Crítica/Ensayo/Poesía

PODAR LA CEIBITA

Por David Ruano González

El término “poeta joven” ha sonado bastante en los últimos tiempos. En México, los estímulos en apoyo a estos escritores noveles abundan: premios literarios con retribución económica y publicación asegurada, otros con la pura publicación y la estrellita dorada en el currículum, una revista por aquí, una antología por acá. Todo esto para que, al final, puedan encontrar el boleto dorado con el cual Willy FONCA los llevará a su fábrica de jóvenes creadores[1] en la que podrán afianzar, un lugar en los círculos literarios del país.

El Programa Cultura Tierra Adentro del CONACULTA es el encargado de la difusión de los jóvenes talentos mexicanos. Éste se encarga de publicar  lo que ellos consideran debe conocer la luz en su fondo editorial o en su revista bimestral. Desde el No.165 de la revista correspondiente a los meses agosto-septiembre de 2010, Tierra Adentro incluye un pequeño libro de poesía perteneciente a su nueva colección llamada La Ceibita. Su pequeña extensión no da para un libro como nos tenían acostumbrados en el fondo editorial, pero sí para ir de regalo. Como sabemos o podemos deducir, estas ceibitas son escritas por poetas jóvenes, sus años de nacimiento van de 1979 a 1985. Esto me hizo pensar: yo que también escribo y a penas tengo 21 cumplidos ¿soy un poeta niño? ¿un poeta bebé? De hecho, la diferencia de edades me hace pensar en una relación como la del hermano mayor, ese hermano mayor que sirve de inspiración o figura a seguir.

Por lo tanto, ¿qué están haciendo nuestros apenas hermanos mayores? ¿Cómo nos están abriendo paso a los que venimos detrás? ¿Cuál, en cierta forma, es el canon que están creando? Estos fueron algunos de los motivos que me ayudaron a escribir esta reseña. Las ceibitas que reseñaré son las número 2, 3, 4, 6 y 8, la 1 no la encontré.

No ahondaré en la cuestión de la forma y métrica, puesto que la mayoría de estos poetas se van por el verso libre, del cual tengo una posición muy clara que he tomado de Ezra Pound y que no veo lograda en ninguno.[2]

En primer lugar tenemos Mi nombre de guerra es Albión de Sergio Ernesto Ríos. (Toluca, Estado de México, 1981). Esta plaqueta se divide en dos: “The Colony Room” y “Mi nombre de guerra es Albión”. En esta segunda parte encontramos un poema en el que el autor nos da una idea de su escriturara:

quiero ser original

saltar los endimiones
los dicotiledones
los dípticos egipcios
los tableros con cabeza de rinoceronte
correr por donde apuntan sus hocicos

como soy un gran artista pido los mayores decibeles

yo me entiendo:

levas micotelepáticas
lapos frigomesiánicos

Y dicho y hecho, él se entiende porque el lector no. Por ejemplo, el inicio de The Colony Room es un verso libre en el que se mezcla el español y el inglés con varias referencias a Francis Bacon que, captadas, no llevan a alguna parte más que a un ejercicio presuntuoso. Igual el segundo poema, escrito en prosa: una acumulación sin sentido de palabras acompañada de ausencia de signos de puntuación y referencias a distintos pintores y personajes históricos que sólo dejan con la pregunta ¿y eso qué? O qué decir del tercer poema, dos poemas en uno, donde se hace uso del versículo intercalando uno en inglés y otro en español: mientras que en uno habla precisamente sobre la publicación en la lengua anglosajona, en el romance describe una imagen vista desde la ventana; por lo tanto, si no existe relación alguna ¿por qué ponerlos juntos e intercalarlos?

Y podría seguirme así con cada uno de los poemas. Esa búsqueda de originalidad por parte de Sergio Ríos me recordó a Eliot al decir que un poeta enteramente original es un poeta enteramente malo; no puedes dejar toda una tradición poética atrás sólo para sentirte “el gran artista” como se siente el tal Albión. Otro síntoma de ello es el afán de escribir en otra lengua; recuerdo a Borges diciendo que era más fácil escribir en inglés por lo que escribir en español era un reto.

Mi nombre de guerra es Albión no se acerca a ese Albión representado por William Blake, más bien, al querer emular una figura mítica, el ejercicio le queda grande perdiéndose en la grandilocuencia y lo presuntuoso.

Adentro no se abre el silencio de Nadia Escalante Andrade (Mérida, Yucatán, 1982). Este libro es una metáfora de la enfermedad, ésta te traga en el hospital como si te tragara el mar. Esto me remitió a un ensayo de Virginia Woolf que hace poco publicó la UNAM, Estar enfermo. La escritora inglesa propone que es tarea del poeta encontrar un lenguaje que pueda describir un la molestia del flujo nasal, los espasmos estomacales y todos los males cuando uno se encuentra enfermo, porque cuando uno lo quiere hacer no encuentra las palabras adecuadas. Con esta premisa, Nadia Escalante pudo haber logrado un buen libro, pero no lo hace, la idea es buena pero mal ejecutada. Por ejemplo: la elección del mar tiene sus riesgos, ya que el oleaje, ese ir y venir de las aguas, tiene un ritmo propio que bien puede ser similar al de los escalofríos, a las palpitaciones aceleradas cuando uno tiene fiebre, a las punzadas de la migraña. En vez de eso la autora intenta un verso libre entrecortado: hemistiquios en versos de arte menor o dentro de la misma prosa, verso mezclado con prosa, una mayor atención a lo visual en detrimento de lo sonoro, o páginas completamente llenas y de repente la ocurrencia como “se abre” apareciendo sola.

Respecto a lo temático, tiene momentos en el que el mar y la enfermedad sí van formando uno solo; sin embargo, se queda ahí, pues no encuentro la emoción o la sensación de malestar, o peor aún, que me esté curando, perdiéndome en el lenguaje acuático. Por ejemplo, el final del libro:

vamos a hundirnos vamos
hasta el mar más intenso
que arrastra mi abyección
entre merluzas ondas
violetas hipocampos
el silencio de lámpara
inmóvil sobre el agua
arriba siempre arriba
siempre arriba intocable
intocable y afuera
mientras el agua crezca
más interna sumergida
debajo de los pulmones
debajo de las vértebras
abajo abajo
vamos a hundirnos vamos
de arriba nos arrastran
hacia arriba

hasta asfixiarnos

Los poemas sobre la enfermedad nos deberían de acompañar en nuestra convalecencia causando esos efectos que sólo la poesía logra y que nos atrapa en su lectura; en cambio, tenemos un mensaje que, en busca de un significado profundo, termina ahogándose.

En el número correspondiente a los meses de abril y mayo de 2011, Tierra Adentro nos entregó Pájaro Lanzallamas de Luis Eduardo García. Éste libro es un tanto diferente a los dos anteriores. Mientras que en Mi nombre de guerra es Albión y Adentro el silencio no se abre los poemas sirven en conjunto para el significado del libro, en Pájaro Lanzallamas tenemos una colección de poemas sobre distintos temas, lo cual me resultó interesante. Más cuando leí “Fácil”, una idea sobre la poesía misma:

Siempre es fácil escribir poesía:

hay agua dulce
heridas limpias
lucidez tan pura
música
de pezones rosados
de supervivientes de guerra
musgo
balas
todo es verso.

Y, como todo es verso, todo lo que escriba es poesía: la enumeración de ingredientes para una receta de comida, por estar acomodada en forma de verso, es un poema. Afortunadamente Luis Eduardo García no llega a ese punto, pero tampoco se aleja. Por ejemplo, al inicio tenemos títulos más largos que los poemas mismos, cosas que no sabes qué son como “Francis Bacon era un ángel”, también abundan las ocurrencias como “Un placer atenderlo”, o poemas que inician bien y llevan cierta emoción pero que se cortan de golpe y terminan mal como “Recuerdo de días peores”:

Un hombre con los testículos hinchados
se levanta a medias
con su tos escarlata destrozándolo
-morirá violentamente en 10 segundos-

mi padre que no llora
es un géiser de lágrimas sobre la cama gris

-la momia con el hígado deshecho también morirá pronto
su esposa me sonríe con tristeza-.

Mi padre llora aún
sus lágrimas llegan al hombre doblado por la úlcera
llegan al de los huesos de hojas secas
llegan mis manos.

Mi padre es una lluvia de Terabol sobre las calles roídas.

“Casi perfecta” me intriga porque tiene un gran parecido con “Postal” de Dalí Corona, publicado en la Revista de la Universidad de México en su No. 95 correspondiente al mes de Enero de 2012. O tal vez es un tópico de esta generación hablar sobre mujeres bellamente accidentadas. Es algo que se tendría que revisar.

