Crítica/Ensayo/Libros/Poesía

Porfirio Díaz y la dictadura de la música


El ocaso del porfiriato. Antologia historica de la poesia en mexico (1901-1910)
Cordinación de Pável Grandos; notas Marco Lagunas, Juan Pablo Ortiz del Toro, Víctor Mantilla, Lorel Manzano, Víctor Altamirano, Emilio Ruiz Parra, María Álvarez; Prólogo. de Pável Grandos Fondo de Cultura Económica
2010, p.p. 632, MÉXICO

por Jorge Mendoza Romero

Durante los años en que el porfiriato alcanza su apogeo y se gesta su derrumbe, la poesía mexicana navega por tres rutas. A las dos intenciones estéticas que atraviesan el siglo XIX –la que dimana del mundo grecolatino a través de los seminarios; y la hispánica, expresada en la lectura peninsular de los románticos franceses– se agrega la sucesión parnasiana, simbolista y decadente de la poesía francesa de la que se apropian los poetas mexicanos sin el vehículo de las traducciones españolas. El siglo XX vio aparecer libros en los que cada movimiento fue leído por separado. La Biblioteca del Estudiante Universitario incluyó antologías sobre la poesía romántica (en 1941, seleccionada por Alí Chumacero y prologada por José Luis Martínez), sobre la poesía neoclásica (en 1946, a cargo de Octaviano Valdés) y sobre la poesía modernista (en 1970, preparada por José Emilio Pacheco). El ocaso del Porfiriato. Antología histórica de la poesía en México (1901-1910) revierte la dispersión para conjuntar en un solo volumen los tres movimientos que, recelando entre sí, compartieron los últimos veinte años de la dictadura del positivismo, de la tienda de raya, del art nouveau y de la minoría criolla subordinada al capital extranjero, que encabezó Porfirio Díaz.

La lectura histórica
Para Jorge Luis Borges y Pedro Salinas existen tres tipos de antologías, oscilantes entre la subjetividad del compilador y las obras que se buca reunir. Si el gusto orienta y se impone, sin considerar rasgos de escuela, se perfila la colección privada. El segundo tipo promueve la estética de un grupo al representar una tendencia con propósitos concretos de asumir una posición en el campo literario (la antología manifiesto). Neutralidad, imparcialidad y representatividad son los presupuestos mínimos del tercer tipo —el museo—, en el que se intenta referir el panorama de una época, lo que exige la reducción del grado de subjetividad para dar sitio a los diferentes vectores estéticos de una literatura. Sin embargo cada una establece un punto de tensión entre las tres posibilidades.
Al adoptar la perspectiva histórica, el grupo de investigadores encabezado por Pável Granados ordena la poesía que amanece con el siglo a través de los poetas que coinciden vitalmente en la década del novecientos. Además explora la dinámica del campo literario y la recepción de los poemas: “nuestro método fue considerar la función de la poesía dentro de la sociedad, establecer los grupos intelectuales del momento y presentar a los poetas importantes de la época al lado de su obra.” Este desplazamiento que se aparta del poema justifica la inclusión de textos pertenecientes a décadas previas o posteriores. Tal el caso del grueso de los románticos y neoclásicos y de modernistas como José Juan Tablada, del que incluso aparecen los experimentos ideográficos y las ráfagas del haiku. Asimismo explica que en la selección de autores como Salvador Díaz Mirón o Amado Nervo aparezcan poemas escarnecidos por lectores especializados pero que son imprescindibles en el repertorio popular (“Paquito” o “Guadalupe la Chinaca”).

El campo literario, el poeta y el crítico
Cada cierto tiempo los juicios expresados por una generación se someten a revisiones para confirmarse, corregirse o ampliarse. A manera de ejemplo, José Emilio Pacheco ha abundado sobre la recepción de la poesía de Juan de Dios Peza a partir de los juicios de Manuel Puga y Acal, desprendidos de la polémica que los confronta en 1888, cuando Puga y Acal, Brummel, disecciona formalmente dos poemas de Peza, luego de que fueran sometidos al mismo procedimiento Salvador Díaz Mirón y Manuel Gutiérrez Nájera. Pesan lo mismo diez kilos de plumas que diez kilos de plomo, pero la percepción se confunde ante el espacio que colma el kilo de plumas. Esta puerilidad lastró la obra de Juan de Dios Peza durante más de un siglo. Brummel sólo analizó dos poemas de Peza, sin embargo las conclusiones desfavorables a las que llegó fueron derramadas sobre el resto de su obra y Peza fue relegado por juicios sumarios de Ramón López Velarde, José Luis Martínez u Octavio Paz, entre otros. En El ocaso del Porfiriato los compiladores reviven esta polémica e incluyen las respuestas en verso que cruzaron los escritores.
En lo que se refiere a la obra crítica de Puga y Acal, una de las virtudes del libro consiste en referir que con Los poetas mexicanos contemporáneos (1888) se inaugura en México la crítica literaria inmanente, para la cual los acontecimientos de la vida de un poeta son secundarios para la justa valoración del texto. José Luis Martínez, en la nota al tercer tomo de la obra de Justo Sierra, disminuye el valor de esta clase de crítica al considerar el prólogo del maestro sobre la poesía de Gutiérrez Nájera (1895) como el mejor momento crítico de la era modernista: “no sólo es el más penetrante y valioso estudio que se haya escrito sobre el poeta modernista, sino que inaugura, además, una nueva etapa de nuestra crítica literaria al prescindir de las ponderaciones y de los análisis retóricos y gramaticales –a los que se había limitado hasta entonces en México esta disciplina.” Sin menguar la importancia del prólogo de Justo Sierra, conviene agregar que “la forma —afirma Terry Eagleton— no nos desvía de la historia es una forma de acercarnos a ella.” La crítica de Puga y Acal condujo a Othón a plantearse una nueva traducción del paisaje mexicano, tangible en Los poemas rústicos o en el “Idilio Salvaje”.

