Crítica/Ensayo/Libros/Poesía

Obra reunida (1984-2009) de Miguel Ángel Chávez Díaz de León

Obra reunida (1984-2009)
Miguel Ángel Chávez Díaz de León
UV/ ICHICUL, 2011

por David Alejandro Martínez

Hacer la edición de las poesías de un autor es faena ardua, intelectual. El problema ya lo señalaba Villaurrutia en la selección que hizo de los  Poemas escogidos de Efrén Rebolledo: existen dos tipos  de poetas, afirmaba, los que hay que leer en su totalidad y los que deben de ser leídos en una selección cuidadosa, escrupulosa, de sus textos. Eso es lo que pasa con un escritor como Miguel Ángel Chávez Díaz de León, que ha desarrollado su labor poética por  más de 25 años y dado una obra vasta. Aunque esto, por supuesto, no asegura su igualdad  ni, mucho menos, su calidad. Por ello, una edición como Obra reunida (1984-2009)  puede no resultar justa. Son más de 350 cuartillas, doscientos y pico de poemas en las que se encuentran lo mismo reflexiones sobre la muerte, los pecados capitales, la formación simbólica del mundo y el desamor, que un poema al clítoris, reflexiones sobre la gonorrea o Carlos Fuentes diciendo «pendejadas por TV». Esta disparidad temática desembocará en lo que muchas veces será una falta de concreción textual.

Hay poemas de ratos, para recitar en privado, con los amigos a la víspera de un acontecimiento importante o en honor a las anécdotas de la semana. Poemas de ingenio o maldicientes que sirven como catarsis personal o guasa. Pero esos deberá saber guardarlos para sí el poeta. No exhibirlos y exhibirse. Hay también, en cambio, poemas sinceros que desbordan su intención y traspasan el contexto, y son esos los que valen la pena ser leídos en público, darlos en un libro que, aunque pequeño, evite que confluyan los aciertos con las equivocaciones. Pues lo que puede llegar a ocurrir, como de hecho sucede en Obra reunida, es que los desaciertos terminen por eclipsar, o la menos desmeritar, a aquellos poemas que sí tienen una voz profunda y sincera.

Puede imaginarse que lo anterior cobra una importancia capital si se trata, como es el caso, de una edición que pretende divulgar la producción de un autor. El libro, publicado en 2011, corrió a cuenta de la unidad editorial de la Universidad Veracruzana y el Instituto Chihuahuense de la Cultura con un tiraje de mil ejemplares, lo que puede dar una idea clara de cuál fue la intención. De la portada cabe decir  que muestra el anverso desnudo de una mujer que sangra y  camina sobre una carretera — teclas de una máquina de escribir— hacia la luna en un paisaje gélido del norte.  Este diseño permite percibir lo que será el carácter eminentemente  erótico y regional del libro.

Una segunda observación, como se ha venido adelantando por su importancia, es la que tiene que ver con la selección, más bien simple reunión, de los textos. Pues como se mencionó, se limita a juntar en un solo volumen los cuatro libros Este lugar sin sur (1988), Vhala blues para saxofones (1991), Los ángeles también van de cacería (2006) y Poemas completos de libros inconclusos (2009). Una suerte de obras completas, sin ser tan pretenciosas. Este interés por mostrar toda la obra del poeta, va a provocar que el libro sea voluminoso y que  acumule muchos poemas innecesarios e, incluso, repetidos.

Sus primeros dos libros, Este lugar y Vhala blues, suelen reproducir varios de los textos  que ya se encuentran en páginas anteriores. Esto, quizá porque a juicio de su autor merecían volver a aparecer o forman parte de una idea más desarrollada adelante. Lo cierto es que se produce la sensación de que en Este lugar acudimos a una suerte de borradores o poemas inacabados. Cierto que percibido desde la vocación de la ecdótica sería muy interesante conocer las minucias en que varía un poema con respecto a otro (una coma, algún blanco de más o palabra suprimida), pero definitivamente no es este el interés del primer lector.

Se puede anotar que las preocupaciones principales de Chávez Díaz de León son el desamor, lo femenino, la intertextualidad, lo urbano, el tema regional y una suerte de refutación poética de lo divino. Para lograr capturar estos temas, el autor transita, con una facilidad insospechada —incluso por él mismo—, por diferentes estados de ánimo que van de lo jocoso a lo patético. La formulación de su voz poética, entonces, pasará igualmente por estos episodios a veces proféticos, a veces escatológicos. Sirvan de ejemplo estos dos textos que forman parte de un mismo libro, Los ángeles también van de cacería (2006):

Estar contigo
es estar con Dios
o con el Diablo
No importa
El bien y el mal
se sirven con la misma cuchara
y se unen
con el último aliento.
(“La metafísica” vv. 1-8)

Y:

Por
la señal
de
la santa
pus…
Parece
que tienes
gonorrea.
(“De cómo se bendice a los hijos de Sodoma y Gomorra” vv. 1-8)

