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La formidable ingeniería

La construcción de lo desagradable - tapa 04

La construcción de lo desagradable
Fernanda Castell
Vela al Viento Ediciones Patagónicas (Libros Fractales)
Argentina 2014
84 p.p.

por Marcelo Gobbo

El tiempo se pasa aquí
donde no hay nada que esperar
porque ya pasó demasiado.
De Fiesta de cumpleaños

El primer Gottfried Benn resuena en mi cabeza desde la primera lectura de La construcción de lo desagradable. Llevo días meditando sobre esto. ¿Se debe solamente a la apropiación de vocablos científicos, de la natural manipulación de metalenguajes ajenos a la poesía que circula mayoritariamente en el mercado editorial? ¿O es acaso porque aquel Benn de Primera Guerra y esta Castell de nuevo milenio comparten un inusual, fulgurante dominio del bisturí poético? Es probable, pero allí donde el doctor Benn acumula cadáveres y pestilencias para nutrir con esa carne hecha carroña a sus gusanos expresionistas, la antropóloga Castell inserta su dedo en psiques y voces que le sirven como espejos resquebrajados en un laboratorio todavía mugriento después de que allí algo sucediera.

Los percas son puercos acuáticos, nunca he visto una pero suenan así. Los puerquitos son tiernos rosados y se duermen tiernamente en la materia fecal de la madre. Si caminamos en el chiquero nos acostumbramos. Los chacinados son exquisitos picadillos de esa carne curada en sal. En el campo los matan con un cuchillo que entra por el cogote hasta el corazón y la sangre cae en unas bateas para hacer la morcilla, muy recomendable para gente con anemia hemorrágica.
Los percas no se comen. Los pescadores despuntan el vicio y si no las descabeza, las devuelven para que sigan aportando al genoma de las percas. Tienen corazones rojos como los de los bebés que se ven en las incubadoras. Aquellos con apenas cinco meses, los médicos salvan contranatural sensibilizados ante el reflejo de prensión –reacción automática ligada a la sobrevida. Digo el dedo del médico y/o enfermera; y todos compungidos extraen ese feto que apenas tiene piel para pasar el invierno y lo meten en esa máquina. Para luego ser sordo ciego y en el mejor de los casos parlante. Yo prefiero el corazón de pollo para un buen risotto.
2-B

Pensándolo bien, también hay algo (o mucho) de Silvina Ocampo, de sus últimos poemas (en prosa y no) y de esa inquietante mezcla entre lo ingenuo y lo perverso de sus relatos. Esa manera imperceptible con que se construye lo real a partir de lo monstruoso, donde nos vemos implicados ahí donde nos creíamos lejanamente a salvo, nos deja un extraño malestar físico. La construcción del lenguaje en su poética es algo tangible: palpamos el paso de la frialdad y la asepsia quirúrgicas a la serosidad y la mucosidad de las vísceras o a lo turbio del pensar y lo ominoso del sentir; y en ese paso, nuestros dedos quedan impregnados de perturbación y asombro, como si acabáramos de leer en braille.
La noche es un cuerpo, sí, / un cuerpo negro / que brilla / solo cuando sangra escribí hace más de veinte años. Podría reemplazar “la noche” por “la poesía de Fernanda Castell” y la estrofa no perdería ni un ápice de veracidad, aunque con dos salvedades. La primera: la poesía de Castells sangra siempre; su escalpelo es de una precisión tan implacable como su desgarrador humor y su sangre es rarísima porque nunca coagula al tomar contacto con el aire. La segunda: encorsetar bajo la etiqueta “poesía” lo que escribe Castell es casi un insulto para su poética. Lo suyo es inclasificable; y esto dicho para bien de aquello que aceptamos como poesía.

La tontera es infinita.
Del infinito a la izquierda y a la derecha del cero contiene en su panza de cal toda la estupidez estadísticamente testeada. De la campana de Gauss es la que mueve el dintel. La hace sonar con soy estúpida conténganme así no me derramo sobre ustedes (por pudor) la estupidez no es contagiosa es mortal.
Laguna M

¿Prosa poética? ¿Diario en clave hermético-científica? ¿Antropología autobiográfica o autobiografía antropológica? ¿Historias de locura ordinaria narradas por una versión femenina de David Cronenberg? Todo y nada de eso. Una entomóloga aficionada que dio con el fascinante insecto de su vida. O de su mente. O, para ser más certeros, de su alma. El personaje de “La metamorfosis” de Kafka devenido poeta (mujer) autoconsciente, dispuesta a dejar el bisturí y a abandonar el cascarón nada más que para abrazar su maternidad. Buen insecto, gran poeta, tal vez mejor madre. La misma progresión puede aplicarse al libro. Sobre el final, la maestría del lenguaje hunde su filo en el corazón.

Ovillo de sangre y sudor llegó destemplado
sin pretender organización
Ovillo revuelo. Mitocondrial usina
de lo telescópico
No hay amor que ligue tanta inconsistencia.
De Fiesta de cumpleaños

¿Construye lo desagradable? Sin duda. Y así logra que comulguemos con cada andamio de esa obra. Lo extraño es que lo desagradable termina resultando fascinante. Los textos de Castell nos provocan una curiosa, insospechada ansiedad de releerlos. Con el tiempo, nos volvemos adictos a su manera de reubicar los sentidos y tras quemar el vademecum clamamos por más. Leer su libro es una experiencia que enlaza lo corpóreo con lo mental casi sin intermediarios. Es por eso que cuando lo sentimental aflora se siente como algo digno de capturar entre dos cristales bajo el microscopio. Y de seguro advertiremos la presencia de algún germen.
El dominio de la forma es tan virtuoso como el de su intransigencia. Castell repite aquello de “no hay lugar para los débiles” reconociendo ante todo su propia debilidad. Su carne, su corazón, su lengua, no tienen espacio en ese mundo de fuertes. Y, paradójicamente, sobre ese reconocimiento yergue su fortaleza. Nosotros, los lectores, leemos entre absortos, extasiados e incrédulos, suponiéndonos ajenos o al margen de semejante exterminio. Cuando llegamos a la última página llevamos varios versos y párrafos aceptando que figuramos entre las bajas y que Castell escribe con el microscopio apuntando también a nuestros gusanos.

Dicen que todos los amantes son unos caballeros
Que llevan flores y ojales por donde brota algo parecido a la linfa
En caso de desencuentro, si brotan, las lágrimas son ungüentos antihistamínicos. Ya no quedan las orquídeas de los martes…
De De cómo le rompieron los cuatro tabiques

Fernanda Castell declaró en su muro de caralibro: “me tengo harta. ya me lo avisé”. Es una de las cosas más amables que ha escrito. Ojalá no se harte nunca.

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Marcelo GobboMarcelo Gobbo es escritor, realizador televisivo y cinematográfico, músico y docente. Ha escrito ensayos, poemas y relatos, algunos de los cuales han aparecido en diversas publicaciones de Buenos Aires y del interior de la Argentina, en un libro editado por la Universidad de Pittsburg (sobre Ricardo Piglia) y en diversos sitios de internet, además de tener dos novelas rigurosamente inéditas. Creó una publicación sobre literatura, cine y música, fue coordinador y docente en la escuela de cine Aquilea, trabajó como editor, libretista y realizador en varios canales por cable dedicados a la educación y compuso música para comerciales, videos y teatro. El Camarote Ediciones publicó su libro de relatos Barbarie y civilización y Ediciones De La Grieta el volumen Contra la fatiga del arte. Notas sobre cine, literatura y otras yerbas, ambos en 2012.

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