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El honor del peligro. Antología de Rubén Bonifaz Nuño

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El honor del peligro
Rubén Bonifaz Nuño
Selección y prólogo de Vicente Quirarte
Valparaíso Ediciones
España, 2012 

Por David Ruano González

Rubén Bonifaz Nuño es uno de los mayores poetas en lengua española. Antes de su muerte el 31 de enero de este año, hubo dos sucesos importantes con respecto de su obra. En primer lugar, la aparición de su Poesía completa en el FCE y, por otro lado, la antología El honor del peligro, con selección y prólogo de Vicente Quirarte, en la editorial española Valparaíso Ediciones.

La caja de Poesía completa está compuesta por los volúmenes De otro modo lo mismo, Versos 1978 – 1994, Calacas y el estudio La poesía como destino de Luis García Montero. Aunque es una publicación importante, el FCE se vio un poco mezquino al hacer realmente una venta de saldos cuando armó las cajas, pues los primeros dos volúmenes son reimpresiones de 1996 y 2004 respectivamente, y sólo presentan una nueva edición de Calacas, original de 2003, haciéndonos comprar dos libros que ya teníamos; uno de los grandes poetas nacionales merecía un gran volumen con sus versos reunidos, aunque eso significara un mayor costo. El estudio del español García Montero sirve como una perspectiva amplia y alejada de México sobre Bonifaz Nuño, un reconocimiento bien merecido desde otras latitudes del español.

Por otra parte, y lo que realmente nos ocupa, El honor del peligro representa un importante acontecimiento porque es la primera gran muestra de la obra poética de nuestro de este autor en tierras españolas. En 1980, Rubén Bonifaz Nuño publicó la primera edición de As de oros; esta publicación no tuvo un gran impacto puesto que el tiraje fue de sólo 750 ejemplares, además de que no es uno de sus libros más representativos. Ahora, con El honor y del peligro se le ofrece al lector peninsular una muestra de un autor imprescindible de la poesía en nuestra lengua.

El honor del peligro tiene su antecedente en la antología El dolorido sentir. antología de poesía amorosa de Rubén Bonifaz Nuño (1996) publicada por CONACULTA, el Centro Cultural de Tijuana y la UNAM, en la Colección Ars Amandi dirigida en esa entonces por Mario Bojórquez.

El honor del peligro ha sido aumentada y mejorada en el prólogo y la selección que acertadamente realiza Vicente Quirate. El prólogo está dividido en dos partes: la primera es un retrato biográfico del maestro Bonifaz en donde se habla más de la persona que del poeta y su obra; sin embargo, mientras avanza la lectura, nos damos cuenta de que no puede haber tal diferencia, pues como dice Vicente Quirarte, “La refinada y exigente alquimia de sus versos, lo ha conducido a transformar la miseria cotidiana en un as de oros que permite la entrada a ciudades fundadas sobre el canto.” Todo lo escrito por el poeta responde como un acto de relacionarse con el mundo y entregarse a él, y qué entregar sino la visión que se ha formado gracias a lo padecido, lo estudiado, y, además, compartirlo. “Si está la verdad en lo que digo / las cosas que digo serán buenas” cantaría en Los demonios y los días.

La segunda parte es lo antes ya presentado como nota introductoria en El dolorido sentir, donde el énfasis se hace en la producción  literaria de Bonifaz Nuño y, sobre todo, el tema amoroso. Las influencias (de Catulo a José Alfredo Jiménez), el desarrollo del tema amoroso y hasta los estudios del poeta de las llamadas ciencias ocultas y herméticas son también mencionados. Además, la justificación de la compilación de sus importantes traducciones a Catulo.

El cambio de título, la extensión del prólogo y de la selección están un tanto ligados con el subtítulo de El dolorido sentir, ahora omitido, “antología de poesía amorosa”. En El honor del peligro se incluyen poemas, antes ausentes, que no podrían ser clasificados como “poesía amorosa” en sentido estricto, sino más bien como “poesía social” a la idea del autor.[1] Hablo específicamente de los textos de los libros Los demonios y los días y Fuego de pobres, donde el objeto del canto es más el héroe contra las vicisitudes diarias en busca de una victoria extraordinaria.

