Crítica/Libros/Poesía/Reseña

Trazo en sesgo de la noche, de Luisa Fernanda Trujillo

trazoensesgolanoche

Trazo en sesgo la noche
Luisa Fernanda Trujillo
Colección un Libro por Centavos
Universidad Externado de Colombia
Colombia, 2012

por Lucía Estrada

Entre los libros publicados en la bella colección de la Universidad Externado de Colombia, Un libro por centavos, en su número 81, esta antología personal de Luisa Fernanda Trujillo nos llega como una bocanada de aire fresco. Y no es un lugar común decirlo, puesto que en verdad se siente en estas páginas correr ligera, leve pero honda la voz siempre inquietante de la auténtica poesía. En este libro, Luisa Fernanda nos presenta una selecta mirada de su obra más íntima y el lector percibe ese trazo que sesga la noche de sus silencios y de sus palabras. Gesto que invita a entreabrir espacios de intensidad secreta y plena, de contemplación y transparencia en medio del país del ruido, del afanoso discurrir que los días nos imponen.

Sin duda Luisa Fernanda ha sabido apropiarse de un lenguaje muy eficaz para decir su mundo, para expresar los matices más efímeros pero preciosos e irrepetibles que la vida cotidiana y la propia interioridad de su ser van revelándole en ese trasiego ineludible entre lo real y el sueño, entre la verdad y la apariencia, entre la alegría de vivir y el dolor del tiempo que pasa, entre el habitar el instante y el devenir de las cosas. Su poesía nombra eso, nos abre los ojos ante esa fugacidad y esa permanencia. Pero al mismo tiempo nos reconcilia en la intimidad de una palabra justa, precisa, necesaria.

En esta poesía las palabras apuntan siempre -como ella misma llegó a reconocer cuando presentó su libro en Medellín-, a la visión soslayada pero no evasiva de las cosas, de los momentos, las experiencias que la poeta va atravesando, porque la focalización de un mirar ya predeterminado del mundo agotó sus posibilidades, y se hace preciso expandir la visión desde ángulos nuevos. “No siempre es vigilia la de los ojos abiertos”, escribió una vez Felisberto Hernández, y es justo el sentido que la poesía de los ojos entrecerrados de Luisa Fernanda, sesgando las primeras nociones y reflejos, busca encontrar y descubrirnos.
“Unos pasos a deshoras / y el porvenir / sesgado // tundra de galopes son mis ojos cuando / al mirar adentro / el desalojo llega / y pierdo / el nombre de las cosas // Traslúcidas las horas me acompañan (…)” (P. 26 – Sesgo)

No obstante, cada poema nos entrega el azoro, la verdad de una constatación directa y fluida de la vida sin ambages, en su puro límite, en su desnudez. No hay esguinces, no hay disfraces, no hay metaforizaciones inútiles. Lo esencial se hace visible en cada verso, desde el recogimiento, desde el misterio de su ser, como la flor de Coleridge que al despertar, aún llevamos en la mano. Así el poema, vestigio de ese misterio:
“rasgan las palabras / queman las voces en un aquelarre / de silencios // nadie escucha su ardor entre las ruinas / nadie advierte del vuelo de cenizas / en la noche / pequeños rastros de memoria / ensartados en el aire que respiras (…)” (P. 33 – Vestigio)

Se suele hablar hoy, tal vez con cierta arbitrariedad, de una “poesía de la experiencia”, y es posible que esa denominación trate de acomodar según sus deseos, la validez de una poética reducida al registro factual, exteriorista del mundo, como si la “experiencia interior”, tal como la expresó Rilke, no fuera también parte de lo real humano, como si sólo una pretendida objetividad pudiera sustentar la palabra poética. En Luisa Fernanda Trujillo podemos comprobar precisamente cómo fluye en su lenguaje tanto el registro, a veces fragmentario de esa experiencia de lo exterior, y al mismo tiempo, el venero de su intimidad, de una experiencia subjetiva tan intensa y vital que en nada se diferencia de las demás. El sesgo que la poesía de Luisa Fernanda traza sobre el mundo no es el que borra, el que oculta, el que aleja la visión de ese mundo, sino el que descubre su otro rostro, el que señala su auténtica naturaleza y nos acerca a ella, nos prenda, nos toma, nos deja asidos a su sustancia:
“(…) he rasgado el canto en el silbido del pájaro / encarado la muerte aferrada a un nido / sin paja / sin techo // tras las tapias ocultas de la noche / repito el eco del asombro / mientras las voces / callan” (P. 36 – Asida)

Tan válida la experiencia de la interioridad como la vivencia inmediata de las emociones que también sabe compartirnos Luisa Fernanda en este libro hecho de instantes diversos, no sólo de extrañeza, soledades despojamientos, sino también de esperas, de hallazgos y encuentro con el otro, con la vida sin más y el amor, incluso el amor:
Como una luz a lo lejos en una noche oscura / como la primera chispa de un fuego que se inicia / como un aviso de luciérnagas al atardecer / como un gato vagabundo salido de la noche // Llegaste. (P. 9 – Aviso)

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Img_estrada_luciaLucía Estrada es una poetisa, nacida en Medellín, Colombia, en 1980. Formó parte del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Medellín entre los años 2003 y 2007. Miembro del comité editorial de la revista Alhucema de Granada (España). Sus textos han sido traducidos al inglés, alemán, francés e italiano y difundidos en diferentes antologías de Colombia, Costa Rica, España, México, Chile, Perú y Venezuela.Ha publicado el libro de poemas Las Hijas del Espino.

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