Libros/Poesía/Reseña

Desde el exilio, la vida es viaje

Postales del exilio

Postales del exilio
Carmen Ávila
JUS-DMC Torreón
México, 2013
p.p. 106
$139.00

Por Nadia Contreras

Postales del exilio[1]  es efectivamente un poemario escrito desde el estar en otra parte, los lugares conocidos, pero sobre todo, desde el exilio al que nos condena nuestra propia historia. Esta es la mirada de Carmen Ávila y la mirada que nos presenta en estas postales: “La palabra dolor /huele en el aire”. Allá, en otros países la guerra infinita; aquí, en el nuestro (el estado como una patria), las ráfagas de la batalla perdida. Este es el exilio, polvo-humus: “una mota de polvo /en la alfombra gigante /tejida de ramas y raíces”, de la gran descomposición.

Los poemas de Carmen, a manera de álbum fotográfico, nos muestran su estancia: París, Alemania, Praga, Ginebra, el País X, que no es otro que México y su desierto al norte. El viajero observa y la memoria registra, traza sus planos, las raíces de estos planos. La memoria, sin embargo, es caprichosa y en el momento en que registra, también olvida. Carmen, le agradecemos quienes no hemos llegado tan lejos, quienes vemos la posibilidad del viaje no más allá del umbral de la puerta, no confía en la memoria, toma pluma y papel, su cartografía de recuerdos. Escuchemos un ejemplo:

III. Berlín: invierno de 2009

La oscuridad comienza a medio día
brincan los ciervos entre la nieve
no hay lobos en la carretera de porcelana
pero mi miedo

las luces del auto crecen
todo se cubre de plata:
árboles de joyería

El viajero, lo que atestigua (plazas, avenidas, el mar, nombres, quienes luchan, ganan o son derrotados), se concentra en el alma y engendra la felicidad o la extrañeza, el deseo o el miedo, la presencia o la falta. Pienso en esto mientras leo los poemas de “Praga y otros paisajes de la vida Judía”; ciudades, como la nuestra, lejanas en la esperanza de resucitar. Esto lo dice Carmen y aunque debate entre la posibilidad de morir en dos lugares distintos, la conclusión que nos da, de pie frente a la ciudad amurallada de Jerusalén, es que la fe, (no Jesús en el madero de la cruz ni la cábala), es una sombra que ya no alcanzan nuestras manos. Sin embargo, hay en este viaje del exilio, dos alternativas que son aliciente: el amor y la infancia. El apartado “Todos los caminos llevan a Ginebra” es el amor. Pero un amor “caí en tus labios/ fui marioneta a la que le cortaron los hilos /de tus ojos brotaron girasoles”, que no se reconoce sino en el pasado, en aquello que un día alguien sembró (“Regáñame madre por llorar abrazada a ti”, La máquina de escribir, FETA, 2008) y crece como el árbol y se hace fuerte bajo la sed o la tormenta. El amor, la caricia, frotar lo que se capta del mundo: “de niña me gustaba frotar /en el remolino de mis huellas /polvo negro y naranja /de las mariposas secas”. El amor y la fe, no sólo cubrirán de cemento las balas o la pierna o el brazo perdidos en la guerra: fincarán un nuevo comienzo.

El apartado “La biobibliografía” cierra este conjunto de postales; es el fin de la hazaña, del viaje en el que se duerme despierto o vive en el sueño. La vida es viaje, o mejor dicho, el viaje es vida y Carmen Ávila, continúa la tradición de quienes han hecho de esta metáfora (como la metáfora del “amor”, “la muerte”, “el ser”…), tema único de sus libros. No nos sorprenda la frase: “La literatura en verdad nace en Occidente unida a un viaje, el de Ulises en La Odisea”. Pienso en Hemingway, Capote, Lowry, Margueritte Duras, Ana Ajmatova, Octavio Paz, entre otros, que nutren su obra de aventuras y vagabundeos.  Lo que destaca en Postales del exilio, y aquí su diferencia con la simple aventura, tomar pluma y papel para escribir cualquier cosa, es el poder que reside en cada verso; su lenguaje, su imán, obliga a detenernos a mirar, acaso la respiración entrecortada, el paisaje hipnótico y terrible de la existencia. Es necesario mirar, claro que sí. Sólo la mirada y la reconstrucción de lo que antes fue punto de partida, darán continuidad o aniquilarán el exilio, nuestro exilio, la orfandad. Esto, depende de nosotros. Ahora.


[1] Premio Nacional de poesía “Enriqueta Ochoa”, 2010.

____________________

nadia contrerasNadia Contreras (Quesería, Colima, 1976). Escritora y maestra. Sus últimos libros publicados son: Cuando el cielo se derrumbe, Pulso de la memoria, Presencias y El andar sin ventanas.

 

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