Crítica/Ensayo/Libros/Posmodernidad/Reseña

El libro de lo post-poético de Heriberto Yépez

El libro de lo post-poético, YÉPEZ

El libro de lo post-poético
Heriberto Yépez
ICBC/ CONACULTA
México, 2012
pp. 104

por Patricia Oliver

¿Por qué será que nos cuesta tanto alejarnos de las etiquetas? Una larga lista de palabras que encajonan a personas, corrientes, vanguardias; una larga lista de nombres tan odiados como necesarios para que el hombre reflexione sobre su experiencia, incluyendo, claro está, la experiencia poética.

Heriberto Yépez (Tijuana, 1974), controvertido ganador del Premio Estatal de Literatura 2010 (convocado por el Instituto de Cultura de Baja  California) en la categoría de poesía con El libro de lo Post-poético, es autor de más de veinte libros de distintos géneros, entre los que se encuentran la novela, el cuento, la poesía y el ensayo. Yépez estudió filosofía y psicoterapia. También es traductor y durante más de un lustro ha sido profesor de la Universidad Autónoma de Baja California (Facultad de Artes). Se define a sí mismo como un escritor post-nacional.

El libro de lo post-poético consta de 35 poemas no muy extensos en verso libre con estrofas generalmente cortas –abundan las de uno y dos versos–, con una sintaxis que privilegia las frases simples y un discurso tajante que permite un acceso rápido y sin escalas a la propuesta post-poética del autor. Es notable cómo en varias partes del libro los verbos se esconden tras las anchas espaldas de sustantivos y adjetivos, los cuales soportan la mayor parte de la carga y fuerza en estos puntos. La sintaxis simple y fluida contrasta con este intermitente ejército de sustantivos y adjetivos, creando así una marcada densidad que en algunos casos cuelga del verso como lastre.

(((Pero este libro
pertenece
Al sufrimiento
del canto ido,
al gorgoritmo del canto roto.
El canto inmediato destruido, melifluo.
Este es el libro de lo post-poético))).

Personalmente, disfruté –y agradecí– mucho la presencia apabullante de  procesos de formación de palabras. Se adivina un proceso dulce de gestación y alumbramiento que, sin embargo, se vuelve un tanto excesivo, monótono y artificial –perdiendo así su efecto inicial– conforme avanza la lectura.

Encontramos un yo poético verbalmente fuerte –armado hasta los dientes (¿de quién se estará defendiendo?) con neologismos, cultismos, palabras de uso poco frecuente que conviven con palabras de uso común, así como con un sinfín de rimas asonantes– que lanza afirmaciones contundentes y tajantes sobre él mismo y su posicionamiento en el mundo.

Ante todo / Se puede post-poético?

Por supuesto: y post-poético es la causa y es el efecto:

                        abandono del estado poético.

            Ese estado que se ha vuelto inexistente.

            Inverosímil.

Y en este “estado poético inexistente” donde “toda página es cadáver de cantante”, los versos rebosan, a la par, incertidumbre y contradicciones continuas: una duda consciente y confesada acompaña a la primera persona. Los primeros versos nos advierten:

            A pesar de las evidencias

            —desplazarme

                                         la mayor parte del tiempo

            en zigzag bípedo—

                                        dubito muy temprano

                                        que sea exacto

                                        que siga respirando.

Y por si algún lector imprudente no huyó tras la advertencia, los últimos versos nos clavan el colmillo en la yugular:

Pero quien lo escribe no sabe si en algún momento                                                                                                                             cayó dormido

                                                                       o

                                                                       todo

                                                                       lo

                                                                       escribió

                                                                       despierto.

Estamos frente a un yo poético condenado por la línea fronteriza, por los límites: ni puede cruzar al otro lado de la línea, ni puede olvidarse de ella. Continúa, pues, y se refuerza esa indecisión que parece la base de la propuesta post-poética. Un yo que, tras varios poemas, deja de lado esa línea y lo que hay a ambos lados de ella para centrarse obsesiva y compulsivamente en la imposibilidad de la decisión: se mantiene inmóvil –y convencido– en la incertidumbre.

            Estoy atorado

            entre este y el otro lado.

            Y cuando mi salto está listo:

                                                                       la raya se desplaza.

            […] Soy un hombre de frontera. Mi obsesión es el umbral.

            ¿A este zigzag se reduce

            poetizar?

            ¿Es una conclusión?

            Sí y no.

            ¿Es una melancolía?

            Puede que sí, puede que no.

Un misterio que jamás será resuelto.

            Cada vida, un enigma.

            Los enigmas resueltos

            no deben comunicarse a otros—

El uso aparentemente “lúdico” de los signos de puntuación (abundan los paréntesis, incluso en grupos de cuatro; diagonales múltiples, incluso como único elemento del verso; dos puntos juguetones que desafían su lugar en el mundo; un punto final travieso que quiere ser principio; y signos de interrogación que se cierran sin haberse abierto) no transporta tanto hacia un concepto de post-poética como al poemario Híkuri, de José Vicente Anaya, publicado en 1978. Este peculiar uso, junto con la gran cantidad de rimas asonantes, pone de manifiesto la característica de artificio del texto, alejándolo de toda posible naturalidad.

Me quedé atorada en la propuesta post-poética. Me sitúo en la línea-frontera desde la que el yo poético mira el mundo y duda, y veo, más que un río que fluye hacia un destino –aunque incierto– un remanso de aguas estancadas que el explorador-poeta observa desde una gran distancia. Y sin saber hacia qué lado de esa línea-frontera dirigirme, me pregunto: ¿qué nos queda?, ¿a qué puede aspirar la poesía si ni ella misma ni el poeta pueden mirar el mundo –mirarnos, al fin y al cabo– de frente?

[…] Y como si existir no fuese suficiente afrenta
hoy amanecí con los lentes rayados.

No me pida nadie que lo mire de frente.
Yo prefiero mi vidabizca.

__________________________

IMG_3081 - copia

Patricia Oliver nació en Zaragoza, España, donde estudió Filología Inglesa. Actualmente vive en México D.F. y se dedica a la traducción. Es egresada del Diplomado en Creación Literaria del CCLXV y está estudiando una especialización en traducción literaria en la UNAM.

3 pensamientos en “El libro de lo post-poético de Heriberto Yépez

  1. Gracias, interesante reseña, me llevó a pensar y recapacitar en el juego de palabras que hace en su libro Heriberto y aprecio la “disección” que vas haciendo de su libro.
    Realmente sale uno con esto, de lo cotidiano, fue enriquecedor.

  2. Gracias por compartir la reseña Paty, la disfruté. Un día de estos iré a la librería para seguir con los poemas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s