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En agua rápida o el estruendo del silencio

-en-agua-rápida

En agua rápida
Alí Calderón
Valparaiso Ediciones
Granada, España 2013
101 p.p.

por Gustavo Osorio

El poemario En agua rápida de Alí Calderón publicado por Valparaiso Ediciones discurre por la evolución de una voz que se va afinando cada vez más; en esta instancia me gustaría enfocarme en la parte última de este devenir poético.

Existe una línea conductora en la poesía de este apartado: el silencio dice demasiado para ser obviado. Este fino vaso conductor mueve al poema; lo vitaliza. Es el silencio operando entre distintos programas del caos: el amor antepuesto a la angustia – el miedo “que lacra, trisca y lepra” – que a su vez se interpela con la violencia – el silencio como un “sarcoma, carcinoma” que envuelve al yo y hace metástasis hacia el mundo – ; en todos estos campos de significado encontramos ese fino elemento que parapeta al yo  y que a la vez lo mina y cala hondo; es el silencio que precipita la caída, que alumbra el abismo y, a la vez, que produce el insuflo invisible con el cual el cuerpo regresa a tierra firme; es un silencio total, ambiguo, oscuro.

Hay que adentrarse a ciegas para calar en “lo oscuro mediante lo más oscuro”, dice el poeta:

Ahora que tu nombre está rodeado de polvo y de mutismo
que no mudarán en carne mis palabras nominándote
que presagio serás inacabado
y no habrás de aparecer de pronto si te pienso
ahora justo ahora
ahora
me quiebro

Es así un primer esbozo del silencio en las palabras al que apela Calderón, aquel más profundo que el silencio del vacío; es el silencio de la impotencia para compaginar la palabra con el mundo. En este trazo de un puente invisible se gesta el devaneo entre el silencio y la oscuridad; el silencio es la noche más cerrada de la palabras que no encuentran el amor, retomando las palabras de Calderón:

Me anochece y callo tu nombre y digo:
No puedo más estoy desecho angustia

El yo se desvanece en la penumbra – físicamente se desdibuja – pero paralelamente se oscurece también su voz. Lo anterior magistralmente se consigue no sólo a un nivel de significado, sino también formalmente: la sintaxis alterada, la atinada selección de cada vocal, de cada “oscura palabra”, matizan al poema para alcanzar también los grados de claroscuro dentro del ámbito plástico-fonético. La interconexión entre ambos campos – sonido y sentido – extrapolan el contenido y la disforia de cada poema; hacen el abismo del silencio más hondo y oscuro.

Me anochece y callo tu nombre y digo:
No puedo más estoy deshecho angustia

El silencio encuentra su piedra de toque en el Otro, aquella figura que se intuye en la oscuridad, pero que apenas es perceptible, dice Calderón:

El movimiento es sólo y es apenas
un destello invisible en el silencio.

De nuevo se median los campos de significado del Silencio y de la Oscuridad, pero extrapolando la distancia entre otros dos ejes: el yo y el Otro. Son más densos y ásperos, más crueles y totales, más perfectos, el silencio y la oscuridad cuando se comparten porque duelen el doble.

Y en crescendo, se volatiliza el silencio y la oscuridad hacia una perspectiva colectiva. En “Piedra de Sacrificio” el poeta ensaya conectar ambos campos con la violencia – campo que engloba a la sociedad mexicana en este principio de siglo – abriendo una vertiente poco recurrida en nuestra tradición mexicana; la de la denuncia ante la boca que no profiere sonido alguno ante el desgarramiento de lo humano. Para conseguirlo, Calderón recurre al desdibujamiento de los planos temporales para homologar presente y pasado; desde los tributos aztecas hasta las fosas michoacanas el silencio y la violencia son constantes, como Paz lo entendía, el tiempo y el espacio se configuran a manera de espiral.

Nada queda entonces ante la oscuridad y el silencio, esta disfórica impotencia toca al lector y lo mueve, cimbra su mundo y tiende un oscuro manto sobre él cuando el poeta profiere:

Nada fui sino muerte entre las manos
Nunca podré colmar este silencio

Pero, a la manera de un claroscuro de Rembrandt, deja un resquicio de luz, una última oportunidad de vencer el silencio, de colmar al mundo de luz y poesía, de salvarse a sí y al mundo, de aspirar a la palabra,  y sentencia:

Si por fin lo dijera
(…)
ella en oculta música
asoma en el poema se aproxima

 Es Dante sumido en la oscuridad perfilando la luminosa presencia de Beatriz, y por un momento, eres el lector que se reconoce oscuro, en la oscuridad, oscuramente siguiendo el claro filamento de cada palabra.

__________________________________

Gustavo-OsorioGustavo Osorio de Ita nace en Puebla en 1986. Obtuvo el Premio Filosofía y Letras, de la BUAP, en el área de Poesía en 2008. es Maestro en Literatura Mexicana y traductor del Grupo µ.

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