Ensayo

Ninguna lengua es la patria: La poesía de Lêdo Ivo.

Al enterarnos del sensible fallecimiento del gran poeta Brasileño Lêdo Ivo, en La Estatería hemos querido rendirle un homenaje a su portentosa obra, por lo que a continuación reproducimos el prologo que el poeta Mario Bojórquez preparara para Estación final: Antología de poemas 1940-2011, editada en Colombia en la colección Los Torreones del Gimnasio Moderno y reeditada en España por Valparaiso Ediciones.

Ninguna lengua es la patria: La poesía de Lêdo Ivo.

por Mario Bojórquez

Lêdo Ivo es el mayor poeta de la lengua portuguesa actual. Su viva presencia tiene la más valiosa importancia para las letras americanas. Su temprana filiación a la generación del 45, propone un regreso a ciertos temas como son la experiencia vital, el amor y la naturaleza, al mismo tiempo que muestra una mayor mesura en los recursos expresivos con las formas clásicas del verso. Encarnados estos elementos en la poesía de Lêdo Ivo, sus primeros libros son una respuesta a los experimentos vanguardistas del primer modernismo brasileño de 1922. Siendo aún muy joven, su ya madura poesía fue inmediatamente elogiada por los grandes maestros de ese periodo, entre ellos Manuel Bandeira y entre nosotros, en el mundo del español, Alfonso Reyes.

Para la poesía de Lêdo Ivo, escribir es un acto de registro de las impresiones del mundo pero también es una exploración de lo que no se conoce, de lo que se intuye por medio de las relaciones inexplicables entre sucesos y objetos que aparentemente no tienen una relación causal ni de coexistencia. La escritura entonces se convierte en el catalizador de estas irregulares convergencias de la memoria y de la imaginación. Escribir se vuelve un ensayar el mundo, un palpar en las sombras de la incomprensión hasta llegar a un territorio que nos ofrece seguridad en medio del riesgo.

Desde su primer libro, As imaginações, que recoge sus poemas de 1940 a 1944, Lêdo Ivo (Maceió, Alagoas, Brasil, 18 de febrero de 1924)  fue considerado como un autor de gran potencial creativo, reconociéndole sus enormes virtudes sonoras, el arsenal retórico de imágenes y figuras literarias, su libertad expresiva con un verso de gran elasticidad que incluía una dicción propia del versículo canónico y que ya habían ensayado en el francés Paul Claudel y en el inglés Walt Whitman, como un verso cercano a la prosa: “Poema a la memoria de Éber Ivo”, “Adriana y la poesía” y “Justificación del poeta”, pero con flexibles ligaduras que permitían una extensión de cadencias regulares pero inasibles, donde de pronto ya se instalaba una prosa decidida como en el “Caballo Muerto” pero musicalmente versal.

portledo

Con Ode e elegia de 1944-1945, hay un desbordamiento de la frase musical, que nos remitirá de inmediato al periodo de las grandes odas de Álvaro de Campos en Fernando Pessoa, hay aquí una vocación de decirlo todo en el poema, de participar de todas las realidades simultáneas y sincrónicas de la percepción, para darnos esa magistral sinfonía de voces y de sabores, de miradas y contrastantes esencias táctiles; sus procedimientos de acumulación ocurren por oposiciones y reiteraciones, la concreción se obtiene por una suerte de maduración del tema.

El poeta es un pulso, agitada visión en la entre-sombra del esplendor. Cuando el ojo educado por la maestría invisible del trueno anticipa el destello del rayo que conmueve la apacible respiración del mundo, estamos frente a la poesía en acto, existe una concreción simbólica que genera el sentido superior. Lêdo Ivo es un poeta del rayo y de la memoria, acude en su poesía al mito instaurador de las florestas griegas. Mnémosine diosa de la memoria, es madre de la musas y su padre es Zeus, el dios del rayo. Se escribe para dejar memoria de lo vivido.