En general, los poemas de Pájaro Lanzallamas no superan la página de extensión. En esto encuentro más problemas, ya que en este afán de decir mucho en tan poco termina diciendo nada (ya puse de ejemplo “Recuerdo de días peores”), o esa revelación que es característica del poema no sirve de mucho o es trillada, ejemplo de ello es “Felicidad dura”:

Todo fue
sólo una bocanada de niebla
muy dulce.

La felicidad dura
lo que dura un estallido.

Es de resaltar “Algo sospechoso” y “Aligerado”; sin embargo, éstos no salvan todo el libro. Con esa actitud de “todo es verso” Luis Eduardo García podrá escribir muchos poemas, pero pocos lograrán ser poesía.

Después tenemos Por los rasgos una bayoneta de Javier Raya (ciudad de México, 1985). Sin dar tanta vuelta al asunto, este es el único libro que completamente vale la pena. Tal vez porque encuentro sinceridad en ellos. La anécdota no es usada como excusa para dar a conocer su erudición en distintas áreas ni mostrar una nueva experimentación con las palabras, la anécdota sirve para hacer uso de una de las más grandes raíces de la poesía que es el sentimiento. El poeta nos confiesa sin pretensiones lingüísticas distintos aspectos de su vida, un lenguaje que bien podría ser usado en una plática callejera pero con la sonoridad de alguien que sabe lo que es un verso. Se arriesga al incluir palabras del ámbito popular más que académico sin llegar a la vulgaridad. Ejemplo de ello es el poema que titula el libro:

Un día de esa noche que no es hoy
me dieron a tragar pastillas para controlar mi temperamento saiyayín,

O bien “Ciencias naturales”:

Cuando cumplí 12 me regalaron un microscopio Mi Alegría.
[…]
Al colocar mi semen en el microscopio Mi Alegría
esperaba encontrarme los renacuajos febriles
de los videos de educación sexual
[…]
Me queda la fe terrible, esta certeza: la masturbación es genocidio,
y el primer muerto es la esperanza.

¿Cuándo se usaría a Dragon Ball como referencia en un poema? ¿Cuándo se mencionaría la marca de los juguetes de infancia? ¿Cómo renegar de los placeres sexuales que han sido tan exaltados? El talento de Raya no se queda ahí, hace los poemas no se queden en el libro, bien nos pueden acompañar en una situación similar a la que inspiró el texto. Ejemplo de ello es “Auto formal en Querétaro”:

No tardan en entrar por esa puerta
todas las personas que no quisiera encontrarme,
todos los rostros malqueridos de antes,
uno por uno en procesión ordenada de jueces.

Ante la exageración, me consuelo pensado
que tal vez ni me recuerden, o que tienen de mí
un recuerdo vago,
un manchón de memoria inofensiva.
O que no los conocí nunca y que mi vida,
en esta ciudad,
fue una historia imprecisa que me contaron.

Javier Raya es una muestra de que no se necesita mover tanto las cosas para ser innovador. Bien lo dice Pound, “sólo la emoción perdura”, y es lo que nos ofrece Por los rasgos una bayoneta, poemas que apelan a lo verdadero y al sentimiento, cosas que bastante falta hacen en la poesía actual.

Por último, tenemos Diarios del este de Yohanna Jaramillo. (Tijuana, Baja California, 1979). Si tuviera que definir la poesía de Yohanna Jaramillo, la definiría como una poesía ecológica, pero no únicamente en el aspecto de “cuida el agua”, “recicla”, etcétera; sino tomando en cuenta la etimología: oikos, casa, logos, conocimiento. Una poesía que demuestra la preocupación de la autora por lo que sucede en su hogar y entorno: desgaste de la naturaleza, aumento de la violencia, enfermedad, entre otras cosas.

Esta propuesta puede sonar bastante benévola, pero ello no significa que el resultado sea el mejor. A la poesía de Yohanna Jaramillo precisamente le falta eso, el elemento poético, abunda el mensaje y exhibe un descuido en el uso del lenguaje. En ocasiones no hay diferencia en sus poemas y un artículo de revista de divulgación científica o artículo de periódico; por ejemplo el poema inicial:

En la noche última de 2009
nos quitaron una milésima de segundo o menos,
ahora nuestra edad no es la biológica.

Hemos sido palabra en una lengua,
pero la lengua no es de gato y se resbala,
pero eso el salto la liana, las bestias.

El mar se ha contaminado (Japón, 2011),
estamos en espera de ver el nuevo orden marítimo
la evolución.
Por ahora se vive de la gracia humana
y del canto del aire.

Todos van en su sentido correcto,
desde Google Map en sentido contrario
esquivan y dejan de advertir el riesgo de un tropiezo, una calle mal hecha,
un hoy convertido en sustento.

Puede tener algún acierto que alcanza a salvar el poema. Suena paradójico que su mejor poema sea el poema 11, el que nunca existió.

Habría que aclarar que Diarios del este tiene dos partes, la segunda llamada “Carteles”, cuya ejecución es mejor que la primera. La poeta deja los datos atrás e inicia a escribir poesía. Por ejemplo “Si me ponen un 4 con un 5 lo supero”, “Los testigos” y “Gente nueva”, más es en este último donde logra un resultado interesante en ese afán de mezclar el lenguaje poético con el científico, lo cual nos tuvo que haber entregado a lo largo de todo el librito.

A manera de conclusión, puedo decir lo siguiente. Recuerdo que uno de mis maestros dijo “El verso libre es para aficionados”. Si La Ceibita de Tierra Adentro fuera un programa de TV o radio, bien sería la hora del aficionado, o al menos eso lo vimos en cuatro de cinco casos en año y medio de publicación.

Si esta es la línea predominante para los próximos años a la literatura mexicana, en este caso la poesía, le esperan unos años y publicaciones decepcionantes.

Estos poetas en un afán renovador de darle la vuelta, quedaron tan mareados que parece no saben dónde están.

Bibliografía

-RÍOS, Sergio Ernesto. Mi nombre de guerra es Albión. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2010. (La Ceibita, 2).

-ESCALANTE ANDRADE, Nadia, Adentro el silencio no se abre. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2010. (La Ceibita, 3).

-GARCÍA, Luis Eduardo, Pájaros lanzallamas. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2011. (La Ceibita, 4).

-RAYA, Javier, Por los rasgos una bayoneta. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2011. (La Ceibita, 6).

-JARAMILLO, Yohanna, Diarios del este. Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2011. (La Ceibita, 8).


[1] Debo de reconocer que esta agudeza no es mía. Se la debo a mi amigo Julio Flores. Pueden leer algo de su crítica aquí: http://cuadrivio.net/2011/12/%C2%ABcartas-ajenas%C2%BB-de-geney-beltran-felix/

[2] “No creo que se deba escribir verso libre sino cuando se vea uno forzado a hacerlo, es decir, cuando la cosa sola tome un ritmo más bello que el de la métrica establecida, o más real, más partícipe de la emoción de la “cosa”, más relacionado, íntimo e interpretativo que la métrica de la poesía acentuada con regularidad; un ritmo que lo haga a uno sentirse insatisfecho con los anapestos o los yambos rígidos.” POUND, Ezra, El arte de la poesía. México, Joaquín Mortiz, 1983, p. 21.

_________________

David Ruano González (Ciudad de México, 1991). Estudiante de los últimos semestres de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha asistido a diversos talleres de poesía y crítica. Mantiene con otros compañeros de la facultad una pequeña revista y blog llamados Distopías XIX. @medoriorules

46 pensamientos en “PODAR LA CEIBITA

  1. Estimado podador de ceibitas y poeta lactante, agradezco señalar mi librito como presuntuoso y grandilocuente, lo es, especialmente la parte que citas. Se llama ironía, se llama humor, se llama juego, lástima que no seguiste desmenuzando el galimatías de esa segunda parte, parece que diez años después (yo soy del 81) han dejado de lado esa enseñanza en la escuelita. Ahora bien, la óptica de tu juicio es Eliot y Pound y Borges (el más inglés de nuestros argentinos, pregúntale a William Ospina) pero ¿yo soy el de armazón vanamente extranjerizante, no? Me alegra el tono y no darle concesiones a nada, la generación ochentera es (o fue) francamente agachona y entró muy rápido en la edad de las ambiciones, ganar cotos de poder, encumbrarse, apapacharse, venderse, velos desfilar en tu oficina cultural más cercana. La verdad soy tan presuntuoso (y pretencioso) que solo leí lo que opinabas de mí, lo mismo hice con las ceibitas, aparte de la mía, solo conozco la última de “Catnip” de Xitlalitl Rodríguez Mendoza que me gusta bastante. Veo que la guía en este reseñario (sic) la encabeza en los sitios de interés el círculo de poesía y suscriben con fervor de apóstoles “Cimas líricas de la poesía mexicana I y II”. Si ese es el verdadero espíritu del blog poco hay que agregar a ese desafortunado póker teórico: Eliot, Pound, Borges y Alí Calderón. La lectura extraliteraria es bastante obvia. Otro poeta en su segunda juventud, Ángel Ortuño reseñó el mismo librito (http://hangar-sergio.blogspot.mx/2010/12/la-sala-de-operaciones-del-canibal-y-mi.html ), solo que encontró otra cosa, algo me hace confiar más en su juicio que en tu brevísimo arte de descalificar por descalificar leyendo por encimita y nublándose de que el lector “no pueda entender” de ver solo “querer ser original” y “escribir en inglés”, uf ,ese era un ingrediente reactivo, lástima que no se note, qué aburrido debe ser una vida lectora (¿eso enseñan estos días en la escuelita?) así de monocromática y reaccionaria, aunque si te aclaro (aperi ocolum)que la tradición latinoamericana escribe en inglés, alemán, portugués, francés, italiano, cientos de lenguas indígenas y dialectos y Xul Solar escribía en panlíngua, aquí tendría mucho que decir sobre lo mexicano y lo defeño capitalino ombliguista presuntuoso, pero cierro con que más allá del lúcido castellano que hay de Observatorio a Pantitlán, de Cuatro caminos a Tacubaya o de Indios verdes a Coyoacán existe vida!

