Crítica/Libros/Poesía

Perdido en el resplandor de la palabra

Lejos alcanzado aquí
Gabriel Magaña Merlo
Fondo de Cultura Económica
México, 2012

Por Ismael Lares

La poesía escrita es, por naturaleza, ritmo y musicalidad, es lo que le da el carácter lírico. A pesar de ello hay poetas que aún se inclinan por lo contrario, es decir, el fragmento, lo incompleto por naturaleza, y es precisamente eso lo que se publica en Lejos alcanzado aquí, el más reciente libro de Gabriel Magaña Merlo (1944).

Cuando el poema nace del hombre, como imitación de la obra cósmica, es necesario atender de inmediato que toda creación permanece, de alguna manera, inconclusa. Tal es el efecto que acontece al leer los versos del poeta jalisciense. Este libro, más que alcanzar algo, se aleja completamente de su advenimiento, pues no llega jamás a ningún lugar. No existe un esfuerzo por levantar las imágenes que, más que encaminarse a dar claridad, ocultan la poesía en una dimensión desconocida para el lector común. Sirva de ejemplo lo siguiente:

veloz desnudo la rama
gigantes
desarropándose
…desaparición se esmera

Para hablar de construcción poética es necesario formar versos completos, no lanzados así de forma azarosa. Los fragmentos ambiguos no dan resultado aparente, en todo caso funcionan como ligeros destellos poéticos, breves. Mientras el lector avanza en la lectura de estos versos, mayor es su lejanía con las figuras sorprendentes y el ritmo atronador que desgarra a los amantes de la musicalidad. En alguna entrevista, Gabriel Magaña Merlo habla de esencialidad, refiriéndose a este libro, y es precisamente eso lo que desconcentra al leer Lejos alcanzado aquí, pues la pretensión poética es, a simple vista, notoria. La fuerza de lo fragmentario puede seducir a cualquier poeta, pero entre los versos de este libro apenas pueden distinguirse imágenes descarriladas, de naturaleza incomprensible, extraña.

Mientras yo continuaba con la lectura, el poeta se alejaba pensando que sería posible, en las entrañas de la idea, fragmentar la obra poética que espera el impaciente lector. Y la poesía llega y se va, así de tajo. Deslumbra un instante y desaparece para volver a alumbrar una vez más y volver a desaparecer. Más que aclarar, reitero, nos sumerge en un conflicto. Vacuidad. Estampida. La poesía es devorada de inmediato, una prueba:

fin de los secretos de la piedra
entrañas
domesticadas
conquistado por lo inútil
entresaca del límite
el equilibrio inconsecuente
veraz
entrometido
excluida de todo sacrificio
la nada

Gabriel Magaña se ha perdido en el intenso resplandor de la palabra, que parece iluminar su propia creación, pero que oscurece como la sombra y se aleja del lector. Aclaro que no apelo a la complacencia pero, ¿acaso no es el lector quien inscribe o rechaza la obra? No se trata de levantar construcciones para dejar vestigios, esqueletos. Uno construye para dejar fermento en la memoria del que busca, al menos en poesía, la creación incesante, la marejada, el transitar que musicaliza la vida, el acontecimiento.

Si hay originalidad en este libro, es necesario mencionar sus tres apartados, que parecen buscar el asidero de su propia creación poética. “La nada en bruto”, “Hospitalidad del sin sentido” y “Lejos alcanzado aquí”. Después de recapitular y releer estos apartados, encuentro el verso original que puede contener, y que prevalece, a lo largo de todo el libro: la poesía en bruto, en esencia, exige aparecer, mostrar no sólo sustancia sino ritmo. Mientras la musicalidad se desvanece, el verso entra en las arenas movedizas que hunden, más que sostener. El carácter fragmentario que apunta a detener el tiempo, se convierte en una falsa creación que reposa en la aparente desnudez. Es el caso, por ejemplo, de “desnuda en su desnudez, la luz”, poema que proyecta la meditación sobre el paso de la luz. Hay que mencionar que poemas como este resultan escasos, una recreación, parece, de un poema más desarrollado:

desnuda en su desnudez, la luz
reposa en aquel lirio blanco
que apenas sobrevivirá unos días.
cercana, al acecho
la oquedad del trasfondo:
un lugar donde capitula
el retrato de los retratos

Hay, en este último poema, un presupuesto estético que no se caracteriza a lo largo del libro, incluso aquí se sustenta uno de los momentos poéticamente más desarrollados: frente al discurso fragmentario y simplista que se presenta a lo largo del libro. Por lo anterior, es necesario recordar que el poema es un instrumento de recreación, pero también de recuperación, pero supone, a su vez, una composición estética que coincida con la musicalidad y el ritmo. En estos poemas, la esencia sobrepasa el lenguaje poético, que es el origen prístino de la creación, y es Lejos alcanzado aquí lo que los versos quieren expresar.

