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Hábitat, de Dana Gelinas

Dana

Hábitat. Antología personal 1991-2011
Dana Gelinas
Versus / Posdata Ediciones
México, 2013.

por Luis David Palacios

En las artes plásticas hay una regla para ver los objetos con la justa amplitud: la distancia debe ser el triple de su tamaño. Esta directriz se convierte en la pauta donde Dana Gelinas desdobla una voz dirigida hacia el exterior pero que no deja de ser íntima. El distanciamiento del objeto le permite entrever la singularidad en lo cotidiano, establecer una relación con el lector y denunciar la inexactitud del mundo.

La reciente antología, Hábitat, muestra el trabajo de Gelinas, desde la década de los noventa hasta el 2011, en cinco libros: Los trajes nuevos del emperador, Boxers (con el que obtuvo el prestigioso premio Aguascalientes), Altos hornos, Poliéster y Bajo un cielo de cal. Sus poemas se sitúan constantemente en escenarios abiertos, nada detiene la enunciación del mundo, todo grillete ha sido eliminado. La libertad es el fin último de cada verso, por esta razón, creo, Gelinas prescinde de algunos elementos tradicionales de la poesía, por ejemplo el metro, pues en ella una medida rítmica sería solo el vacuo resonar de un compás que nada dice del universo en sus ojos. La perspectiva juega un papel fundamental, es la herramienta básica con la que se consigue la comunicación de significados vitales. Un matiz cotidiano tamiza su locución, su tratamiento temático, su simbología. Los dos poemas iniciales de Hábitat recalcan esto junto a otro elemento constante de su obra: el carácter testimonial. El artista, como decía Heidegger, es el origen de la obra y la obra es también el origen de él mismo. El testimonio de Gelinas es el círculo donde la visión individual se solidifica con los ingredientes de su entorno.

Los trajes nuevo del emperador es un muestrario de personajes y villanos. La denuncia social sostiene el andamiaje de donde penden los poemas. Cuadros de la realidad, sucesos históricos modelan la visión del testigo, iluminan la redondez absurda que nos contiene. En tal escenario conviven Michael Jackson, Pinochet, Terminator, Díaz Ordaz, Godzilla con una naturalidad aceptable por verdadera. Cada poema muestra un rincón de nuestra percepción segada por la costumbre. El uso de la tercera persona distancia al lector pero beneficia la multiplicidad de tonos y perspectivas con las que se pone el dedo en las llagas de la sociedad. El libro muestra a un ciudadano del mundo, se pasa de oriente a occidente, de país a país, de personaje a personaje sin una ruptura del discurso.

Boxers es un libro triangular. El interés de la coahuilense por los temas universales se resuelve con la mitología griega, la visita a un centro comercial y el amor. Esta mezcla insólita cambia la configuración usada en el libro primero. Ahora es más sencillo para quien lee vincularse con los poemas pues el espacio, aunque cambia de página en página, es siempre un lugar común para comprar. Ahora una melodía en primera persona evidencia las maneras contemporáneas de hacerse del amor, el ritmo del poemario es una alegoría sexual, el significado se ciñe al vacío de nuestra sociedad donde la soledad es tapiada con artículos para conseguir la belleza y, paradójicamente, no con el amor. Cupido, Victoria secret, Uranus le sirven a Gelinas para hablar de la soledad y el enajenamiento, el sexo y la feminidad.

Altos hornos condensa las operaciones de los dos libros anteriores. El distanciamiento y la cercanía son una red de significado que se deja caer sobre un pueblo demacrado. Aparecen episodios anecdóticos y recuerdos, recursos poco explotados antes:

Volví al hogar,
a la ciudad que funde los rieles de los trenes,
y perdí el apetito.

La metáfora reclama la batuta del poemario mientras que el ritmo es un espejo del enfrentamiento entre los dos modos discursivos: distancia y cercanía. Este binomio es la danza donde el ritmo ondula con versos sostenidos en el tiempo y otros que caen con rapidez:

Tardó más de dos horas en producir aire respirable,
quise llorar de asfixia,
quise gritar,
y entonces entré nuevamente a la regadera con la bata de baño puesta
y con la toalla húmeda como turbante…

Hay pesadumbre y vacío, el paisaje es desolación. El campo semántico refleja la deshumanización industrial por la actividad desarrollada en el pueblo; abundan palabras que remiten a ese contexto: óxido, acero, hidrógeno, oxígeno, ingeniería, níquel, tracción. El lenguaje científico está volcado sobre el yo lírico, esas palabras recaen sobre su persona:

‘‘Mis ojos volvieron a perderse en la gimnasia compleja
de las ondas expansivas
que golpean retina y cerebro
para ser testigos mudos de la creación del acero.’’

‘‘Y yo sé dónde se esconden:
En el césped de mi casa,
en mis libros, en la madera de las puertas,
en el centro del tallo de mi cerebro.

Allí permanece el azufre’’.

La poza de la becerra, el otro poema del libro, rezuma otro tipo de desolación: el desierto. El paisaje se vierte en el plano fonético-fonológico, predominan en él, vibrantes y oclusivas:

En medio del desierto salobre
bajo el peso del sol,
hace millones de años
fue atrapado un fragmento de mar,
y formas de vida que no existen en Groenlandia
ni en Tíbet.
La taxonomía tradicional se resquebrajó
como los maderos de las arcas antiquísimas
al ser libradas del musgo lodoso del lecho de los ríos.
Nuestros cíclidos sobreviven a las eras.

Me parece que en este libro Gelinas alcanza una cúspide de su trabajo, un tono exacto y emotivo.

Por otro lado, Poliéster y Bajo un cielo de cal se tocan en varios planos a un grado tal que pueden unirse. Por momentos se transforman en una reflexión sobre el tiempo y Dios. En Poliéster aparecen reminiscencias de Boxers, poemas como: Artículos para caballero, Islas del departamento de belleza, El sueño de los justos dan cuenta de ello. En el resto algunos poemas remiten a los cuatro elementos, aunque predominan las referencias al agua: El kiosko, Agua, Támesis, Jardín de asbesto. En la última sección de la antología, Bajo un cielo de cal, encontramos pensamientos similares, en Lápida para una mujer liberada, se recuerda la simbología grecorromana mientras que Venus, La calle de las novias y Óleo de señora dirigen también a Boxers. Los últimos tres poemas cierran ese círculo planteado desde Poliéster, aparecen de nuevo Dios y el tiempo.

La obra de Dana Gelinas parte de elementos muy definidos que se desarrollan libro con libro y responde, como es común, a la necesidad de plasmar el mundo pero en plena congruencia con sus pulsaciones más íntimas, no es la repetición automática del ejercicio poético. El uso de procedimientos similares, el manejo de la perspectiva dan coherencia y un sello distintivo a su trabajo.

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Luis DavidLuis David Palacios (Los Mochis, Sinaloa, 1983). Poeta, músico, ingeniero. Estudió composición en música popular contemporánea, ingeniería electrónica y termina la licenciatura en letras hispánicas en la UNAM. Fue becario de la Academia Mexicana de Ciencias y realizó estancias en centros de investigación como el (CINVESTAV). Ha colaborado con universidades pioneras en la música contemporánea en México (Universidad Libre de Música, Fermatta), diseña planes de estudio y tiene varios libros publicados sobre armonía, jazz e improvisación. Algunos de sus poemas aparecen en la reciente antología de poetas sinaloenses Canto a la sombra del venado (2013) y en este mismo portal que también recoge otros trabajos críticos.

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