La lectura estética
Nueve plumas integran el sector más numeroso de poetas, el que orbita en torno de la Revista Moderna, a cuyas cimas, Díaz Mirón, Othón, Nervo y Tablada, corresponden el mayor número de páginas. Cuatro poetas románticos e igual cantidad de neoclásicos habitan la primera parte del libro. En la segunda, además de los modernistas, se incluyen a dos poetas que observaron desde el extranjero el desarrollo de los acontecimientos, Francisco A. de Icaza y María Enriqueta Camarillo, cuya inclusión entre los modernistas promueve desacuerdos en la medida que el comportamiento de su verso, y la ejecución de los temas corresponden a otra intención estética. En la primera década del siglo pasado la hegemonía que asumen los modernistas enmarca la toma de posiciones de los otros grupos. Es el caso de los dos poetas que cierran el libro, Manuel Caballero y Enrique Fernández Granados. Caballero, por ejemplo, encarna la última tentativa de restaurar la preponderancia de la literatura de cepa hispánica cuando dirige la revista Azul en su segunda etapa y que fenece ante los embates de la generación del Ateneo de la Juventud.
El grupo de neoclásicos agrega a los canónicos Joaquín Arcadio Pagaza e Ignacio Montes de Oca y Obregón, a Juan B. Delgado y Federico Escobedo. En Pagaza la eficiencia del lenguaje deriva del consumado manejo del soneto y de la octava real, de la exactitud nominativa de los frutos del terruño y sobre todo de lo que Vicente Quirarte llama “el empeño por minar el reinado del adjetivo estéril y previsible”. Pagaza anuncia los destellos del adjetivo en Othón y López Velarde.
Contra la sílaba ociosa lucha un poeta que es aceptado en la Arcadia de Roma, pero cuyos procedimientos lo aproximan al modernismo, Juan B. Delgado. Su “Poema a los árboles” es impensable sin la flexibilidad métrica del “Responso a Verlaine” de Rubén Darío. Y “A un aviador” ensaya el endecasílabo dactílico o de gaita gallega que el mismo Darío exhumara de la tradición castellana en “Pórtico” y que hubiera extrañado a los salvaguardas de la ortodoxia de los árcades; su dibujo del paisaje prefigura lejanamente a Carlos Pellicer.
Los románticos son presentados en la doble vertiente de la poesía personal y la poesía patriótica a través de Justo Sierra, Peza, Laura Méndez de Cuenca y Puga y Acal.
Si la antología de Pacheco cristalizó en la obra de los autores representativos del modernismo bajo un criterio estético, El ocaso del porfiriato, bajo su dictum histórico, ensancha el panorama de los autores que se adhirieron a este movimiento, cuya importancia en unos consiste en posibilitar, con su mecenazgo, la obra de otros: Jesús E. Valenzuela o Joaquín D. Casasús.
El modernismo tomó impulso de las traducciones de poetas franceses, belgas, italianos e incluso alemanes. Conducir a nuestra lengua el nuevo estremecimiento de Baudelaire, y la legión decadente y simbolista fue trabajo de poetas como Casasús o Balbino Dávalos de quien leemos poemas cuya flexibilidad y vigilancia en la versificación lo acercan a las figuras cimeras del movimiento. Nos falta espacio para hablar de Díaz Mirón, Othón, Tablada e incluso de Nervo, las poetas de mayor alcance del periodo. Este trabajo nos proporciona herramientas para revisar los juicios propios y ajenos sobre la formación del canon de la poesía en México.

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Jorge Mendoza Romero (Puebla, 1983), escritor y traductor. Egresado de la Lic. en Lingüística y Lit. Hispánica y de la Maestría en Lit. Mexicana, por la BUAP. Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla. Ha publicado en revistas como alforja, Tierra Adentro, Este país, Casa del Tiempo, Biblioteca de México o La Gaceta. Es coautor de La luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última en México 1965-1985 y de El oro ensortijado. Poesía viva de México. Obtuvo el Premio Filosofía y Letras y mereció el Premio Nacional de Creación Literaria del ITESM. Ha sido coordinador de la Cátedra Alfonso Reyes del ITESM en el Campus Puebla. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en la disciplina de ensayo. Actualmente coordina la Enciclopedia de la Literatura en México f,l,m.-CONACULTA.

4 pensamientos en “Porfirio Díaz y la dictadura de la música

  1. registro indispensable para todos, pues es desde ahi que se empezara a estructurar El declamador sin maestro, y ya sea imaginario o memoria colectiva, he ahi que es importante leerlo

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