Crítica/Libros/Poesía

No sólo vivir de la tierra… Los poemas de Maximus

Los poemas de Maximus
Charles Olson
(trad. Ricardo Cázares), ed. Mangos de hacha,
México, 2010, 333 pp.

Por LEONARDA RIVERA

La apuesta que ha realizado la editorial Mangos de Hacha por su colección de poesía en que la figuran dos los personajes más representativos del modernismo norteamericano, Charles Olson y Robert Creeley, no sólo constituye un esfuerzo por acercar al público en castellano a dos de las figuras centrales de la vanguardia norteamericana, sino también es un intento por resarcir el desinterés que buena parte de nuestra crítica ha mostrado sobre todo por Charles Olson (1910-1970).
La traducción que realiza Ricardo Cázares del vasto texto Los poemas de Maximus de Charles Olson logra entregarnos ese tono desmedido, oscuro, en momentos rasposo y errático que entraña The Maximus poems en su idioma original. Publicado en su totalidad en 1983 por University of California Press, la traducción de Cázares respeta la especial disposición tipográfica del publicado por esta universidad.
Los poemas de Maximus es una obra de proporciones descomunales, y la edición bilingüe que nos ofrece Mangos de Hacha permite al lector ir constatando la forma en cómo se despliega en su idioma original un texto que asemeja un naufragio en el interior de un lenguaje que se fragmenta y oscila entre la disertación histórica, la bitácora, la canción, el monólogo dramático. ¿De qué se trata esta obra? ¿Por qué el título alude a un filósofo griego de la época de la decadencia?
La voz de Olson, como en su momento lo hiciera Maximus de Tiro al registrar el fin de una civilización, atestigua la perdida de la identidad de la cultura norteamericana después de la posguerra.

Mientras tanto, por supuesto, devorando
la mano de obra y la tierra. Y ahora,
al mundo (p. 155)

En el poema “Maximus en Tiro y en Boston” Olson rememora aquel texto fundacional que en su momento pretendió aproximar el canto del grillo sobre la hierba con el canto de la esperanza.

nosotros que derribamos las jerarquías,
que afirmamos que la historia de las hierbas
es la historia del hombre… (p. 199)

Este libro de Olson podría verse como un poema de procesos: el de la fundación, desarrollo y decadencia de grupos, asentamientos, comunidades, incluso de la cultura americana misma. El que toma la palabra es Maximus de Tiro: “Pienso mucho en aquel carpintero/creo que fue el primer Maximus/En todo caso fue el primero en hacer cosas, /no sólo vivir de la tierra”.
Conforme avanza el discurso poético, la voz de Olson es usurpado por decenas de piratas, marineros, farsantes académicos, cronistas locales, etc. El escenario poético es Gloucester, un pequeño poblado del Norte de Massachussets, que en algún momento llegó a ser uno de los puertos pesqueros más importantes de América.
La edición incluye la sección 1 del poema en su totalidad, el cual fue publicado con el mismo título años antes de la versión definitiva. Cabe señalar que Olson comenzó a trabajar en Los poemas de Maximus a mediados de los años cuarenta, mientras a la par escribía su famoso ensayo El verso proyectivo (1950), por lo que es imposible no ver un reflejo de él en Maximus, incluso podría decirse que éste es la puesta en escena de lo que Olson llamó “verso-universo proyectivo”. En el prólogo del libro Ricardo Cázares, al referirse al concepto de “campo abierto”, nos comenta que esta noción “…está vinculada a la idea de proceso: que el mundo mismo pase por el poema en un tiempo y un espacio específicos, abriendo así el poema hacia la forma que le dicta su energía”.
Por último, no hay que olvidar que Los poemas de Maximus, junto con los Cantos de Erza Pound, el Paterson de William Carlos Williams, y “A” de Zukofsky, ocupa un lugar privilegiado dentro de la tradición del poema extenso que sus antecesores inauguraron. Por otro lado, Los poemas de Maximus es un libro difícil de conseguir, así que, qué mejor que acercarse a la obra de Olson a través de la traducción que nos ofrenda Ricardo Cázares y la editorial Mangos de Hacha. Entre sus numerosas páginas, de pronto se asoma una línea que justifica la escritura de un hombre que nació cerca del puerto de Gloucester y quiso bosquejar la historia natural de un mítico puerto mientras asumía que:

“Finalmente, el mar no fue mi oficio” (p. 115)

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LEONARDA RIVERA es maestra en Filosofía por la UNAM. Ha publicado en diversas revistas como Punto de Partida, Punto en línea, Revista de la universidad de México, Luvina, entre otras. Ha sido becaria del Sistema Estatal de Creadores de Michoacán, en dos ocasiones. Tiene dos libros de poesía publicados y ha sido incluida en varias antologías. En el 2007 compiló -junto con José Antonio Alvarado- la muestra estatal de poesía Los nombres y las letras (Jitanjáfora). También es coautora y coordinadora del libro de ensayos: María Zambrano en Morelia. A 70 años de la publicación de Filosofía y poesía (Plaza y Valdés, 2010).

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