 

Acontecimento do soneto (1946), vendrá a ser una respuesta concreta a esta búsqueda de afirmación estética mediante los recursos más clásicos de la poesía tradicional; sin embargo, en el caso del soneto de Lédo Ivo, existe una verdadera libertad y renovación, la combinación de rimas asonantes y consonantes alternadamente y aún los sonetos sin rima al modo del verso blanco que utilizará después siguiendo la brújula loca de su antojadiza elección, nos dará a un poeta en posesión de todos sus poderes expresivos.

Con Oda ao crepúsculo (1946) y años después con Oda equatorial (1950), volverá Lêdo a deleitarse en el verso desbordante, en la meditación desatada que logra por acumulación un estado de percepción alterada de la realidad, como si se tratara de un salmo, como si el poeta se propusiera entonar un alto canto que lo rebasa y que lo lanza menos en los acordes de una música estruendosa que en una exploración anímica de lo inefable, una verdadera encarnación mística en la lucha contra el ángel de la poesía. En la Oda equatorial, hará un cumplido homenaje con la explosión del verso de largo aliento a la floración del Amazonas, a la sagrada Hiléia del Barón de Humboldt, con su enconada selva de insectos y reptiles y pájaros y peces, animales de uña y de colmillo.

Lêdo Ivo es un poeta de la pasión, animal fantástico que asume la apariencia del insecto que busca la miel entre la flores y también la onza que salta entre peñascos para tajar el groso tapir entre la niebla, y el yacaré que observa los mínimos movimientos de la vida latente y la lechuza blanca que espera y con su propia luz descubre en las temibles sombras su alimento. Lêdo Ivo está soñando con los ojos abiertos, como los peces multicolores, alerta siempre al acechante mundo con sus mil formas pero atento también a la dulzura de la belleza.

Entre estos dos trabajos dedicados al verso de largo aliento, aparecerán dos volúmenes: A jaula, 1945-1946 y Cântico, 1947-1949, donde el poeta pasará por todas las escalas de la música verbal, edificando sobre el poema de media extensión y de verso variable desde el tradicional metro hasta la prosa imprevista, Lêdo Ivo repasará sus constantes temáticas: el amor celebratorio, la vida de su pueblo, la memoria de la infancia. Sus poemas son fijas fotografías, se busca nombrar aquí el destello latente de la memoria, decir cada cosa según su lugar en el mundo y sobre todo, su lugar en la pantalla iluminada de la imaginación poética, poemas de homenaje, poemas celebratorios, memoria y pasión dialogando en el espacio de la sílaba pulsada.

Las siguientes dos décadas de trabajo, permitirán a nuestro autor refinar cada uno de sus procedimientos expresivos, explorar desde diversas perspectivas, tonos, texturas, timbres,

sus preocupaciones temáticas, decantar el material poético que le fue dado escribir. Estamos aquí junto a un poeta maduro que puede cantar todo lo que se proponga, desde cualquier elevación o sima, subir hasta las altas nubes del calor sofocante que predice lluvia o encajar los pies en la arena blanda del manglar. Desde Linguagem, 1950-1951, Un brasileiro en París, 1953-1954, Magias, 1955-1960y Estação Central, 1961-1964, pasará del poema de contenido social, hasta la postal anímica, el relato de viajes o el humor fársico, pero dejándonos ya poemas que se convertirán en clásicos de su poesía: “Necesidad de un paraíso”, “Mar femenino”, “Oficio de la mortaja” o “El regreso” y que culminarán en “Finisterra”. Considerado éste por Iván Junqueira como el mejor libro de Lêdo Ivo para esta etapa de su quehacer literario, en Finisterra, 1965-1972, encontraremos además de ese prodigioso texto que da nombre al libro, otros tantos poemas que pertenecen ya al patrimonio de la memoria poética de América: “Cuando los navíos se pudren”, “Los murciélagos”, “Herramienta amorosa” o “El cementerio de los navíos”.