    • Lo único que voy a decir. He dicho mucho en twitter, pero hasta aquí.
      Sergio:
      Desconozco tu historia académica, pero me resulta triste que llames “escuelita” a la UNAM. Y lo anterior no lo digo sólo para defender mi alma mater, sino porque me sorprende que, al parecer, nadie te dijo al iniciar en este oficio que la críticas iban a llegar por todos lados. Lo que tú haces ahora es criticar mi trabajo y lo acepto, pues desde un principio conocía los riesgos de publicar un texto como “Podar la Ceibita”.

      Dices que en el primer poema analizado no vi la ironía, el humor ni el juego. En una de las reseñas que adjuntas de tu libro, la de Carlos Vicente Castro, toca el mismo punto que yo: lo que yo critico como originalidad fallida, para él es algo bien logrado ¿Por qué no le reclamaste a él no haberte entendido? ¿Que lo que deseabas expresar era la ironía, el humor y el juego? Yo no veo que exalte esas cualidades.
      El siguiente punto es lo “extanjerizante”. Acepto que ahí mi argumentación es débil, ya iré afilando mi punto de vista. Yo por mi parte corro el riesgo de sonar desfasado, pero me mantengo fiel a mis gustos, parto de lo que acertadamente apunta Bonifaz Nuño: la poesía está hecha para el oído y no para la vista y definitivamente tú no tiene vocación para esto. Este descuido tuyo lo veo más en la segunda parte, “Mi nombre de guerra es Albión”, donde ubicas los versos al margen, dejando atrás la sonoridad de la palabra. El autor de Albur de amor también nos conmina a estar atentos cuando dice que “la poesía se oye más que el ruido” y yo en tu libro, Sergio, no encuentro más que ruido, lo reitero: un aglutinamiento de palabras sin sentido alguno. ¿De qué sirve que Francis Bacon sea recreado en tu libro, si apelas más al sinsentido? Poco me dice a mí la descripción que haces de su estudio en el poema II.
      Sobre tu presuntuosidad, tú mismo ya lo aceptaste, así que no tiene caso abundar. Si tu perezoso talante intelectual no te hubiera impedido leer todo el texto, te hubieras dado cuenta de que no sólo hablo de tu libro sino de otros cuatro más. Mi intención era dar una visión GENERAL de lo que sucede en La Ceibita de Tierra Adentro y no hacer con tu libro lo que hacen Ángel Ortuño y Carlos Vicente Castro. Sería interesante ver en tu blog, igual que con las reseñas anteriores, publicada la brevísima crítica que hago.
      Sobre Círculo de Poesía: algunos son amigos, otros conocidos, pero yo no les digo qué hacer ni cómo hacerlo, ni ellos a mí. Quienes dirigen la publicación me dieron completa libertad para decir lo que creo, lo que es de agradecerse en el ambiente literario actual donde abundan las camarillas, para muestra el rosario de comentarios que aquí se vierten, la mayoría de ellos por amigos cercanos a tu círculo. Por cierto, la primera vez que leí un poema tuyo fue en la página que refieres, eso me hace salirme de la línea editorial que ellos proponen ¿no?
      Sobre qué nos enseñan en la “escuelita”: Según la teoría de la recepción, un texto tiene tantos significados como lectores, cada quien interpreta el texto desde su propio horizonte hermenéutico. He de confesar que tu libro es al que más tiempo le dediqué precisamente para no “descalificar por descalificar”. Cuando me di cuenta de que todas las referencias que haces no me llevaban a ninguna parte, elaboré mi juicio. Y esa es otra cosa que nos enseñan en la escuela: el que un escritor sea rebuscado, erudito, secreto, etcétera, no significa que sea bueno. (Te recomiendo leer a Esther Seligson, una escritora que le exige mucho al lector [me refiero a lo formal] y que además tiene un verdadero mensaje que dar).
      Por último, haces alusión a que los defeños sufrimos un mal en el que creemos que sólo aquí pasan las cosas. No lo creo así, dices acertadamente que afuera hay vida. Agregaría que la poesía sirve para exaltar esa vida, esa es su tarea más importante. Pero qué equivocado estaría si pensara que esa vida de afuera está en tu visión del mundo, esa que inspiró Mi nombre de guerra es Albión. Finalmente sostengo que tu poemario es malo. Qué aburrida sería la literatura universal si existiera un solo gusto y no hubiera este tipo de debate.
      A los demás que han comentado o comentarán, le agradezco el tiempo que se toman para leer este texto primerizo, siempre es bueno ver en acción a la cuadrilla de los elogios mutuos salir a reprender mi insolencia, yo por mi parte conservo mi derecho a disentir.

    • La crítica es positiva en tanto sea diálogo. ¿Para qué publicar? ¿Para recibir puros elogios? Falsedad. Que la obra hable por sí misma, no necesitamos al autor para defender o dotar de valor su poesía, esa actitud me parece infantil. Aguante, poeta. O qué le dirías a un lector franco, ¿acaso buscarías convecerlo?

  2. Poeta bebé, no sé. Crítico bebé, quizá.
    Si los poetas quedan a deber con lo que no logran en los poemas, la crítica como espacio de discusión, interpretación o comprensión de la obra queda, en este caso, a deber más. La devoción al canon como iniciativa crítica es un principio pobre.

    • Tengo mis dudas. La devoción al canon es lo mismo que la devoción a nada. Un principio crítico se sustenta en tanto sea objetivo. La comprensión es asunto de cada quien, la interpretación es mera subjetividad y, en todo caso, la discusión es innecesaria, jamás se llegará a un lugar.

  3. Algunas cosas que me sorprenden:
    La sinceridad en un poema es difícilmente medible, por otro lado como decía Alatorre, agarra el diario de cualquier adolescente de quince años y probablemente encuentres los más sinceros poemas, y posiblemente, también los más malos.
    Para tiempos de Góngora, el uso de la silva era lo más cercano al verso libre, y vaya que son libres esos endecasílabos con heptasílabos, denostarlo por ello, decir que por ello es un aficionado, me parecería atroz, claro a él ya lo protege el prestigio. A Boscán le dijeron que usar el endecasílabo era escribir en prosa cortada, hoy pensamos que eso es por lo menos, inexacto. Habría que rebasar la opinión de Pound y juzgar al verso libre por sí mismo.
    No sé los demás, pero yo creo que leer “como soy un gran artista pido los mayores decibeles” o “todo es verso” en un sentido literal, es un error, accidental, o peor, de mala fe, pero error a fin de cuentas.
    Por último, usar “palabras del ámbito popular más que académico sin llegar a la vulgaridad” no me parece un riesgo tan grande, ya lo hicieron, Berceo, Marique, Góngora, Quevedo, Gorostiza (y cuántos no, que no están tan instalados en el cánon)… Y cuál sería el error de “llegar a la vulgaridad”, qué la vulgaridad no merece ser materia poética? No creo que la poesía sea tan respingona.

  4. Pingback: Un poema de Sergio Ernesto Ríos - Círculo de Poesía

  5. Soy lectora, más o menos entrenada, más o menos leída y no me concibo como el ese lector imaginario que este joven lector y crítico pone sobre la mesa, al decir “Y dicho y hecho, él se entiende porque el lector no”. La actividad cognitiva que realizo cuando leo es mucho más grande y multidireccional que “entender” a secas. Concebir la relación lector-poema como un mero asunto de “entender” me parece corto y es parte de una formación como lectores que se empobrece al no considerar todos los aspectos que acontecen en lo que Josu Landa define como “situación poética”, en un texto bastante iluminador sobre el lugar del poema y su sentido. El libro se llama Más allá de la palabra . Cuando se es muy joven y sólo se conoce a autores de la modernidad como Elliot, Pound y Borges se requiere investigar un poco más, leer autoridades más cercanas a un contexto reciente o no tan ajeno al arte y a la poesía contemporánea, leer otros planteamientos en los que se aborda la escritura no desde la falsa dicotomía de forma y contenido. Todo acercamiento crítico de lector es valioso, sobre todo cuando exhibe las propias carencias del contexto de lectores. Un acercamiento de lectura que aún no ha encontrado sus propias herramientas de análisis nos muestra el mucho trabajo que está por hacerse entre los jóvenes lectores para que trasciendan cierto canon que pertenece a otra época y a otras condiciones de lectura.