Erotismo y transgresión: ¿catapultas o piedras de tropiezo? Más bien lo segundo para nuestro poeta. Y esto se debe a la falta de precisión con que se abordan los temas, lo burdo que resultan. La experiencia erótica, amorosa, se vuelve en muchos casos patética o simplista: «El cuerpo / de / la mujer/ está compuesto / por un 75% /de agua / y un 100% / de tentaciones» (vv. 1-8) reza el poema titulado “El cuerpo” para referir un ejemplo concreto.  Aunque en otros —los menos, cierto, pero dan gusto y por eso valen la pena citarlos— sí se revela una verdadera expresión:

Giramos Elva
como dos soldados
que no se encuentran
mientras  la quietud recorre el campo de batalla
y sólo el aliento de los fusiles se descubre
junto a la niebla y el dolor
de esta calle
que alguna vez cruzaremos
sin mirarnos
(“Poema” vv. 1-9)

Por otro lado, los elementos de transgresión están sustentados en su mayoría por un lenguaje escatológico que resulta banal: «te convoco / …a esconder en el culo del gato / nuestras fechas» (“Versos para dar fin a una relación” vv. 5, 6-7) o «un rock suavecito enamora a mi planta / y Carlos Fuentes dice pendejadas por TV» (“Poema” vv. 6-7) y «… los gusanos / reproduciéndose a la orilla del fango» (“Poema” vv. 4-5). El interés por la  transgresión se expresa también en un trastoque (¿refutación?) fácil de los valores sociales y religiosos que simplemente resulta gratuito:

En la última cena
ya entrada la noche
y la bebida
los Doce Apóstoles
se pusieron cachondos
y recordaron técnicas sexuales
En eso
el cielo se abrió
y llovieron el esperma de Adán
y los divinos líquidos
de Eva
(“La última cena” vv. 1-11)

Por otro lado, si consideramos las referencias intertextuales que abundan en el libro (las hay a Marx, Shakespeare, Hedoroto, Modigliani, Jim Morrisón, Miguel Ángel o a Noé, Abraham, las Tablas de la Ley, Da Vinci, Pérez Prado, Sabines, el Kamasutra y Marylin Monroe, por mencionar sólo algunas) podemos detectar una clara intención por validar una cultura amplia y cierta preparación intelectual que, finalmente,  se antojan impostadas y favorecen la disolución del libro. También se puede leer un afán por establecer un posicionamiento ante el arte en el que el poeta justifica su “incomprensión”, como en el caso del poema “Amadeo Modigliani”: «es Amadeo Modigliani /que nunca nadie le hizo una entrevista / quiere olvidar a la estúpida gente / a la pendejez de la censura» (vv. 3, 8, 23-25).

Tal sensación de desintegración se da debido a que no existe, en realidad, un verdadero tratamiento, una apropiación, o al menos una  justificación de los guiños intertextuales ofrecidos. Por ejemplo, en  “Cuestionamiento de la realidad para la aplicación de un método no autorizado por la élite”, los nombres de Dios, Marx y Weber,  de doctrinas como la filosofía oriental o disciplinas como el psicoanálisis se acumulan y siguen para tratar de dar una impresión de profundidad.

El tema urbano también estará presente. Miguel Ángel Chávez Días de León es un poeta del norte, de Ciudad Juárez, para ser exactos, sin embargo lo mejor de su poesía no lo encontramos en los lugares comunes asociados a la narcocultura, el desierto, la frontera o los apaches (que efectivamente  sí aparecen), sino en la reflexión sincera de un hombre que asimila, como lo haría cualquier otro, el espacio que le es dado habitar. Y quizá sea esto lo más encomiable de su propuesta. En los poemas en que se cumple lo anterior, los elementos locales —como los tradicionales grupos norteños— trascienden su circunscripción y las geografías de la frontera se vuelven estados de ánimo:

Tumba el aire el metal
y cimbra la nostalgia
aparece en escena el cuerpo frío
la boca de cristal
los sueños de algún dios
y un músico
organizando el ruido.
(“Sax II” vv. 1-7)

En líneas generales se puede decir que se trata de un conjunto de poemas que no se hacen justicia entre sí. A los versos originales se les contraponen una suma considerable de  lugares comunes disfrazados de intimismo y profundidad; las aspiraciones poéticas son rebasadas, en algunos casos, por el ímpetu del momento; el lenguaje cotidiano que busca hacer amable la poesía, se ve excedido tanto por los elementos escatológicos como por una afán iconoclasta. Queda así expuesta una fractura interna en el libro. Si apelamos a la impresión, el sentimiento general que  pervive tras terminar de leer el grueso tomo es de medianía. Sin embargo, deteniéndonos a leer selectivamente, un poco sacando de su contexto cada poema o algunos versos, el panorama se aclara y arroja ciertas luces (como “Sax II”, “Norte”, “Mueren pájaros” o “Elva” y “Magaly”) que conducen felizmente a un espíritu poético sincero, amable, que ofrece una experiencia personal de la poesía.

_________________

David Alejandro Martínez Rodríguez, nació en la ciudad de Chihuahua en marzo de 1987. Es licenciado en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha participado en diversos encuentros de escritores, como el Encuentro Internacional de Escritores Horas de Junio que organiza la Universidad de Sonora. Ha publicado poesía en distintas revistas regionales. Actualmente es becario en el área de investigación de la Fundación para las Letras Mexicanas.

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