Crítica

Elementales, la barca sin tiempo

portada eneyy

Elementales
Eney Fernando
Editorial Ablucionistas press,
México D.F., 2013,
59 p.p.

Por Alejandra Craules Bretón

Poeta de palabras sencillas, sin intelectualismo pretencioso, no es necesario hacer uso de la hermenéutica para entenderlo y apreciarlo. Se muestra ante el lector sensible y valiente, indefenso y decidido, profundamente humano, porque lo ordinario nos recuerda la belleza sin mascara, esa que suele ser olvidada y devaluada. Eney Fernando es ese tipo de poetas que entregan sus palabras para que el lector se adueñe de ellas. Es fácil la empatía, sentir sus palabras y creernos en ellas, vernos, identificarnos.
Elementales es un poemario maduro, vivido, donde el tema de la crisis del escritor es tocante y doliente, habla de la realidad de la vida cotidiana del escritor, lejos de los talleres, de las tertulias, de los encuentros, donde se implora a las musas su regreso, entre juego con los hijos, la fatiga después del trabajo y la rutina de la casa. Esos son los elementos que componen al escritor, la tierra del oficio, el agua de sus pasiones.
El papel de los elementos dentro de la literatura sin duda ocupa un tópico recurrente por la importancia a nivel sicológico dentro del imaginario y lo onírico.
Elementales es un poemario que podemos analizar desde el punto de vista de la fenomenología bachelardiana, en sí constituye una obra poética que entraña el lado científico y la razón que Eney Fernando, ingeniero de profesión, sabe capitalizar, y conjuga con su ánima de poeta que contempla en su complejo (que se compone de elementos diversos), su misma existencia, que se cuestiona, que desata la belleza del externo, deconstrucción de los estados de ánimo en los cuatro elementos.
Según Bachelard la ensoñación humana depende de estos cuatro elementos fundamentales, estos se relacionan con el temperamento y el carácter del individuo. De tal manera, el fuego se relaciona con el estado colérico, el cual incita a la pasión y a los arrebatos, a la actitud beligerante y a la trasformación.

Cuando el espíritu incendia al ser
y en él declara ardiendo sus fuerzas y potencias,
irremediablemente el alma afronta
sus muertes prematuras y la consagración de dioses

Todo lo que callamos
de fuego es
y en fuego nos trasforma

La tierra surge de la imaginación triste, emana de la melancolía, relacionada con entierros y abandono

Harto de tus silencios hechos polvo
abro tu piel
y encuentro
mis palabras vestidas en tu cuerpo
mudas
Y tomas la pluma de un ángel caído
que anida en este viejo tintero
para escribir
todo el polvo de tus besos

El agua dependiendo como se manifieste, nos remite a la tranquilidad, si se trata de imágenes de lagos, a la libertad y transición si se habla de ríos.

Te descubro agua
desatada
absoluta
agua

Eres agua que fluye en cauces

Finalmente el aire, relativo al torrente sanguíneo, donde adviene el movimiento, los sueños de vuelo …

y olvidemos
que pasa de prisa
como lo hace el viento
en las velas del navío

En mi ciudad las mujeres no andan por el suelo,
Parecen estar sobrevolando entre sus vientos…

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