Poesía/Reseña

Inerme y sin paraguas ante esta tempestad

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Tempestad en la Floresta
Carmen Inés Perdomo
Colección Flor de Ángel
El Ángel Editor
Quito, 2013

Por Lucrecia Maldonado

Tu llanto se diluye en mis manos
como música de cristales.

¿Cómo decir esto de otra forma, y provocar el mismo efecto? ¿Cómo, desde ese ser receptivo y diáfano que es la mujer que escribe estos versos? Esa es una de las muchísimas magias que la poesía puede hacer, al transcribir momentos, pequeñas imágenes como diamantes engarzados en plata lunar, al convertir instantes en tesoros y vivencias individuales en arquetipos universales.

La noche persiste en el rocío.

Toda mujer que escribe poesía hace magia. Maga. Bruja, en su antiguo significado de mujer sabia, que profundiza en los misterios de la vida, que ahonda en los ciclos de la naturaleza y los ama y lo respeta como el ciclo lunar natural de su propio cuerpo. Toda mujer que escribe poesía hace rituales en donde se conjura la soledad esencial de cualquier ser humano, el miedo al ciclo de la existencia, la rabia por la soledad no comprendida.

Soñar con pájaros en esta lluvia
despierta la flor enjaulada.

Flor enjaulada, mujer en el mundo patriarcal. Carmen Inés Perdomo teje de pequeños versos, de breves poemas, la esencia de una feminidad más allá de cualquier fragilidad o temor. Miniaturas de acerada fortaleza interior, sus palabras entretejidas se vuelven espejo y eco de otros corazones femeninos, arquetípicas imágenes de alegría y de dolor indivisible e insoluble, inseparable entre sí.

Me introduzco en el fracaso del día y las caracolas

Tal vez porque ella sabe que en el fondo los hilos del fracaso no son más que una parte de la trama de la existencia. Como toda mujer que ya ha sido herida por el anhelo incumplido y marcada por el estremecedor reto de la maternidad, Carmen Inés comprende que cada minuto se puede volver una aventura, que cada célula es un universo, que en cada abrazo se juntan dos historias de siglos.

Retazos de música
caen entre mis dedos.

Hay un tenue sabor a nostalgia, a tristeza por lo perdido y nunca más recuperado. Pequeñas y preciosas metáforas, pinceladas de color en medio del rumor de lluvia que pueblan sus palabras. Carmen Inés se acerca al lenguaje con la reverencia de quien lo sabe sagrado, digno del mayor respeto posible porque fue el instrumento que los dioses proporcionaron al género humano para comunicarse con ellos. Conoce el poder de las palabras como instrumentos de vida y también de muerte. Pero ella ha optado por la belleza, por la imagen de la lluvia que también puede ser llanto y como el llanto auténtico y la poesía ayudar a entender y aliviar el dolor inconmensurable de estar vivo, como declara Rubén Darío.

He lanzado mis sueños  sobre el campo como hojas secas.
Olvido mi nombre y mis pasos

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foto-lucrecia-maldonado11Lucrecia Maldonado nació en Quito (1962). En su ciudad natal estudió Literatura y Educación. Ha trabajado sobre todo como profesora de Lengua y Literatura en enseñanza media, y también en producción radiofónica y educación popular. En literatura ha cultivado primordialmente la narrativa, publicada en cinco libros de cuentos y cuatro novelas. Sus textos Salvo el calvario (novela, 2005) y Bip-bip (relatos, 2008) obtuvieron respectivamente los premios Aurelio Espinosa Pólit y J. C. Coba. También ha publicado poesía y ensayo. Su libro de poesía Ganas de hablar (poesía, 2005) estuvo entre los tres finalistas del concurso Jorge Carrera Andrade de ese año.

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