Crítica/Ensayo/Libros/Poesía

Ritmo adentro

Todos los ritmos

Todos los ritmos: siete poetas del Brasil
Selección y traducción de Eduardo Langagne
Colección Los Olivos
Editorial Circulo de Poesía / Secretaría de Cultura del Estado de Puebla
México, 2012
279 p.p.

por Gustavo Osorio

Toda traducción es traición; mentira, es viaje. En este sentido la propuesta de Eduardo Langagne nos dirige poco más de 7000 kilómetros hacia el sur. Brasil: país escindido culturalmente de Latinoamérica por la barrera del idioma, surge en este libro como un sonoro  vecino de idiosincrasia paralela: la pobreza, el hambre, la ciudad inmensa, la memoria infantil, el amor, la vorágine urbana: son elementos que confluyen y consiguen identificarnos con estos siete poetas brasileños. Más allá de una traducción idiomática – de una traslación lexical – este libro pretende una reflexión propositiva: somos otros en otras latitudes, pero de cierta manera los mismos. Somos por igual convocados por los ritmos. Suena nuestro pensamiento de manera semejante.

Así, el poeta y traductor, Eduardo Langagne, hace una re-evaluación compleja: se trata, por una parte, de ser fiel al sentido (cuestión que se presenta sumamente pulida, al grado de optar por la disposición gráfica de comparación entre textos paralelos hasta en grado de la correspondencia versal entre una página y otra), por otra, busca preservar la sonoridad de un idioma como el portugués de Brasil en el castellano – más segmentativo y menos encadenado –; y finalmente, aquello que considero el logro máximo de esta antología: el conseguir que el ritmo del significado, la oscilación sonora aunada al pensamiento (rasgo fundamentalmente poético), no se pierda en la traducción. Una mirada doble y atenta es la del maestro Langagne en la recreación – pues se recrea el sentir original del poema, su contenido fanopoéico – que nos brinda este libro.

Siete son los poetas que conforman este corpus, siete los ritmos esenciales que pudieran interpretarse:

I. Manuel Bandeira puede ser la variación. Su amplio panorama rítmico oscila entre lo coloquial y lo cósmico; entre lo banal – que se torna inefable – y lo trascendente; variación entre el canto y la disforia.

El canto desde la coloquialidad se presenta inmerso en un vasto colectivo alegórico; haciendo patente la percepción de que “está hablando de algo más”: Bandeira hace sentir que en los vocablos más desnudos (por ejemplo el poema El cacto) hay una magia inmanente, en torno al cacto sintetiza:

Era bello, áspero, intratable

El amor, inacabable lugar, en ciertos poemas de Bandeira cobra las señales de la disforia, paralelo a un melodioso canto; entregando a la amiga a un otro, advierte en Cariño triste:

Sólo no es de él tu tristeza.

Tristeza de los que perdieron el gusto de vivir.

Los que la vida traicionó sin piedad.

Tristeza del niño que se debe arrullar y acariciar.

(Mi tristeza también…)

Sólo no es de él tu tristeza, oh, mi triste amiga.

Porque él no la quiere.

 

Y, después, hace una escala diametralmente opuesta, donde al cuerpo de la amada – en poemas como Desnudo – extrapola hacia hipérboles de orden cósmico:

Cuando estás vestida

Nadie se imagina

Los mundos que escondes

Bajo de tus ropas.

Volviendo de nuevo a fondos graves en poemas como Pneumotórax – donde la alusión a un desconsolador pronóstico médico proyecta las virtudes del canto – o El último poema – mezcla de sonidos suaves con cargas de significado devastadoras:

Así querría yo mi último poema

Que fuese tierno diciendo las cosas más simples

y menos intencionales

Que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas

Que tuviera la belleza de las flores casi sin perfume

La pureza de la llama en la que se consumen los diamantes

más límpidos

La pasión de los suicidas que se matan sin explicación.

O el poema Merienda, donde Bandeira enfrenta a la muerte con todo el poder de aquellas simples y melódicas palabras, hablando directo hacia la Indeseada, se yergue versando:

Encontrará labrado el campo, la casa limpia,

La mesa puesta,

Con cada cosa en su lugar.

II. Cecilia Meireles opta por un ritmo más equilibrado sin llegar a la monotonía; es el repique constante del intelecto volviéndose música. En Motivo explica las razones de este canto:

Canto porque le instante existe

y así mi vida está completa.

No soy alegre ni soy triste:

soy poeta.

Prosiguiendo con el tono solemne y armónico, dice en Estirpe:

Los mendigos mayores no dicen nada más, ni hacen nada.

Saben que es inútil y exhaustivo. Se dejan estar. Se dejan estar.

Se dejan estar al sol y a la lluvia con el mismo aire de entero

valor,

lejos del cuerpo que queda en cualquier lugar.

 Contrastando en este poema en particular con un tono más alto en el último verso, donde aclara, epilogando el retrato de los mendigos:

Ese pueblo es el mío.