O soldado raso, 1980-1988, es un descanso para el poeta, en esta colección reúne los divertimentos de la vida literaria. Hechas para la burla, las breves composiciones de este libro participan del epigrama, la ironía y el franco sarcasmo; por medio de rápidos retratos muestra la frivolidad de colegas autores y críticos, así como también de las “musas” de carne y hueso que aspiran a ser inmortalizadas por la inspiración del poeta.

A noite misteriosa, 1973-1982, contiene el celebrado poema “Los pobres en la terminal de autobuses” que ha hecho de Lêdo Ivo un clásico de la poesía contemporánea. Aún más allá del ámbito de los círculos literarios, este poema ha sido inoculado en la memoria de los lectores, junto a otros como “El portón” o “Asilo Santa Leopoldina”; pero será sin duda aquél con el cual el lector común establece una filiación inmediata, por el dulce amargo humor con que refiere la condición de aquellos que lamentablemente son separados, hostigados, disminuidos por la segregación social. “Los pobres en la terminal de autobuses”, es uno de los poemas más recordados y justamente celebrados del poeta de Maceió.

Calabar, 1985, es un drama poético que admite diversos personajes y voces que representan al pueblo mismo y a su memoria, de algún modo es la reivindicación de un personaje histórico singular, Domingo Fernandes Calabar, quien fue un militar rebelde brasileño aliado de la invasión holandesa en el Nordeste de Brasil ocurrida en el año de 1632. Fue torturado y ejecutado por alta traición, sin recibir sepultura, en su pueblo Porto Calvo de Alagoas en 1635. Su viuda habla en el poema seleccionado y nos produce un estado de enconada reprobación ante el hecho sentimental de su desolado desamparo, la viuda se exige no olvidar en ningún momento de la existencia, la cruel venganza que se ha cobrado en el hombre que ama.

En la siguiente etapa, Lêdo Ivo, publicará dos libros de poemas Mar oceano, 1983-1987 y Crepúsculo civil, 1988-1990, donde aparecerán nuevos y entrañables poemas que refieren a sus temas ya ensayados en los libros previos: la recuperación de la infancia y sus paisajes tropicales, las reflexiones sobre su idea particular de la divinidad y la siempre maravilla del mundo, que en su caso parecería como una infancia eterna y deslumbrada a cada momento, esta mezcla de inocencia y malicia que bien puede referir a un rapaz que conoce “la O por lo redondo” como alguna vez consignó el poeta mexicano Ramón López Velarde. En Mar oceano, vemos que el poeta recurre constantemente a la prosa poética, en hermosas composiciones como “La muerte de Elpenor”, “Los tesoros”, “Oda a la permanencia” o “La escalera”, pero que también ensaya el poema breve como en “La mancha irreparable”, un notable poema de humor y de erotismo. En Crepúsculo civil, regresará al poema de hilo de seda, composiciones en verso de arte menor con rimas asonantes y consonantes en impecables estrofas clásicas, tal el “Soneto de amor condenado” o “Marina”.

En la última década del siglo y con más de cincuenta años de publicación sostenida, el poeta de Alagoas nos ofrece dos libros, Curral de peixe, 1991-1995 y O rumor da noite, 1996-2000, que recogerán poemas muy apreciados por sus lectores. En el primero, “La perra”, donde se vuelve sobre el tema de la inutilidad de la pasión a pesar de su incontrolada urgencia natural y “Reaparición de mi padre”, luminoso poema de tintes escalofriantes por la realidad inequívoca de la muerte física pero al mismo tiempo la sobrerrealidad espiritual de la presencia. Más allá de posturas teológicas o de explicaciones esotéricas, Lêdo Ivo observa a su padre muerto en su rutina diaria por las calles del pueblo como si no hubiera fallecido muchos años antes. En O rumor da noite, vuelve a sus temas de intervención social, aunque de un modo muy personal, en todos ellos hay un elemento de atmósfera subjetiva que nos coloca en el lado menos perceptible de la realidad concreta. En el metro, en la carretera, en la interrogación de las fuerzas de seguridad, se habla de una realidad que por atroz no se nos permite descifrar completamente, una realidad que promueve más preguntas que respuestas en los sórdidos reflejos de la vida humana.

