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Visiones de la patria muerta, de Nadia Contreras

Visiones

Visiones de la patria muerta
Nadia Contreras
El humo
Colección el Ojo cautivo
México, 2014.
42 páginas

Por Fernando Pérez Valdez

Acercarnos a la obra de Nadia Contreras, nacida en la pequeña y pintoresca población de Quesería, enclavada en las faldas del nevado de Colima, es ―por decir lo menos―, fascinante.

En Visiones de la patria muerta, Nadia Contreras nos muestra en un formato nada convencional para un poemario (un marco de referencia, a veces en forma de nota periodística, en otras en forma de un texto clásico), con lenguaje poético certero y contundente, otras visiones, otros mundos, otros enfoques. Nos hace ver lo que no está a simple vista.

No es la denuncia fácil, burda, chocante, grosera, predecible. Es una denuncia sutil que mueve, que remueve, que conmueve. Es la denuncia del horror, de la muerte, de la tragedia. Nos sumerge en el bajo mundo del narco, donde las escenas escatológicas son la rutina cotidiana. Un mundo en el que, nos dice la autora: “el abismo acolchona los sueños y el diablo no existe”. Y concluye: “nadie cree en nada”.

Su poesía desgarra y desangra la vida misma y nos presenta a un ser humano reflejado en el espejo de las más bajas pasiones: “Eres carne del mejor postor”, señala enfática. Nadie se salva de sus tajantes señalamientos, nadie sale ileso de su aniquilador escrutinio, nadie es mejor que los demás: “Todo el mundo ─nos dice la autora─ hace daño alguna vez”. La poesía de Contreras nos hace enfrentarnos con nuestros miedos más hondos, más profundos, más escondidos, como aquella de: “aguardar la muerte, requiere valor”. Sus poemas nos muestran a una sociedad presa de esos miedos, viviendo en una constante incertidumbre, prisionera de sus propios temores. La misma autora no escapa a este miedo: “Los poemas se desacoplan en el pánico”, nos confiesa con una gran dosis de autocrítica.

Los miedos van más allá de lo imaginable, de lo comprensible, de lo expresable: “¿Y si Dios se negara a recibirte?”, es la pregunta agónica de alguien que ya lo ha perdido todo. Aunque, en un atisbo de compasión, la autora nos permite un último respiro: “La esperanza es eterna”, dice casi como una súplica. El dolor está presente de manera permanente en sus textos, que nos hablan de desolación y muerte: “Bajo sábanas de sangre, cuerpos”, es el retrato vivo del horror de la violencia irrefrenable, de la tragedia cotidiana. La visión de esta escritora colimense-coahuilense, es la visión de un país desgarrado, aniquilado, ultrajado. Su visión es extrema.

Al titular su obra como Visiones de la patria muerta, no lo presenta como una nación herida o quizá moribunda, sino como un país que ya pasó a mejor vida. Faltaría preguntarnos si, como un ave fénix, esta patria muerta podría revivir de sus cenizas. Sin embargo, la autora nos hace ver que la crisis nacional no está desligada de conflictos internacionales, en los que las grandes potencias ultrajan y pisotean.

Después de leer la obra de Nadia Contreras nada es igual. Ya no puede verse el mundo y sobre todo, nuestro país, de la misma manera. Sus textos nos cimbran desde los cimientos y nos hacen reflexionar. No podemos quedarnos tranquilos, no podemos volver a estar en paz como antes. Y ese es, justamente, el gran valor de obra literaria de Nadia Contreras. Jorge Volpi, destacado escritor mexicano, nos dice que un buen libro “a unos los podrá convencer, a otros los podrá irritar, pero no va a dejar a nadie indiferente. Esa ─nos dice el autor─, es una de las mejores cosas que uno se puede encontrar en un libro”.

Pareciera que Nadia es una escritora insatisfecha con su país, pero tan sólo es la portavoz de la insatisfacción de otros muchos miles, quizá millones de ciudadanos, que ven a nuestra patria muerta. El gran escritor italiano Giovanni Papini ha dicho: “el poeta que estuviera satisfecho del mundo en que vive, no sería poeta”. Quizá ─y esto, debo acotarlo, es una apreciación personal─, quizá sea esa la razón última por la que Nadia escribe.

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ReseñistaFernando Pérez Valdez (México, 1956) radica desde hace más de veinte años en Querétaro. Desde el 2008 se dedica de tiempo completo a la literatura, especializándose en novelas históricas, principalmente de los siglos XVI al XVIII.
Es egresado del Diplomado en Escritura Creativa del Claustro de Sor Juana. Ha sido alumno de la Escuela de Escritores de Madrid, España y de los talleres de creación literaria del maestro Arturo Santana, auspiciado por el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y de la maestra Verónica Llaca, del Centro de Arte y Cultura de Querétaro. Ha sido alumno de los escritores Ezio Neyra, Raquel Castro y Lauri García Dueñas. Es miembro de la Historical Novel Society y de la Red Mundial de Escritores en Español. Ha publicado las novelas: Morir en Japón (2010), basada en la vida de fray Bartolomé Laurel, primer mártir de Acapulco y primer mártir beatificado de la Provincia Franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán; Espinas (2011), en la que aborda la vida de fray Antonio Margil de Jesús”, fundador del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de la Santa Cruz de Querétaro y a quien se atribuye al árbol de espinas del Convento de la Cruz; Siempre adelante (2013), recapitula vida del beato fray Junípero Serra.

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