Crítica/Ensayo/Libros/Poesía

DOS LIBROS DE LA COLECCIÓN PRÁCTICA MORTAL

por Ismael Lares

Libro cuarto que mece a los muertos, de Adriana Arrieta Munguía
Dirección de Publicaciones, CONACULTA
Poesía, 2010

Como sabemos, la relación entre la obra y los medios de expresión, deben compartir un lugar privilegiado a la hora del advenimiento poético. Debe existir un hilo conductor que manifieste la ultimidad de la poesía, y que, en algunos poemas, generalmente filosóficos, más que encaminarse a manifestar lo poético, ocultan, en algunos momentos, la prístina expresión del objeto a poetizar. Sea esto un preámbulo para hablar de la construcción poética de Libro cuarto que mece a los muertos. En su esfuerzo por levantar imágenes filosófico-poéticas, Adriana Arrieta Munguía (1961), se pierde en un artificioso lenguaje que deja fuera –aún con la enorme fuerza en contenido– la riqueza del canto, del ritmo matizado. El conjunto de poemas en que nos sumerge la poeta, más que aclararnos ideas, nos sumerge en una dimensión desconocida para quienes preferimos la claridad. Baste el siguiente ejemplo para demostrar lo comentado:

Inevitable impedir
el modo del paso inevitable
Formas de sucederse
Acento inevitable en la duda
¿A dónde va el esfuerzo del día
en su condición?

Es importante destacar el uso reiterativo de la palabra “inevitable”, que si bien pudiéramos pensar es un recurso adecuado, referente a la anáfora o aun a la epanadiplosis, el simple acomodo de los versos parece indicarnos lo contrario.
A propósito del trasfondo de esta serie de poemas, en los que el conflicto de la existencia predomina, es menester comentar lo que nos dice Heidegger: “la poesía no es un adorno que acompaña la existencia”. No basta entonces decir que se está poetizando lo filosófico, porque es necesario dotar al poema de ritmo y matices; de realidad, de una experiencia estética. Es posible afirmar, entonces, que el problema de expresar lo filosófico requiere no sólo de oficio, de búsqueda, de disposición, aun de iluminación. La evidencia es el poema, el cual representa ese “impulso íntimo” del que hablaba Colderidge; sin embargo esa experiencia debe lograr, a través del canto, la unidad de búsqueda y sentido.
Aquí, los versos pasan en trazos ligeros, casi como pinceladas. Esto se produce por el ritmo dislocado y la contradicción en algunas imágenes. La poeta esboza las constantes incongruencias del pensar y actuar humano, tema de interés primordial, creo yo, de la autora.

La existencia
se bosqueja en amplio círculo
Un compás de necesaria destreza
para el ensayo humano

Con esto no quiero decir que haya puro desacierto en los poemas de Arrieta Munguía. Hay que distinguir su apuesta, que surge ante los grandes conflictos en el devenir de la existencia. Cuatro son los apartados de Libro cuarto que mece a los muertos: la primera parte, que da título al conjunto de poemas, destaca por su forma. Inicia con el aparente final del libro, es decir, con el libro cuarto. Después, como en una sucesión regresiva, aparecen los libros tercero, segundo y primero. Todos ellos en la parte primera. Se puede percibir una redondez no sólo en ciertos poemas, sino en la totalidad del conjunto, sirva como ejemplo lo mencionado con anterioridad. Supongo que el acontecer cíclico, para la poeta, es el único camino, la existencia misma, una alegoría del ciclo de la energía.

