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Redención de la Mítica Ofelia, a través del olvido

Pájaros del olvido

Pájaros del Olvido
Ofelia Berrido
Academia Dominicana de la Lengua
Santo Domingo, 2012

por Eduardo Gautreau de Windt

Hamlet: […] Yo te quería antes, Ofelia.
Ofelia: Así me lo dabais a entender.
Hamlet: Y tú no debieras haberme creído, porque nunca puede la virtud ingerirse tan perfectamente en nuestro endurecido tronco, que nos quite aquel resquemor original… Yo no te he querido nunca.
Ofelia: Muy engañada estuve.
ACTO III ESCENA IV
HAMLET, W. SHAKESPEARE

Toda identidad se asienta en la consciencia y el recuerdo de saber quiénes y cómo somos. Y la primera se forma, al paso del tiempo, de las reminiscencia de lo vivido, o sea del recuerdo. La memoria, elemento cognoscitivo clave, se erige así como base de la identidad. Perdida la primera la otra queda en dudas, en entredicho, por el mismo sujeto víctima de dicha pérdida. De ahí que la memoria sea esencial para ser. Si no hay memoria se pierde la condición de Ser. Por tanto, esta reminiscencia o anámnesis, (del griego αναμνησις, anámnesis = traer a la memoria) tan clave es  para esta condición de identidad que Platón la consideraba como la capacidad que tiene el alma para recordar los conocimientos que esta olvida al entrar a un nuevo cuerpo. (Diálogos medios con Fedón y Menón).

De igual modo, toda pasión se asienta en el recuerdo; todo querer. Lo que no se recuerda no se ama. Y si perdemos la memoria con ella se van todas las pasiones: el amor, el deseo, la amistad, el cariño, el odio. Eso nos lo han enseñado, con dolor, los enfermos mentales y las víctimas de amnesia por traumas, tumores y enfermedades degenerativas, como la antigua demencia senil, hoy popularmente conocida como enfermedad de Alzheimer.

Pero, ¿cuántas veces, en lo pasional, contrapuesto a lo racional, el olvido representa una forma certera de recuerdo? En muchas este olvido es una forma paradójica de recordar. La poesía, como forma especial del lenguaje, no se rige por la razón, pues el decir poético debe alejarse de lo racional para que sea precisamente poesía, pero a diferencia de muchos, teóricos y creadores, he sostenido que este decir poético jamás debe ser ilógico o, peor aún, absurdo. Es cierto que el simbolismo que da pie a la creación poética, siendo su base y razón de ser, y la figuración del lenguaje, imprescindibles para toda poesía, son factores que dificultan la comprensión de ella para quienes no manejen los códigos y claves, ya que no es un lenguaje simple, sino especializado; pero no implica que sea ilógico su decir, y sus mensajes son claros y potables para quien pueda acceder a ellos. De ahí que el olvido, en lo poético, sea utilizado de manera paradójica, ya que deviene de hechos y circunstancias que, si bien quieren ser no recordados, son eternizados por medio del canto lírico.

Por ello, desde Quevedo a Benedetti, pasando por Octavio Paz y por Neruda, pocos poetas se han resistido al olvido como tema, motivación o excusa para sus creaciones. Es que “El olvido es una forma de libertad”, dijo ese gigante de la poesía universal Gibran Jalil Gibran. Y todos sabemos, como expresó el ya nombrado poeta uruguayo, que El olvido está lleno de memoria. (M Benedetti – 1995).

En Pájaros del Olvido, de Ofelia Berrido (Academia Dominicana de la Lengua, Santo Domingo, 2012), el yo poético rememora una pasión en busca del olvido para así escapar de la angustiosa melancolía, de la locura y de la muerte a que la empuja el torbellino de ese mismo tempestuoso y mal dado amor. Memoria para el olvido. Olvido necesario para curar la infinita angustia existencial por una pasional entrega que consumió sus fuerzas espirituales más allá de los límites de la razón.