Tengo la propuesta de que una posible lectura de la obra de Rubén Bonifaz Nuño sería a la luz de prólogos que escribió para sus traducciones de los clásicos grecolatinos. En el correspondiente al Arte de amar de Ovidio, hay una aseveración ineludible:

El amor es, en tanto que creador de pacíficas relaciones comunitarias, la raíz del orden universal. Pero es, además, el único poder suficiente a mantener y desarrollar la existencia de la vida de la ciudad y el equilibrio del mundo. El amor está en todo, es la base sustentadora de la totalidad de la existencia, es la fuente de la armonía y la paz. […] Solamente por el amor nace el mundo en orden y mantiene su existencia, y ese orden origina la civilización donde el espíritu halla ámbito propicio para lograr la perfección.

Más allá de que en los poemas donde se le canta a la mujer se pueda encontrar este sentido de orden con el mundo, podemos ver en la poesía de Bonifaz Nuño un quiebre de las relaciones humanas a los ojos del poeta, es por ello que más que enunciar las injusticias sociales que padecen los hombres, quien escribe pretende mandar un mensaje de amor a sus similares. El amor no se queda en un plano de pareja, hombre y mujer, sino que debe trascender al plano de la sociedad. Entonces, vemos que el acto de la escritura es visto como un acto amoroso. Por ello, no creo que El honor del peligro tenga que perder ese subtítulo de “antología de poesía amorosa”. Ese mensaje de amor y consuelo que procuró Bonifaz en sus versos va acompañado de una necesidad de ser comprendido y generar un diálogo con el lector, ya fuera al causar empatía  y hasta la oportunidad de hablar personalmente con él antes de morir (“Estoy escribiendo para que todos / puedan conocer mi domicilio, / por si alguno quiere contestarme”). Esto es otra muestra de que escritura y vida nunca fueron para Bonifaz Nuño actos aislados. Compartirse para buscar el orden en el mundo.

Más allá de estas observaciones, cada lector del poeta veracruzano puede preparar una antología con sus textos favoritos y la calidad poética de Bonifaz Nuño sobresaldrá. Sin embargo, Quirarte era la persona indicada para esta tarea por ser el alumno más cercano al maestro. Si acaso, personalmente le recriminaría la ausencia del poema que cierra Los demonios y los días, “Desde la tristeza que se desploma” ya que ahí hay una parte medular de la poética del autor: el tender la mano.

En vida a Rubén Bonifaz Nuño lo llamaron “el Virgilio mexicano”. Obviamente, uno piensa que es por su fuerza lírica y su amor por el latín. Sin embargo, este epíteto toma sentido para varios de nosotros ya que Bonifaz, al tender la mano, ha sido nuestro guía por este infierno y purgatorio que sufrimos en la vida cotidiana, llevándonos a las puertas del paraíso que encontramos en la palabra escrita. Ya lo escribe puntualmente Ramón Xirau, “creo que si algo nos salva, según puedo leerlo en la espléndida poesía de Rubén Bonifaz Nuño, es el amor”. Pero, como ya lo dije anteriormente, no sólo el amor que tiene el hombre hacia la mujer y viceversa, sino el amor que tiene el hombre hacia sus hermanos, igualmente desafortunados, brindándoles sus versos, un canto para los hombres “que pisan sus fracasos y siguen”, un canto que es el impulso para aquellos que “sufren a conciencia / porque no serán consolados” y que comprenden “que vale / mucho más sufrir que ser vencidos”.

La llegada de esta antología a tierras españolas es más importante de lo que podría parecer, pues no es sólo una muestra de un poeta esencial de nuestra tradición nacional, sino porque hay situaciones que sólo la poesía puede ayudar a sobrellevar en tiempos de desgracia.


[1]  “[Mi amigo Manuel Scorza] entendía la poesía social como política. Yo no podía estar de acuerdo; la política siempre es igual, en último término. Es la explotación de los pobres. Y en cualquier poema es la protesta de los pobres contra los ricos que lo están explotando. Para mí, eso no era suficiente para ser tema de poesía. Hacer poesía es como tomar fotografías en determinados instantes. Pensé cuál era la situación de la sociedad mexicana, del hombre mediocre –como era yo– que aspiraba, que pensaba… Y la poesía que yo escribiera –sin hablar de los ricos y de los pobres– tendría que ser poesía social.” Josefina Estrada, De otro modo el hombre. Retrato hablado de Rubén Bonifaz Nuño. México, El Colegio Nacional, 2008.

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David RuanoDavid Ruano González (Ciudad de México, 1991). Estudiante de los últimos semestres de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha asistido a diversos talleres de poesía y crítica. Twittea en @medoriorules.

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