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Traslaciones. Poetas y traductores 1939-1959

Traslaciones. Poetas y traductores 1939-1959
Tedi López Mills (comp. y pról.)
México, Fondo de Cultura Económica, 2011.
Letras Mexicanas / Poesía
857 pp.


Por Mijail Lamas

En el prólogo de El surco y la brasa, Marco Antonio Montes de Oca declara que “una traducción transfigura a su original, lo hace pasar a través de los muros de otra lengua al abolir la materia de su cuerpo original, pero sin descarnarlo de su esencia”. Eso, por lo menos, es a lo que aspiraría todo traductor.
De este espíritu nace Traslaciones, continuación y homenaje del ya mencionado volumen de traducciones que representa un nítido diagnóstico de los intereses de aquellos poetas y autores que dieron forma a nuestra literatura del siglo XX, y que fue durante mucho tiempo una verdadera guía de poemas y autores, así como punto de partida para explorar distintas tradiciones líricas del mundo.
Ante las evidentes similitudes, las diferencias también son notables. Empezaré señalando que tres de los traductores incluidos en El surco y la brasa reaparecen en Traslaciones: José Emilio Pacheco, Homero Aridjis, y Carlos Montemayor; sin embargo entre Aridjis y Montemayor, Tedi López Mills incluye a Gloria Gervits, Elsa Cross y Mónica Mansur, que generacionalmente podrían haber sido incluidas en El surco y la brasa. Aquí hay una importante diferencia: mientras que en El surco y la brasa sólo se incluye a dos mujeres (Rosario Castellanos e Isabel Freire), en Traslaciones hay ocho, de un total de 33 traductores.
En cuanto a los autores traducidos, en Traslaciones se repiten 41 que figuraban en la compilación de Montes de Oca, lo que arroja un total de 148 nuevas voces.
La lengua hegemónica sigue siendo el inglés, con 89 autores de un total de 189 incluidos. Abundan versiones de Stevens, Ashbery, Merwin y Strand, lo que parece alinearse a una idea del canon norteamericano propuesto por Harold Blooom. Siguen el francés, el italiano y el griego antiguo en menor medida.
Un elemento que resulta pertinente destacar es que sólo se traduce a un poeta de lengua indígena (maya), a diferencia de El surco y la brasa, que incluyó a tres con nombre conocido y otras dos composiciones de autores anónimos en lengua náhuatl. Aunque se incluye a poetas de la tradición indígena norteamericana, todo parece indicar que los poemas no fueron vertidos de su lengua original (cheroqui, navajo, etcétera), sino del inglés. Esta falta de interés en los poetas de las culturas originarias tal vez sea resultado de una actitud que asume que los temas referentes a la construcción de la identidad mexicana han sido fijados por autores como Garibay y León-Portilla. Tal vez corresponda a una generación más joven regresar a estas expresiones y crear para su tiempo versiones propias. Y no sólo eso, sino, como hace Zaid en su Ómnibus de poesía mexicana, indagar en el largo catálogo de literaturas en lenguas originarias que existe en nuestro país e incluirlas en una posible tercera vuelta.
Personalmente eché de menos versiones a poemas de W.H. Auden, Gottfried Benn, Paul Celan, Paul Valéry, W.B. Yeats o Rainer Maria Rilke. Destacan los “Romances occitanos” que sonoramente traduce Elsa Cross, la “Historia de Rusia de Victor Serge” en traducción de David Huerta y Luis Muñiz; la famosa “Canción” de Guillaume de Poitiers en lograda versión de Francisco Serrano; “Mapa negro” del poeta chino Bei Dao, en traducción de Coral Bracho y Marcelo Uribe; la divertida declaración de principios poéticos del portugués Mário Cesariny de Vasconcelos “A un ratón muerto encontrado en un parque” en la certera versión de Eduardo Langagne, etcétera…
Mención especial merecen los apartados que incluyen las traducciones de José Vicente Anaya, José Luis Rivas y Gerardo Beltrán.
José Vicente Anaya se ha dado a la tarea de difundir la poesía de la beat generation y otras voces de la poesía norteamericana en contracorriente al ya mencionado canon de Harold Bloom. En sus versiones Anaya captura la desgarbada ternura de Carl Sandburg en su entrañable poema “Mag”, también logra transmitir esa desconcertante tristeza de William Everson en el fragmento de “El fluido engendrador”, así como el erotismo urgente de Anne Sexton en “Cuando un hombre penetra a una mujer”. Anaya es una de las voces más combativas de nuestra poesía actual, y sus traducciones son un claro reflejo de su desafiante actitud.
José Luis Rivas no sólo es conocido como un poeta de alcances extraordinarios; también se le reconoce como uno de los traductores mexicanos que ha emprendido monumentales empresas de traducción, con libros fundamentales de la poesía del siglo XX: Poesía completa 1909-1962 de T.S. Eliot, Omeros de Derek Walcott y Anábasis de Saint John-Perse. Sus versiones se caracterizan por trasladar al español no sólo el significado preciso del original, sino que pone especial atención en sostener su musicalidad.
Del apartado dedicado a José Luis Rivas, además de sus versiones de “Helena” y “Poema en octubre” de Yorgos Seferis y Dylan Thomas, respectivamente, destaca el fragmento de “La violación de Lucrecia” de William Shakespeare, el extenso poema narrativo escrito en pentámetros yámbicos, cuya traducción a metros castellanos es espléndida y recupera de manera magistral el atroz drama de la mujer del general Colatino a manos de Sexto Tarquino, hijo del último rey romano.
Con Gerardo Beltrán vienen los poetas lituanos y polacos, hermanados por una historia común de alianzas y conflictos, así como la dominación e influencia soviética durante buena parte del siglo XX. La sensibilidad de estos poetas tiene puntos de contacto, sobre todo en el estilo alegórico y por momentos litúrgico, cierta lluviosa nostalgia y una visión de sus idiomas como patrias íntimas ante la acometida del ruso durante los años del comunismo. Esto último lo encontramos de manera explícita en el poema “Comentario” del lituano Tomás Venclova:

Lo primero, aunque difícil es amar la lengua,
degradada en columnas de periódicos, necrólogos falseados,
oscuras alcobas encerradas, hojas delatoras y gritos de mercado;
en trincheras, malolientes hospitales y teatros de tercera;

Acompañando a los dos premios Nobel de literatura polacos, Czesław Miłosz y Wisława Szymborska, encontramos a Zbigniew Herbert con “Sobre la traducción de poesía”:

…es difícil penetrar
por el cáliz de la flores
hasta la raíz

Éste bien podría ser el poema insignia de todo el volumen.

El canon de la traducción en México se expande y se bifurca; están aquí, en buena medida, las indiscutibles figuras de la poesía universal, las celebradas voces vivas de la escena poética de otros países, además de voces poco frecuentes en nuestro mundo editorial y que los traductores incluidos nos invitan a descubrir.
Traslaciones consuma bien su homenaje y su continuación; el cumplido prólogo de la compiladora permite pasar pronto ese portal para centrarnos de inmediato en los poemas y disfrutar de un intricado viaje por latitudes no siempre familiares.

_________________
MIJAIL LAMAS es poeta, traductor y crítico. Nació en Culiacán, Sinaloa, el 22 de febrero de 1979. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (2007), Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (2008) y Un recuento Parcial de los Incendios, selección de poemas(2009). Obtuvo el accésit del XXVII Concurso de Poesía Ciudad de Zaragoza en 2011  y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura en 2012. Twittea en @mikhailenko

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