En versos libres de muy variables longitudes y formas, que intentan escapar de la rima pero que caen frecuentemente en asonancia y consonancia, convirtiéndose en versos rimados acompañados de versos sueltos y divididos en estrofas, la autora forma poemas de corto, mediano y largo aliento. Un polimorfismo escritural que le da soporte a su discursivo decir poético que transciende a lo lírico, pasando por lo erótico y toca lo protomístico, en un vuelo de progresión ascendente que intenta transcender a lo inmutable. Así, la obra, que es más que un simple poemario, dividido en tres partes, emprende un recorrido en versos desde el asfalto, con lo cotidiano, lo de la “calle”; se allega al lecho, en la intimidad del aposento, de la entrega, para, orillando lo místico, ascender a lo alto, al encuentro con lo divino; escapando, por medio de su viacrucis de pasión infinita, a la locura y a la muerte misma, logrando la redención, por medio de su unión con lo universal y supremo.

Pájaros del Olvido es una obra poética, construida sobre un infinito y pensado simbolismo, de principio a fin. Desde su portada, en blanco y negro, el ying y el yang oriental, el bien y el mal, la oscuridad y la luz, el deseado equilibrio eterno; el uso de los pájaros, como imagen arquetípica ancestral, mensajeros de los dioses a los humanos, portadores de los buenos mensajes desde lo alto, símbolos de paz; hasta su dedicatoria: a Dios, presente en todos las religiones, a los maestros, guías eternos, a los escritores, que iluminan nuestro espíritu, pasando por sus familiares a quienes luego de mencionarlos los categoriza como zapata firme, amor sagrado, pureza manifiesta, hermanos queridos y compañeros del camino, respectivamente, y, por último, sus agradecimientos para quienes le ayudaron a forjar la obra, en su totalidad, siendo sus guías en el camino de la vida espiritual y literaria. Todos estos elementos, paratextuales, aunados a los intratexuales, nos indican las intenciones deliberadas de la autora en decantarse por la senda de lo espiritual, con una clara inclinación a lo protomístico: De los 66 poemas que conforman la obra en su totalidad, 17 componen la primera parte, 10 la segunda y 39 la tercera, relativa a lo absoluto.

Ahora bien, en referencia al simbolismo intratextual, que es lo primordial en cuanto a lo literario, el lenguaje, organizado acertadamente con los signos de puntuación adecuados pero cargado del uso de los puntos suspensivos y de las admiraciones para significarnos las incertidumbres y las exaltaciones de ánimo, respectivamente. Con escaso encabalgamiento y con el uso repetitivo de la reiteración y la aliteración como recursos, construye versos de arte menor con un lenguaje sencillo, sin rebuscamientos. Con términos y símbolos provenientes del budismo japonés (zen), utilizando el clasicismo griego y dándole toques de criollismo constituye un universo escritural de honda significación existencial, proveniente de un hondo grito personal, de angustia, de vacío (Ku) y de búsqueda incesante; búsqueda identitaria, búsqueda espiritual. Un texto literario que se inicia en melancolía y gran angustia, próximo a la locura, que hace su catarsis, por medio del tránsito poético y que alcanza la liberación, de la enajenación y de la muerte, escapándose gracias a su redención del mito al que parece estar predestinada.

Y si le aplicáramos la tabla de colores de los mándalas, Pájaros del olvido de Berrido, es un texto rojo, con el matiz del primer chakra, pues es un texto sobre el amor, la pasión, la sensualidad, la fuerza, la resistencia espiritual, la independencia del alma, la conquista del soma sobre el ánima, la impulsividad, la ira, y hasta el odio. Proyecta energía la parte inferior del cuerpo, por todo el erotismo que late en él y a la vez nos trasmite la esencia de supervivencia sobre la locura y la muerte. Su simbolismo está armado sobre los símbolos mándalicos: lo Absoluto, círculos, la sabiduría, el laberinto, la mariposa, el sol, por eso encontramos las palabras: corazón, tierra, luna, estrellas, como claras referencias a este tipo especial de símbolos.

Así, Pájaros del olvido,  texto poético, de corte dramático, en el que una mujer, desesperada, envuelta en una infinita angustia existencial, pretende acallar la voz de la pasión, que la tortura, pretende el olvido, para superar la demencia y la muerte, fue armado como una secuencia de poemas individuales, aparentemente distintos, pero en realidad forman un poema de muy largo aliento: un texto único e indivisible, como lamento y canto, en el que, obviando los títulos de cada poema, sobresale un drama, una historia secuencial contada de manera uniforme, de principio a fin, en formas de monólogos, con las consecuentes intervenciones de una segunda voz impersonal, narrativa y descriptiva, que modera las acciones y a veces actúa a modo de consciencia, sin interactuar con ella. Voz externa, a manera de voz en off. Y este es precisamente el aspecto por lo que, como ya expresé antes, es más, mucho más que un poemario, es también un texto dramático plausible de sufrir un montaje en escena.