Y en poemas como Cantarán los gallos, Meireles demuestra que la armonía parte de una laboriosa ejecución del significante; el poema está armado por consonancias rítmicas y sonoras, por ejemplo en los versos:

Y los grillos a lo lejos serrarán los silencios,

los tallos de cristal, fríos, largos yermos,

y el enorme aroma de los árboles.

O en el poema Cabalgamos con caballos:

Y el tiempo estaba dibujado.

Pero queríamos llegar.

No sabíamos el lugar

¡No sabíamos el lugar!

Meireles contrapuntea este sonido eufórico con un cierto bajo semántico – propiciando que la armonía devenga de esta oposición rítmica – alcanzando su punto cumbre – considero yo – en el poema Humildad:

¡Tanto que hacer!

E hicimos apenas esto,

Y nunca supimos quiénes éramos

ni para qué.

III. En Carlos Drumond de Andrade la depresión sonora lo es todo. Hay una nostálgica memoria rítmica de un pasado que se discurre alentando las sonoridades.

Recogiendo imágenes de Carlos Chaplin para recuperar la “lengua de los comunes, el habla de los que pasean por las calles”, consigue versos de enorme carga poética y disfórica como:

Eres el tenebroso, el viudo, el desdichado,

el cuervo, el nunca más, el que llegó tarde

a un mundo envejecido.

O

(…) el amigo

que desearíamos retener

cuando llueve, en el espejo, en la memoria

y aun así perdemos,

 

Y también

Oh Carlitos, amigo mío y nuestro, tus zapatos y tu bigote

caminan en una calle de polvo y esperanza.

Así permite, a través de la figura icónico-cinematográfica, explicar la ciclotimia de un mundo pasado que se revela al entierro; de una memoria latente – retratada en blanco y negro – de tiempos mejores.

Drumond de Andrade se instaura en este melodioso nocturno, aceptando la edad madura como una recuperación del tiempo que existe en y para nosotros:

Ya no dirán más que estoy resignado

y perdí los mejores días.

Dentro de mí, bien al fondo,

hay reservas colosales de tiempo

(…)

seré las cosas más ordinarias y humanas, y también

las excepcionales:

todo depende de la hora

y de que cierta inclinación fantástica

viva en mí como un insecto.

IV. En Vinicious de Moraes el ritmo ejecuta un ejercicio sinfónico; la voz se alza y su potencia sonora y significativa vuelve cada uno de los poemas una revelación – es un pleno Orfeo Negro –.

En Mensaje a la poesía la configuración específica de un receptor – así como la materialización  del mismo – sirven como puntos de apoyo para alimentar la trágica e irresoluble decisión del poeta: la vida o la poesía:

Por eso convénzala, explíquenle que es terrible

Pídanle de rodillas que no me olvide, que me ame

Que me espere, porque soy suyo; mas que ahora

Es más fuerte que yo, no puedo ir

No es posible

Me es totalmente imposible

No puede ser no

Es imposible

No puedo.

Y, mediante apelaciones clásicas como el soneto, explora la sujeción de su sinfonía a formas estructurales rígidas con temas poco usuales, por ejemplo en el poema al futbolista Garrincha en Ángel de las piernas chuecas o temas de rigurosa perfección que consiguen una mirada nueva como en Soneto de la separación.

Cierra Vinicious con un pianoforte que crece hacia la disforia y el coraje ante la muerte. En Elegía a la muerte de Clodoaldo Pereira da Silva Moraes, poeta y ciudadano, la figura del padre, su muerte y la pervivencia de su vida a través del hijo, cimbran al lector mediante un golpe de sonido y de sentido que consiguen retumbar en el pecho:

Gracias padre

No te diré adiós, pues despertaste en mí

Con una exactitud nunca soñada. En mí generaste

El tiempo; ahí tienes a mi hijo, y la certeza

De que, aun oscura, mi muerte le da vida

En continuidad a la tuya; ahí tienes a mi hijo

Y la certeza de que lucharé por él. Cuando lo viste por última vez

Era un pequeñito de tres años. Hoy creció

En miembros, palabras y dientes. Dice de ti, bilingüe:

“Vovó was always teasing me…”

V. Contrastando con la extensión sonora de Moraes, en Lédo Ivo son las notas breves las que sugieren toda una orquesta. Es la afinación del gusto: la simplicidad de una nota clara y concisa; el golpe claro de un timbre. Por ejemplo en poemas como La generación del 45, donde el poeta versa

En 45

éamos una legión.

Hoy soy, yo sólo,

una generación

y a lo que antes fui

– si es que fui cuando era

mi quimera –

digo siempre que no.

 

O en El paisaje:

El paisaje que veo

está dentro de mí.

Todos somos espejos

que se multiplican

dentro de espejismos.

