Crítica

Fragmentariedad significativa nula en Diorama de Rocío Cerón.

Portada Diorama-T189-UANL

Diorama
Rocío Cerón.
UANL / Tabasco 189 Ediciones.
México, 2012

por Gustavo Osorio

El poemario Diorama de Rocío Cerón representa un entero intento por  reformular el texto poético desde la perspectiva formal mediante la insistencia en la fragmentación; el problema precisamente es que sólo se queda en ello, en un intento, en manera alguna un logro.

La primera sección, denominada “PIN HOLE” recurre a la instauración de cierto tipo de enumeración, donde los segmentos secuenciales se manifiestan como entradas de corte definitorio (semejante a la fragmentación a la que obedece un diccionario); en este orden, el recurso tipográfico de las cursivas intenta plasmar haces conceptuales que se desarrollan mediante el eje pre-textual de “13 formas de habitar una esquina”.

Si bien el elemento programático paratextual incide ya en un cierto conflicto antitético –  o a lo menos en el plano del desarrollo conceptual o plásmico –  el desarrollo de la sección no facilita el camino: se vuelve, tanto tipológicamente como en el espacio de cada poema en prosa, relevante un lexema determinado, pero no se consigue hilar una consecución lógica que permita hablar de una secuencia o progresión; tampoco existe una cadencia que permita reconocer un ritmo ulterior u oculto; y bien si por caso pudiera objetarse que el fin es mostrar la fragmentación misma como un elemento constitutivo de “lo real” tampoco tenemos un asidero de contraste: se respeta el ordenamiento lógico-sintáctico pero no su extrapolación hacia la secuencia-lógica del corpus de la sección. La fragmentación no se vuelve comprensible, – o en todo caso “no se siente” pues pareciera que no existe el mínimo trait d´union –  ergo no se muestra ni se revela como poética; más bien raya en la azarosa combinatoria carente de proyección semántica profunda. Para dar noticia de los fragmentos debemos tener clara la pre-concepción de la existencia de un todo (una Guerra Civil Española para un Guernica de Picasso) el cual se altera y se fragmenta; los textos de “PIN HOLE” no recuperan – ni siquiera atisban – la mínima parte de cualquier todo.

En torno a la sección denominada “SOBREVUELO” podemos advertir, en una primera lectura,  que se retoma una forma poética acorde al versículo, matizada también por recursos del diálogo y de la distribución espacial significativa mallarmeana (todos elementos contrastantes con la disposición aproximativa al poema en prosa que permea a “PIN HOLE”); hay entonces una mutación formal, pero el yo lírico se sostiene en la ininteligibilidad mediante la carencia de referentes. En este caso podemos sustentar la hipótesis desde la perspectiva formal: se opta por el uso indiscriminado de enumeraciones con o sin signos de puntuación en textos del poema, por ejemplo en “Detalle de placa rotativa (sección)” formula una enumeración de la siguiente manera:

camisetas estampadas baratas células cuerpos galaxia
cápsulas vitamínicas minerales dictaduras/ (pág. 36)

y más adelante recurre a otra enumeración, persiguiendo el mismo motivo de velocidad mediante la acumulación sustantiva, pero esta vez haciendo un uso “gramaticalmente correcto” de signos de puntuación:

Entonces todo, o casi todo, es conspiración, almacena-
miento de primeros consejos, espesura, mano tendida,
pupila que dilata siglos. (pág. 40)

o también, en caso paralelo, los cambios tipológicos que no responden a isotopías (campos redundantes de significado, como lo entendía Greimas) definidas; por ejemplo en el caso de “Cumbres – Tercer Sector –“ el uso de cursivas, marcadas por señaladamente en la recurrencia de “Pleura”, esbozan en primera instancia un sistema semejante al ocupado en “PIN HOLE” (un intento por recurrir a la “definición poética” de determinado término marcado por una diferencia tipológica), pero la inserción de una segunda voz en el discurso (pág. 34, verso 20 de la sección) imposibilita la generación de un diálogo sostenido; se pierde entonces la dimensión significativa del cambio tipológico y no pasa a ser más que un adorno.

Ambos ejemplos muestran que el hipo-código generado por el texto mismo carece de una auto-regulación: no hay, retomando conceptos de la estilística y la neo-retórica, una armonía en el sistema de desvíos que presenta el poema, lo cual nos lleva a la imposibilidad de generar reducciones a dichos desvíos (la ininteligibilidad es precisamente esa imposibilidad de reducción); y aún más, esos cambios a discreción – los abruptos virajes con los que puede o no contar un poema, pero de llevarlos a cabo deben de implicar un contenido – no suscitan un cambio en el lector; al ser holística y totalitaria la fractura – al ser universal la dispersión – permanece sólo la confusión del no-entendimiento y no la confusión causada precisamente por un programa interno del texto mismo; la fragmentación se torna un mero accidente y en el poema incluso el accidente debe de estar meditado.

En “CIENTODOCE” se postula la construcción versal mediante dísticos que simulan una especie de diálogo (debido a los cortes sintácticos y el cambio tipográfico), sin embargo no se puede generar una distancia que identifique la escisión entre las voces líricas presentes puesto que se rompe aleatoriamente la sintaxis sin que exista una carga significativa detrás del corte mismo; de nuevo estamos ante una aparente “accidentalidad” en la selección de los cortes que no genera un verdadero metataxa (un desvío programado por la ruptura con la sintaxis, el cual tiene una carga semántica) sino una aleatoria disposición de versos inconexos.