    • entonces ¿refieres que los poetas jóvenes actuales escriben para “lectores preparados” que pueden leer en sentido y contrasentido? o ¿a quién consideras que va dirigido?

  6. Dejaré mi opinión de la forma más sincera y con errores de redacción fatales porque no pertenezco al círculo de los letrados, disfruto de la lectura y quizá actualmente la he abandonado un poco por cuestiones académicas. Sin embargo he tenido reserva sobre leer nuevos autores (y voy a intentar de enfocarme específicamente a poesía) porque simplemente me hacen sentir excluída de la complicidad del poema, la pretensión se transpira y si hubiera de poner analogía es como un hermoso pastel que resulta de insípida degustación. En algunos puntos de vista me identifiqué con la reseña (aunque es my purista el autor) porque recordé dos de las preguntas que siempre me hago ¿por quién me toman para quererme vender esa poesía? y ¿para quién escriben en realidad? estoy de acuerdo en que cuando uno se dedica a lo que le gusta simplemente no piensa en lo que puede ofrecer sino en como le gusta hacer las cosas y por lo tanto uno supone que salen bien. Si se trata de hacer poesía por el amor a la poesía creo que no es delito, pero estamos hablando en ciertos casos de opotunidades que brindan fondos y becas (algunas pagadas con los impuestos del contirbuyente) creo que todo esto debe obedecer a ofercerle algo digerible, recreativo (sensu estrictu) y que en verdad altere o impacté por un momento la vida del leector. Tal vez yo también comiencé a parecer purista pero no estoy dentro del círculo de poetas y solo soy una lectora que espera sumergirse o identificarse por un momento en los versos de un poema e incluso puedo decir que espero tener la cita en la meoria mientras vivo algo que me recuerde lo leído; probablemente me envíen a leer los estados de mis amigos en facebook para vivir la experiencia que estoy buscando y dejarlos hacer su poesía libremente enfocada a aquellas mentes maestras que descifran pretensiones (ay Dios, todos supimos que hablaba de Bacon no tenía que ser tan mamón para describirlo) sin embargo si en un futuro los jóvenes poetas pretenden que compre su literatura y no han terminado de convencerme obviamente mi bolsillo no tendrá presupuesto para ellos y leeré el verso libre de día a día en facebook (es sarcasmo tendré que remitirme a lo viejo), bien Ruano un saludo.
    P.D. En verdad me preocupa en que se destinan a veces ciertas becas, pero hay otros rubros más preocupantes como el cine o las artes plásticas

    • Retomando lo que comentaba Maricela acerca de cómo los acercamientos críticos develan, muchas veces, las carencias de quien lee que del texto en cuestión.
      Reduces la experiencia literaria y estética a una franja muy reducida, y para mí, pobre, de ella: la emoción y lo digerible. Esta idea corresponde a un tipo de literatura que no exige un compromiso de parte del lector sino que prefiere disfrazar de trascendente lo inmediato. Hablas de las becas y supones que como estas son financiadas por la recaudación de impuestos los productos deben conformarse a las expectativas (limitadas o no) de los contribuyentes, si así fuera, y no descubro aquí ningún Mediterráneo, dejemos lo que hacemos como poetas y lectores su sumémonos a los miles que disfrutan, entienden y se recrean en las telenovelas y las revistas del corazón.
      Te recomiendo, como también al autor de la reseña, que lean otros tipos de discursos literarios, que exploren se permitan conocer otras formas de la experiencia estética más allá de la complaciente recreación, no tiene que ser literatura recientísima, puedes probar con la literatura de otros pueblos, de otras tradiciones, lejos de la supuesta centralidad de lo emotivo.

      • Lo siento mi ritmo de vida no me lo permite jajajajaja sabía que mi opinión se prestaría a que me mandarán a ver telenovelas o que me iban a mandar a leer a Paulo Coelho, el que no me guste no significa que no buscará el fondo o intenté internarme en el contexto, bien lo dice el niño de la reseña hay buenos temas pero es un fondo muy obvio o un fondo muy superficial (que se asemeja al arte conceptual) que no deja mas que dudas comou ¿no tienes más para mí? ¿esa es la experiencia que me proporcionas? o aquella sensación de iba bien pero me sigue sigue faltando algo o la simple respuesta sarcástica de “uy que profundito, no mames no sea payaso escriba bien” me hablas como si tratará la poesía cual si fueran letras de canciones, quizá, y tal vez por ello deba hacer el ejercicio si yo soy quien está leyendo mal o en realidad el poeta me sigue debiendo (nadie ha dicho que todos son malos simplemente continúo con la pregunta de ¿para quién escribes?) porque por lo mismo de que no cosidero mi lectura limitada me siento supeditada al ego de quien escribe para el erúdito “profundo” que se compromete con su lectura, y resulta que si no te gustó es porque no te comprometiste lo suficiente. Pero también se me ocurrió un ejercicio compartir los poemas con gente de la que sé casi no lee; puedo apostar a que les sonará “bien bonito ” y si les preguntó que comprendierón tratarán de darme una opinión, atinada o no, no sé pero seguro demostrarán el esfuerzo que requiere esta clase de lectura.

  7. No pretendo, Mijail, que contribuyas a una discusión serena y seria, no es tu estilo y quién sabe si tengas la capacidad. Pero sí te pediré que, al menos, escribas correctamente mi segundo apellido.

    • Al parecer alguien ha usado los datos de mi cuenta para dejar el comentario anterior, aunque personalmente no parece del todo fuera de lugar. Hasta ahora no había creído pertinente entrar en esta discusión, de manera desafortunada tuvo que ser así. Por cierto Cruz, tienes razón, no es mi estilo y respecto a mi capacidad no creo que seas tú el más indicado para emitir un juicio sobre ella. Saludos a todos y bienvenidos a este espacio abierto y plural.

  8. para variar, un hacker misterioso, a ver en qué momento aparece la foto anónima de una milanesa uruguaya de pollo y ernesto lumbreras con chapitas, o sea, el espacio abierto y plural que siempre ofrecen, sayonara!

  9. Mi participación será breve, no creo conveniente criticar a ninguno de los que han expuesto sus comentarios sobre la crítica de David Ruano. Parece pertinente escuchar de la voz del maestro Borges una breve charla para entender un poco sobre cómo son los poemas relevantes; no digamos poesías, sus textos distan mucho de tan alta categoría. Agrego el link: http://www.youtube.com/watch?v=5hsTVjAsBKY Recordemos: la poesía es el idioma de los dioses; no hay que usarla para hablar de putas, drogas, reclamos a la literatura, nuestras experiencias (En realidad a nadie le importan sus “Epifanias”) y cosas tan someras de su poco interesante vida cotidiana; usemos los versos para hablar de aquello que merece la dedicación de saber contarlos o la elegancia de un verso libre con rimas internas y sujeto a la forma de una silva con unos tintes de aparente libertad. Me despido con un fragmento del poema “De mi cartera” de Antonio Machado:

    “Prefiere la rima pobre,
    la asonancia indefinida.
    Cuando nada cuenta el canto,
    acaso huelga la rima.

    Verso libre, verso libre…
    Líbrate, mejor del verso
    cuando te esclavice.

    La rima verbal y pobre,
    y temporal, es la rica.
    El adjetivo y el nombre
    remansos del agua limpia,
    son accidentes del verbo
    en la gramática lírica,
    del Hoy que será Mañana,
    del Ayer que es Todavía”.

  10. Estimados lectores de La Estantería,

    Nuestro sitio web y cuentas de correo del mismo han sido usurpadas, en ciertos momentos del día de hoy, por alguien ajeno a esta publicación periódica. Les pedimos su comprensión, mientras solucionamos este inconveniente. La Estantería ha buscado en todo momento el diálogo de las distintas propuestas poéticas y pretende continuar de esta forma.

    Iván Cruz Osorio
    Coeditor La Estantería

  11. Vaya joya: “poemas que apelan a lo verdadero y al sentimiento, cosas que bastante falta hacen en la poesía actual”.
    Paso, mejor me voy a ver porno.