La existencia
se bosqueja en amplio círculo
Un compás de necesaria destreza
para el ensayo humano

Más adelante continúa con esa suerte de continuidad cíclica:

Aquel niño que amaba su juguete
ahora arroja piedras al fuego
al animal moribundo

Versos así no sobran a lo largo del libro, son ligeros atisbos, redondos en su idea y ritmo, pero en los que no hay una intención de seguimiento, esto debido a la ruptura constante, a esa dislocación mencionada con anterioridad. El recurso del guion, repetido con frecuencia, más que ensalzar al verso, lo impide. El guion contrapone a manera de monólogo interior, no sólo las ideas, sino el flujo natural del ritmo.
En conclusión, Libro cuarto que mece a los muertos intenta acercar al lector a una galería de poemas –como dice en la cuarta de forros- de matiz filosófico. Creo que la poesía debe estar regida por la intuición, la emotividad, la experiencia; pero también por la sonoridad y el sentido. Sea usted, amable lector, el que diga si éste conjunto de poemas sale bien librado.

Islote de Garzas, de Ursus Sartoris
Dirección de Publicaciones, CONACULTA
Poesía, 2011

El discurso poético del libro Islote de garzas hace referencia a la cultura azteca, pero no directamente, sino en cuanto al uso de imágenes de un pasado precolombino. Los poemas integran y reúnen tres apartados –“Venados”, “El ayuno del coyote” y “Libamen”, respectivamente – que a la vez devienen de una ofrenda: el poema. La voz poética sabe que canta, pero no distingue a quién, tal vez porque su versos son sacrificio a un dios mítico, sea éste la ciudad y su esplendor; o bien el amor de una mujer; o acaso el desprendimiento puro del espíritu. Esta diversidad, en algunos poemas, conlleva la parsimoniosa voz del canto personal, amargo y melancólico:

Mi corazón se aflige
de ver tu rostro
sin plumaje,
desollado

A nivel de imágenes, la sinestesia y la personificación en los versos proponen un efecto que, aunado al canto, realzan magníficamente algunos poemas. En “Canto Guerrero”, por ejemplo, sucede lo dicho:

Sabrán mis pies
que su morada es el aire.
Escucharán los mares
el caracol que los nombra.
El palo dulce y copal
hallarán su fuego.

Y después, el poeta remata con sensibilidad, el furor que fomenta en el lector:

Si tienes ojos en el corazón
verás mi penacho.

En el apartado “Libamen” –el sacrificio como ofrenda– la poesía transcurre en una sucesión de veinte poemas dedicados, en apariencia, a la divinidad. En el poema “I” de la mencionada serie, Ursus Sartoris (1971), se ofrece como el canto al viento, es decir, sin concesión:

A tus pies
dejo mi abismo
como ofrenda,
no aspiro a tocas el cielo,
ni busco volver al agua,
sólo en tu llama quiero florecer.

Islote de garzas es un poemario que se origina en la antigua Aztlán, lugar primero que nos hace referencia al propio interior. Es en el esplendor de ese mítico lugar donde el poeta canta, como lo hiciera alguna vez, el maravilloso rey poeta. Sea pues, éste sacrificio, una ofrenda con voz propia a la divinidad, a la morada y a la mujer.

Concluyo esta lectura que intenta anotar la diversidad poética de una colección, Práctica Mortal, vinculada con la realidad contextual de su nombre. Hecho que se pone especialmente de manifiesto en libros como los analizados, disímiles en sus estrategias formales, pero decisivas al comunicar que el poema es una propuesta de la realidad vivida.

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Ismael Lares (1979). Ha publicado los libros La rebelión del anónimo y Because of the times. Ha sido becario del Programa para la Creación y Desarrollo Artístico. Obtuvo mención en el 42 Concurso de la revista Punto de Partida de la UNAM. Su libro Abigael Bohórquez. La creación como catarsis está por publicarse. Mantiene una bitácora en http://www.ismalares.com

Un pensamiento en “DOS LIBROS DE LA COLECCIÓN PRÁCTICA MORTAL

  1. Me parecen bastante acertados tus comentarios, indudablemente se requiere de un anàlisis y conocimiento acerca de la poesia escrita, particularmente se necesita ser un gran conocedor como es tu caso, te felicito por tus comentarios tan agudos y certeros. Sin embargo ambos escritores tienen mucho mèrito ya que de alguna manera expresan sus motivacione, y como todo en la vida requiere de ir madurando y creciendo en el lenguaje escrito.

    Felicidades

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