Ahora, como cierre debo señalar que, si bien el texto es forjado sobre el Hamlet clásico, se aparta totalmente de este en cuanto ahora es Ofelia la figura señera y la atormentada, a la vez, siendo él solo una sombra, una referencia, un personaje ausente, que mueve una pasión fatal y a la vez redentora. De ahí que sea la Redención de la Mítica Ofelia, a través del olvido el último aspecto a abordar en este análisis.

Si realizamos un examen transversal, intratextual, de la voz poética que canta en Pájaros del olvido, identificaríamos a una voz femenina, en melancolía, con una infinita angustia existencial, como ya he señalado antes, que bordea la insania mental y espiritual, casi a orillas de la muerte. Su razón es la pasión traicionada o burlada por quien fue objeto de su inmenso amor. Por eso encontramos un yo poético que canta y clama a un tú poético ausente, masculino, idealizado, imposible, despiadado o inmutable ante los ruegos repetidos, ante las súplicas por el viacrucis pasional insondable, a tal punto que esta actitud del otrora amante la empuja al olvido, a la locura y casi a la muerte. Y al respecto debo destacar un símbolo que exprofeso no mencioné antes, la Voz del amado. Símbolo poético cardinal al principio del poemario y que la lleva a pendular entre las reminiscencias y el olvido, entre placer de recordarlo todo, y el dolor de su ausencia, entre lo erótico de lo vivido al laberinto de su sinrazón amorosa y existencial. Una pasión que desordenó su alma al punto que le hace desear la muerte. Es el drama de otra Ofelia por su “hamlet”, distante en tiempo, lugar y circunstancias. Autoidentificación del sujeto lírico que clama, canta y grita, con la mítica Ofelia, imperecedera y eterna de Hamlet, de Shakespeare y de todos. Proyección no casual del yo poético de la autora homónima, personalización y proyección de Ofelia en Ofelia, atravesando los tiempos. Sublimización de un drama en otro drama universal, cuasi ancestral y trascendente. ¿Acaso marcan los nombres a las personas? ¿Es tan fuerte y determinante la predestinación? Ambas víctimas del desamor, ambas caen en la locura y una y otra rondan la muerte, la mítica, por la barca del Caronte entra a la inmortalidad, al imaginario universal, la otra se salva, huyendo al final gracias a la redención poética y así salva y reivindica a la primera de la locura y de la muerte eterna. Drama personal convertido en universal, por medio de un texto, dramático, poético y cuasi trágico como el primero. Así la tragedia de Ofelia, la hija de Apolonio, se convierte en el drama redento de la Ofelia actual, que supera su viacrucis y accede a lo inmutable, también con margaritas amarillas, mojada, pero por la lluvia, despierta, al huir del sueño eterno, y unida a Gea, pero con ansias de florecer y oliendo a pinos.

Así la nueva Ofelia gracias al olvido supera su destino, la locura y la muerte, y se libra de la tragedia de la otra, inmutable y eterna, su alter ego. Y esto lo logra gracias a que, como dijo Gibran: El olvido es una forma de libertad. Por eso deseo citar a  Gonzalo Sobejano, de la Universidad de Pennsylvania, en su análisis “Aspectos del olvido en la poesía de Quevedo”:

[…]De estas consideraciones sólo pretendo deducir la condición necesaria y saludable del olvido, y aún habría que ponderar la equivalencia olvidar = perdonar y la regeneración de cualquier enfermedad -de cuerpo como de alma- mediante el olvido.  

Total, que como dijo Neruda es tan corto el amor y tan largo el olvido. Y en la poesía, como en todas las pasiones, reales y etéreas, tangibles o ficticias el olvido es sublime forma de curar el alma.

____________
Eduardo Gautreau de WindtEduardo Gautreau de Windt. Santo Domingo, República Dominicana, 1962. Poeta y escritor. Productor-Coordinador de la Tertulia Poética que lleva su nombre. Dirigente del Movimiento Literario Interiorista. Colaborador de los blog (bitácoras electrónicas) culturales: “Episthemes” y Venezuela Libre.

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