  12. Coincido en algunas partes contigo, David. Respecto a la primera parte, sobre Mi nombre de guerra es Albión, me hiciste recordar algo que decía un amigo “la poesía no hay que entenderla del todo, hay que sentirla” y, mientras sean peras o manzanas, considero que el tratar de “entender” un poema sería un acto casi suicida pues cada uno de nosotros “entenderá” algo distinto. Comparto la conclusión sobre el verso libre (“El verso libre es para aficionados”.) mas también difiero porque, en la actualidad, ¿quién en verdad se enfrenta a los retos que acarrea el verso medido? ¿quién escribe sonetos? Son contadas las personas que conozco, que escriben, que se dedican a la poesía desde la técnica. Incluso hiciste que recordara a un estudiante de Letras que se negaba rotundamente a la técnica pues afirmaba que en lo “moderno”, lo clásico estaba sumergido. No sé si sea verdad, no sé si sea el futuro de la poesía…

  13. El tema en estos comentarios es desacreditar previamente una forma de lectura que es tan legítima como cualquiera otra. Hacer crítica con las herramientas que se disponen, con las herramientas que se tienen al alcance, por ejemplo desde la academia universitaria -Ruano es estudiante de Letras en la UNAM-, no puede ser invalidada por otros expedientes que no vienen a cuento. A Ruano joven poeta mexicano, estudiante de letras de la UNAM, en el ejercicio libre de su personal lectura, encuentra que Sergio Ernesto Ríos en su plaquette Mi nombre de guerra es Albión, es un mal poeta, y aún malísimo y lo enuncia desde su particular visión y con la solidez de sus argumentos. ¿Qué parte no se entiende de su texto? Yo leo y entiendo cabalmente que Sergio Ernesto Ríos es un poeta pésimo que debería dedicarse a otra cosa. Vienen otros poetas igualmente malos a defenderlo: Cruz Arzabal y Arellano ¡faltaba más! Ya nada más nos falta, si acaso falta completar el cuadro de malos poetas, que venga Román Luján a explicar con bolitas y palitos cómo es posible hacer basura de la poesía.

    • Máster Ferris (es ironía) desconozco que diván o imago se esconde detrás del seudónimo tipo Valley Girl que te botas. Aclaro tu punto, que entre muchos dardos, atina algunos a mi perorata. Equivocas cuando dices que cualquier forma de lectura es legítima sobre otras. Error craso, para tomar el tono de escuela que les gusta aducir, porque, oh Ruano núbil esculapio, no ha vivido los furores de la grosa crítica callejera: Umberto Eco diseñó hace mucho (45 o así de años) un modelo para ejemplificar la debilidad de tu argumento de igualdad de lecturas (letra por letra, verso por verso). Cada texto figura por los referentes y por la forma en que los convoca, una enciclopedia particular. Cada texto tiene un lector modelo implícito, que, lo sepa o no, lo quiera o no el autor, está convocado con los componentes formales del texto. Entre más cerca esté nuestra lectura del lector modelo más autorizada está de acceder al sentido del texto. Esto que enuncio, mi querido Ferris, ha pasado a otros modelos más comprehensivos y más dinámicos del lector y del texto. Pero el joven Ruano no ha llegado ahí. Ok, aquí lo esperamos, demos tiempo a que en su segundo acercamiento al texto tenga algo más que decir que el berrinche de la comprensión y los vulgares valores (venidos de la escolástica) que buscan darle vigencia a la triada aristotélica (Bueno, bello y verdadero). Qué hueva.

      • Doctor Arellano, parece que resulta necesario publicar junto al texto que algunos entienden como “poema”, una tábula de instrucciones para su mejor manejo: “léase antes de leer”. Es la propuesta más absurda y abusiva que he escuchado en los últimos tiempos.

  14. La labor del crítico es hermana a la del autor: ambos tienen a la lengua a su disposición para su mensaje, con la diferencia de que no siempre se aprecia la dificultad de concederle valor a una obra y su opinión nunca se verá libre de controversia.
    Me parece que en este caso, el crítico intentó abarcar demasiado. Si bien, el marco teórico empleado son nombres del canon, podrían no ser los más adecuados para estas obras. Cada una de ellas merecía ser examinada a detalle, de modo que se entendiera su mensaje, su intención, su estructura e incluso su trasfondo. Esto, más el uso de textos adecuados para cada “librito” (¿diminutivo o despectivo? no lo entendí muy bien) habrían generado una serie de críticas que dieran paso a una mejor discusión sobre la calidad de las obras, y no sobre la calidad del crítico: creoque sabe lo que quiere decir, pero le faltaron fundamentos para desmostrarlo.

  15. AY Dick Ferris, no dije nada de esa tábula que supones fiel y necesaria. Aún así, aún cuando yo nada dije de ella, qué crees tú que es el conjunto de Notas que alimenta, reconfigura, da cuerpo y propone filones de lectura a una obra como Tierra Baldía, de su adorado Eliot. Poema que tiene 90 años, ya 90. Lo que me resulta peculiar de su forma de leer es la premura por ser viejo, por leer con los viejos. En serio creen que es una forma de leer a lo seguro? Leer con los clásicos nos vuelve clásicos? Es más bien lo que dijo Maricela, ante su precaria enciclopedia personal, nos quieren convencer con golpes de autoridad. Por temor a lo precario e inestable de la lectura la quieren afianzar con grandes nombres amparando grandes sistemas. Gracias por el título, no soy doctor, yo nada más estudio.

    • Arellano, estudiante. El problema de gente como tú es que defiendes el sistema pequeño como si fuera un sistema grande, me explico, Sergio Ernesto Ríos es un poeta deplorable, queda aquí consignada su poca valía literaria en la ardiente defensa que necesita su librito para no desaparecer en la ignominiosa indiferencia. Este Joyce toluqueño que defiendes como si renovara la lírica mundial, no vale nada, es solamente producto de una esquiva pretensión de novedad que tiene ya también un siglo, nada más viejo que querer ser nuevo.

      • Ferris, esculapio, veamos: a)precisamente lo que postulo es que no hay sistemas, sino aproximaciones, lecturas, indicaciones de sentido. Que no puede llegar un crítico y decir esto es bueno, esto es malo, porque esos criterios son pobrísimos. Que debe ofrecer una lectura del texto y desde ahí dejarnos juzgar a los lectores qué hay ahí.
        b) El interés por la vanguardia tiene que ver con una lectura del papel de la literatura en una posible historia del pensamiento. El programa de la vanguardia es el único que admite y propone una salida a la pregunta Poesía para qué. Por ahí podemos discutir esto, que creo ya está planteado. Y como los problemas de la modernidad, no porque esté ubicado en el pasado, no quiere decir que esté resuelto como problema. Como problema, no como solución. Uds proponen el poema como solución: se hace así, el poema está hecho de los siguientes elementos. Y bueno, yo lo leo más como un problema, un poema para qué, un poema cómo.
        c) la calificación terrible de deplorable para Sergio implica una confusión inicial que es de esculapios: confunden al autor con su obra. Yo estoy en el listado de los 100 peores poemas según mario bojórquez, y eso me hace un poeta malo, según uds. A ver, un poema malo reseñado convierte al poeta en malo, y en enemigo, porque encarna la maldad. Wuau, qué perfil de pensamiento tan afilado. Viva la tolerancia y el diálogo. Pero, de verdad, no espero mucho de esto, porque han demostrado hasta el hartazgo que sus intenciones no son de diálogo, sino de coptar espacios públicos. Antes Crítica, ahora Tierra Adentro.

      • Párvulo, Arellano. Si a): (no hay sistemas), entonces la crítica no podría hacer valoraciones, cuál entonces sería su propósito sino servir de guía para un lector desprevenido frente a una obra dada. Tú hiciste, con algún escándalo, lo mismo que han hecho otros lectores, leer el texto de Ruano y decidir en qué sí y en qué no convienes con su lectura, abajo Geney Beltrán hace el mismo ejercicio y no se lee en él un asomo de la beligerancia y descalificación de tus argumentos. Si b) entonces en la historia de la literatura nunca existió una problematización del poema según tú, otra vez haciendo alarde de una biblioteca personal que empieza en Los poemas interdictos y termina en Alegrial: “El programa de la vanguardia es el único que admite y propone una salida a la pregunta Poesía para qué.” Y qué entonces representa para ti la pregunta romántica de Holderlin “Y para qué poetas”. Si c), pides lo que no das. Hablas de tolerancia pero no confías en ella, dices que no hay que confundir autor con obra y te lanzas en una especulación extraliteraria que te representa inmediatamente como el Videgaray de la poesía mexicana, en tus manos está el fraude, se exhiben las pruebas y gritas histérico !Al ladrón, al ladrón! Que estés consignado junto a otros cien en una “lectura” no por tu “persona” sino por un “poema” específico y donde se previene que no se hacen juicios sobre la obra general de los autores ahí recogidos, sino en los “poemas” presentados, es, verdaderamente un ansiedad no satisfecha de párvulo en su tercera acepción del diccionario RAE: “3. adj. Inocente, que sabe poco o es fácil de engañar.”