___________________________________________
Ismael Lares (1979). Recientemente publicó el libro de ensayos Abigael Bohórquez. La creación como catarsis (FETA, 2012). Ha sido becario del Programa para la Creación y Desarrollo Artístico. Obtuvo mención en el 42 Concurso de la revista Punto de Partida de la UNAM. Mantiene una bitácora en http://www.ismalares.com

6 pensamientos en “Perdido en el resplandor de la palabra

  1. Dice: “La poesía escrita es, por naturaleza, ritmo y musicalidad, es lo que le da el carácter lírico”.
    1.- Mentira. La poesía no es ritmo ni musicalidad necesariamente. Hay poesía sonora, visual, etc. El carácter lírico tiene que ver con ritmo, pero no lo es todo.
    2.-¿Qué es poesía en bruto?
    3.- Comentas: “¿acaso no es el lector quien inscribe o rechaza la obra?”. Y yo pregunto: ¿Eres crítico, lector o poeta?
    4.- Esta reseña es subjetiva. A qué le llamas acontecimiento, marejada, transitar la musicalidad de la vida. Algo bastante burdo, a mi parecer.
    Si quieren mejorar su reseñario deben tener mejores colaboradores.

  2. Jorge:
    Gracias por tu comentario. Creo, de manera definitiva, que la poesía escrita en verso debe tener ritmo, musicalidad, lirismo. Llámalo como quieras. La poesía visual debe contener elementos que doten de armonía a los diferentes elementos que la componen. Para mí eso se traduce, dentro de lo visual, como ritmo y musicalidad, pero claro, ésa es mi apreciación.
    Ahora, la poesía en bruto que mencionas no sé a qué se refiera. El comentario va en dirección al autor del libro. Es él quien califica su poesía con tal adjetivo.
    Referente a tu duda acerca de si soy crítico, lector o poeta, no sabría responderte. Soy crítico cuando leo, por lo tanto también soy lector; lo de poeta, no sé. Me gusta escribir, así nomás.
    ¿A qué le llamo acontecimiento, marejada…? Las palabras hablan por su propio significado. Por lo demás, yo sólo agradezco tu comentario.

  3. Cada poema es autónomo, y la obra, en su conjunto, forma un cuerpo completo. Al leer el libro desaparecen las palabras, se abre una extravertura, sin leyes, sin latidos y sin tiempo, y esa es, precisamente, la experiencia poética: Sin comienzo, pero siempre ha existido. En un tiempo que es el tiempo de la poesía ha existido siempre; en la poesía, la narración y lo lírico corren y se alejan de la esencia.

      • Te recomiendo que leas a Martin Heidegger, las respuestas están en su libro La esencia de la poesía. No tengo que aportar nada más al respecto. Gracias por responder mis comentarios.

  4. Ahora resulta que debo leer a Heidegger para comprender tus argumentos. Sería mejor si le dieras claridad a los comentarios aquí vertidos. Jorge, no entiendo a dónde quieres llegar. El concepto de esencial al cual te refieres es tan ambiguo como el mismo texto de Heidegger. Por mí puedes interpretar las apreciaciones que hago de Lejos alcanzado aquí como mejor convenga. No voy a entrar en una discusión en la que no existe la respuesta concreta. Mira, de cierta manera entiendo a lo que quieres llegar, pero sería más adecuado si dejas la incertidumbre y la vacilación que tanto defiendes. Una sentencia de Hölderlin y la esencia de la poesía encaja de maravilla en este comentario, y es la que versa sobre la inocencia que representa el hacer poesía. Así que, no seas inocente, Jorge. El juego no es el dominio de la palabra.

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