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Las palabras enemigas

200 gramos de almendras

200 gramos de almendras
A.E. Quintero
Andraval Ediciones, Conaculta-INBA
Colección Punto Luminoso
México, 2013
84 pp.

por Mijail Lamas

Con Cuenta regresiva A.E. Quintero obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en 2011. En él se lee una voz que se ocupa del mundo con una expresión directa, un lirismo sin ornamentos, atravesado por un aliento narrativo que se sostiene de manera constante a lo largo del libro.

En Cuenta regresiva los objetos que dejan de funcionar nos exponen ante nuestra finitud y el ansia que genera el hecho de que el mundo pierda su equilibrio: “Yo peleo con las cosas, las riño,/ pateo su estorbosa cercanía”. El dolor es una palabra que ronda y el mundo sólo puede compensarse con algunos amuletos (otras palabras). En lo precario del mundo, lo animal (humano o bestia) se presenta en su desnuda crueldad, también lo contingente se vuelve eje fundamental de su poesía, donde la realidad más próxima y dolorosa es retratada sin miramientos.

Pues bien.
Yo busco un libro de superación personal
que me enseñe a desanudarme la corbata.
Que me explique lo que pasó
en los dientes de aquel chico
después de su primer eyaculación, y lo prevenga:
en los vidrios de agua rota
que sólo pensaban en bañarse, en quitarse el mar
y volver al útero seco, limpio, de las sábanas.
Un libro que hable por mí, con mi madre,
Y que le diga que un hijo gay no es un hijo roto.

Con esta voz definida en develar la oculta relación entre el hombre y los objetos, Quintero nos entrega 200 gramos de almendras, un libro de menor extensión pero de una contundencia lírica más certera. Mientras que en Cuenta regresiva “vivir merece decir cosas mejores”, en éste volumen la realidad es avasallante y no nos da tregua. Y aunque los temas parecen por momentos los mismos, el tema fundamental de este nuevo volumen es el lenguaje. Es de ahí de donde obtiene su unidad.

Infancia.
No conozco una palabra que muera tanto.
Tal vez abuela. O tal vez perro,
o tal vez gato. Mi gato.
Pero mascota no es una palabra.

Tal vez niño no sea una palabra.

Los treinta y tres poemas de 200 gramos de almendras gozan de una hechura precisa, no hay en ellos algo que sobre. Su cadencia pausada y su contención dramática, dosifica su búsqueda, donde la médula de lo cotidiano es aquello que nos duele. Por ejemplo en “Receta para hornear un pastel de carne” -poema del que se obtiene el título del libro- los dos niveles de discurso se cumplen de manera rotunda; por un  lado, el discurso propio del recetario se va intercalando con la revelación poética, donde la muerte asoma en cada acto y es preciso resignarse.

Agrega 200 gramos de almendras picadas,
1 bolsa de pan molido, 2 huevos batidosy salpimentados.
Y amasa.
Aquí podrías creerte Dios
y repartir destinos. Agradecer,
tal vez,
tener gas en tu casa y no vivir en India.
Aquí podrías precalentar el horno a 180 grados
y dar gracias por la res que no fuiste…

El tono de sortilegio o conjuro, que por momentos adquieren estos poemas, se enfrentan a la naturaleza del lenguaje, el yo poético busca exorcizar lo que ellas encarnan. Porque este sujeto lírico tiene que escribir con el lenguaje en contra, ese lenguaje en el que las palabras cargan una ponzoña ancestral, donde ansiedad es una masa enorme; joto, miedo o infancia son puños y vergüenza un cristal que podría romperse. De ahí que la relación significado-significante sea constantemente cuestionada, se hurga en ella y se le extrae un núcleo tembloroso, inestable.

El miedo no es una escéna única,
un vocablo aislado,
una sola cosa. O una sombra que pasa.
El miedo
es una escuela con muchos niños.
Un patio de recreo.

Existe la posibilidad de despojar a las palabras, por ejemplo a la palabra hombre de su carga onerosa de ser hombre y volverla bestia o bicho para abandonar

Esa conciencia de uno mismo
que se rompe como esos frutos pesados
cuando caen
como la sandía,
con todo su peso explotado en el suelo.

El uso de la alegoría -la serpiente ajusticiada o el gato acorralado-  no aminora la ferocidad del mundo, al contrario, ejemplifica bien la barbarie contra el otro, el diferente que amenaza a las buenas conciencias y que es descubierto en su singularidad:

Eso es un destino.
Una vieja existencia
que intenta escapar entre las piedras,
pero es descubierta.

Aquí están “todas esas palabras que crecerán mañana”, esas palabras enemigas que escupen su viscosa ofensa y heredan la culpa al niño que será el hombre aprendiendo a lidiar con ellas a través de la poesía. En 200 gramos de almendras A.E. Quintero logra que su lector cuestione la construcción del mundo a través del lenguaje cotidiano, con cada uno de sus poemas pone el dedo en la llaga de nuestra confortable realidad.

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mijail_hipMijail Lamas es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas(2009). Obtuvo el accésit del XXVII Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza en 2011  y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura en 2012. Compiló junto con otros poetas la antología Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982 (2012) editada por la UNAM. Twittea en @mikhailenko

Un pensamiento en “Las palabras enemigas

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