  16. David:
    Definitivamente no afirmo lo que pareces comprender en el fragmento de mi artículo al que te refieres. No destaco abiertamente la ironía, pero no la niego. Comprendo que va implícita en los versos mismos: declarar originalidad, la exigencia de grandes decibeles y al final ofrecer versos cifrados y con decibeles concentrados. Sí, me parece un gran recurso. Y aunque no destaco el sentido de la ironía explícitamente, recordarás que la directriz primordial del artículo señala al nombre de Albión como una máscara que oculta la personalidad, la borra para inscribirla en el arquetipo. O sea: no es Sergio Ríos quien se declara original, sino Albión, la máscara que porta. Lo que hay que entender, parecen decir esos versos, entre muchas otras cosas, es que en poesía no hay nada que entender. Todo está en otra parte, y no precisamente en “el sentimiento”.
    Y es muy curioso. En general los versos que denuestas de esta colección son en suma los que más me agradan. Será que como a Fabián Casas en el prólogo a una selección de poesía argentina publicada en los ochenta también me mata de risa una anécdota que le contaron sobre Irene Gruss: “Estaba dando un taller y un alumno suyo leyó un poema que terminaba en este verso: ‘Llueve. Estoy triste’. Irene agarró la hoja y mientras la estrellaba una y otra vez contra la mesa, le decía: ‘Y-a-mí-qué-me-importa-que-estés-triste’”.

  17. ¿Oye me gustaría aprender a leer poemas? ¿Existe alguna escuela? ya estoy harto de ser un simio como la mayoría y contribuir con “poemas que apelan a lo verdadero y al sentimiento, cosas que bastante falta hacen en la poesía actual”.

  18. tanto ruido y sin nueces. Esos libros de La ceibita son tan malos uno tras otro (a excepción de al menos dos que considero como rescatables: el 1 de Daniel Wence, moreliano, y el penúltimo que es de Diego Salas, xalapeño) que tienen que regalarlos en una revista amafiada y bonita. Creo que se menciona tanto a Ríos porque su nombre ha sonado algunas veces en algunas publicaciones y traducciones, y nadie esperaba que fuera en verdad tan malo;de los otros poetas que reseña Ruano ni qué decir, nadie los pela.
    Pienso que un poeta que se toma mínimamente en serio al menos una vez a la semana, no pierde el tiempo en peleas sin salida, salvo algunos críticos de lavadero claro…este no es el caso, pero quería decirlo para sonar “atrevido” como todos acá.
    Así que ya en serio, quién se atreve a hacer un ensayo o reseña o mueble o algo que defienda lo indefendible, en este caso la colección entera de La ceibita…que viéndola así, en la totalidad, es un completo fracaso. O viéndolo del otro lado, como muestra de una generación mediocre, es un completo logro,pues nos han señalado por dónde no debemos ir, y a quiénes no debemos de leer.

  19. Me solidarizo con David Ruano, más allá de mis discrepancias con sus argumentos. Las descalificaciones personales, en las que incurre el texto de respuesta de Sergio Ernesto Ríos, deben quedar fuera de la discusión literaria. Pienso que, dadas las circunstancias actuales del sistema literario, tan hostiles para el ejercicio crítico, es muy importante que en las generaciones más jóvenes aparezcan voces críticas, y la blogosfera es ya y seguirá siendo el espacio en el que se manifiesten. Esto no significa complacencia: se les debe leer, como a cualquier otro colega, con exigencia y rigor, pero el hecho de que en el diálogo crítico se revelen posiciones estéticas opuestas no debe dar pie a especulaciones sobre motivos extraliterarios. Cada crítico es responsable de lo que firma, y nada más. Y si el autor, ejerciendo su derecho, decide responderle, debe atenerse al texto y no a sus (supuestos) alrededores.

  20. Algunos puntos que es pertinente remarcar: “Podar la Ceibita” analiza brevemente cinco libros de una colección de poesía joven a la vez que una política editorial. Aquí no sólo se reseña la plaqueta de Sergio Ernesto Ríos, no debe perderse esto de vista esto.

    La defensa que éste hace de su propio trabajo así como la descalificación personal al autor de la reseña, al sitio que la publica y a otras páginas y personas que no intervienen en este espacio, demuestran intolerancia.

    Quien vea una conspiración en contra de Tierra Adentro se equivoca. Yo personalmente he colaborado en repetidas ocasiones en la revista y he celebrado la publicación de diferentes libros de esa colección. Además muchos de nuestros colaboradores han publicado ahí. En la Estantería, como en ningún otro sitio dedicado a la crítica, hemos estado muy atentos a ese fondo editorial y nos hemos dedicado a reseñar sus libros con variados dictámenes. Acá algunos ejemplos:

    CUATRO LIBROS DE TIERRA ADENTRO DEL 2011 por Iván Cruz Osorio y Mijail Lamas https://resenariopoesia.wordpress.com/2012/01/16/cuatro-libros-de-tierra-adentro-del-2011/

    SHUFFLE. POESÍA SONORA por Leonarda Rivera https://resenariopoesia.wordpress.com/2012/01/30/shuffle-poesia-sonora/

    Libelo de Varia Necrología por Carlos Ramírez Vuelvas
    https://resenariopoesia.wordpress.com/2012/05/10/la-subversion-del-libelo-de-varia-necrologia/

    Western por Leonardo Iván Martíenez https://resenariopoesia.wordpress.com/2012/07/16/la-poesia-cardenche-de-raciel-quirino/

    Coincido con Geney Beltrán cuando señala que la descalificación personal al autor de la reseña debe quedar fuera de la discusión literaria.

    Y agregaría que a un joven lector que parte de un horizonte de lecturas que incluye a Garcilaso, Góngora, Gracián, Pound, Eliot y la poesía latinoamericana del siglo XX, no se le puede acusar de tener una vista limitada para analizar la Ceibita, aún más, me atrevería a decir que cuenta con suficientes herramientas para enfrentar estas “nuevas escrituras”, ya habrá tiempo para leer a Goldsmith, entre tanto este horizonte no está nada mal.

    Finalmente en La Estantería reafirmamos nuestro interés por difundir una critica seria y libre, con una línea editorial que privilegia el análisis por encima del argumento ad hominem.

