba “Jacarandas”. Su estribillo decía algo así: tu pelo de oro que brilló aquella noche y la luz de tus ojos de jacaranda en flor. Desconozco si dicha cancióne bautizó esta última parte del libro. Lo que es verdad es que la última melodía del poemario se llama Estribillo. Para los que son ajenos al lenguaje poético, el estribillo es un pequeño grupo de versos que se repite al final de cada estrofa como recurso literario. En la música también se ha utilizado y es más comúnmente conocido como coro. Pienso en Estribillo como un mantra que se repite para facilitar la despedida. El mantra es como una oración musical que alivia.

Para ti me preparo,
para pasar tranquilo tu abandono.
No pienso retrasar tu partida,
tu adiós

El recorrido del Yo poético a lo largo de este viaje nos revela la incapacidad de olvidar otro cuerpo. La música, la canción, así como la poesía son formas de recordar. De celebrar o de lamentarse. En este caso es un proceso al que asistimos. Uno que se rehúsa a abandonar la memoria y que más tarde abraza como única salvación. Porque existe todavía una posibilidad después del adiós: “Puede que la distancia nos vuelva todavía/ aun más hermosos.

__________________________________________
309434_10151903646255167_1759395128_nDAVO VALDÉS DE LA CAMPA (Cuernavaca, Morelos, 1988) ha publicado los poemarios Ignoto (Secretaría de Cultura de Morelos, 2013) y Despertar (Astrolabio, 2014). El primero, ganador del Concurso para publicar obra inédita del Fondo Editorial de Morelos. Es columnista de cine para distintos medios. Forma parte del Colectivo La Piedra y del Grumo de Escritores de la Barba Naranja.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s