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El último libro que se recoge en sus obras completas es Plenilunio, 2001-2004, con más de mil páginas ya publicadas, lanza ahí un manifiesto a sesenta años de Imaginações: “Mi patria no es la lengua portuguesa. / Ninguna lengua es la patria.”, con lo que parece construir una postura que confronta el reto que en la primera mitad del siglo había establecido Fernando Pessoa, “Mi patria es la lengua portuguesa”. Lêdo Ivo cumple así un ciclo de esforzado y feliz ejercicio de creación poética a través del siglo XX y lo concreta en una obra de alta perfección estética donde la ejecución se fortalece en las herramientas disponibles de la tradición al tiempo que se exploran nuevos caminos en su expresión. Nuestro poeta ha vivido con intensidad la poesía y esa experiencia vital ha quedado registrada en cada uno de sus libros.

En 2008, publica Réquiem que inmediatamente obtiene el prestigiado Premio Casa de las Américas de Cuba de ese mismo año; de tono contristado, este libro es un canto funerario, el poeta se despide del mundo, con el gesto desencantado de quien se sabe próximo a la transición, desdibujado el rostro de tanto ver el sol, hastiado de la realidad y de sus sinsabores, retrata el tedio de la vida soñada o construida en la pantalla descolorida de la memoria: “Todos los paisajes que vi se desmoronaron / en las postales corroídas.” Este triste libro que parece una despedida, un cansado gesto de quien no quiere continuar el viaje, es una desalentadora y contrastante muestra del mismo espíritu que ha cantado durante mucho tiempo la naturaleza solar, el amor ardiente, el culto de los ancestros, la recuperación del paraíso de la infancia, la incesante búsqueda de Dios, la tierra nativa plena de una fauna y una flora bullente. Es el hombre que dice adiós a todos sus placeres sobre la tierra y se prepara para el silencio.

Afortunadamente en 2011, la editorial española-mexicana Vaso roto, publica de modo simultáneo Calima/Mormaço, edición bilingüe español-portugués de sus más nuevos poemas, un libro donde Lêdo Ivo refrenda su pasión por el mundo y su fe por la maravilla en la mirada atenta del poeta que nos regresa en perfectos poemas la fascinación de la existencia plena; setenta años después de sus primeros poemas, ese mismo muchacho lleno de años y de experiencias (el pasado 18 de febrero ha cumplido 88 años de edad en Villahermosa, Tabasco, México, participando en el Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer, leyendo poesía y compartiendo la alegría de la vida con sus colegas), sigue diciendo a su padre como en 1940:

no te preocupes si los demás se espantan con tu hijo de ojos vivos y cabellos
siempre desaliñados
no te preocupes si recito poemas cuando la noche cae
el tiempo no existe en el alma del poeta
todo es universal y abarca todos los tiempos
los poetas, papá, son los corazones del mundo
son las manos de Dios escribiendo los poemas del mundo inseguro
no importa, papá, que digan que estoy loco
que lloro recargado en los puentes y me conmuevo en los teatros
que pregunto por la obscura Adriana cuando la madrugada baja
en silencio
en silencio

San Pedro Cholula, Puebla, México a 20 de febrero de 2012

________________

poesiamexicano2_500Mario Bojórquez, nació en Los Mochis, Sinaloa, México, el 24 de marzo de 1968. Su obra poética ha obtenido el Premio Estatal de Literatura de Baja California, 1990; el Premio Abigael Bohórquez, 1995; el Premio Nacional Enriqueta Ochoa, 1996, el Premio Nacional Clemencia Isaura, 1996, el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, 2007 y el Premio Alahambra de Poesía Americana, 2012. Sus libros de poesía son Pájaros Sueltos, 1990; Bitácora de Viaje de Fortúm Ximénez, 1993; Nuevas coplas y cantares del temible bardo Eudomóndaro Higuera alias el tuerto, 1995; Contradanza de pie y de barro, 1996, Diván de Mouraria, 1999 y Pretzels, 2005, El deseo postergado, 2007 y Y2K 2010.

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