    Un saludo fraterno a todos

    Mijail Lamas

  21. Dejo el siguiente comentario sólo porque me preocupa la posición del reseñista, y me preocupa más que la haga desde una “formación” que es pretendidamente académica como la de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (la crítica no va hacia la formación que hace dicha facultad, sino a la formación que el reseñista se ha formado ahí -valga la redundancia). Lo que voy a decir es básicamente una relativización del verso libre.
    Empecemos con lo indispensable: “la forma en sí misma no se cumple”, ha dicho Gorostiza. Y efectivamente, juzgar como aficionado a quien sea por usar verso libre es tan estúpido como juzgar que es buen poeta cualquiera que haga un soneto. Obviamente lo que estoy diciendo se trata de un argumentum ad absurdum, pero el reseñista se acerca hacia esta posición al citar a su dichosísimo maestro. Tal generalización es, cuando menos, peligrosa. Veamos por qué: uno de los máximos renovadores del arte poético en español es Rubén Darío, él se atrevió a romper con las formas al hacer sonetos de catorce sílabas, esta actitud claramente se liga con su conocimiento del verso medieval, que se ve en otra de sus “innovaciones” poéticas: recuperar el verso de arte mayor de la copla de Juan de Mena. A esta actividad versificatoria se suma que fue uno de los primeros poetas en introducir el verso libre en poesía española. Yo jamás me atrevería a llamar a Darío “aficionado” de ninguna forma. Tampoco me atrevería a hacerlo con José Gorostiza cuya “Muerte sin fin” tiene una estructura métrica indefinida, en la que predominan los versos endecasílabos y heptasílabos, pero en la que podemos encontrar versos irregulares de catorce, cinco y hasta cuatro sílabas, al lado de una falta de rima. Pero sin duda estos dos casos no son tan buenos ejemplos, ya que tanto Darío como Gorostiza tenían un conocimiento profundo de las formas métricas. Lo que me lleva a mi punto principal: un buen verso libre sin duda no es cosa de aficionados. Explicaré por qué.
    Toda métrica forzosamente se basa en un ritmo, un patrón marcado por una forma. En el verso libre la forma ha sido reducida al mínimo, no es obvia como en el caso de un soneto, pero aún así sigue ahí, aunque casi invisible. Lógico es que cualquiera que quiera dominar semejante invisibilidad (y perdón con la metáfora) se encuentre en problemas, ya que se requiere un gran oído para percibir el ritmo cuando éste no es evidente (es la misma diferencia que hay entre una música típica -desde los géneros populares hasta Vivaldi y Tchaikovsky- con ritmos muy marcados y la música contemporánea, en donde el ritmo de la composición sigue ahí, pero no es tan notorio).
    Y ello me lleva a mi relativización. Digamos que los dos entendemos el verso libre por una misma cosa: un verso en el que se prescinde de una medida métrica de tipo silábico, así como de la rima. Muy bien, pero entonces ¿qué es “la métrica establecida”, citando a Pound al que citas? Y me hago esta pregunta porque pienso inmediatamente en el verso germánico antiguo, que no tiene ni rima, ni una medida de tipo silábico, sino que el ritmo viene marcado por una serie de asonancias, entonces ¿se trata de un verso libre? También pienso en las métricas latina y griega, donde se obedece un esquema previamente creado basado en la longitud de sus vocales, largas y breves, que a menudo recurre al sistema de equivalencia para establecer su ritmo (es decir, se puede sustituir dos breves por una larga). Otro ejemplo podría ser la poesía hebrea que se basa en un sistema que implica el paralelismo (¡ya ni siquiera en un sistema fónico!) y que se apoya en dos hemistiquios que tienen una cantidad de acentos obligatoria.
    En consecuencia, pregunto ¿qué entiendes el reseñista por “métrica establecida”? Si seguimos a Pound, hay que considerar que él escribía en inglés, idioma en el cual la métrica es muy distinta de la del español, ya que se basa en la colocación de los acentos: los yambos y los anapestos de los cuales habla Pound en su cita y que corresponden a los siguientes esquemas versales (la “o” representa una sílaba átona y la “ó” una sílaba tónica): anapesto ooó ooó… yambo oó oó…
    Muy distinto es el sistema usado por el español, y es por ello que aplicar esta doctrina de Pound a una poesía española hace que la maquinaría chirrie. ¿Qué consideraríamos “métrica establecida” en la poesía española? Si tratáramos de hacer una equivalencia de tipo formal con la métrica como la concibe Pound entraríamos en graves problemas porque el 90% de nuestra métrica no entraría dentro de esta clasificación. En cambio, si consideráramos “métrica establecida” en español como aquella que se rige por una versificación de tipo silábico (es decir, sílabas contadas y medidas) acompañada de la rima, también nos veríamos obligados a dejar de lado mucha poesía en español, empezando por Mena, por ejemplo, quien en su copla de arte mayor hace uso de la rima, pero usa un esquema de tipo tónico (dos inacentuadas entre dos acentuadas, es decir óoo óoo…) que le da versos de muy distintas medidas, igualmente nos veríamos obligados a rechazar los villancicos de sor Juana, cuyos versos tampoco tienen una clara medida silábica, y a veces tampoco rima, y probablemente estarían en status ambiguo la canción petrarquista (que usa rima y cuantificación silábica, pero que dispone los versos endecasílabos y heptasílabos dentro de un esquema que le da libertad al poeta para acomodarlos como se le antoje), la sextina (que por su complejidad no me molestaré en explicar), la silva y el madrigal.
    Creo que con ello queda relativizado el papel que el reseñista le otorga al verso libre, a la métrica tradicional, y la dificultad de hacer encajar su marco teórico (Ezra Pound) dentro del sistema poético español. Cabe decir, a este respecto, que así como cada lengua dentro de los esquemas métricos busca su mejor camino expresivo, lo mismo hace cada poeta; y si ello lo lleva a hacer uso del verso libre, mejor que mejor.
    Me parece bueno concluir que fue una sabia elección del reseñista no ahondar en la cuestión de la forma y la métrica, porque, debido a su posición, se nota que no las conoce adecuadamente.

    • y yo qué tengo doctor???
      Ya lo dijo muy bien Geney…pocas palabras, es coherente, porque si todos son muy picudos como acá David, por qué nadie está haciendo entonces buena crítica,y no sólo eso, una crítica interesante sin ese vocabulario alambicado, sin perder sustento teórico pero con jiribilla literaria;además de la crítica de los poetas claro, que ya se está echando de menos . Parece que en un futuro no tan lejano alguien hará un libro sobre los puros comentarios de reseñas primerizas COMENTARIOS DE RESEÑAS:2009-2012. RESENARIODEPOESÍA.WORDEPRESS.COM , algo así como BARTLEBY & CIA.

    • David:
      Estoy casi completamente de acuerdo contigo, sin embargo veo debilidad en algunos de tus argumentos. Si tomamos en cuenta que el verso libre representa una ruptura con las formas métricas tradicionales (estrofas, rimas, regularidad métrica, armonía acentual), resulta contradictorio decir que Darío hace verso libre cuando rompe con la forma del soneto imponiéndole el alejandrino. Liberar imponiendo un nuevo esquema métrico, que sin duda sirve para remover el anquilosado registro de la poesía neoclásica española, al que antes Becquer se había encargado de modificar, no es todavía verso libre. La recuperación de esquemas métricos tradicionales es una aportación innovadora, sí, pero que se alinea a una tradición que sigue atendiendo a patrones métricos rígidos, por lo que no representa una ruptura. Con Darío se hacen visibles aportaciones como las del ya mencionado Becquer, el colombiano Jesús Asunción Silva y el mexicano Salvador Díaz Mirón, pero no logra liberar al verso de la tiranía del acento prosódico.
      También parece contradictorio que se señale a “Muerte sin fin” como un poema de métrica indefinida y luego se describa como una composición “en la que predominan los versos endecasílabos y heptasílabos, pero en la que podemos encontrar versos irregulares de catorce, cinco y hasta cuatro sílabas”. En “Muerte sin fin” se presenta un canon comparativo fijo: versos de métrica impar (sabemos que al alejandrino está formado por dos heptasílabos), con algunos encabalgamientos en el segundo hemistiquio de los endecasílabos, lo que explica los versos de cuatro que no desentonan. ¿Verso libre? no lo creo.
      No te equivocas cuando aseguras que en “el verso libre la forma ha sido reducida al mínimo, no es obvia como en el caso de un soneto, pero aún así sigue ahí, aunque casi invisible”, pero esa invisibilidad esta forzada cuando mencionas la canción petrarquista, los pies métricos latinos (con reglas muy específicas) y los villancicos de sor Juana, que salvo en sus estribillos, gozan de una marcada regularidad métrica.
      Entonces si aceptamos que el verso libre es una ruptura con todo esquema métrico y rítmico establecido, tu defensa a través de formas fijas debilita tu exposición, pero si al contario consideras que el verso libre español por excelencia es aquel que hace libres combinaciones métricas enraizadas en las formas tradicionales, deberías ser más claro.

      Saludos

      • Aclaro tres puntos en orden de importancia:
        1) mi intención básica era probar que en cuestiones métricas, usar a Pound como marco teórico no era viable porque los criterios métricos de la lengua inglesa no son iguales a los de la lengua española, ni a la de muchas lenguas, por lo que aplicarlo como un criterio universal estético-métrico es una tomada de pelo. Creo haberlo hecho al relativizar lo que entendemos por verso libre y por metros tradicionales: frente a Pound, para quien la métrica tradicional parece estar basada en el sólo criterio de ritmos marcados por las sílabas acentuadas e inacentuadas, ritmo que ya no se sostiene dentro de un esquema en el verso libre inglés, la métrica española no tiene un solo criterio para considerar metros tradicionales, sino muchos (cantidad silábica, rima, ritmo marcado por sílabas acentuadas e inacentuadas, etc.) y que además no siempre coinciden todos.
        2) Creo haber definido claramente en el cuarto párrafo lo que estaba entendiendo por verso libre, y lo definía como “verso en el que se prescinde de la medida silábica y de la rima”. Muy cierto es lo que me comentas, dentro de esta definición sin duda Muerte sin fin entra con calzador, pero creo que entra (aclaro, sólo dentro de esta sencilla definición que yo había formado, eso no quiere decir que en realidad Muerte sin fin sea un poema de verso libre, ya que, como bien señalas, el esquema métrico de Muerte sin fin es más complejo -el problema quizás entonces esté con la definición, pero en ningún momento no fue clara). Creo que decir que un poema tiene versos heptasílabos, endecasílabos o de cualquier medida es aplicable a cualquier poema en verso libre, ya que estamos dando la medida de un verso, pero ello no quiere decir que posea un esquema métrico basado en la cantidad silábica (puedo decir, por ejemplo, que la Eneida tiene versos de diecisiete sílabas, pero ello no quiere decir que la Eneida se sujete a un esquema de cuantificación). Aunque indudablemente dije lo de Muerte sin fin un poco a la ligera.
        3) No creo haber dicho que los sonetos de Rubén Darío fueran verso libre, sino que, al lado de la métrica tradicional y de las innovaciones métricas que Darío formaba bebiendo de la tradición, el poeta hacía uso de versos libres, por ejemplo, en Marcha triunfal, poema tan rítmico él, pero aún así en verso libre. Con ello quería señalar que no existe una verdadera pelea, u oposición si lo prefieres, entre la forma métrica tradicional y los versos libres: tal idea es de academicistas puristas. Frecuentemente ocurre que un gran poeta del verso libre es aquel que mejor conoce los metros tradicionales en toda su extensión desde la Edad Media hasta nuestros días. Lamentablemente es algo que no pasa con los poetas mediocres y con los críticos aún más mediocres.
        Te agradezco tus señalamientos, Josué Salomón, y espero haber aclarado suficientemente bien estos puntos (nunca está de más que le digan a uno que tiene que ser más cauto o más claro).
        Un saludo.