Estas notas claras y precisas hacen que el lector las redondee por todas partes: cada matiz de la nota es esencial, cada uno de sus componentes y minucias, cada minúscula parte de la nota es relevante. También proyectan el interés hacia afuera: hay un contexto, hay un instrumento que ha aventurado la nota y el lector-escucha se pregunta de dónde, cómo, quién surte toda esta claridad.

En Consejo a un joven poeta Ledo Ivo genera una poética afín con la precisión que demuestra en los versos:

Joven poeta,

no te pongas triste

pero el verso libre

no existe.

En el rigor y el exceso

poesía es ritmo,

números exactos

como la tabla

de logaritmos.

Y no desatendiendo la misma precisión, ensaya formas un tanto más extendidas, por ejemplo en Reaparición de mi padre, donde la claridad de la enunciación y la contundencia del pensamiento obligan a la reflexión posterior; nos instan a recrear el ritmo de la idea que nos ha atravesado:

Sólo me rendí a su muerte lenta

cuando pasó junto a  mí y no me reconoció.

Entonces supe lo que es la muerte.

Y al mismo tiempo supe lo que es la vida:

el lugar donde hay sol y las personas se hablan.

VI. Thiago de Mello ostenta las virtudes de un himno. La rectitud y la definición permean sus versos. La búsqueda y enunciación de una identidad serán elementos constantes en su arte poética. Por ejemplo en Estatuto del hombre la intersección del texto poético con la forma y vocabulario jurídicos, lejos de resultar una mera “forma innovadora”, consigue tener la concreción y síntesis de pensamiento necesarios para alcanzar el tono declarativo. Paralelamente el ritmo acentual constante y definido – la fuerza sonora del discurso poético de Thiago de Mello – hacen que la voz se alce por si sola:

A partir de este instante,

la libertad será algo vivo y transparente,

como un fuego o un río,

o como la semilla del trigo

y su morada será siempre.

el corazón del hombre.

Es la euforia plena encontrando un cauce rítmico: el himno crece – pero con medida, tiento y razón. Después, el himno se torna hacia el eros, el poeta versa:

Hago poemas como quien hace el amor

Y vuelve la mirada, – con la misma brutal explosión que conversa y ama – hacia el pueblo latinoamericano:

Cinco siglos arduos de esperanza.

De todo eso, y de dolor, espanto y llanto,

para siempre se hizo, palpita y canta

el corazón latinoamericano.

VII. Affonso Romano de Sant´Anna cierra el loop rítmico lindando con la asonancia. Retoma la configuración del texto poético de Manuel Bandeira – de lo coloquial a lo trascendente en un movimiento inductivo – y se presenta como un ritmo afín al momento contemporáneo: una amalgama de violencia, ternura, humor y muerte.

Su poética consigue versificar el mundo cotidiano desde una mirada reflexiva que no se limita ni se amedrenta, cala en las profundidades del ritmo citadino moderno y, en ciertos ejercicios de humor e ironía, retrata y denuncia.

La asonancia también se recupera en un “canto que no es canto”; pareciera un diálogo estándar: pero la idea es vital. Es el punto fuerte – la armonía escondida – de la poesía de Romano de Sant´Anna; el partir de lo cotidiano para explicar lo trascendental crea un sentido de universalidad en su poesía; todos somos aquel yo lírico de Romano. Cuando reconocemos, como en el poema Sobre ciertas dificultades actuales:

No está nada fácil ser poeta en estos días.

No hablo de la venta de libros de poesía

– que si a eso le llaman poesía,

el público tiene razón.

                        – ni yo mismo compraría.

Somos el mismo cuando convenimos con él, por ejemplo, en Antropología Sexual:

Por la Naturaleza el hombre es un ser polígamo.

(Hay excepciones. Pocas).

Por la Naturaleza la mujer es un ser monógamo.

(Hay excepciones. Muchas).

O cuando sentimos ese desamparo tan presente – más hoy que nunca en nuestro país – al seguirlo en el poema Edificando la muerte, donde arranca de un:

En esta semana

murieron

tres vecinos en mi edificio.

Con el cual imprime toda la coloquialidad a un modus vivendi que es completamente asonante; una sinfónica del absurdo.

Coda. Estos ritmos, estos poetas que viene a convidarnos generosamente el maestro Eduardo Langagne, cimbran profundo; levantando ideas claras que no sabíamos que eran ya nuestras.

 Lejos aquel Brasil de la samba se mueve con un metrónomo distinto, pero parte, igual que nosotros, de un ruido, un caer de gota de lluvia o el desprenderse de un llanto. Estos ritmos se quedan bailando adentro, quizás porque ya eran nuestros de tiempo atrás; sólo hacía falta recordárnoslos.

_______________
Gustavo-OsorioGustavo Osorio de Ita nace en Puebla en 1986. Obtuvo el Premio Filosofía y Letras, de la BUAP, en el área de Poesía en 2008. Actualmente estudia la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s