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LAS TRITURAS Y LA SINFONÍA DE UN HOMBRE

Como Música de Mahler, moran las tristuras de la infancia
Ulber Sánchez Ascencio
Biblioteca Mexiquense del Bicentenario
México, 2010

por Leonardo Iván Martinez

Las mujeres de mi casa, sobre todo mi abuela y mi madre acostumbran rellenar las almohadas con las ropas que sus hijos han vestido en su infancia.  Por eso digo que cuando un poeta habla de su infancia es como destripar una almohada, es exponer al presente ese ropaje que sostiene la memoria mientras los sueños hacen de las suyas. Porque cuando más se solaza la memoria en nuestra mente es durante el sueño, cuando las hazañas de la infancia se arrullan con el recuerdo del vaivén de la terrible mordedura de una Singer, con los que la madre pedalea por el hambre de sus hijos noche y día.

Puede ser que en Acapulco o en Chilpancingo continúe de pie el almendro que da sombra a cada uno de los versos de este libro, que la violencia de la que hablan en sus poemas, los golpes y los huesitos con los que el poeta dialoga siguen incitando los responsos más extensos, de los hombres que se despiertan con el olor a pólvora de una ciudad en donde la muerte es el pan de cada día, y el milagro de multiplicar las tortillas se pospone.

Santa Sara, el barrio construido por Úlber en su poemario, más que con piedras a pedradas, es la caja de resonancia donde los acordes de la infancia del poeta penetran, humedecen la atmósfera, a veces luctuosa y a veces furiosa del poemario. Cuando la música suena, es el momento propicio de pintar en uno de sus muros los cuatro versos que sentencian que:

Para despertar en esta ciudad se necesita
un gallo con cara de dragón,
una jeringa de espuma,
un revólver y una canción de Leonard Cohen

El poemario de Úlber Sánches Ascencio es una elegía al infante que alguna vez tuvimos habitando nuestras carnes, que a pesar de tanto golpe, tanta bala y tanta soga en el pescuezo no se resigna a dejar que la muerte nos quite las bombochas y las cuirias. Cuando a un niño le hablan de la muerte, cuando un niño crece con la muerte, es inevitable que en algún momento termine hablándole al oído, cantándole algún son con una  ternura capaz de decirle:

No es necesaria una frase oscura para intuir
que el dolor pende más allá del borde de tu mano,
no es necesario intuir el fracaso en las ruidosas soledades de la memoria.
Quise escribirte una carta desde una ciudad que te he inventado.

Cuando la música suena es el momento propicio para pensar en los huesos de la muchacha asesinada, para llevar los restos de nuestros muertos en cada oración, tal vez para cosernos la boca y decir su nombre con las manos y escribir un poema.

En el libro de Úlber se hayan dos caminos para su interpretación. Por un lado las alegorías de personajes de remota historia son el instrumento para la exégesis de su poética. La primera de ellas es interpretar el nombre de la ciudad en donde se asientan los poemas. Santa Sara, como aquella mujer del Pentateuco que murió de tristeza al saber del sacrificio de su hijo. Santa Sara una y otra vez es nombrada por Úlber Sánchez, nombra a la ciudad por no nombrar a la madre, porque a final de cuentas la ciudad es la madre que nos hunde entre su seno, nos protege y nos lame las heridas. No enuncia a la madre real, pero al nombrarla en la ciudad nos la sugiere, nos la dibuja violentamente tierna, como diría Cortázar, de otras latitudes no lejanas.

Mi madre viene hacía nosotros,
parte las tortillas como se hizo con los panes,
el milagro no sucede.

La segunda característica de Úlber, es que su voz es una especie de Telémaco en busca de la huella de su origen, la voz de un hombre que recuerda su infancia en un puerto en donde la noche, las caricias y los colmillos de su perro son la mejor compañía para el hombre que camina con la cabeza baja, de un hombre que cabila sobre la naturaleza del amor en una ciudad que le paga al amoroso con una callejera puñalada y le desgarra la sayuela para ofrecer su corazón en sacrificio a las jaurías.

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Leonardo Iván Martínez (Ciudad de México, 1982). Es egresado de la Licenciatura en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado en las revistasPéndola, La oveja negra y en las páginas electrónicas Círculo de poesíaLa otra poesía,  Palabras Malditas y Cronopio de Medellín, Colombia.

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