  22. Evito leer los comentarios porque ya sé que se pusieron locos y no tengo ganas de chismear. Por mí, miéntale la madre a todos, Ruano, jajaja. Serán ellos quienes se pongan la camiseta de poeta frustrado. La topo poco, pero Yohanna siempre me gustó. Quizá no necesariamente el texto que pones, pero es a la única que había topado antes y sí me gusta. Sobre Raya, entiendo que te gustara, ya en persona me dijiste que era el único que valía la pena, tal cual leí acá, pero no te creas que las marcas y el Dragon ball son la gran cosa. Conozco un poema de Omar Livano(Lima, 1987) sobre Mario Bross. Algunos gringos en revista Metrópoli con viajes fabulosos. Conozco muchos con marcas (hasta José Emilio Pacheco tiene alguno). Sólo tengo una crítica y es con respecto a tu visión de la poesía. Algo que ambos sabemos y nunca tocamos porque chocamos. Eso de “no es poesía” me parece muy pretensioso. El Shelley nos salía con esa mierda a cada rato en su taller, que lo nuestro no era poesía, que la poesía vive únicamente en el poema. Me parece perfecto que consideren el artefacto literario la cumbre de una tradición de la escritura como supremacia racional y sensible de la humanidad en progreso civilizatorio, bla, bla, bla…. pero creo que a estas alturas está muy superada aquella discusión del verso libre. Me gusta que te la sepas con Woolf y Pound. Tú me conoces y hay cosas que yo simplemente nunca toparé. Me laten tus lecturas, pero no mames, no puedes seguir con esos valores de hace un chingo creyendo que hay una receta para la poesía. Eso es técnica, Ruano. Como joven (poeta?) vivo la poesía de otra forma. Y no tiene que ver con llevar una contraria a la tradición ni pretensión de originalidad ni bla bla, sino con que después de todo, más que nada como estudiante de Letras descubriendo por que´la banda llega ahí, la poesía siempre dio para vivir a las cabezas más diversas de la existencia humana. DIfícilmente podrías venir a establecer acá la forma única y universal de hacer LA POESÍA. Eso, chato, a mí también me viene pretensioso, cosa que criticas de algunos poemarios. Lo que me da gusto es que seas sincero y los mandes a la verga según tu perspectiva. Suerte!

  23. Es muy divertido ver cómo los autores salen a defender a sus pobres hijos contra los chicos malos que se atreven a criticarlos. Cuando ya se los va a cargar la patrulla salen con los sartenes y defienden a los angelitos. Creo que si aquí el amigo valientemente expone su punto de vista, que puede ser conservador, purista o lo que sea, se debe de considerar como un ejercicio de franqueza porque es claro que eso falta entre la gente que ejerce la profesión de escribir y la crítica literaria. Es muy interesante encontrar a jóvenes irreverentes que custionan así a autores mayores en edad y en trayectoria. Luego vienen las tiradas enormes de contrargumentos citando a toda la caterva de teóricos sobre la pertinencia y validez de las ideas del compañero. Lo cierto es que, por más sustento teórico que se tenga, partimos de la subjetividad y todo aterriza en la subjetividad del lector.
    Yo concuerdo con el autor de este artículo. Esta poesía me parece sumamente frívola y pretenciosa, no me llega, no me mueve ninguna fibra y veo puros juegos prirotécnicos que no me asombran. Es letra muerta para mí. Soy egresado de la fac, también de letras hispánicas, y me da profunda hueva meterme en discusiones teóricas, por eso leí como hasta el cuarto comentario que tenía algo de emoción, lo demás es lucha de erudición o defensa del camarada. Conozco a varios de los que han escrito aquí, tal vez ellos a mí no, pero francamente por eso, por conocerlos y por su falso amor por las letras me decepcionó el estudio de las mismas y el ejercicio de la crítica. Vivir la poesía es lo que me parece valioso después de años de academia, crear con toda la sinceridad posible y no dar tregua a la misera intelectual de los que se reunen en torno al poder editorial y a las camarillas de literatos que se despedazan por un pedazo de beca. Este chavo no tiene miedo a nada, no le interesa quedar bien con nadie, ojalá la vida y el destino le permitan seguir así a pesar de la marginación que eso conlleva; ojalá soporte el peso de no ser invitado a los espacios y foros de la oficialidad, por lo demás su capacidad crítica irá en aumento, forjando sus bases teóricas. Yo me estoy deshaciendo muy bien de ellas y pretendo olvidarlas por completo. Saludos a todos.

    • ¡Qué triste que quien lo anterior suscribe haya dejado que el ejemplo de las personas lo haya decepcionado de su vocación! Por otra parte, si ello sucedió, quizás no era demasiada la vocación. A mí lo que me preocupa más no es la falta de franqueza, sino la falta de seriedad en el trabajo de la crítica. Se puede ser muy franco y decir cosas a lo loco, sin saber exactamente de que se habla, como le pasó a Menéndez Pelayo con Góngora y con muchos otros: sus escritos respiran franqueza; pero hoy sabemos que no fueron precisamente sus mejores juicios. Por otra parte (y sí, tomándolo personal), si quien lo anterior escribe piensa que el conocimiento de la métrica, tanto española como no española, no es más que un sustento o “caterva” teórica, y que nada tiene que ver con la verdadera poesía, y que no es más que ejercicios de erudición vana, que con su pan se lo deconstruya y Joan de Mena se lo cobre en el otro mundo. Desde mi perspectiva, no se trata de estar o no de acuerdo con el reseñista, sino la exigencia de hacer las cosas bien y con conocimiento fundamentado y no a la de como Dios, o las musas, lo inspiren a uno.

    • La “hueva” ante las discusiones teóricas suele mostrar, en muchos casos, una profunda incapacidad de entender de qué se habla.
      Ahora que si a diversiones vamos, también es divertido ver a gente que comenta posts con dos meses de inactividad. L’esprit de l’escalier, le llaman.

  24. Es verdad mi vocación no era tanta para la crítica y hoy me dedico a otras cosas, pero el caso es que no estoy en contra del uso métrico en la poesía y no me parece vana erudición, de hecho no critiqué ese aspecto, al contrario pienso que la mayoría de los escritores versolibristas mediocres actuales lo emplean porque no tienen un conocimiento de la tradición y no entienden que el verso libre es un ejercicio complejo que suple el andamiaje métrico y rítmico con el uso de anáforas, paralelismos, repeticiones y, sobre todo, creo que debe de soportarse en la fuerza de la imagen y su capacidad evocadora. Claro que veo en esto sobre todo el empleo del versículo bíblico y que tiene su antecedente en el alejandrino que emplearon mucho los modernistas y románticos en la poesía española. Y creo que es verdad que los moldes métricos, no es que sean caducos, pero no son adecuados para ciertas búsquedas expresivas y necesidades conceptuales, las cuales se asfixian entre las paredes de un soneto. Ahora se busca en muchos casos una poesía desnuda de ornato y carente de ritmo, ya no digamos de rima, pero eso no justifica los experimentos huecos que producen aparatos verbales inútiles que pretenden justificarse en póstulados que los sostengan como los que pones como ejemplo. Es difícil encontrar algo que valga la pena y que mueva el alma.

  25. Ya que revivieron este artículo, creo que es pertinente reabrir con este feo poema del señor Arzabal, casi tan feo y gris como Toluca:

    No hay poeta que no muera al ver su sombra proyectada en las manos de su amante —que no musa—; sin embargo, yo no he muerto.
    Las líneas que salen de mi pluma —o cálamo si usted quiere un arcaísmo— no son sangre o semen o escalera, son mera diversión o tufo azucarado —en verso libre, y sin mérito de sueldo, por supuesto—.

    Hará quienes digan que no es una porquería sino que soy un lector limitado. Juzgue usted, público conocedor.

    Toluca, ¡tan lejos de Dios y tan cerca del DF!
    Así las cosas no le queda más que medrar en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM como un crítico literario, carente de juicio, de talento y petulante.

  26. Sólo es triste que después de meses de que nadie pelaba los comentarios, lo que uno viene a leer son meros insultos gratuitos… Ya se ve por qué la crítica de literatura contemporánea y en general el campo de la intelectualidad mexicana parece estancarse en el chisme y el argumento ad hominem.

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