Finalmente, en “CUERPO VIBRATI” se tiende plenamente hacia la fragmentariedad, esbozada en las otras tres partes anteriores del poemario, mediante la recurrencia a la supresión del yo lírico, el manejo múltiple de planos tempo-espaciales y la simultaneidad de voces. Pero el conflicto con la disasociación total es precisamente este adjetivo – que resulta total – el lector intenta reconstruir un todo a partir de los fragmentos pero está desprovisto de mínimos vasos comunicantes para lograrlo; la comprensión de las partes no devuelve hacia algo más amplio o profundo, la ruptura es no-significativa.

Si un “diorama” intenta formular una representación de determinada escena donde se escoge como punto focal una figura humana o sus acciones; si para comprender a ese punto central requerimos de los fragmentos, los mínimos haces de luz que proyectan el entendimiento sobre la figura, si deseamos comprender Diorama, y, como establece Cerón en el verso que cierra el poemario “Estar allí en esplendor”, pediríamos, con Ezra Pound, “a little light, like a rushlight, to lead back to splendour.”[1] (Canto CXVI)


[1] “Una pequeña luz, una vela, para guiarnos de nuevo al esplendor”

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Gustavo-OsorioGustavo Osorio de Ita nace en Puebla en 1986. Obtuvo el Premio Filosofía y Letras, de la BUAP, en el área de Poesía en 2008. es Maestro en Literatura Mexicana y traductor del Grupo µ.

3 pensamientos en “Fragmentariedad significativa nula en Diorama de Rocío Cerón.

  1. Esta es la típica “reseña-escritura” en la que el comentarista hace uso de todos sus conocimientos universitarios que son, por cierto, retruécanos de academicismo ramplón. Una tercia de preguntas. Más allá del no-entendimiento del que dices peca Diorama, tu lectura del libro, Osorio, ¿no es [precisamente] ilegible para los lectores? ¿Te has preguntado si una reseña obedece a las leyes de la preceptiva literaria? ¿Te has preguntado si una reseña de un libro de poesía es “un entero intento por reformular el texto” crítico “desde la perspectiva formal mediante la insistencia en” el lenguaje académico?, parafraseando tu primera línea. A los lectores nos gustaría saber qué piensan los jóvenes estudiantes de letras, los recién egresados de las carreras de humanidades, una opinión mínima, personal, y no una serie de conceptos inflados en las aulas. Saludos

    • Coincido completamente con el comentario de HEBERT: el texto está más plagado de una jerga cuadradacadémica, que de una verdadera lectura personal. Y es que ese es el problema cuando no se supera el embrujo de esa sacrosanta abadía llamada Academia. Difícil es encontrar, en verdad, reseñas y críticas (ya no digamos ensayos, es mucho pedir en este tiempo) que apuesten a una lectura propia, abierta, sin los lastres descriptivos/espositivos de los manuales de retórica y los cada vez más desolados libros de teoría literaria. Otro gran problema: la fórmula opinión-cita autorizada-descripción, me parece que ya está demasiado oxidada, de ahí que de unos (muchos) años a la fecha, el trabajo crítico/analítico que proviene de l@s académic@s (principalmente) sea soporífero, gélido y plano, más congresero, más pensado para ganar puntos en la desquiciada carrera por obtener un cubículo en ese paraíso tan tentador llamado Academia. ¿Qué sentido tiene, entonces, abusar del lenguaje académico y la teoría literaria si cualquiera puede declarar lo que se le pega la gana? Para eso sirve la teoría literaria hoy en día: para decir y sustentar que Diorama, de Rocío Cerón es ilegible, mientras que en otros lados, otr@s crític@s, otros grupos académicos, lo ensalzan y lo aplauden. Triste panorama el nuestro: balbuceos (eso sí, delicada e impecablemente redactados) y chabacanerías como las de Cerón, Luis Felipe Fabre, Oscar de Pablo, Rodrigo Castillo, Daniel Saldaña, Paula Abramo, Mónica Nepote, entre otr@s, constituyen la poética de nuestros días, la preceptiva imperante; son mayoría, son legión. No hay de qué preocuparse: siempre habrá teoría literaria (de preferencia posmoderna, por favor) para legitimarl@s y encumbrarl@s. No hay de qué preocuparse: siempre estarán a la mano los manuales de retórica y los textos clásicos, para vilipendiarl@s y demostrar que su escritura valen para un carajo. No hay de qué preocuparse. No hay. Saludos.

  2. Estimado HERBERT, en efecto, el enfoque de la reseña no es precisamente una divulgación de mi opinión personal sobre el texto de Cerón, más bien es un intento (desde el enfoque formal y retórico) de encontrar las bases que sustentan el poemario Diorama. Por supuesto que un juicio estético cabe en cada lector de poesía y su validez es innegable PARA el lector mismo, pero esta “insistencia en el lenguaje académico” (parafraseando tu sexta línea) intenta fundamentar un juicio estético sustentado – no particularizan ni subjetivo – “en el texto”. Disculparas mi intento por rayar en lo “científico” y en esa “serie de conceptos inflados en las aulas”, pero considero son los términos precisos para definir aquello que encuentro en mi lectura de Diorama; términos que son rastreables y que obedecen a una cierta precisión que busca, por objetivo último, desligarnos de la “apreciación personal”, generar juicios de valor más certeros (o a lo menos más precisos) y dar fin al llamado “falseamiento del gusto”. La apreciación siempre es bienvenida, pero, si se sustenta, significa tanto más camino andado. Saludos.

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